Robert Sapolsky - "El problema con la testosterona"

Ya he citado alguna vez a Robert Sapolsky, neurólogo de la Universidad de Standford, y quería presentarlo de una forma práctica, así que ha sido un alivio encontrarme con un resumen de su obra "El problema con la testosterona y otros ensayos sobre la condición humana". Subtitulemos:


(Presionad "CC" para activar y elegir los subtítulos - Ver en dotSUB)

Básicamente, Sapolsky aclara que el condicionamiento social es casi siempre lo que dispara una tendencia genética y que, por tanto, el debate acerca de si es el entorno o la genética la que más nos moldea es irrelevante: nuestra biología está siempre ahí, subyacente, pero es el entorno social el que se ocupa de dispararlo.

Por ejemplo, si el entorno social es lo suficientemente 'sano' como para no disparar tendencias agresivas, simple y llanamente no ocurrirán, ya que la testosterona no es la causante de la agresividad, sino la ampliadora de la agresividad ya presente. No se me ocurre un testimonio científico más importante que ese, especialmente hoy día, cuando la mayoría afirma, creyéndose autoridades de la naturaleza humana meramente por ser humanos, que somos violentos, codiciosos y en general malvados por naturaleza. Sí, podemos serlo, pero una persona normal no se convertirá de repente en un monstruo por causas puramente genéticas; en última instancia, todo depende de la sociedad en la que nos formemos.

Astrología

Ya que últimamente he tratado el tema de la superstición y más específicamente la religión, he pensado que sería una buena idea adentrarme en el mundo de la astrología en honor al famoso astrofísico estadounidense Carl Sagan.

La astrología es un sistema de creencias que sirvió para la creación de la astronomía, una ciencia legítima, pero su madre primitiva no murió e incluso a día de hoy una parte considerable de la población 'cree' en ello, si bien pocos se lo toman como un sistema de creencias tan estricto como una religión establecida. A ellos no pretendo convencerles de la ilegitimidad de su superstición, pero sí a los creyentes pasivos y a los agnósticos puros. No hace falta mucho material para convertir a alguien en ateo-agnóstico de la astrología.

Para comprender por qué no hace falta mucho material, empecemos gradando esta superstición comparándola con la creencia en deidades. El deísmo, el concepto filosófico de que hay una deidad creadora, no puede refutarse. Aunque no es ni pretende ser observable, al mismo tiempo no sugiere un ente que se entromete en nuestras vidas. Por tanto, no se trata de un fenómeno contradictorio, aunque sí innecesario y es fácil convertirse en ateo del deísmo al usar inadvertidamente la navaja de Ockham. En cambio, la astrología no toma una posición similar. Al igual que las deidades más definidas y establecidas, la astrología pretende ser una ciencia, una observación de fenómenos reales; y al autoconsiderarse real y observable en la naturaleza, es fácil de comprobar.
«La astrología se desarrolló como una disciplina extraña, una mezcla entre la observación cuidadosa, las matemáticas y sistemas de registro y un pensamiento borroso y fraude piadoso. De todas formas, la astrología sobrevivió y floreció. ¿Por qué? Porque parece proporcionar una trascendencia cósmica a la rutina de nuestro día a día. Pretende satisfacer nuestros anhelos de sentirnos conectados personalmente al universo. La astrología sugiere un fatalismo peligroso. Si nuestras vidas están controladas por una colección de señales de tráfico en el cielo, ¿por qué íbamos a intentar cambiar nada? [...]

Resulta que los astrólogos ni siquiera pueden ponerse de acuerdo en qué significa cierto horóscopo. En pruebas cuidadosas, son incapaces de predecir la personalidad y el futuro de gente de la que no conocen más que la fecha y lugar de nacimiento. Además, ¿cómo podría funcionar? ¿Como podría afectarme entonces o ahora que Marte estuviera alzándose en mi nacimiento? Nací en una habitación cerrada. La luz de Marte no podía entrar. La única influencia de Marte que podría afectarme es su gravedad, pero la influencia gravitacional del tocólogo era mucho mayor que la de Marte. Marte es mucho mayor pero el tocólogo estaba mucho más cerca.

El deseo de estar conectado con el cosmos refleja una realidad profunda. Estamos conectados. No en la forma trivial que promete la pseudociencia de la astrología, sino en sentidos más profundos. Nuestro pequeño planeta está bajo la influencia de una estrella. El sol nos calienta, guía el clima y sustenta todo ser vivo. Hace cuatro mil millones de años trajo la vida a la Tierra»
-Carl Sagan, Cosmos.
Antes de empezar a desmontar la astrología, será mejor definirla y ponerla en contexto: es un sistema de creencias que supuestamente predice el destino individual y social mediante el estudio de la posición y del movimiento de los astros, ya que sus practicantes afirman que las posiciones de estos ejercen influencia sobre nuestra personalidad, físico y sucesos importantes en nuestras vidas o en la sociedad. Aunque en la antigüedad 'astrología' era sinónimo de 'astronomía', o sea, del estudio científico de los cielos, empezaron a separarse en el Renacimiento gracias a personajes como Nicolás Copérnico y Johannes Kepler, dejando a la astrología en posición de pseudociencia o superstición.

¿Por qué es relevante esa introducción? No es tanto porque fuera rechazada por los especialistas en el campo hará cuatro siglos, sino porque la antigüedad de esta práctica atestigua en contra de ella. Hace dos mil años no conocíamos el cielo como lo conocemos ahora: hoy día sabemos que en realidad no hay 'firmamento' alguno, especial para la Tierra. No solo deberíamos aceptar el modelo geocéntrico para dar validez a la astrología, sino que incluso así la observación resulta ser extremadamente incompleta si la comparáramos con nuestros conocimientos actuales acerca de los astros. Sagan puso algunos ejemplos en su última obra antes de morir, "El mundo y sus demonios":
«En unas cuantas frases se puede formular un buen número de críticas válidas de la astrología: por ejemplo, su aceptación de la precesión de los equinoccios al anunciar una "era de Acuario" y su rechazo de la precesión de equinoccios al hacer horóscopos; su ignorancia de la refracción atmosférica; su lista de objetos supuestamente celestiales que se limita principalmente a objetos conocidos por Tolomeo en el siglo II e ignora una enorme variedad de nuevos objetos astronómicos descubiertos desde entonces (¿dónde está la astrología de asteroides cercanos a la Tierra?); la incoherente demanda de información detallada sobre el momento del nacimiento en comparación con la latitud y longitud de nacimiento; la imposibilidad de la astrología de pasar el test de los gemelos idénticos; las importantes diferencias en horóscopos hechos a partir de la misma información de nacimiento por diferentes astrólogos, y la ausencia demostrada de correlación entre los horóscopos y los tests psicológicos, como el Inventario Multifásico de Personalidad de Minnesota».
Aunque todas las críticas sean validas, y de hecho destruyen individualmente la veracidad de esta creencia, ha de hacerse especial hincapié en el problema que surge con la antigüedad del modelo astrológico: los signos del zodiaco ya no concuerdan con los del tiempo de Tolomeo. Bill Nye lo dijo con claridad:
«Probablemente sepas tu signo... ¿o no? Intenta hacer lo siguiente: espera a tu cumpleaños, quédate despierto toda la noche y fíjate por dónde sale el sol. Pasará por una de las doce constelaciones del zodiaco: si soy sagitario, esperaré que en mi cumpleaños pase por la constelación Sagitario. Y así era... hace dos mil años, cuando los babilonios crearon todo esto. Pero ahora no: en los últimos dos mil años, la Tierra se ha bamboleado como una peonza. Así que ahora, en mi cumpleaños, el sol pasa por la constelación Escorpio, no Sagitario. Así que quizás tengas que ser capricornio para ser sagitario, y los escorpio deberían ser libras. Los astrólogos están todo un signo más allá. En otros dos mil años será dos signos, pero no parece que les importe».
Habría que remarcar que no existe la distinción en la que muchos creen: no hay una astrología 'falsa' con horóscopos de revista barata y otra 'real' de brujas y filósofos. Ambas son falsas, si bien por razones distintas. Eso sí, es cierto que la versión de revista, que por suerte no muchos se toman realmente en serio (aunque la mayoría sí que crea un poco en ello y lea su predicción semanal 'por si acaso'), se puede comprobar como falsa con mucha más facilidad. Magos de espectáculo como Derren Brown ya han mostrado el fenómeno llamado efecto Barnum, en el que «los individuos darán aprobación de alta precisión a descripciones de su personalidad que supuestamente han sido realizadas específicamente para ellos, pero que en realidad son generales y suficientemente vagas como para ser aplicadas a un amplio espectro de gente».

La verdad es que no se salva ninguna clase de astrología. Es tan fácil encontrar fallos lógicos y empíricos en sus afirmaciones que a veces me pregunto cómo es que tanta gente cree en ello. Por supuesto, existen explicaciones: parece proporcionar una importancia cósmica a nuestra existencia y establece cierta sensación de previsibilidad ante un mundo aparentemente tan complejo e impredecible. Pero, aunque así se pueda explicar por qué no suele recibir el escrutinio escéptico que merece, no es tan importante mencionarlo. Como dijo Carl Sagan, no afecta para nada al aspecto de si funciona o no, y la mejor forma de convencer a alguien de que no es cierto es con pruebas como a las que aquí se hace referencia y no con suposiciones o incluso hechos sobre la credulidad de los creyentes.

Nada crece para siempre

Ya hablamos de economistas como Tim Jackson, que presentan una nueva economía sin dejar el punto de vista capitalista y, por tanto, lo que proponen es en esencia una transición a una forma más pura de lo que ellos mismos hablan, quizás sin saberlo. Lo mismo ha ocurrido con un tal Peter Victor, que por fin se ha puesto al día con el estado actual de la Tierra y ha comprendido que, por mucho que el capitalismo se base en lo contrario, nada crece para siempre:
«Peter Victor es un economista que se ha hecho la herética pregunta de si la Tierra puede soportar un crecimiento infinito.

Tradicionalmente, los economistas han sostenido que la respuesta es "sí". En los años 60, cuando Victor se ganaba sus títulos, un incremento constante del producto interior bruto (PIB o 'el valor combinado de nuestro trabajo asalariado y lo que producimos') parecía ser crucial para mejorar los niveles de vida y mantener a las masas fuera de la pobreza. Crecemos o perecemos: esta presunción es ya tan central a nuestra identidad económica que apuntala casi todas las decisiones financieras que toman nuestros líderes. Es para los economistas lo que la segunda ley de la termodinámica es para los físicos.

Pero Victor, ahora un profesor en la universidad de York en Toronto, sintió que algo le empujaba en la otra dirección. Los ecologistas estaban empezando a darse cuenta de que la Tierra tiene sus limites. Bombea suficiente contaminación en un río y lo puedes arruinar para siempre; tala suficientes bosques y puede que nunca vuelvan a crecer. A comienzos de siglo la debilidad del planeta era más evidente e inquietante que nunca, al ver como los gases de efecto invernadero se acumulaban y trozos de los glaciares de Groenlandia se separaban por completo. "Hemos tenido 125.000 generaciones de humanos, pero sólo las ocho últimas han tenido crecimiento" -me contó Victor-. "¿Entonces qué se considera normal? Creo que vivimos en tiempos muy anormales. Y hay señales por todas partes de que el entorno natural no puede soportar la carga que le hemos puesto".

En esencia, el crecimiento infinito nos pone en una posición de un dilema aparentemente insoluble. Sin ello entramos en pobreza y con ello agotamos el planeta. De todas formas, perdemos. A menos, por supuesto, que haya una tercera opción. ¿Podríamos tener una economía saludable que no crece? ¿Podríamos impedir un colapso ecológico poniendo riendas a la economía global? ¿Podríamos hacerlo sin morirnos de hambre?

Victor quería descubrirlo. Primero, creó un modelo informático que replicaba la economía canadiense moderna. Entonces la modificó para que los elementos cruciales, incluyendo el consumo, la productividad y la población, dejaran de crecer tras 2010. Para impedir el desempleo, acortó la semana laboral a unos cuatro días, creando más trabajos. También creó impuestos más altos para los ricos y más servicios públicos para los pobres, e impuso un impuesto al carbón para llenar las arcas del gobierno y desalentar el uso del combustible fósil. ¿Qué ocurrió? Aunque tardó un par de décadas, el desempleo bajo al 4%, el nivel de vida de la mayoría subió y las emisiones de gas invernadero acabaron muy por debajo de lo requerido por Kyoto. La economía llegó a un "estado estacionario". Y si el modelo es correcto, algo similar con más economistas preocupados por el medioambiente puede ser la única forma de que la humanidad sobreviva a largo plazo».
Podéis leer el artículo original entero aquí

Que el crecimiento infinito impida la pobreza es una afirmación ciertamente desconcertante, teniendo en cuenta que la pobreza no ha hecho más que crecer si tomamos en cuenta la economía mundial y no solo el PIB, debido principalmente a la dominación de los países cuya clase media ha crecido exponencialmente en el último siglo sobre los que no sufrieron ese cambio.

Por otro lado, es muy interesante que Peter Victor proponga una economía de estado estacionario y otras reformas como acortar la semana laboral a cuatro días y desalentar el combustible fósil con un impuesto al carbono; es en esencia el siguiente paso lógico y también un exponente de la transición a una economía que deje de basarse en el monetarismo y empiece a centrarse en los recursos físicos. Pero, ¿se dan cuenta Peter Victor y sus compañeros?

The Story of Electronics

Los creadores de "The Story of Stuff", que han creado ya toda una gama de pequeños documentales, acaban de publicar uno muy interesante: "La historia de la electrónica".


(Pronto subtitulado)

Es muy interesante que su solución sea utilizar ordenadores modulares; una base sobre la que se pueden añadir modulos nuevos sin necesidad de cambiar nada más, al menos hasta que aparezca una nueva tecnología que no podía haberse previsto. En general, Annie Leonard habla de la producción modular de todo, desde automóviles a ordenadores personales, para evitar el malgasto de recursos, la apilación de desechos y la contaminación. Y es una solución técnicamente viable que, como ella misma dice, algunos diseñadores ya han empezado plantearse e incluso llevar a cabo.

Pero no todo es tan simple como ella lo pinta. El proceso que Leonard describe se llama 'consumo cíclico': la necesidad de la obsolescencia planeada y percibida para que las industrias puedan seguir vendiendo; un automóvil que no necesita reparación alguna o desecharse en cincuenta años no es muy rentable. Este cíclo representa los latidos cardíacos del sistema capitalista a partir de las reformas económicas durante y tras las guerras mundiales, particularmente en lo que se refiere al incremento exponencial del consumismo. El consumo cíclico mantiene con vida el sistema capitalista consumista. Por supuesto, no alego que un sistema monetario no pueda sobrevivir sin esa característica exaltada; pero no a la larga y en nuestra situación moderna.

Sinceramente, no sé si Annie Leonard es consciente de ello, pero su propuesta ralentizaría el consumo cíclico de tal forma -de 3 meses por recambio a, por ejemplo, 10 o 20 años- que acabaría por destruir el sistema, con suerte de forma gradual. Por supuesto, la alternativa es seguir manteniendo el cíclo y destruir el mundo, así que no digo que sea una mala idea. De hecho, la tecnología modular debería ser una gran parte de la transición a una economía más lógica. La cuestión es que no parece que ella misma se dé cuenta.

Quién sabe: como ya especulé al presentar "The Story of Stuff", quizás esté siendo tan moderada para concienciar gradualmente a las masas. Si es así, se merece una ovación porque lo presenta de forma muy simple y comprensible. Si no es así, simplemente no comprendo cómo ha podido llegar a esa conclusión sin tener en cuenta las hondas repercusiones económicas.

Panteísmo

He visto que muchos confunden o desconocen términos como ateo y antiteísta (diferencia muy importante; la mayoría de ateos no conocen el segundo y muchos lo son sin saberlo), ateo y agnóstico, panteísta, panenteísta y pendeísta, y finalmente teísta y deísta. Sin duda son palabrejas demasiado parecidas entre sí, lo cual no facilita las cosas en absoluto, pero no vengo aquí a aclararlo. Para eso está la Wikipedia.

Hoy vengo a mostraros la conferencia en TED de un sacerdote. Probablemente no sea lo más habitual por mi parte, pero la verdad es que se trata de un sacerdote de lo más curioso, ya que tiene un punto de vista muy distinto al de su iglesia. De hecho, si viviera en una teocracia en la que las normas de la iglesia se reflejaran fielmente en las leyes civiles, probablemente sería considerado hereje y por tanto ejecutado. Pero por suerte no vive en una teocracia. Al menos, todavía no: el arzobispo de Canterbury ya habló de implantar la ley sharia en Inglaterra. Pero volvamos al sacerdote...


(Haced clic en "View subtitles" y elegid "Spanish" para activar los subtitulos)

El caso es que el buen sacerdote forma parte de una religión establecida. En otras palabras, su creencia es presuntamente teísta. Excepto que no es así: solo hay que escucharle un par de minutos para sospechar que no es un teísta hecho y derecho. A lo largo del monólogo juega con la idea del deísmo en varios grados de intervención por parte de Dios, y para cuando acaba probablemente hayáis llegado a la conclusión de que es pandeísta o que incluso se acerca peligrosamente al panteísmo, aunque sea uno inseguro, casi agnóstico:
«Tal vez Dios no es un agente como nosotros [...] ¿Y si Dios no actúa? ¿Y si Dios no hace nada en absoluto? ¿Y si Dios está en las cosas? La amorosa alma del universo [...], ¿Y si Dios es la red de relaciones y conexiones infinitamente compleja que forman la vida, el ciclo natural de la vida y la muerte, la creación y destrucción que debe ocurrir constantemente, el proceso evolutivo, la increíble complejidad y magnificencia del mundo natural, el inconsciente colectivo, el alma de la especie humana, tú y yo, mente, cuerpo y espíritu?[...] ¿Dios es sólo otro nombre para el universo, sin una existencia independiente? No lo sé. ¿Hasta qué punto podemos atribuirle una personalidad a Dios? No lo sé. Al final tenemos que decir "No lo sé". Si supiéramos, Dios no sería Dios.

Tener fe en este dios sería más como confiar en la benevolencia esencial del universo y menos como confiar en un sistema de afirmaciones dogmáticas. [...] ¿Como se puede practicar una fe [con esta nueva concepción de Dios]? Buscando al dios interior. Cultivando nuestra interioridad. En la ciencia, en la meditación, en mi espacio interior, en el 'yo' que permanece cuando dejo de lado mis emociones pasajeras, ideas y preocupaciones».
Así pensaba Albert Einstein, que tenía la concepción de Spinoza, según la cual Dios no es más que otro nombre para el universo, para la naturaleza, para el orden matemático de la existencia:
«Cuanto más imbuido esté un hombre en la ordenada regularidad de los eventos, más firme será su convicción de que no hay lugar —del lado de esta ordenada regularidad— para una causa de naturaleza distinta. Para ese hombre, ni las reglas humanas ni las "reglas divinas" existirán como causas independientes de los eventos naturales. De seguro, la ciencia nunca podrá refutar la doctrina de un Dios que interfiere en eventos naturales, porque esa doctrina puede siempre refugiarse en que el conocimiento científico no puede posar el pie en ese tema. Pero estoy convencido de que tal comportamiento de parte de las personas religiosas no solamente es inadecuado sino también fatal. Una doctrina que se mantiene no en la luz clara sino en la oscuridad, que ya ha causado un daño incalculable al progreso humano, necesariamente perderá su efecto en la humanidad. En su lucha por el bien ético, las personas religiosas deberían renunciar a la doctrina de la existencia de Dios, esto es, renunciar a la fuente del miedo y la esperanza, que en el pasado puso un gran poder en manos de los sacerdotes. En su labor, deben apoyarse en aquellas fuerzas que son capaces de cultivar el bien, la verdad y la belleza en la misma humanidad. Esto es de seguro, una tarea más difícil pero incomparablemente más meritoria y admirable».

«Por supuesto era una mentira lo que se ha leído acerca de mis convicciones religiosas; una mentira que es repetida sistemáticamente. No creo en un Dios personal y no lo he negado nunca sino que lo he expresado claramente. Si hay algo en mí que pueda ser llamado religioso es la ilimitada admiración por la estructura del mundo, hasta donde nuestra ciencia puede revelarla».

«La palabra dios para mí no es más que la expresión y producto de las debilidades humanas, la Biblia, una colección de honorables pero aún primitivas leyendas que sin embargo son bastante infantiles. Ninguna interpretación, sin importar cuán sutil sea, puede (para mí) cambiar esto...».
Esta es la creencia a la que más se acercan la mayoría de científicos y racionalistas, y la única que no hace afirmaciones existenciales: es por definición una forma filosófica y poética de referirse a la existencia, en lugar de una figura inventada que lo creó todo, con dogmas y tradiciones. Para que veáis cómo se entrecruzan los términos: el panteísmo es en esencia un punto de vista ateo; ateo del teísmo tal y como lo proponen las religiones judeocristianas y otras similares, ya que 'ateo' es sólo un término-reflejo, un término que necesita un contexto específico: todos somos ateos de alguna religión y ateos de algún concepto divino.

Que un representante de una iglesia establecida tenga el mismo punto de vista, si bien con jerga religiosa, es ciertamente esperanzador. Si queréis saber qué soy además de ateo (término que en realidad dice poco o nada de mí), qué creo 'espiritualmente', ahí tenéis la respuesta: me asombro de tal manera ante la complejidad y la inmensidad del universo que se me podría clasificar como panteísta, si bien desde un punto de vista puramente filosófico, sin ninguna clase de afirmación sobre una conciencia universal.

Bienvenido a este mundo

El próximo vídeo se trata de una especie de sátira del punto de vista religioso, denotando que partes de la palabra del dios judeocristiano no son precisamente muy recomendables... para nadie.

Sería justo criticar el vídeo, ya que olvida las otras partes positivas de la Biblia, por muy pocas que sean en comparación con la barbarie primitiva que muestra ese texto. Claro está, olvidar las partes negativas consiste en precisamente lo mismo y la mayoría de críticos de esta sátira atea lo harán. Por favor, recordadlo antes de embarcaros en una entusiasta crítica: la doble moral no es una virtud.

Quiero tratar la cuestión de cómo reaccionamos a ciertos temas en lo que probablemente serán dos artículos distintos. Uno de ellos recibirá el título de "Naturaleza humana" y podréis leerlo pronto.

La revolución educacional - Sir Ken Robinson

Me encanta volver a personajes conocidos. Ya hemos hablado de Sir Ken Robinson y de sus geniales críticas al sistema educativo y propuestas alternativas. Parece que este Sir volvió a TED con otra conferencia el pasado mayo, una continuación de la anterior:


(Haced clic en "View subtitles" y elegid "Spanish" para activar los subtitulos)

Como siempre, merece la pena escucharle: la des-estandarización de la educación, la desaparición del sistema educacional al estilo de la comida rápida, es la única manera de avanzar, el único concepto de aprendizaje que funcionará en este nuevo mundo moderno.

También podéis encontrar la conferencia en Youtube, pero sin subtitulos.