Piratería - derechos, SGAE y David Bravo

A cada día que pasa los derechos de autor pierden cada vez más sentido y se ponen al servicio de la SGAE, cuyo fin no es proteger a los autores y luchar contra la piratería sino adinerarse a costa de mentes creativas. No es más que un intermediario innecesario al que se le ha cedido demasiado poder. Al final, resulta que el que ladra sobre ladrones es el verdadero ladrón.

¿Qué es la piratería? No es más que otra forma de llamar al robo. Metiéndonos en términos más técnicos, en derecho la piratería es el "delito que se comete apoderándose con ánimo de lucro de una cosa mueble ajena, empleándose violencia o intimidación sobre las personas, o fuerza en las cosas". Con ánimo de lucro, incluso empleando la violencia o algún tipo de fuerza.

¿Tiene algo que ver ese término con el uso que se le da hoy en día, refiriéndose a las descargas de P2P? No. Simple y llanamente no. La descarga de software NO es ilegal. Ni según nuestro sentido común, ni según la lógica. Y hasta hace poco, tampoco según la ley. Se considera robo o piratería si editamos la creación sin permiso, si nos autoproclamamos su autor o si le ponemos precio. ¿Por qué? Porque entonces estaríamos interfiriendo con los derechos de autor más básicos, y con ánimo de lucro. En cambio, si no se cumple nada de lo dicho no puede considerarse robo.


Pero mirémoslo desde el punto de vista de los autores, dejando de lado todavía a la SGAE y organizaciones similares. Sólo los autores. Uno diría: ¡pero merecen compensación monetaria por sus obras! En efecto, en este sistema el trabajo se paga con dinero. Una compensación monetaria.

Ahora veamos. Por un lado están los autores ya afianzados, que ganan muchísimo dinero por sí solos si las discográficas no les dejan en la calle. Según algunos, ganan más de lo que deberían si analizamos la trascendencia de su trabajo. Aprecio el arte, pero no aprecio la avaricia. Por otro lado están los autores no tan estables, que ganan la mayoría de su paga en conciertos y a los que la intervención de la SGAE no beneficia tanto como se promete. En la era de Internet, muchas bandas se han hecho conocidas en la red y se han adinerado con conciertos.

La SGAE suele decir en referencia a la música que se pierde la compra de un disco por cada uno que se descargue ilegalmente. Por supuesto, esta afirmación es falsa. Incluso ellos mismos se contradijeron en una entrevista con David Bravo, abogado en defensa de lo que algunos llaman "piratería" sin serlo. Debido al coste nulo, cuando alguien descarga un juego, una película o un disco de música lo más probable es que se lo haya descargado por curiosidad y no habría estado tan seguro como para comprarlo.


Aun así, debido a la mentalidad que tenemos en este sistema comprar algo sigue siendo muy relevante. Esto ocurre sobre todo entre los más coleccionistas, pero lo cierto es que casi todos tenemos esa tendencia consumista.

Muchos descargan el producto con el fin de probarlo, para asegurarse antes de una compra definitiva. ¿Por qué lo compran si ya lo tienen? En ocasiones es más cómodo. Siempre es mejor tener el disco de una película con su gran calidad, diferentes opciones de audio, subtítulos y extras. Siempre es mejor tener un juego original, con sus actualizaciones. En cambio, el caso de la música es más complicado ya que un disco de música es un disco de música ya sea digitalmente o no. Y aun así, muchos más de los que parece lo compran físicamente simplemente por el contenido impreso con extras como las letras de las canciones e imágenes exclusivas, y otros muchos lo compran en iTunes por su comodidad.

¿A qué quiero llegar con todo esto? A que bajo ningún concepto se pierde una compra de un producto por descarga. Ni muchísimo menos. De hecho, debido a la mentalidad de "descargar para probar y luego comprar", lo más seguro es que ganen unas compras de más por parte de los más inseguros. Y sí, es evidente que pierden por otros lados, especialmente en la industria musical. Pero, como dijo ya David Bravo, son ellos quienes tienen que adaptarse a los cambios de la sociedad y la tecnología, y no al revés.

Por lo tanto, el argumento se desecha. ¿Qué queda? ¿Qué excusa le queda a la SGAE y a todas las empresas "en defensa de los derechos de autor"? Poca cosa, a decir verdad. En Estados Unidos se han intentado métodos tan patéticos como la comparación entre compartir archivos y el comunismo, socialmente equivalente al Mal en EE. UU.


Entonces llegamos al único razonamiento posible: compartir es ilegal. Compartir archivos, aunque sea sin ánimo de lucro y sin modificar el archivo en cuestión, es ilegal. ¿Cuál es el problema para aquellos que lo afirman? Que hasta ahora la ley y por supuesto la lógica nos dicen que eso no es cierto.

Compartir es legal. Y es hora de que todos nos demos cuenta de ello.

Respecto a David Bravo, debo decir que él podrá explicar la legalidad de la compartición de archivos mucho mejor de lo que yo podré jamás. Podéis leerle en su blog anteriormente citado, y también podéis verle en Youtube. Os recomiendo, sin lugar a dudas, sus intervenciones en el programa "Noche sin tregua", pero hay por ahí muchos otros vídeos suyos muy informativos y también entretenidos, como su carta a Zapatero. Aunque no sea el rey de los monólogos, es entretenido escucharle y la verdad es que la ley -e insisto, el sentido común- respaldan sus afirmaciones.

Blog en nueva dirección

El blog Ciudadanos del mundo se ha trasladado a una dirección más adecuada. Aunque sólo pretendía ser provisional, la dirección en cm-pensar ha durado mucho ahí, más de lo que hubiéramos querido. De hecho, algunos interpretaron el título como "Cómo pensar" en vez de "Ciudadanos del Mundo - Pensar", en referencia al cariz pensativo, reflexivo, de nuestros artículos. La dirección actual es más directa y lógica: ciudadanosmundo. Por lo tanto, podréis encontrar la página en http://ciudadanosmundo.blogspot.com

"Más miedo"

Estas semanas he enlazado varios artículos respecto al miedo que infunden los medios, y ha sido una casualidad que me haya encontrado con varios artículos al respecto últimamente. Supongo que con lo de la Gripe A se les ve demasiado el plumero.

El caso es que en un blog llamado "La lengua" han escrito una entrada muy interesante al respecto, y quería compartirla. Muestra ejemplos muy buenos de la desinformación de los medios y tal. Allá va:
Ayer estaba viendo las noticias, no recuerdo en qué canal, porque ahora todos se unen en una nebulosa de chabacanería, estupideces y adoctrinamiento, y comenzaron a hablar de la gripe A, esta con la que nos quieren asustar ahora y de la que en realidad no parecemos tener tanto miedo.

La cuestión concreta es que, al parecer, esta enfermedad afecta de forma mucho más fulminante a las mujeres embarazadas, que en consecuencia deben ser mucho más cuidadosas y precavidas para no padecer las fatales consecuencias del virus de marras.

En España hemos malentendido la idea de democracia y de equidad, como hemos hecho con tantas cosas. En la buena idea de equidad, de igualdad de oportunidades, el objetivo supremo es hacer que todo el mundo pueda, parta de donde parta y mediante el esfuerzo público aportado por todos, llegar adonde se le antoje. El hijo de un porquero puede llegar a doctor en Medicina, a fiscal o a ministro, y para ello, aunque el patrimonio de su padre consista en un exiguo puñado de puercos, el Estado le concede las becas y ayudas necesarias para que solo tenga que preocuparse de su esfuerzo.

En la idea de equidad entendida por los españoles, el criterio del hijo de un porquero que haya pasado la vida revolcándose con su piara en el barro vale lo mismo que el criterio que el hijo del porquero de al lado, que con esfuerzo se partió los cuernos en la escuela e hizo méritos para merecer becas y obtener el doctorado en Medicina. Aquí la idea de que las opiniones sobre medicina —o cualquier otra cuestión— tienen valor distinto si vienen de un premio Nobel que si vienen de quien no sabe hacer la O con un cañuto es considerada franquista, calificativo supremo de degradación ética, así que hemos llegado a la curiosa conclusión de que no es una pérdida de tiempo escuchar a nadie.

Y esto, unido a la imbecilidad general y a la política de reducción de costes de las cadenas de televisión, ha propiciado que en cualquier noticia, ya trate sobre el precio del pollo o del gran colisionador de hadrones, concluya siempre con la opinión de tres o cuatro pelanas a los que el becario de turno se encuentra por la calle y les pregunta sobre el particular.

Retomemos nuestro asunto: la noticia de la que os hablaba al principio no podía finalizar sin que el reportero buscase a tres o cuatro portadoras de bombo y les preguntase sobre la peligrosidad del virus en las mujeres embarazadas. Debo decir que, aunque hay mucha gente que no tiene cultura, el sentido común sí que es algo relativamente extendido, así que cuando preguntaron a las embarazadas si tenían miedo, la respuesta de todas era casi siempre la misma, más o menos así: «pues no, no tengo miedo, no voy a estar todo el día temblando por si pillo un virus, y además si quiero quedarme embarazada no voy a dejarme condicionar por el hecho de que haya una nueva enfermedad deambulando por ahí». Más imágenes de mujeres embarazadas y la voz en off del locutor: «las mujeres embarazadas en España, atemorizadas por los nuevos datos sobre el virus».

¿¿¿Qué??? El periodista contradiciendo a sus entrevistadas, y diciendo exactamente lo contrario de lo que decía la gente de la calle. Y todo ¿para qué? Para seguir alimentando el miedo, para convencer a la gente de que no salga, de que se quede en casa viendo la televisión y comprando mascarillas en la teletienda.

Y, por primera vez en mucho tiempo, los mendrugos que los reporteros suelen buscar para que den su indocumentada opinión sobre el tema que sea me han dado una alegría. Parece que van a hacer falta muchas más torres gemelas, muchas más noticias sobre menores genocidas y sobre virus descontrolados y muchas más cámaras de vigilancia en cada orificio de nuestros cuerpos para que la sociedad entera se rinda a la nueva dictadura del miedo. Para una serpiente de verano no está nada mal.

Cadenas invisibles, la nueva esclavitud

Esclavitud. Escuchamos mucho esa palabra. La hubo en Mesopotamia y Egipto y durante miles de años siguió habiendo seres humanos que no eran considerados en mayor estima que animales de trabajo, a los que se les forzaba de maneras que no podemos siquiera imaginar.


El comercio negrero floreció años después, tras la conquista de América. Por ese entonces, la esclavitud había tomado otro cauce. Hacia el siglo XVII, la mano de obra de los esclavos africanos era muy preciada, pero fue entonces también cuando comenzaron a aparecer movimientos abolicionistas. Tras mucho esfuerzo, esa clase esclavitud dejó de existir de forma tan descarada en lo que hoy llamamos el Primer Mundo. Pero, aun con la abolición de la esclavitud, hasta el siglo XX no hubo un cambio considerable y todavía existe la "esclavitud clásica" en muchos países, por mucho que esté abolida en occidente.

Aunque parezca mentira, hoy día hay más esclavitud que en ningún momento del pasado, debido en gran parte a la explosión demográfica. Antes eran usados como si fueran bestias, pero bestias a los que había que cuidar, ya que no abundaban. Hoy día son más desechables. Se estima que hay casi treinta millones de esclavos.

Aun sin tener en cuenta lo recién comentado, la esclavitud sigue existiendo en otras formas. Tras la abolición comenzó a aparecer lo que podemos llamar "nueva esclavitud". En la nueva esclavitud no hacen falta cadenas ni celdas. Las cadenas que atan a millones de personas al trabajo en fábricas son el dolar diario que les pagan. De forma más sutil (y decididamente menos degradante) en los países desarrollados se nos presentan más ataduras económicas que nunca, desde hipotecas descabelladas hasta las cuotas del coche y el entretenimiento que nos distrae del hecho de que, en mayor o menor medida, somos esclavos del sistema.

¿O acaso no es así? Muchos recitarían que "tenemos libertad de expresión, de prensa y derecho a la información". Sin duda, el liberalismo fue un gran logro. Pero no debemos olvidar que en una mayoría de los países que nos apoyan con su mano de obra barata ni siquiera tienen los derechos humanos que consideramos fundamentales.

Aunque nosotros tenemos esos derechos, son privilegios y no derechos si pueden eliminarse en crisis económicas y guerras. En cuanto demasiada gente se une para expresar un sentimiento poco popular o anti-sistema dicha libertad se evapora. En la prensa la censura se muestra implícitamente en las leyes inexcusables de corrección política y la prensa bipartidista y explícitamente en puntos de vista que ningún partido mayoritario apoye. La libertad de expresión está cohibida de forma activa y pasiva, dejando a una población poco informada y educada incapaz de indignarse con un sistema "democrático" en el que los intereses corporativos esclavizan a millones de personas y emboban al resto.

Internet es una gran herramienta en contra de la censura en la prensa y en pos de la libertad de expresión e información, pero sigue siendo un medio minoritario. Por desgracia, la gran mayoría de la población se limita a aceptar lo que ve en los principales telediarios y periódicos de su rama ideológica sin contrastar hechos. Así, de forma natural la sociedad no avanza y las altas esferas de la política y el mundo financiero siguen en el poder, olvidando que su fin no es solo la administración sino también la innovación. Pero hoy día solo quieren poder en aras de seguir en el poder, sin mayores propósitos.

Si ganamos algo de perspectiva podremos evitar este estancamiento social y ser conscientes por fin de la terrible esclavitud, con cadenas o sin ellas, que desola a la humanidad.

El Miedo como fundamento de poder

Hace un tiempo eché una ojeada a un artículo muy interesante, escrito por un politólogo llamado Gustavo Bastardo, acerca de cómo los gobiernos y los medios usan el miedo de forma sucia y barata en un ridículo esfuerzo de mantenerse relevantes. Querría compartir el texto:
No hay prejuicio en convenir que las pretensiones por interpelar a aquellos factores que responsabilizamos por contribuir al incremento de la violencia en la sociedad, tales como los medios de comunicación social, han logrado su éxito en el cine norteamericano, sobre todo si de premios, taquilla y buena crítica se trata. La orgía medios-violencia ha sido una díada que ha motivado en más de una ocasión la crítica social llevada a la gran pantalla; piénsese en "Asesinos por naturaleza" (O. Stone, 1994) o en "El Cuarto Poder" (C. Gavras, 1977). Por otra parte, el tema de la violencia llevado al cine en los Estados Unidos ha estado por lo general aderezado con otros móviles como el racismo, bien como historia pasada (El color púrpura: Spielberg, 1985) o como historia devenida en drama actual (Historia americana X: T. Kaye,1998).
[...]La premisa de la que parte Moore para concebir la teoría del miedo con la que argumenta su propuesta de cine, no es otra que la de Thomas Hobbes, padre del estado absolutista, sólo que el filósofo inglés atribuye ese miedo al hombre genérico en el marco de una concepción pesimista antropológica de la naturaleza humana, mientras que Moore lo endilga al hombre americano, especialmente el blanco "caucásico" -expresión difícil de escribir amén de deletrear- como lo deja ver el propio Moore al momento de llenar la hoja de requisitos para abrir una cuenta en el banco (acto por el cual recibe como obsequio un rifle de precisión) como una manera de preguntarse si es que acaso eso tiene algún significado específico que le da de por sí una condición especial a cierta raza de hombres.
El texto entero lo podéis encontrar aquí en formato PDF. Aunque el artículo es muy específico, no está nada mal, y ciertamente voy a escribir próximamente al respecto.

La Barca de los Sueños

Amigos, cada día me cercioro mas de que la humanidad ha muerto. No es que hayamos perdido los pulsos vitales, es que sencillamente hemos dejado de vivir. Tenemos el intelecto embotado y los sentimientos reprimidos. Todo aquello nos debería remover el alma y la conciencia no ha desaparecido, sigue ahí, pero no nos conmueve. ¿Qué es lo que falla?

Cada día vemos más atrocidades por televisión: asesinatos, guerras, hambrunas... ¡Pero parece tan lejano! Casi es como si perteneciera a otra dimensión. Estamos tan acostrumbados que acaba por formar parte de nuestra rutina diaria. Esta es una noticia habitual:
«Se interceptó anoche una patera en aguas españolas cuando transportaba a 96 inmigrantes de origen subsahariano».
Qué vacías nos suenan ya estas palabras, ¿verdad? Tan acostumbrados estamos a oírlas que nos parece normal. Psicológicamente esta naturalización de lo que debería parecernos extraordinario y horrible es similar al sexto de los once principios de propaganda de Joseph Goebbels, el encargado de diseñar y propagar la fanática publicidad nazi.
«Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad"».
Se basa en la repetición. De igual forma que el Estado alemán convenció a su pueblo de las mentiras más desvergonzadas y de las verdades más horripilantes, esta sociedad se ha acostumbrado a nociones como la inmigración, el Tercer Mundo y la hambruna por su repetición natural. Nos parecen sucesos normales, tan comunes y predecibles como el tíc-tác del reloj. Y el terrible resultado es que conceptos como "Tercer Mundo" e "inmigrante ilegal" nos parezcan de lo mas cotidianos y aceptables del mundo. No lo son.

En primer lugar se habla de un Tercer Mundo. El término proviene del bloque que no formó parte de la Guerra Fría, que estaba formado por naciones subdesarrolladas, así que hoy día su significado es económico. Lo importante es que figuradamente se da a entender que existe otro lugar que no está en este planeta, tan alejado como Saturno o Júpiter, y nos lo repetimos con tal calma y frialdad que parece ser un hecho normal. Es decir, parece que el curso de la vida lo marca así. Pero no, las cosas no deberían ser de este modo ni tienen por qué serlo.

ESTE ES EL ASPECTO DE LA DEMOCRACIA

No se trata de otro mundo; África esta a apenas a unos kilómetros de España, un presunto país desarrollado, y cada vez que vemos imágenes como las de Rwanda pensamos algo como «Pobrecitos los negritos, que se matan a machetazos. En navidad les daré dinerito para acallar mi conciencia y tener los huevos de pensar que estoy cambiando el mundo». Ese Tercer Mundo es una realidad bien cercana. No es ficción, sino su penosa realidad, y debería ser la de todo el planeta Tierra, porque somos Ciudadanos del Mundo.

Cuando vemos a una señora mayor tirada en la calzada porque se ha tropezado la ayudamos por solidaridad, ¿verdad? En cambio, cuando un continente entero muere de hambre le damos las sobras de un sobrealimentado sistema. ¿Por qué? Porque están lejos. Y nos hemos acostumbrado oír a sus penas. Ya no nos sorpende, no nos conmociona, no nos indigna.

En segundo lugar está el término ilegal. Los inmigrantes ilegales. Este es el término que mejor expresa la gravedad de la injusticia, el máximo exponente de la extrema diferencia que nos separa. Ya es triste como nos tratamos entre nosotros en esta sociedad supuestamente civilizada pero peor aún es que a estas personas se les trate como ganado o incluso como mercancía ilegal. No, basta ya: ningún ser humano es ilegal.

Se nos tendría que caer a todos la cara de vergüenza cada vez que se divisara una sola patera, cada vez que una sola persona se tuviera que aferrar a unos cuantos trozos de madera para llevar una vida algo mejor, jugándosela en la barca de los sueños. Estamos encerrados dentro de nuestras propias fronteras: debemos abrir las puertas al mundo y recibir con un abrazo a los inmigrantes de todo el mundo, así como hicieron ellos en su tiempo. Una vez esto ocurra, el término "inmigrante" dejará de tener sentido.

Amigos, debo insistir en que no se trata del clasismo habitual dentro de cada sociedad particular, no se trata de que se nos valore por el tamaño de nuestra cartera. Con los extranjeros va más allá: son personas tan humanas como nosotros, con los mismos pensamientos, preocupaciones y sentimientos, que se han visto obligadas a desterrarse en otro mundo, convirtiéndose en mercancía ilegal para que luego les expulsemos de nuevo a su infierno o si se quedan les tratemos como a esclavos infra-humanos.

Como decían en Senderos de Gloria, de Stanley Kubrick:
«La patria es el refugio de los cobardes».

«La sociedad nos corrompe»

Jean-Jacques Rousseau dijo una vez:
«El hombre es bueno por naturaleza, la sociedad lo corrompe».
El francés tenía cierta razón, pero no toda. Cierto es que no se le puede culpar porque no tuviera demasiada idea sobre influencias genéticas, pero no por ello vamos a evitar corregirle. El hombre no es bueno ni malo por naturaleza: lo que en este punto de nuestra evolución social consideramos 'bondad' no es propio de la humanidad. Se trata de una propiedad que puede aparecer gracias a un entorno muy afortunado y poco común en esta sociedad.

Otra noción similar es la de la "tabula rasa", es decir, que somos como una vasija vacía hasta que aprendemos de la sociedad y nos llenamos. Esta locución tampoco tiene en cuenta la importancia de nuestra naturaleza: desde características que quizás nunca notemos hasta problemas serios como enfermedades de nacimiento, la genética siempre está ahí presente antes incluso de que la sociedad nos afecte de forma alguna.

La filosofía dedica gran parte de su estudio a responder a la gran pregunta: ¿qué somos y cómo hemos llegado a ser así? ¿Cual es nuestra naturaleza? De hecho, ¿acaso existe la naturaleza humana? No en el sentido tradicional: más allá de las propensiones y fronteras que nos imponga la genética, la naturaleza humana no es más que una forma fácil de explicar cuestiones demasiado complejas. Esta falacia es la mejor y última excusa para rechazar nuevos sistemas que exijan menos avaricia por nuestra parte. Muchos afirman que somos avaros y egocéntricos por naturaleza, ¿pero es eso cierto?

No exactamente: estos factores se manifiestan por nuestros instintos básios en ciertas circunstancias. En concreto, la avaricia y las ansias de poder y propiedad no son más que consecuencias de la escasez. En el caso de que llegue un momento en el que todos tengamos abundancia, no habrá necesidad de robar ni de tener propiedad tal como la entendemos actualmente, por lo que la avaricia acabará por ser prácticamente irrelevante.

En lo que respecta a si somos egocéntricos por naturaleza, la discusión puede ampliarse con facilidad, ya que sí que lo somos hasta cierto punto. Nuestro egocentrismo se ha ampliado hasta límites insospechables por la escasez de todas las sociedades, pero siempre ha estado y estará allí aunque sea de la forma más básica. Y es que, al fin y al cabo, dicho "egocentrismo natural" no es más que nuestro instinto de supervivencia. Le damos más importancia a nuestro ser -al ego- que a ningún otro ser, ya que nuestra existencia depende de permanecer vivos. Por ello, luchamos por sobrevivir a toda costa.

Pero, ¿qué podemos hacer con ese ego tan nuestro? En nuestra sociedad se aprovecha de forma individual: tanto en el capitalismo como en cualquier otro sistema que se base en el manejo desigual de la escasez el ego es necesario para escalar posiciones sociales. Básicamente, nos pisamos mutuamente para llegar a lo más alto de la pirámide. Al estar preocupados por nuestro estatus económico y social, no nos podemos permitir pensar demasiado en los demás. No es casualidad que las mayores atrocidades se cometan en las regiones más pobres y en tiempos de crisis, cuando la desigualdad es mayor.

La situación descrita perpetúa un sistema basado en escasez que no puede sostenerse mucho más, ya que tener como fin "mantener el sistema" (seguir existiendo en aras de seguir existiendo) no es un fin válido. Pero entonces, ¿qué podemos hacer? Quizás, la mejor forma de evitar la avaricia y el ego sería crear un sistema en el que se aprovechen dichos instintos innatos para el bien común, la abundancia sea accesible para todos de forma igualitaria y tenga como fin el desarrollo en lugar del mantenimiento. En tal sistema hipotético uno no tendría razón alguna para ser avaro, al igual que no tendría sentido robar. ¿Por qué ibas a robar algo que puedes tener tú fácilmente? ¿Y qué ibas a hacer con lo robado? ¿Venderlo? ¿A quién, si todo el mundo tiene acceso a lo necesario?

La compleja explicación de cómo podríamos manejar un sistema en el que todos tuviéramos abundancia la dejo para otro día. Hoy vengo a responder la gran pregunta que Rousseau creyó resolver y en su tiempo puede que bastara, pero ya no: ¿Qué somos?

Somos seres interconectados, pero no por fuerzas metafísicas sino por leyes naturales que nos hacen depende los unos de los otros, con propensiones genéticas que pueden empujarnos hacia cierto camino en la vida. En cambio, la senda la construye primordialmente la sociedad que nosotros mismos hemos creado. En un círculo vicioso, afectamos a la sociedad y la sociedad nos afecta a nosotros.

No podemos considerarnos bondadosos ni malvados por naturaleza, ya que estas no son más que calificaciones anticuadas que pueden hacer más daño que bien. No somos tablas rasas sobre las que inscribir sino seres cuyas características y propensiones innatas dirigen el desarrollo de aprendizaje que ofrece la sociedad, para bien o para mal: con una cultura cuerda y sana todos estaríamos cuerdos y sanos y con una cultura demente y enferma... amigos, no tenéis más que mirar a vuestro alrededor para ver los resultados.

Hay una realidad innegable en todo esto: nosotros somos como la sociedad en su totalidad y viceversa, pero solo nosotros podemos hacer algo al respecto, ya que la sociedad no moverá un dedo por ello. Sólo nosotros podemos cambiar la sociedad para que acabemos siendo afectados por ella de forma positiva y, por primera vez en nuestra existencia, podamos decir con total convicción: «Al hombre le guía su naturaleza, la sociedad nos desarrolla».