Hoy mismo el pleno del Parlamento Europeo ha rechazado el Acuerdo Comercial Anti-Falsificación, mejor conocido como ACTA, un acuerdo que establecería estándares internacionales del cumplimiento de los derechos de propiedad intelectual que amenazaba el futuro de Internet, de los medicamentos genéricos y de muchos de nuestros derechos civiles.
Con 478 votos en contra, 39 a favor, 165 abstenciones y el rechazo pronunciado de todos los partidos europeos excepto (sorpresa, sorpresa) el del Partido Popular Europeo, los 27 han tumbado unilateralmente al ACTA; el único pez gordo internacional que todavía apoya la propuesta es Estados Unidos, y sin la compañía de aliados como Australia y Europa se prevé que Washington retirará su apoyo, rematando así esta broma de mal gusto.
Entre otras cosas, ACTA haría responsables a los proveedores de acceso a internet del contenido protegido por derechos de autor que suban sus usuarios a la red, obligándoles a tomar un papel de policía que no les corresponde, y tendrían que proporcionar las direcciones IP de sospechosos de piratería a las autoridades. Pero esto va más allá de internet. Dado que el acuerdo es increíblemente vago, en esencia podría criminalizar los medicamentos genéricos: ya que carecen de propiedad intelectual, podrían considerarse drogas ilegales.
Sin duda las leyes de propiedad intelectual están anticuadas y necesitan una revisión: Internet ha marcado un antes y un después tecnológico y cultural y la legislatura no se ha puesto al día. Por desgracia, la mayoría de leyes propuestas para lidiar con los conflictos que este nuevo mundo ha creado no pretenden aprovechar la tecnología y crear nuevas oportunidades para los autores sino limitarla para, precisamente, no tener que cambiar la industria en absoluto. Eso es lo que hacía ACTA, como ya lo habían hecho antes SOPA y PIPA en Estados Unidos, y eso es lo que, con suerte, no se volverá a intentar en la comunidad internacional.
En efecto, con el batacazo que han recibido esta clase de leyes últimamente (con la excepción regional de la Ley Sinde aquí en España), es plausible que la Unión Europea empiece a proponer reformas legislativas en el ámbito de la propiedad intelectual que aprovechen las ventajas que nos ha traído el mundo digital en vez de pisotearlas. Al margen de lo que nos depare el futuro, este es un gran día para los ciudadanos europeos: por primera vez hemos prestado atención a la política supranacional y nos hemos movilizado juntos contra un tratado que podría abusar el derecho a la privacidad y a la información de los europeos.
En el mismo día que la organización cientíifica europea CERN anuncia que, con casi total seguridad, por fin han descubierto el bosón de Higgs, una partícula que explica por qué las demás partículas elementales tienen masa y completa el modelo estándar de física de partículas, la Unión Europea decide (con la excepción del partido europeo derechista, retrógrado no solo en asuntos sociales sino también económicos) que no vamos a seguir aprobando leyes anti-progresistas. Ahora mismo el futuro no pinta tan sombrío.
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Europa acaba con ACTA
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LukaNieto
on miércoles, 4 de julio de 2012
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El posmodernismo en la lengua
Entre los muchos males de los que el posmodernismo es responsable, ya sea como causa ideológica o justificación post-hoc, destaca el estigma contra la función comunicativa y economía del lenguaje y la popularización del habla políticamente correcta, con sus eufemismos, oscurantismo semántico y confusiones sobre los estereotipos.
En el mundo académico la concepción clásica de la lengua ya no está sola: en lugar de admirar su función comunicativa, analítica y esclarecedora, se empezó a juzgar a la lengua por su capacidad de determinar e inhibir el pensamiento. De ahí surgen los movimientos para transformar el lenguaje, que pueden ser bienintenciados, como la inclusión de las mujeres en la lengua, o ciertamente siniestros, como los eufemismos políticos y militares que Orwell llevó al extremo de lo macabro en la ficticia Neolengua de 1984. Estos intentos se basan en teorías anticuadas según las cuales la relación entre las ideas y la lengua se invierte o, según las palabras de J. Hillis Miller, «el lenguaje no es un instrumento en manos del hombre [...] sino que el lenguaje piensa al hombre y su 'mundo'... si el hombre lo permite».
Como todas las teorías posmodernistas, esta noción invierte la lógica de la causa-efecto para crear una idea impenetrable y por tanto aparentemente inteligente. En realidad, el lenguaje nos permite comunicar pensamientos pero no es la materia de los pensamientos ni la causa del conocimiento. Y es por eso que la ingeniería social del Gran Hermano debe fallar: eliminar la palabra 'libertad' no eliminaría el anhelo visceral humano de ser libre.
Un ejemplo de la inutilidad de la corrección política es que, si bien el racismo, el sexismo y la homofobia ya no son posiciones aceptables en gran parte de las sociedades occidentales, aquellos que las comparten han encontrado vías de escape mediante el oscurantismo lingüístico con eufemismos como "los derechos de los hombres" que dan a entender que se trata de un movimiento defensivo y no ofensivo. Aunque el subtexto sea conocido por todos, el abandono de toda terminología denigrante les cubre las espaldas según las mismas reglas de corrección política creadas para combatirlos. Solo podremos condenar el verdadero problema, sus ideas, si volvemos a centrarnos en el contexto y el subtexto en lugar del lenguaje utilizado.
Esta transformación de nuestras prioridades también tiene consecuencias directas. La censura en los medios por miedo a hacer ofensa es un ejemplo perfecto: aquellos que establecen las normas de censura buscan palabras específicas al margen del contexto. No importa si se trata de una sátira o incluso un recurso literario de exageración con fines humorísticos. Los comediantes Ricky Gervais y George Carlin, que debido a su contenido impactante se han enfrentado a esta estúpida forma de censura a menudo, explican el problema con claridad:
De hecho, en el mundo académico varios investigadores han sufrido toda clase de abusos porque sus estudios puramente estadísticos se han malinterpretado como prejuicios morales: en 1991 los psicólogos Stanley Coren y Diane Halpern se enfrentaron a amenazas de muerte y a la censura en una revista científica por las conclusiones estadísticas de que los zurdos suelen tener más complicaciones y mueren antes que los diestros. En términos más generales, cada vez que se descubre un gen para la violencia, la homosexualidad o cualquier otro tema candente nadie parece comprender que no dicen que todos aquellos con el gen tendrán la condición o la conducta ni que estas no se presentarán sin el gen: la expresión de "un gen para..." se refiere a la mayor probabilidad de que la condición se presente, ni más ni menos.
Las reservas contra el racismo, la homofobia y todo lo expuesto aquí son legítimas, pero en la práctica las defensas se han llevado a unos extremos ridículos de manipulación y malinterpretación del lenguaje que sobrestiman su poder y subestiman nuestra inteligencia.
En el mundo académico la concepción clásica de la lengua ya no está sola: en lugar de admirar su función comunicativa, analítica y esclarecedora, se empezó a juzgar a la lengua por su capacidad de determinar e inhibir el pensamiento. De ahí surgen los movimientos para transformar el lenguaje, que pueden ser bienintenciados, como la inclusión de las mujeres en la lengua, o ciertamente siniestros, como los eufemismos políticos y militares que Orwell llevó al extremo de lo macabro en la ficticia Neolengua de 1984. Estos intentos se basan en teorías anticuadas según las cuales la relación entre las ideas y la lengua se invierte o, según las palabras de J. Hillis Miller, «el lenguaje no es un instrumento en manos del hombre [...] sino que el lenguaje piensa al hombre y su 'mundo'... si el hombre lo permite».
Como todas las teorías posmodernistas, esta noción invierte la lógica de la causa-efecto para crear una idea impenetrable y por tanto aparentemente inteligente. En realidad, el lenguaje nos permite comunicar pensamientos pero no es la materia de los pensamientos ni la causa del conocimiento. Y es por eso que la ingeniería social del Gran Hermano debe fallar: eliminar la palabra 'libertad' no eliminaría el anhelo visceral humano de ser libre.
«Como todas las teorías de la conspiración, la idea de que la lengua es una prisión denigra su materia mientras sobrestima su poder». -Steven PinkerEsto no significa que la lengua sea solo un conjunto de etiquetas que no afectan al pensamiento: es el medio principal de transmisión cultural y es cierto que puede ser una herramienta de manipulación. En cambio, no es tan poderosa como deseamos y tememos, ya sea para eliminar el racismo y el sexismo o para mitigar verdades incómodas con un lenguaje semánticamente vacío. Y por eso sabemos perfectamente lo que significa el término "daños colaterales" y nadie acusa de racistas a los afroamericanos que usan el término peyorativo "nigger" para referirse a otros afroamericanos. En definitiva, el habla eufemística y políticamente correcta infravalora nuestra capacidad de distinguir contextos y subtextos.
Un ejemplo de la inutilidad de la corrección política es que, si bien el racismo, el sexismo y la homofobia ya no son posiciones aceptables en gran parte de las sociedades occidentales, aquellos que las comparten han encontrado vías de escape mediante el oscurantismo lingüístico con eufemismos como "los derechos de los hombres" que dan a entender que se trata de un movimiento defensivo y no ofensivo. Aunque el subtexto sea conocido por todos, el abandono de toda terminología denigrante les cubre las espaldas según las mismas reglas de corrección política creadas para combatirlos. Solo podremos condenar el verdadero problema, sus ideas, si volvemos a centrarnos en el contexto y el subtexto en lugar del lenguaje utilizado.
Esta transformación de nuestras prioridades también tiene consecuencias directas. La censura en los medios por miedo a hacer ofensa es un ejemplo perfecto: aquellos que establecen las normas de censura buscan palabras específicas al margen del contexto. No importa si se trata de una sátira o incluso un recurso literario de exageración con fines humorísticos. Los comediantes Ricky Gervais y George Carlin, que debido a su contenido impactante se han enfrentado a esta estúpida forma de censura a menudo, explican el problema con claridad:
«No hay nada sobre lo que no se debería bromear [...]. Cuando se cuenta una broma de mal gusto hay un acuerdo implícito de que ninguno piensa así en realidad. No contaría una broma de mal gusto a un pedófilo reconocido». -Ricky GervaisOtra víctima del posmodernismo en la lengua es la noción de los estereotipos, los conjuntos de adjetivos que se utilizan para encasillar a grupos variados en definiciones simplistas. Por desgracia, se suele cometer la equivocación de confundir prejuicios y juicios: la queja de «¡No me pongas etiquetas!» es legítima cuando al individuo se le encasilla injustamente sin conocimiento previo, pero no es apropiada cuando la "etiqueta" es la definición general y estadística de un grupo al que este pertenece. En esencia, es la diferencia entre decir que «los hombres son más fuertes que las mujeres» y «todos los hombres son más fuertes que las mujeres». Una es un dato estadístico cierto y la otra una generalización injusta pero, debido a la sobreprotección políticamente correcta contra el estereotipo, pocos notan la distinción.
«Muchos grupos de este país quieren decirte cómo hablar y de lo que no puedes hablar. A veces dirán que puedes hablar del tema pero no bromear "porque no es cosa de broma". Los comediantes siempre nos topamos con esa gilipollez [...]. Se pueden hacer chistes sobre todo: todo depende de cómo construyas la frase, de cuál sea la exageración, porque todo chiste necesita una exageración, algo que se salga de los límites. [...] Las palabras ["inapropiadas"] no tienen nada de malo en sí mismas: solo son palabras. Lo que importa es el contexto. Lo que las hace buenas o malas es quién las use, la intención tras las palabras. Las palabras en sí son completamente neutrales, son inocentes. Estoy harto de que se hable de "malas palabras" y "lenguaje sucio". ¡Gilipolleces! Es el contexto lo que las hace buenas o malas». -George Carlin
De hecho, en el mundo académico varios investigadores han sufrido toda clase de abusos porque sus estudios puramente estadísticos se han malinterpretado como prejuicios morales: en 1991 los psicólogos Stanley Coren y Diane Halpern se enfrentaron a amenazas de muerte y a la censura en una revista científica por las conclusiones estadísticas de que los zurdos suelen tener más complicaciones y mueren antes que los diestros. En términos más generales, cada vez que se descubre un gen para la violencia, la homosexualidad o cualquier otro tema candente nadie parece comprender que no dicen que todos aquellos con el gen tendrán la condición o la conducta ni que estas no se presentarán sin el gen: la expresión de "un gen para..." se refiere a la mayor probabilidad de que la condición se presente, ni más ni menos.
Las reservas contra el racismo, la homofobia y todo lo expuesto aquí son legítimas, pero en la práctica las defensas se han llevado a unos extremos ridículos de manipulación y malinterpretación del lenguaje que sobrestiman su poder y subestiman nuestra inteligencia.
(Read the English translation: Postmodernism in Language)
Postmodernism in Language
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Among the many ills for which postmodernism is responsible, be it as an ideological cause or a post-hoc justification, one stands out: the stigmatization of the communicative role of language and its economics and the popularization of political correctness, with its euphemisms, semantic obsurantism and confusions of stereotypes.
In academia, the classic conception of language is not alone anymore: instead of admiring its role in communicating, analyzing and clarifying, language started to be judged because of its ability to determine and inhibit thought. The movements to transform language originate in that idea: these may be well-meaning, such as the inclusion of the female sex in language, or assuredly sinister, such as the euphemisms used by politicans and the military that Orwell took to its most creepy extreme in 1984's fictional Newspeak. These attempts are based on obsolete theories according to which the relationship between ideas and language is inverted or, in the words of J. Hillis Miller, "language is not an instrument or tool in man's hands [...]. Language rather thinks man and his ‘world'... if he will allow it to do so."
Like all postmodernist theories, this notion inverts the cause-effect logic to create an impregnable -and therefore, apparently intelligent- idea. Actually, language allows us to communicate thoughts but it is neither the stuff of thought nor the cause of knowledge. And that is why The Big Brother's social engineering must fail: doing away with the word "freedom" would not do away with the visceral human yearning for freedom.
An example of the uselessness of political correctness is that, even if racism, sexism and homophobia are no longer acceptable stances in most of Western societies, those who take them have found a loophole through linguistic obcurantism and euphemisms such as "men's rights" which suggest that it is all about defense instead of offense. Even though everyone knows the subtext, abandoning all debasing terminology covers their backs according to the same PC rules created to fight them. The real problem -their ideas- can only be condemned if the focus becomes once again the context and subtext instead of the language used.
This mix-up of priorities also carries direct consequences. A great example is the censorship in the media out of fear of offending anyone: censors look for specific words with no regard to context -no matter if it is a humorous satire or even a rethorical device of exaggeration. Comedians Ricky Gervais and George Carlin, who have often faced this braindead form of censorship because of their shocking content, explain the problem beautifully:
Actually, in academia many researchers have suffered all kinds of abuse because their purely statistical studies were misinterpreted to contain moral prejudice: in 1991 psychologists Stanley Coren and Diane Halpern faced death threats and a ban in a scholarly journal because their statistical conclusions showed that left-handed people tend to have more complications in life and die younger than right-handed people. More generally, every time a gene for violence, homosexuality or any other hot topic is discovered, no one seems to understand they are not claiming that those with the gene will absolutely have the condition or behavior or that these will not showcase absent the gene -the figure of speech "a gene for..." makes reference to nothing more or less than the increased probability of a behaviour appearing.
The stance against racism, homophobia and every other concern showcased here is legitimate, but in practice the defense has been taken to ridiculous extremes of language manipulation and misinterpretation that overestimate its power and underestimate our intelligence.
In academia, the classic conception of language is not alone anymore: instead of admiring its role in communicating, analyzing and clarifying, language started to be judged because of its ability to determine and inhibit thought. The movements to transform language originate in that idea: these may be well-meaning, such as the inclusion of the female sex in language, or assuredly sinister, such as the euphemisms used by politicans and the military that Orwell took to its most creepy extreme in 1984's fictional Newspeak. These attempts are based on obsolete theories according to which the relationship between ideas and language is inverted or, in the words of J. Hillis Miller, "language is not an instrument or tool in man's hands [...]. Language rather thinks man and his ‘world'... if he will allow it to do so."
Like all postmodernist theories, this notion inverts the cause-effect logic to create an impregnable -and therefore, apparently intelligent- idea. Actually, language allows us to communicate thoughts but it is neither the stuff of thought nor the cause of knowledge. And that is why The Big Brother's social engineering must fail: doing away with the word "freedom" would not do away with the visceral human yearning for freedom.
"Like all conspiracy theories, the idea that language is a prisonhouse denigrates its subject by overestimating its power." -Steven PinkerThis does not mean language is just a lot of labels that cannot affect thought itself: it is the main means by which culture is transmitted and it is true that it can be a manipulation tool. However, it is not as powerful as we wish and fear, be it to wipe out racism and sexism or to mitigate inconvenient truths by using a semantically hollow language. And that is why we perfectly know what "collateral damage" means and why African Americans that use the word "nigger" to refer to other African Americans are never accused of being racist. All in all, politically correct and euphemistic language belittles our ability to perceive context and subtext.
An example of the uselessness of political correctness is that, even if racism, sexism and homophobia are no longer acceptable stances in most of Western societies, those who take them have found a loophole through linguistic obcurantism and euphemisms such as "men's rights" which suggest that it is all about defense instead of offense. Even though everyone knows the subtext, abandoning all debasing terminology covers their backs according to the same PC rules created to fight them. The real problem -their ideas- can only be condemned if the focus becomes once again the context and subtext instead of the language used.
This mix-up of priorities also carries direct consequences. A great example is the censorship in the media out of fear of offending anyone: censors look for specific words with no regard to context -no matter if it is a humorous satire or even a rethorical device of exaggeration. Comedians Ricky Gervais and George Carlin, who have often faced this braindead form of censorship because of their shocking content, explain the problem beautifully:
"There's nothing you shouldn't joke about [...] When we tell a sick joke it's with the express understanding that neither party is really like that. I wouldn't tell a sick joke to a known pedophile." -Ricky GervaisAnother casuality to postmodernism in language is the idea of stereotypes, the sets of adjectives used to pigeonhole varied groups in simplistic definitions. Unfortunately, the mistake is made of confusing prejudice with judgement -the "Don't you label me!» plaint is legitimate when the individual is being unjustly typecasted without any previous knowledge, but it is not appropiate when the "label" is the statistical definition of a group of which the individual is part. Essentially, it is the difference between saying "men are stronger than women" and "all men are stronger than women." The former is a statistical fact and the latter is an unjust generalization but, due to the PC overprotection against stereotypes, very few notice the distinction.
"Lots of groups in this country want to tell you how to talk, tell you what you can't talk about. Well, sometimes they'll say you can talk about something but you can't joke about it because 'it's not funny'. Comedians run into that shit all the time [...]. I believe you can joke about anything. It all depends on how you construct the joke, what the exaggeration is. Because every joke needs one exaggeration, one thing to be way out of proportion [...]. There is absolutely nothing wrong with ['inappropiate'] words in and of themselves. They're only words. It's the context that counts. It's the user. It's the intention behind the words that makes them good or bad. The words are completely neutral, the words are innocent. I get tired of people talking about 'bad words' and 'bad language.' Bullshit! It's the context that makes them good or bad." -George Carlin
Actually, in academia many researchers have suffered all kinds of abuse because their purely statistical studies were misinterpreted to contain moral prejudice: in 1991 psychologists Stanley Coren and Diane Halpern faced death threats and a ban in a scholarly journal because their statistical conclusions showed that left-handed people tend to have more complications in life and die younger than right-handed people. More generally, every time a gene for violence, homosexuality or any other hot topic is discovered, no one seems to understand they are not claiming that those with the gene will absolutely have the condition or behavior or that these will not showcase absent the gene -the figure of speech "a gene for..." makes reference to nothing more or less than the increased probability of a behaviour appearing.
The stance against racism, homophobia and every other concern showcased here is legitimate, but in practice the defense has been taken to ridiculous extremes of language manipulation and misinterpretation that overestimate its power and underestimate our intelligence.
(Leer la versión original: El posmodernismo en la lengua)
El fantasma de la máquina
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LukaNieto
on miércoles, 25 de enero de 2012
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El "Fantasma de la máquina" es una locución que inventó el filósofo Gilbert Ryle para describir el dualismo mente-cuerpo de Descartes. En su libro The Concept of Mind Ryle ridiculizó la creencia de que el psique funciona independientemente del cuerpo físico. Según Descartes y todos los dualistas después, la mente no está sujeta a leyes mecánicas, ni siquiera está en el espacio. De ahí el alma etérea que gobierna el cuerpo mecánico, el fantasma de la máquina.
Aunque la propuesta de que existe una distinción vital entre mente y materia, que la mente es como un espíritu incorpóreo, es una teoría de la mente muy específica, rara vez viene sola. El lingüista y psicólogo experimental Steven Pinker lo dijo mejor en su libro The Blank Slate:
Pero defender una posición científica con sueños y esperanzas no tiene sentido. Concluir que la mente carece de rasgos inherentes a base de aspiraciones políticas y no pruebas reales es un ejemplo perfecto de la falacia moralista: es una presunción de que aquello que sea deseable debe ser verdad, que lo que debería ser también es. Por ejemplo: «No podemos estar predispuestos naturalmente a la xenofobia porque eso justificaría el racismo». En esencia es lo opuesto a la falacia naturalista, que presume que aquello que sea verdad debe ser deseable, que lo que es también debería ser: «Dado que estamos predispuestos naturalmente a la xenofobia, el racismo está justificado socialmente».
Aunque estos temores no son argumentos reales, eso no significa que no sean ciertos, así que mejor dejemos de lado la lógica formal. ¿La realidad de la naturaleza humana, no importa cuán maleable, socava las esperanzas de una igualdad social? No, porque las libertades civiles no dependen de la condición de que todos seamos iguales sino de una sociedad que trate a todos como individuos con derechos: no nacemos iguales, pero dar por sentado que por tanto no deberíamos tratarnos con igualdad es caer en la falacia naturalista. Lo siento, prometo no volver a mencionar las falacias lógicas.
Pero el abismo de la naturaleza humana es más profundo. Muchos temen la idea de que la biología toma parte en nuestra conducta y su implicación de que la mente no es más que una parte del cuerpo porque destruye la fuente aparente de nuestras libertades: el libre albedrío. Y es cierto que la destruye: al comprender que el dualismo mente-cuerpo no existe uno se da cuenta de que la mente está, como todo lo demás, sujeta a las leyes de la naturaleza, a la cadena infinita de causa y efecto. Por necesidad, esto convierte a la elección en una ilusión; muy útil o incluso crucial, pero técnicamente un espejismo. En su libro de 2010 "The Moral Landscape" el neurocientífico Sam Harris lo describe así:
Pues esto no es un diálogo puramente filosófico: sostener como verdad esta idea y sus justificaciones filosóficas tiene consecuencias en el mundo real. La tabula rasa y el noble salvaje contaminan campos científicos como la antropología al romantizar nuestro estado de naturaleza (y la naturaleza misma) y al vetar la crítica legítima de las tribus primitivas, creando así expectativas poco realistas sobre los niños y otras gentes no civilizadas. En cambio, el mayor culpable es el fantasma de la máquina, de ahí el título de este ensayo: por ejemplo, en el dualismo mente-cuerpo radican las medidas políticas contra la investigación de células madre. En 2011 George W. Bush tomó la decisión de prohibir estos estudios tras consultar con varios filósofos dualistas y pensadores religiosos. Todavía a día de hoy existen muchas otras actitudes dañinas que asumen la existencia de un alma inmaterial mucho más allá del cuerpo.
Como indica el mismo Steven Pinker, todo esto «inscribe la tabula rasa, desclasa al salvaje noble y exorciza al fantasma de la máquina». Más que puntos de vista intelectuales son explicaciones primitivas basadas en el pensamiento mágico de que aquello que deseemos debe ser cierto. En cierto modo, la negación popular de la naturaleza humana es muy similar a la posición posmodernista hacia la ciencia en general: ambos proclaman una pared de separación entre sus ideas y aquello que el conocimiento metodológico pudiera llegar a alcanzar. Pero la realidad no tiene esas fronteras.
Aunque la propuesta de que existe una distinción vital entre mente y materia, que la mente es como un espíritu incorpóreo, es una teoría de la mente muy específica, rara vez viene sola. El lingüista y psicólogo experimental Steven Pinker lo dijo mejor en su libro The Blank Slate:
«Las doctrinas de la tabula rasa, el salvaje noble y el fantasma de la máquina (o, como los llaman los filósofos, empirismo, romanticismo y dualismo) [...] suelen encontrarse juntos. [...] Naturalmente, la tabula rasa coexiste con el fantasma de la máquina, dado que una tabla rasa es un lugar acogedor para que more un fantasma. Si un fantasma ha de estar al mando, la fábrica puede enviar el aparato con un mínimo de partes».Esos son los tres mosqueteros: la tabula rasa de John Locke, el salvaje noble de Rousseau y el fantasma de la máquina de Descartes; la mente no tiene rasgos innatos, las personas nacen buenas por naturaleza y todos tenemos un alma con libre albedrío que no se somete a las leyes de la física y la biología. La unión del empirismo no epistemológico, el romanticismo y el dualismo es una poderosa fuerza seductora, pero no por su poder explicativo sino por lo que parecen representar: una barrera contra la desigualdad y el determinismo.
Pero defender una posición científica con sueños y esperanzas no tiene sentido. Concluir que la mente carece de rasgos inherentes a base de aspiraciones políticas y no pruebas reales es un ejemplo perfecto de la falacia moralista: es una presunción de que aquello que sea deseable debe ser verdad, que lo que debería ser también es. Por ejemplo: «No podemos estar predispuestos naturalmente a la xenofobia porque eso justificaría el racismo». En esencia es lo opuesto a la falacia naturalista, que presume que aquello que sea verdad debe ser deseable, que lo que es también debería ser: «Dado que estamos predispuestos naturalmente a la xenofobia, el racismo está justificado socialmente».
Aunque estos temores no son argumentos reales, eso no significa que no sean ciertos, así que mejor dejemos de lado la lógica formal. ¿La realidad de la naturaleza humana, no importa cuán maleable, socava las esperanzas de una igualdad social? No, porque las libertades civiles no dependen de la condición de que todos seamos iguales sino de una sociedad que trate a todos como individuos con derechos: no nacemos iguales, pero dar por sentado que por tanto no deberíamos tratarnos con igualdad es caer en la falacia naturalista. Lo siento, prometo no volver a mencionar las falacias lógicas.
Pero el abismo de la naturaleza humana es más profundo. Muchos temen la idea de que la biología toma parte en nuestra conducta y su implicación de que la mente no es más que una parte del cuerpo porque destruye la fuente aparente de nuestras libertades: el libre albedrío. Y es cierto que la destruye: al comprender que el dualismo mente-cuerpo no existe uno se da cuenta de que la mente está, como todo lo demás, sujeta a las leyes de la naturaleza, a la cadena infinita de causa y efecto. Por necesidad, esto convierte a la elección en una ilusión; muy útil o incluso crucial, pero técnicamente un espejismo. En su libro de 2010 "The Moral Landscape" el neurocientífico Sam Harris lo describe así:
«Toda nuestra conducta puede rastrearse hasta fenómenos biológicos de los que no somos conscientes: esto siempre ha sugerido que el libre albedrío es una ilusión. Por ejemplo, el psicólogo Benjamin Libet demostró que actividades en las regiones motoras del cerebro pueden detectarse unos 350 milisegundos antes de que la persona sienta que ha decidido moverse. Recientemente, otro laboratorio utilizó una IRMf para mostrar que algunas decisiones "conscientes" pueden predecirse hasta 10 segundos antes de formar parte de la conciencia, mucho antes de la actividad motora preparatoria que detectó Libet. Está claro que esta clase de hallazgos son difíciles de reconciliar con la sensación de que uno es la fuente consciente de sus acciones. [...]Harris procede a explicar por qué este hallazgo no acaba con la moralidad y la libertad:
El problema es que ninguna explicación de la causalidad da cabida al libre albedrío. Pensamientos, humores y deseos de toda clase aparecen de la nada y nos afectan (o no) por razones subjetivamente inescrutables. [...] Decir que una persona habría hecho otra cosa si hubiera decidido hacer otra cosa no significa nada, porque las "elecciones" de una persona solo aparecen en su torrente mental como de la nada. [...] Nuestra creencia en el libre albedrío emana de nuestra ignorancia momentánea sobre causas específicas previas. La expresión "libre albedrío" describe la impresión de identificarse con el contenido de cada pensamiento a medida que surge en la conciencia».
«Como señaló Daniel Dennett, muchos confunden el determinismo con el fatalismo. Eso da lugar a preguntas como: "¿Si todo está determinado por qué debería hacer nada? ¿Por qué no sentarme y ver qué pasa?" Pero que nuestras elecciones dependan de causas previas no significa que no importen. [...] No sabemos lo que pretenderemos hasta que la intención surja. Ver esto es darse cuenta de que no eres el autor de tus pensamientos y acciones en la forma que suele suponer la gente. En cambio, esta comprensión no hace que la libertad social y política sea menos importante».Que el libre albedrío sea una ilusión no menoscaba lo que consideramos como elecciones. Solo tenemos que comprender intelectualmente cómo funciona nuestra mente pero luego simplificarlo con el concepto del libre albedrío. Es un modelo: útil pero falso. Por ejemplo, en nuestra vida diaria no usamos física avanzada sino un modelo muy simple a base de experiencias que solo falla cuando las variables del entorno son muy distintas de las nuestras, como cuando el astronauta David Scott dejó caer un martillo y una pluma en la luna y cayeron a la misma velocidad. Es intuitivamente confuso pero intelectualmente explicable: no hay resistencia al aire en el vacío. De manera análoga, el libre albedrío es un modelo útil que no tenderá a fallarnos; pero más vale que seamos conscientes de su inexactitud o no reconoceremos las ocasiones en las que la experiencia común no es suficiente.
Pues esto no es un diálogo puramente filosófico: sostener como verdad esta idea y sus justificaciones filosóficas tiene consecuencias en el mundo real. La tabula rasa y el noble salvaje contaminan campos científicos como la antropología al romantizar nuestro estado de naturaleza (y la naturaleza misma) y al vetar la crítica legítima de las tribus primitivas, creando así expectativas poco realistas sobre los niños y otras gentes no civilizadas. En cambio, el mayor culpable es el fantasma de la máquina, de ahí el título de este ensayo: por ejemplo, en el dualismo mente-cuerpo radican las medidas políticas contra la investigación de células madre. En 2011 George W. Bush tomó la decisión de prohibir estos estudios tras consultar con varios filósofos dualistas y pensadores religiosos. Todavía a día de hoy existen muchas otras actitudes dañinas que asumen la existencia de un alma inmaterial mucho más allá del cuerpo.
Como indica el mismo Steven Pinker, todo esto «inscribe la tabula rasa, desclasa al salvaje noble y exorciza al fantasma de la máquina». Más que puntos de vista intelectuales son explicaciones primitivas basadas en el pensamiento mágico de que aquello que deseemos debe ser cierto. En cierto modo, la negación popular de la naturaleza humana es muy similar a la posición posmodernista hacia la ciencia en general: ambos proclaman una pared de separación entre sus ideas y aquello que el conocimiento metodológico pudiera llegar a alcanzar. Pero la realidad no tiene esas fronteras.
(The original article written in English here: The Ghost in the Machine)
The Ghost in the Machine
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The Ghost in the Machine phrase was invented by philosopher Gilbert Ryle as a way to describe René Descartes' mind-body dualism. In his book The Concept of Mind Ryle ridiculed the belief that the psyche somehow functions independent of the physical body -according to Decartes and all dualists thereafter, the mind is not subject to mechanical laws, it is not even in space. Hence, the immaterial soul governing the mechanistic body, the Ghost in the Machine.
While the suggestion that there is a vital distinction between mind and matter, that the mind is some kind of disembodied spirit, is a very specific theory of the mind, it rarely comes alone. Linguist and experimental psychologist Steven Pinker puts it best in his book The Blank Slate:
But defending a scientific position with hopes and dreams is a non sequitur. To conclude that the mind does not have inherent traits based on political aspirations and not actual evidence is a perfect example of the Moralistic fallacy: it is a presumption that whatever is desirable must be the truth, that what ought to be also is. For example: "We cannot be naturally predisposed to xenophobia because that would justify racism." Essentially, it is the opposite of the Naturalistic fallacy, which presumes that whatever is true must be desirable, that what is also ought to be: "Since we are naturally predisposed to xenophobia, racism is socially justifiable."
Although these fears are not actual arguments, that does not mean they are not true, so maybe we should leave Formal logic aside. Does the reality of human nature -however malleable- undermine the hopes for social equality? No, because civil liberties do not depend on the condition that we are all the same but on a society that treats people as individuals with rights: we are not born equal -but to assume that therefore we should not be treated equally is to fall in the Naturalistic fallacy. Sorry, I promise not to mention logical fallacies again.
But the rabbit hole of human nature goes deeper. The idea that our biology may play a part in our behaviour and its implication that the mind is but a part of the body is feared by many because it destroys the apparent source of our civil rights: free will. And it truly does: with the understanding that there is no mind-body dualism comes the realization that the mind is, just as everything else, subjected to the laws of nature, to the infinite chain of cause and effect. This necessarily makes choice an illusion -a very useful illusion, crucial even, but technically just a mirage. In his 2010 book "The Moral Landscape", neuroscientist Sam Harris describes it thus:
For this is not a purely philosophical discussion: holding this idea as the truth along with its philosophical justifications does have real-world consequences. The Blank Slate and the Noble Savage pollute scientific fields such as anthropology by romanticizing our state of nature -and Nature itself- and vetoing the legitimate criticism of primitive tribes, hence creating unrealistic expectations of children and other uncivilized people. Yet, particularly at fault is the Ghost in the Machine, therefrom the title of this essay: for instance, the mind-body dualism is at the core of the policies against embryonic stem-cell research. In 2001 George W. Bush made his decision to put a stop to these studies by consulting with a number of dualist philosophers and religious thinkers. Continuing to this day there are many other harmful attitudes that assume the existence of an immaterial soul above and beyond the body.
As Steven Pinker himself points out, all of this "fills in the blank slate, declasses the noble savage, and exorcises the ghost in the machine". These are not so much intellectual positions as primitive explanations based on the magical thinking that whatever we hope for must be true. In a way, the popular denial of human nature is very similar to the Postmodernist stance towards science in general: both of them proclaim a wall of separation between their ideas and that which methodical knowledge could conceivably attain. But reality has no such frontiers.
While the suggestion that there is a vital distinction between mind and matter, that the mind is some kind of disembodied spirit, is a very specific theory of the mind, it rarely comes alone. Linguist and experimental psychologist Steven Pinker puts it best in his book The Blank Slate:
"The doctrines of the Blank Slate, the Noble Savage, and the Ghost in the Machine -or, as philosophers call them, empiricism, romanticism, an dualism- [...] are often found together. [...] The Blank Slate naturally coexists with the Ghost in the Machine, too, since a slate that is blank is a hospitable place for a ghost to haunt. If a ghost is to be at the controls, the factory can ship the device with a minimum of parts."So there we have the Three Musketeers: John Locke's Blank Slate, Rousseau's Noble Savage and Decartes' Ghost in the Machine -the mind has no innate traits, people are naturally born good and each of us has a free-willed soul that does not abide by the laws of physics or biology. Non-epistemological empiricism, romanticism and dualism brought together are a powerful seductive force, not so much for their explanatory power but for what they seem to represent: a barrier against inequality and determinism.
But defending a scientific position with hopes and dreams is a non sequitur. To conclude that the mind does not have inherent traits based on political aspirations and not actual evidence is a perfect example of the Moralistic fallacy: it is a presumption that whatever is desirable must be the truth, that what ought to be also is. For example: "We cannot be naturally predisposed to xenophobia because that would justify racism." Essentially, it is the opposite of the Naturalistic fallacy, which presumes that whatever is true must be desirable, that what is also ought to be: "Since we are naturally predisposed to xenophobia, racism is socially justifiable."
Although these fears are not actual arguments, that does not mean they are not true, so maybe we should leave Formal logic aside. Does the reality of human nature -however malleable- undermine the hopes for social equality? No, because civil liberties do not depend on the condition that we are all the same but on a society that treats people as individuals with rights: we are not born equal -but to assume that therefore we should not be treated equally is to fall in the Naturalistic fallacy. Sorry, I promise not to mention logical fallacies again.
But the rabbit hole of human nature goes deeper. The idea that our biology may play a part in our behaviour and its implication that the mind is but a part of the body is feared by many because it destroys the apparent source of our civil rights: free will. And it truly does: with the understanding that there is no mind-body dualism comes the realization that the mind is, just as everything else, subjected to the laws of nature, to the infinite chain of cause and effect. This necessarily makes choice an illusion -a very useful illusion, crucial even, but technically just a mirage. In his 2010 book "The Moral Landscape", neuroscientist Sam Harris describes it thus:
"All of our behavior can be traced to biological events about which we have no conscious knowledge: this has always suggested that free will is an illusion. For instance, the physiologist Benjamin Libet famously demonstrated that activity in the brain’s motor regions can be detected some 350 milliseconds before a person feels that he has decided to move. Another lab recently used fMRI data to show that some “conscious” decisions can be predicted up to 10 seconds before they enter awareness (long before the preparatory motor activity detected by Libet). Clearly, findings of this kind are difficult to reconcile with the sense that one is the conscious source of one’s actions. [...]Harris goes on to explain why this realization does not put an end to morality and freedom:
The problem is that no account of causality leaves room for free will. Thoughts, moods, and desires of every sort simply spring into view—and move us, or fail to move us, for reasons that are, from a subjective point of view, perfectly inscrutable. [...] It means nothing to say that a person would have done otherwise had he chosen to do otherwise, because a person’s “choices” merely appear in his mental stream as though sprung from the void. [...] Our belief in free will arises from our moment-to-moment ignorance of specific prior causes. The phrase “free will” describes what it feels like to be identified with the content of each thought as it arises in consciousness."
"As Daniel Dennett has pointed out, many people confuse determinism with fatalism. This gives rise to questions like, “If everything is determined, why should I do anything? Why not just sit back and see what happens?” But the fact that our choices depend on prior causes does not mean that they do not matter. [...] We do not know what we will intend to do until the intention itself arises. To see this is to realize that you are not the author of your thoughts and actions in the way that people generally suppose. This insight does not make social and political freedom any less important, however."The fact that free will is an illusion does not undercut what we think of as choices. We just need to intellectually understand how our minds actually work but then simplify it with the concept of free will. It is a model: useful but untrue. For example, in our everyday lives we do not use advanced physics but a very simple model based on experience that only fails us when the environmental variables are dramatically different from our own, as when astronaut David Scott dropped a hammer and a feather in the moon and they fell at the same rate. It is intuitively confusing but intellectually explainable: there is no air resistance in a vacuum. Similarly, free will is a useful model that will rarely fail us -but we'd better be mindful of its inaccuracy or we will fail to recognize those occasions when our regular experience does not suffice.
For this is not a purely philosophical discussion: holding this idea as the truth along with its philosophical justifications does have real-world consequences. The Blank Slate and the Noble Savage pollute scientific fields such as anthropology by romanticizing our state of nature -and Nature itself- and vetoing the legitimate criticism of primitive tribes, hence creating unrealistic expectations of children and other uncivilized people. Yet, particularly at fault is the Ghost in the Machine, therefrom the title of this essay: for instance, the mind-body dualism is at the core of the policies against embryonic stem-cell research. In 2001 George W. Bush made his decision to put a stop to these studies by consulting with a number of dualist philosophers and religious thinkers. Continuing to this day there are many other harmful attitudes that assume the existence of an immaterial soul above and beyond the body.
As Steven Pinker himself points out, all of this "fills in the blank slate, declasses the noble savage, and exorcises the ghost in the machine". These are not so much intellectual positions as primitive explanations based on the magical thinking that whatever we hope for must be true. In a way, the popular denial of human nature is very similar to the Postmodernist stance towards science in general: both of them proclaim a wall of separation between their ideas and that which methodical knowledge could conceivably attain. But reality has no such frontiers.
(El artículo traducido al castellano aquí: El fantasma de la máquina)
SOPA cae, el FBI cierra Megaupload
Ayer, exactamente un día después de la protesta online contra SOPA y PROTECT IP, el FBI y el Departamento de Estado de EEUU, con ayuda de varias agencias internacionales, llevaron a cabo una operación de clausura contra Megaupload, la página de intercambio de archivos más popular. Se ha cerrado la página y detenido a siete de sus empleados con cargos de violación de la propiedad intelectual por piratería informática y de conspiración criminal.
El Departamento de Justicia alega que estos siete acusados son responsables de "piratería masiva en todo el mundo de diferentes tipos de obras protegidas por derechos de propiedad intelectual". En total, cada acusado se enfrenta a una pena máxima de 50 años de prisión.
Si bien es cierto que la investigación habrá llevado su tiempo y precede las circunstancias políticas actuales, no parece fantástico aventurar que hayan elegido la fecha de ayer en retahíla a la protesta mundial en contra de SOPA y PIPA. La verdad es que no podemos confirmarlo. De todas formas, la protesta sí que tuvo su impacto político: antes de la protesta SOPA tenía 80 partidarios y 31 adversarios en el congreso; tras la protesta solo quedaban 65 partidarios y el número de adversarios llegó hasta 101. En el senado, PIPA pasó de tener 5 adversarios a 35 y solo se necesita que 41 senadores digan "No" a esta ley para frenarla.
Actualización. Lamar Smith, el mayor promotor de SOPA, ha decidido retirar la propuesta del congreso definitivamente. Además, la votación de PIPA ha quedado aplazada indefinidamente.
Aunque no podemos saber si la maniobra del FBI ha sido una táctica con una puntualidad política deliberada o no, la respuesta de Internet a la clausura de Megaupload ha sido sin duda muy deliberada: además de quejas populares, miles de personas han tomado la bandera de Anonymous en un ataque de denegación de servicio: en la noche entre el 19 y el 20 ha habido ataques masivos contra las páginas web de varias agencias estadounidenses y discográficas. Probablemente se trate del mayor ataque informático de la historia.
Para aquellos que no lo sepan, un DoS o ataque de denegación de servicio consiste en saturar una página web con tantas peticiones de visita simultáneas que esta queda inaccesible. Durante momentos distintos de la noche han caído las páginas de empresas como Universal, de organizaciones como la Asociación de Industria Discográfica de Estados Unidos, e incluso de agencias gubernamentales como el Departamento de Justicia. La última en caer ha sido la página del FBI, que supuestamente debería tener una seguridad excepcional.
En una muestra de sensacionalismo que resulta de todas formas atractiva y casi correcta, varios medios han calificado esta acción como la Primera Guerra Mundial Digital.
El Departamento de Justicia alega que estos siete acusados son responsables de "piratería masiva en todo el mundo de diferentes tipos de obras protegidas por derechos de propiedad intelectual". En total, cada acusado se enfrenta a una pena máxima de 50 años de prisión.
Si bien es cierto que la investigación habrá llevado su tiempo y precede las circunstancias políticas actuales, no parece fantástico aventurar que hayan elegido la fecha de ayer en retahíla a la protesta mundial en contra de SOPA y PIPA. La verdad es que no podemos confirmarlo. De todas formas, la protesta sí que tuvo su impacto político: antes de la protesta SOPA tenía 80 partidarios y 31 adversarios en el congreso; tras la protesta solo quedaban 65 partidarios y el número de adversarios llegó hasta 101. En el senado, PIPA pasó de tener 5 adversarios a 35 y solo se necesita que 41 senadores digan "No" a esta ley para frenarla.
Actualización. Lamar Smith, el mayor promotor de SOPA, ha decidido retirar la propuesta del congreso definitivamente. Además, la votación de PIPA ha quedado aplazada indefinidamente.
Aunque no podemos saber si la maniobra del FBI ha sido una táctica con una puntualidad política deliberada o no, la respuesta de Internet a la clausura de Megaupload ha sido sin duda muy deliberada: además de quejas populares, miles de personas han tomado la bandera de Anonymous en un ataque de denegación de servicio: en la noche entre el 19 y el 20 ha habido ataques masivos contra las páginas web de varias agencias estadounidenses y discográficas. Probablemente se trate del mayor ataque informático de la historia.
Para aquellos que no lo sepan, un DoS o ataque de denegación de servicio consiste en saturar una página web con tantas peticiones de visita simultáneas que esta queda inaccesible. Durante momentos distintos de la noche han caído las páginas de empresas como Universal, de organizaciones como la Asociación de Industria Discográfica de Estados Unidos, e incluso de agencias gubernamentales como el Departamento de Justicia. La última en caer ha sido la página del FBI, que supuestamente debería tener una seguridad excepcional.
En una muestra de sensacionalismo que resulta de todas formas atractiva y casi correcta, varios medios han calificado esta acción como la Primera Guerra Mundial Digital.
Internet se alza contra SOPA y PROTECT IP Act
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LukaNieto
on miércoles, 18 de enero de 2012
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Economía / Monetarismo,
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Política
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Ya os hemos hablado de SOPA, la ley antipiratería estadounidense que aumentaría el poder de censura en la red a las fuerzas del orden y los titulares de los derechos de autor. Tras aplazarse en diciembre, parecía que la ley se votaría definitivamente el 24 de enero. Pero no será así: en un gesto populista pre-elecciones, Obama ha dado el carpetazo a SOPA.
Antes de que llegaran estas noticias empezó a organizarse un esfuerzo organizado para protestar contra la ley y hoy 18 de enero, justo una semana antes de la fecha original para la votación en el congreso. A pesar de las noticias, hoy habrá un apagón total en páginas como Reddit, Mozilla, Destructoid e incluso gigantes como Wikipedia en su versión inglesa. Google y otras muchas no suspenderán sus servicios pero sí protestarán contra la propuesta de ley.
Se trata de la mayor protesta online de la historia pero, ¿por qué llevarla a término si la Casa Blanca ha desechado la ley? Porque no se trata de un rechazo definitivo: han dejado a SOPA de lado hasta que pueda formarse un consenso, lo que significa que pueden surgir leyes similares. De hecho, Lamar Smith, el consejero del Comité judicial de la Cámara de Representantes que propuso SOPA, afirma que seguirá adelante con el proyecto en febrero diga lo que diga la Casa Blanca. Además, la PROTECT IP Act o PIPA, la propuesta en la que se basa SOPA, sigue sin oposición senatorial. En otras palabras, la lucha no ha acabado.
El fin de la protesta está claro: acabar con PIPA en el senado y rematar a SOPA en el congreso para defender los derechos de libertad de expresión y privacidad.
Antes de que llegaran estas noticias empezó a organizarse un esfuerzo organizado para protestar contra la ley y hoy 18 de enero, justo una semana antes de la fecha original para la votación en el congreso. A pesar de las noticias, hoy habrá un apagón total en páginas como Reddit, Mozilla, Destructoid e incluso gigantes como Wikipedia en su versión inglesa. Google y otras muchas no suspenderán sus servicios pero sí protestarán contra la propuesta de ley.
Se trata de la mayor protesta online de la historia pero, ¿por qué llevarla a término si la Casa Blanca ha desechado la ley? Porque no se trata de un rechazo definitivo: han dejado a SOPA de lado hasta que pueda formarse un consenso, lo que significa que pueden surgir leyes similares. De hecho, Lamar Smith, el consejero del Comité judicial de la Cámara de Representantes que propuso SOPA, afirma que seguirá adelante con el proyecto en febrero diga lo que diga la Casa Blanca. Además, la PROTECT IP Act o PIPA, la propuesta en la que se basa SOPA, sigue sin oposición senatorial. En otras palabras, la lucha no ha acabado.
El fin de la protesta está claro: acabar con PIPA en el senado y rematar a SOPA en el congreso para defender los derechos de libertad de expresión y privacidad.
El engaño posmodernista
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LukaNieto
on viernes, 13 de enero de 2012
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Autor - Luka Nieto,
Ciencias,
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Religión / Pseudociencia
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El posmodernismo es un movimiento filosófico nacido tras la Segunda Guerra Mundial, provocado por un desencanto con la posición objetivista sobre la realidad que fomentó la Ilustración. Para ser sinceros, el conocimiento humano nunca se 'ilustró' durante la época conocida como "La Ilustración". La humanidad tuvo que esperar hasta el siglo XIX para que esos ideales se apoderaran de la sociedad y los gobiernos. Era de veras la era del racionalismo y la ciencia. Esta era también nos enseñó una triste realidad: a pesar de toda esta sofisticación, podíamos seguir actuando como bárbaros en nuestra propia tierra. Tras dos guerras mundiales, la gente buscaba una nueva forma de pensar.
Incluso entonces debía ser obvio: las cosas estaban cambiando. Surgieron miles de nuevas religiones tras la Guerra, muchas inspiradas por las antiguas religiones orientales. La cultura jipi estadounidense apareció aparentemente de la nada tras la falsedad de los idílicos años 50. Había una nueva forma de pensar y con ello vino la eternamente importante Duda, la esencia del escepticismo. De repente, la certeza de la mente mecanicista parecía contenida y de mente cerrada. Esta era una nueva era para buscar nuevas formas de hacerlo... ¡todo! Cada faceta de la vida debía reexaminarse; cada tradición mirada con sospecha.
Estas arenas movedizas sociales son vitales para cambiar el paradigma. A esta época de pensamiento anárquico le atañe intercambiar ideas sin discriminación para luego descartar lo malo y conservar lo bueno. Por desgracia, no fue así. Encontramos consuelo en la nesciencia, en la pura ignorancia. La sociedad malgastó esta oportunidad de usar la Duda como una herramienta en busca del conocimiento y se acurrucó entre los brazos de "la nada" disfrazada del siempre insignificante "Todo". La Duda ya no era una herramienta sino un fin, casi un extraño fetiche. El misterio se convirtió en virtud.
Según dicen, es una posición humilde: la certeza, como quiera que se alcance, es arrogante, intolerante y fascista. Sin duda, esta es la Era del Relativismo Moral y Social. Es fácil comprobarlo, si hacéis el favor: reunid a un público atento de personas aleatorias y, en cualquier contexto que deseéis (o en ninguno), pronunciad la famosa expresión «Todos tienen razón». Si no os saltan al cuello por el crimen intelectual de contradecirte en solo dos palabras (el verbo no cuenta), sabréis que estáis en compañía de aletargados relativistas.
La acusación de letargo puede sonar dura (¿o incluso intolerante?). Pueden ser personas por lo demás muy simpáticas e inteligentes, pero en lo que respecta al relativismo, ¿acaso no es ese su propósito? Por definición, cualquier conclusión, afirmación o dogma debe excluir otras conclusiones reales o potenciales. Así que, ¿por qué no designar todo como igualmente acertado y hala, no le demos más vueltas? Por supuesto, esta forma de pensar ignora que en si misma constituye un dogma. Pero ese es el resultado de intentar razonar y mostrar evidencias en contra del racionalismo y empirismo: utilizas exactamente lo mismo que descartas para descartarlo o, en otras palabras, estás cortando la rama sobre la que estás sentado. El engaño posmodernista es que todo es cierto excepto aquello que no esté de acuerdo con esa aseveración sin fundamento: la idea de que la realidad y el conocimiento son subjetivos se toma como principio, de tal manera que es imposible argumentar nada. Lo hacen aun y todo, por supuesto: pero tienen a mano un mantra seudo-filosófico que defecar como diarrea verbal en cuanto se les cuestione.
De nuevo, la posición relativista no es más que un insulto al escepticismo: toma la Duda y la usa como un escudo contra el conocimiento en lugar de como una herramienta en su busca. Sin duda es más fácil afirmar que la ciencia es dogmática y tan fundamentalista como la religión antigua que mirar cómo la ciencia ha descubierto lo que sabe. El posmodernista no comprende la importancia en todo de la metodología. Como ilustré en "La virtud de la fe":
Pero peor quizá que esta total ceguera de la metodología es la caída en el oscurantismo. Como ya se ha mencionado, la Duda se convierte en objeto de culto, atribuyendo una virtud a algo que es por definición vacío e insignificante. Los creyentes en el posmodernismo o, como los llamaría el filósofo Daniel Dennett, los "Turbios" están rodeados: por un lado están los supernaturalistas y por el otro lado los ilustrados. Los Turbios consideran que ambos son absolutistas dogmáticos porque hacen aseveraciones y no les importa si han llegado a sus conclusiones a través de la fe ciega o de las evidencias. Los oscurantistas temen definir sus términos porque sus ideas deben estar pobremente definidas para evitar exponerse a un análisis crítico. Lo que es peor, los posmodernistas profesionales no se avergüenzan de ello: al glorificar lo abstruso, insisten en el orgullo que tienen de su ignorancia.
Sin embargo, todo eso sería perdonable si su humildad fuera más que falsa modestia, la exasperante cortesía del habla políticamente correcta: o sea, mentir sin vergüenza para evitar conflictos intelectuales; Dios sabe que puede llevarles a pensar en algo socialmente relevante. De hecho, aquellos que mantienen que «Todos tienen razón» son muy conscientes de que todo el mundo mantiene opiniones contradictorias sobre varios temas. Pensarán que tal o cual persona se equivoca al soltar sus obvias pamplinas e incluso puede que repliquen «Bueno, esa es tu opinión», que además de frenar la conversación es una falacia lógica, pero no tendrán una discusión formal, no sea que usen sus capacidades argumentativas por una vez.
Este comportamiento deriva del terror paralizante de ser marcado de «Intolerante», lo cual es una acusación casi tan grave como «Bebicida hitleriano». Esto frenará al individuo más astuto, así que parece ser un buen argumento: «¿Cómo te atreves, mero mortal, a interferir con el derecho civil de la libertad de pensamiento y expresión?». No interfiero. Defiendo el derecho de cada individuo a pensar y decir lo que le plazca siempre y cuando no hiera a otros. No me agradan las leyes de censura y quizá, solo quizá, pongo los límites en discursos de odio. Pero no cometo el fallo con el que el relativista cava su propia tumba: si bien cada individuo tiene el derecho a creer lo que le antoje, eso no significa que esas creencias deban ser inherentemente respetadas o incluso consideras automáticamente ciertas. La persona debe ser respetada y tratada con humanidad, pero sus ideas pueden criticarse y sí, incluso ridiculizarse, porque se está tratando el argumento y no la persona. Por mucho que ridiculice el posmodernismo, lo hago con argumentos y no atacando a sus partidarios personalmente.
¿Pero por qué tanta bulla? ¿No es sobre todo hipocresía inofensiva? No, no lo es. El engaño posmodernista yace en el rencor popular hacia la Ilustración, la noción de que una élite intelectual no es diferente de una política o financiera: la pericia y la certeza se consideran cualidades tiránicas de por sí, al margen del método utilizado para adquirir la experticia y por mucho que el pueblo pueda verificarlo con facilidad. Este fraude intelectual también es responsable del relativismo cultural que permite a muchos aceptar horrores como la mutilación genital femenina si hay una razón religiosa para la práctica. Pero, como filosofar es mi hobby, quizá no sea un accidente que para mi la mayor afronta del posmodernismo sea su embotamiento del intelecto, el secuestro de la Duda como una excusa para no pensar, la exaltación del misterio y el oscurantismo como virtudes cuando no son más que formas cobardes de restringir el conocimiento y de ejercer pereza intelectual.
Incluso entonces debía ser obvio: las cosas estaban cambiando. Surgieron miles de nuevas religiones tras la Guerra, muchas inspiradas por las antiguas religiones orientales. La cultura jipi estadounidense apareció aparentemente de la nada tras la falsedad de los idílicos años 50. Había una nueva forma de pensar y con ello vino la eternamente importante Duda, la esencia del escepticismo. De repente, la certeza de la mente mecanicista parecía contenida y de mente cerrada. Esta era una nueva era para buscar nuevas formas de hacerlo... ¡todo! Cada faceta de la vida debía reexaminarse; cada tradición mirada con sospecha.
Estas arenas movedizas sociales son vitales para cambiar el paradigma. A esta época de pensamiento anárquico le atañe intercambiar ideas sin discriminación para luego descartar lo malo y conservar lo bueno. Por desgracia, no fue así. Encontramos consuelo en la nesciencia, en la pura ignorancia. La sociedad malgastó esta oportunidad de usar la Duda como una herramienta en busca del conocimiento y se acurrucó entre los brazos de "la nada" disfrazada del siempre insignificante "Todo". La Duda ya no era una herramienta sino un fin, casi un extraño fetiche. El misterio se convirtió en virtud.
Según dicen, es una posición humilde: la certeza, como quiera que se alcance, es arrogante, intolerante y fascista. Sin duda, esta es la Era del Relativismo Moral y Social. Es fácil comprobarlo, si hacéis el favor: reunid a un público atento de personas aleatorias y, en cualquier contexto que deseéis (o en ninguno), pronunciad la famosa expresión «Todos tienen razón». Si no os saltan al cuello por el crimen intelectual de contradecirte en solo dos palabras (el verbo no cuenta), sabréis que estáis en compañía de aletargados relativistas.
La acusación de letargo puede sonar dura (¿o incluso intolerante?). Pueden ser personas por lo demás muy simpáticas e inteligentes, pero en lo que respecta al relativismo, ¿acaso no es ese su propósito? Por definición, cualquier conclusión, afirmación o dogma debe excluir otras conclusiones reales o potenciales. Así que, ¿por qué no designar todo como igualmente acertado y hala, no le demos más vueltas? Por supuesto, esta forma de pensar ignora que en si misma constituye un dogma. Pero ese es el resultado de intentar razonar y mostrar evidencias en contra del racionalismo y empirismo: utilizas exactamente lo mismo que descartas para descartarlo o, en otras palabras, estás cortando la rama sobre la que estás sentado. El engaño posmodernista es que todo es cierto excepto aquello que no esté de acuerdo con esa aseveración sin fundamento: la idea de que la realidad y el conocimiento son subjetivos se toma como principio, de tal manera que es imposible argumentar nada. Lo hacen aun y todo, por supuesto: pero tienen a mano un mantra seudo-filosófico que defecar como diarrea verbal en cuanto se les cuestione.
De nuevo, la posición relativista no es más que un insulto al escepticismo: toma la Duda y la usa como un escudo contra el conocimiento en lugar de como una herramienta en su busca. Sin duda es más fácil afirmar que la ciencia es dogmática y tan fundamentalista como la religión antigua que mirar cómo la ciencia ha descubierto lo que sabe. El posmodernista no comprende la importancia en todo de la metodología. Como ilustré en "La virtud de la fe":
«No hay más que reiterar la diferencia entre creencia y fe; no importa la gran o nula seguridad que tengas sobre cierta cuestión, sino el medio utilizado para llegar a tus conclusiones. Por definición y evidencia histórica, la ciencia revisa sus teorías según dicten las nuevas observaciones; y así la fe supone un gran contraste, que en la misma situación se presenta como la negación de dichas observaciones para poder preservar una creencia».En cierto modo, es patéticicamente cómico cómo esta gente acusa a la ciencia de arrogancia y se enorgullecen de su humildad. Solo muestran su soberbia ciega cuando publicitan su humildad, pero van un paso más allá y se meten con la empresa humana que no solo ha salvado vidas innumerables sino que además se basa en un solo principio básico: «No lo sé». Este es el punto de partida de todo científico, un grupo de personas que, a pesar del estereotipo de sabelotodo, bien puede ser único en su orgullo al chillar con emoción infantil: «¡Todavía no lo sabemos!». Porque eso significa que hay más por descubrir, lo cual es el trabajo de un cientí-fico.
Pero peor quizá que esta total ceguera de la metodología es la caída en el oscurantismo. Como ya se ha mencionado, la Duda se convierte en objeto de culto, atribuyendo una virtud a algo que es por definición vacío e insignificante. Los creyentes en el posmodernismo o, como los llamaría el filósofo Daniel Dennett, los "Turbios" están rodeados: por un lado están los supernaturalistas y por el otro lado los ilustrados. Los Turbios consideran que ambos son absolutistas dogmáticos porque hacen aseveraciones y no les importa si han llegado a sus conclusiones a través de la fe ciega o de las evidencias. Los oscurantistas temen definir sus términos porque sus ideas deben estar pobremente definidas para evitar exponerse a un análisis crítico. Lo que es peor, los posmodernistas profesionales no se avergüenzan de ello: al glorificar lo abstruso, insisten en el orgullo que tienen de su ignorancia.
Sin embargo, todo eso sería perdonable si su humildad fuera más que falsa modestia, la exasperante cortesía del habla políticamente correcta: o sea, mentir sin vergüenza para evitar conflictos intelectuales; Dios sabe que puede llevarles a pensar en algo socialmente relevante. De hecho, aquellos que mantienen que «Todos tienen razón» son muy conscientes de que todo el mundo mantiene opiniones contradictorias sobre varios temas. Pensarán que tal o cual persona se equivoca al soltar sus obvias pamplinas e incluso puede que repliquen «Bueno, esa es tu opinión», que además de frenar la conversación es una falacia lógica, pero no tendrán una discusión formal, no sea que usen sus capacidades argumentativas por una vez.
Este comportamiento deriva del terror paralizante de ser marcado de «Intolerante», lo cual es una acusación casi tan grave como «Bebicida hitleriano». Esto frenará al individuo más astuto, así que parece ser un buen argumento: «¿Cómo te atreves, mero mortal, a interferir con el derecho civil de la libertad de pensamiento y expresión?». No interfiero. Defiendo el derecho de cada individuo a pensar y decir lo que le plazca siempre y cuando no hiera a otros. No me agradan las leyes de censura y quizá, solo quizá, pongo los límites en discursos de odio. Pero no cometo el fallo con el que el relativista cava su propia tumba: si bien cada individuo tiene el derecho a creer lo que le antoje, eso no significa que esas creencias deban ser inherentemente respetadas o incluso consideras automáticamente ciertas. La persona debe ser respetada y tratada con humanidad, pero sus ideas pueden criticarse y sí, incluso ridiculizarse, porque se está tratando el argumento y no la persona. Por mucho que ridiculice el posmodernismo, lo hago con argumentos y no atacando a sus partidarios personalmente.
¿Pero por qué tanta bulla? ¿No es sobre todo hipocresía inofensiva? No, no lo es. El engaño posmodernista yace en el rencor popular hacia la Ilustración, la noción de que una élite intelectual no es diferente de una política o financiera: la pericia y la certeza se consideran cualidades tiránicas de por sí, al margen del método utilizado para adquirir la experticia y por mucho que el pueblo pueda verificarlo con facilidad. Este fraude intelectual también es responsable del relativismo cultural que permite a muchos aceptar horrores como la mutilación genital femenina si hay una razón religiosa para la práctica. Pero, como filosofar es mi hobby, quizá no sea un accidente que para mi la mayor afronta del posmodernismo sea su embotamiento del intelecto, el secuestro de la Duda como una excusa para no pensar, la exaltación del misterio y el oscurantismo como virtudes cuando no son más que formas cobardes de restringir el conocimiento y de ejercer pereza intelectual.
(The original article written in English here: The Postmodernist Deceit)
The Postmodernist Deceit
Publicado por
LukaNieto
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Postmodernism is a philosophical movement born after World War II, brought about by a disillusionment with the objectivist stance on reality boosted by the Enlightenment. To be honest, human knowledge was never truly 'enlightened' during the time we know of as "The Enlightenment" -humanity had to wait until the 19th Century for those ideals to actually take hold of society and governments. This truly was the age of Rationalism and Science. This age also taught us a sad reality: despite all this sophistication, we could still act as Barbarians on our own land. After two World Wars, people sought a new way of thinking.
Even back then it must have been obvious -things were changing. Thousands of new religions sprung up after the War, many of them inspired by Eastern religions of old. The American Hippie culture popped seemingly out of nowhere just after the phoniness of the Idyllic Fifties. There was a whole new way of thinking and with it came Doubt. The ever-important Doubt, the essence of skepticism. All of the sudden, the certainty of the mechanistic mind seemed restrained and close-minded. This was a new age to open minds and seek new ways to do... everything! Every facet of life was to be reexamined; every tradition looked upon with suspicion.
This kind of societal quicksand is vital to all paradigm shifts. This epoch of anarchistic thought is supposed to brainstorm ideas without discrimination and then dump what's bad, save what isn't. Alas, we did not do that. We found comfort in nescience, in pure, unadulterated ignorance. Society wasted this chance of using Doubt as a tool towards knowledge and rather nestled between the arms of Nothingness disguised as the ever meaningless Everything. Doubt was no longer a tool but an end in itself, almost an eerie fetish. Mystery was made a virtue.
It is a humble position, they say: certainty, however reached at, is arrogant, intolerant and Fascistic. Truly, this is the Age of Moral and Social Relativism. If you want to test this claim, please just do the following: gather an attentive audience of random people and -in any context you wish, if any- utter the famous phrase "Everyone is right." If they do not jump at your throat for the intellectual crime of contradicting yourself in a mere two words (the linking verb does not count) you know you are in the good company of dull Relativists.
It may sound a bit harsh -intolerant, even- to accuse them of dullness. They may be perfectly nice and intelligent people otherwise, but concerning Relativism, that is essentially the point, is it not? Any conclusion, any claim, any dogma, must exclude other actual or even potential conclusions by definition. So why not just label everything as equally right and move on without thinking much about it? Of course, this way of thinking ignores that it in itself constitutes a dogma. But that is what you get when you try to reason and show evidence against Rationalism and Empiricism: you are using the very thing you are dismissing in order to dismiss it or, in other words, you are cutting off the tree branch on which you sit. The Postmodernist deceit is that everything is true except anything that does not agree with that unsupported claim -the idea that reality and knowledge are subjective is taken as a principle so it is then impossible to argue for or against anything. They still do it, of course -but they have a handy pseudo-philosophical mantra to defecate as verbal diarrhea whenever they are challenged.
Again, the position of the Relativist is but an insult to skepticism: it takes Doubt and uses it as a shield from knowledge instead of as a tool for knowledge. Indeed, it is easier to just claim that Science is dogmatic and just as fundamentalist as old-time religion than to actually look into how science has discovered what it knows. The Postmodernist fails to understand the importance of methodology in anything and everything. As I outlined in "The Virtue of Faith":
But perhaps worse than this utter blindness towards methodology is the fall on obscurantism itself. As mentioned above, Doubt becomes the idol, adscribing a virtue to something which is by definition hollow and meaningless. The believers in Postmodernism or, as philosopher Daniel Dennett puts them, the "Murkies" (obscurantists) are sandwiched between the supernaturalists and the enlightened. The Murkies see both of them as dogmatic absolutists just because they are making declarative sentences, not caring at all whether they arrived at their conclusions by blind faith or reason and evidence. Obscurantists fear clearly defined terms because their ideas must be ill-defined in order to avoid being exposed to critical analysis. Worst yet, the professional Postmodernist will not shy away from this: by glorifying the obscure, they make a point of their pride in their ignorance.
Nonetheless, all of this could be forgivable if their humility was something more than false modesty, the nerve-wracking politeness of political correctness -that is to say, lying through their teeth so as to avoid intellectual conflict, which God knows might make them think about something socially relevant. Actually, people who maintain that "everyone is right" are acutely aware that everyone around them maintains dissenting opinions on a myriad of topics. They will think that a certain whoever is wrong when they spout their obvious nonsense and may even reply with the conversation stopper (and plain logical fallacy) "Well, that is your opinion", but they will not have a formal argument, lest they use their discussion capabilities for once.
This behaviour comes from the brain-paralyzing fear of being socially branded as "Intolerant," which as accusations go is just a bit behind "Baby-killing Hitler-lover." This will halt even the most astute individual, so it is seems to be a good argument: "How dare you, mere mortal, interfere with the citizens right to Freedom of Thought and Expression?" Well, I am not. I defend the right of every individual to think and say whatever they please as long as it does not hurt others. I am not keen on censorship laws and maybe, just maybe, draw the line at hate speech. But I do not commit the final failure, the nail in the coffin of the Relativist: I do not think that the fact every individual has the right to think whatever they fancy means that these thoughts are to be inherently respected or even considered automatically right. The person must be respected and treated humanely -but their ideas can be criticized, dissected and yes, even ridiculed, because the argument is being addressed, not the person. However much I ridicule Postmodernism, I am doing it through arguments and not by attacking its supporters personally.
But why all the fuss anyway? Isn't it all mostly harmless hypocrisy? No, it is not. The Postmodernist Deceit lies in the popular spite of Enlightenment, the notion that an intellectual elite is not at all different from a political or financial elite: proficiency and certainty is viewed as inherently dictatorial, whatever the method is that acquired the expertise and however easily the people can verify it. This fraud of the intellect is also responsible for the cultural relativism that lets some people actually accept horrors such as female genital mutilation if there is a religious reason for it. But, as a hobbyist of philosophizing, it is perhaps no accident that for me the worst affront of Postmodernism is its dullness of the intellect -the hijacking of Doubt as an excuse for not thinking, the exaltation of mystery and obscurantism as virtues when they are nothing more than cowardly ways of restricting knowledge and exercising intellectual laziness.
Even back then it must have been obvious -things were changing. Thousands of new religions sprung up after the War, many of them inspired by Eastern religions of old. The American Hippie culture popped seemingly out of nowhere just after the phoniness of the Idyllic Fifties. There was a whole new way of thinking and with it came Doubt. The ever-important Doubt, the essence of skepticism. All of the sudden, the certainty of the mechanistic mind seemed restrained and close-minded. This was a new age to open minds and seek new ways to do... everything! Every facet of life was to be reexamined; every tradition looked upon with suspicion.
This kind of societal quicksand is vital to all paradigm shifts. This epoch of anarchistic thought is supposed to brainstorm ideas without discrimination and then dump what's bad, save what isn't. Alas, we did not do that. We found comfort in nescience, in pure, unadulterated ignorance. Society wasted this chance of using Doubt as a tool towards knowledge and rather nestled between the arms of Nothingness disguised as the ever meaningless Everything. Doubt was no longer a tool but an end in itself, almost an eerie fetish. Mystery was made a virtue.
It is a humble position, they say: certainty, however reached at, is arrogant, intolerant and Fascistic. Truly, this is the Age of Moral and Social Relativism. If you want to test this claim, please just do the following: gather an attentive audience of random people and -in any context you wish, if any- utter the famous phrase "Everyone is right." If they do not jump at your throat for the intellectual crime of contradicting yourself in a mere two words (the linking verb does not count) you know you are in the good company of dull Relativists.
It may sound a bit harsh -intolerant, even- to accuse them of dullness. They may be perfectly nice and intelligent people otherwise, but concerning Relativism, that is essentially the point, is it not? Any conclusion, any claim, any dogma, must exclude other actual or even potential conclusions by definition. So why not just label everything as equally right and move on without thinking much about it? Of course, this way of thinking ignores that it in itself constitutes a dogma. But that is what you get when you try to reason and show evidence against Rationalism and Empiricism: you are using the very thing you are dismissing in order to dismiss it or, in other words, you are cutting off the tree branch on which you sit. The Postmodernist deceit is that everything is true except anything that does not agree with that unsupported claim -the idea that reality and knowledge are subjective is taken as a principle so it is then impossible to argue for or against anything. They still do it, of course -but they have a handy pseudo-philosophical mantra to defecate as verbal diarrhea whenever they are challenged.
Again, the position of the Relativist is but an insult to skepticism: it takes Doubt and uses it as a shield from knowledge instead of as a tool for knowledge. Indeed, it is easier to just claim that Science is dogmatic and just as fundamentalist as old-time religion than to actually look into how science has discovered what it knows. The Postmodernist fails to understand the importance of methodology in anything and everything. As I outlined in "The Virtue of Faith":
"There is but to reiterate the difference between belief and faith; it doesn't matter how sure or unsure you are about a certain question, but the methodology used to reach at your conclusions. By definition and historical evidence, science adjusts its theories based on new observations; and here faith shows its contrast, when in the same situation shows itself as the denial of said observations so that belief can be preserved."In a way, it is pathetically funny how these people accuse Science of arrogance and pride themselves in humility. These people are only showing their blind haughtiness when they advertise their own humility, but they go a step further and pick on the human enterprise that not only has saved lives beyond counting but is also based on a single foundation: "I do not know". That is the starting line of every scientist, a group of people that, despite the know-it-all stereotype, may be the one group proud to shriek with childlike excitement: "We still don't know!". Because that means there is more to discover, which is the job of a scient-ist.
But perhaps worse than this utter blindness towards methodology is the fall on obscurantism itself. As mentioned above, Doubt becomes the idol, adscribing a virtue to something which is by definition hollow and meaningless. The believers in Postmodernism or, as philosopher Daniel Dennett puts them, the "Murkies" (obscurantists) are sandwiched between the supernaturalists and the enlightened. The Murkies see both of them as dogmatic absolutists just because they are making declarative sentences, not caring at all whether they arrived at their conclusions by blind faith or reason and evidence. Obscurantists fear clearly defined terms because their ideas must be ill-defined in order to avoid being exposed to critical analysis. Worst yet, the professional Postmodernist will not shy away from this: by glorifying the obscure, they make a point of their pride in their ignorance.
Nonetheless, all of this could be forgivable if their humility was something more than false modesty, the nerve-wracking politeness of political correctness -that is to say, lying through their teeth so as to avoid intellectual conflict, which God knows might make them think about something socially relevant. Actually, people who maintain that "everyone is right" are acutely aware that everyone around them maintains dissenting opinions on a myriad of topics. They will think that a certain whoever is wrong when they spout their obvious nonsense and may even reply with the conversation stopper (and plain logical fallacy) "Well, that is your opinion", but they will not have a formal argument, lest they use their discussion capabilities for once.
This behaviour comes from the brain-paralyzing fear of being socially branded as "Intolerant," which as accusations go is just a bit behind "Baby-killing Hitler-lover." This will halt even the most astute individual, so it is seems to be a good argument: "How dare you, mere mortal, interfere with the citizens right to Freedom of Thought and Expression?" Well, I am not. I defend the right of every individual to think and say whatever they please as long as it does not hurt others. I am not keen on censorship laws and maybe, just maybe, draw the line at hate speech. But I do not commit the final failure, the nail in the coffin of the Relativist: I do not think that the fact every individual has the right to think whatever they fancy means that these thoughts are to be inherently respected or even considered automatically right. The person must be respected and treated humanely -but their ideas can be criticized, dissected and yes, even ridiculed, because the argument is being addressed, not the person. However much I ridicule Postmodernism, I am doing it through arguments and not by attacking its supporters personally.
But why all the fuss anyway? Isn't it all mostly harmless hypocrisy? No, it is not. The Postmodernist Deceit lies in the popular spite of Enlightenment, the notion that an intellectual elite is not at all different from a political or financial elite: proficiency and certainty is viewed as inherently dictatorial, whatever the method is that acquired the expertise and however easily the people can verify it. This fraud of the intellect is also responsible for the cultural relativism that lets some people actually accept horrors such as female genital mutilation if there is a religious reason for it. But, as a hobbyist of philosophizing, it is perhaps no accident that for me the worst affront of Postmodernism is its dullness of the intellect -the hijacking of Doubt as an excuse for not thinking, the exaltation of mystery and obscurantism as virtues when they are nothing more than cowardly ways of restricting knowledge and exercising intellectual laziness.
(El artículo traducido al castellano aquí: El engaño posmodernista)
SOPA y la censura de Internet
Publicado por
LukaNieto
on martes, 13 de diciembre de 2011
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Etiquetas:
Economía / Monetarismo,
Libertad,
Piratería,
Política
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SOPA. Probablemente habéis oído hablar de esas siglas últimamente. La Stop Online Piracy Act es un proyecto de ley estadounidense que pretende acabar con la piratería digital aumentando el poder de las fuerzas del orden y de los titulares de los derechos de autor.
¿Suena bien? Por supuesto que no. Pero lo alarmante es que ha recibido críticas incluso de aquellos que se oponen a la llamada 'piratería'. Y es que esta ley se extralimita tanto que pisa el terreno de las libertades civiles de una forma más propia de China que de Estados Unidos.
Con sistemas similares a los de China e Irán, SOPA permitiría al gobierno estadounidense bloquear páginas web que contengan un enlace que inflija algún derecho de autor, al margen de si este enlace ha sido añadido por el propietario de la página. SOPA obligaría a empresas como Megaupload a convertirse en perros guardianes de la más mínima infracción, y como esto es prácticamente imposible tendrían que decidirse entre el bloqueo permanente por infracción y la bancarrota por servicio pésimo. Es una elección imposible.
Y podemos despedirnos del 'uso legítimo'. En Estados Unidos se puede usar material protegido por derechos de autor siempre que se cumpla un propósito propio, como ocurre con las críticas de películas, libros y videojuegos. Este es un derecho protegido por su Primera Enmienda, que asegura la libertad de expresión y de prensa, pero SOPA pretende pasarse por el forro la Carta de Derechos en aras de proteger a las gigantes del copyright.
Los titulares de los derechos de autor son entidades privadas, pero tomarían las riendas del gobierno al marcar como infractor lo que deseen. Este material, ya sea una crítica de una película o una guía de un videojuego, se bloquearía al instante, sin que el gobierno haya llegado a valorar si se trata de una infracción de los derechos de autor. La idea de SOPA ya es pésima, pero su ejecución es simplemente insultante: cede el poder al sector privado para que se protejan a sí mismos. ¿Conflicto de intereses? ¿Dónde? Insultante y ridículo.
Para los usuarios esta ley acabaría con Internet tal y como lo conocemos. Para las nuevas empresas dejaría de ser un terreno fértil. En nombre de proteger la creatividad, el gobierno estadounidense y las empresas promotoras van a mutilar al mayor avance sociotecnológico desde la invención de la imprenta y la única potencia económica que no está en declive.
Este jueves 15 de diciembre se decidirá si se aprueba la ley. Seáis de EE. UU. o no, haceos oír
¿Suena bien? Por supuesto que no. Pero lo alarmante es que ha recibido críticas incluso de aquellos que se oponen a la llamada 'piratería'. Y es que esta ley se extralimita tanto que pisa el terreno de las libertades civiles de una forma más propia de China que de Estados Unidos.
Con sistemas similares a los de China e Irán, SOPA permitiría al gobierno estadounidense bloquear páginas web que contengan un enlace que inflija algún derecho de autor, al margen de si este enlace ha sido añadido por el propietario de la página. SOPA obligaría a empresas como Megaupload a convertirse en perros guardianes de la más mínima infracción, y como esto es prácticamente imposible tendrían que decidirse entre el bloqueo permanente por infracción y la bancarrota por servicio pésimo. Es una elección imposible.
Y podemos despedirnos del 'uso legítimo'. En Estados Unidos se puede usar material protegido por derechos de autor siempre que se cumpla un propósito propio, como ocurre con las críticas de películas, libros y videojuegos. Este es un derecho protegido por su Primera Enmienda, que asegura la libertad de expresión y de prensa, pero SOPA pretende pasarse por el forro la Carta de Derechos en aras de proteger a las gigantes del copyright.
Los titulares de los derechos de autor son entidades privadas, pero tomarían las riendas del gobierno al marcar como infractor lo que deseen. Este material, ya sea una crítica de una película o una guía de un videojuego, se bloquearía al instante, sin que el gobierno haya llegado a valorar si se trata de una infracción de los derechos de autor. La idea de SOPA ya es pésima, pero su ejecución es simplemente insultante: cede el poder al sector privado para que se protejan a sí mismos. ¿Conflicto de intereses? ¿Dónde? Insultante y ridículo.
Para los usuarios esta ley acabaría con Internet tal y como lo conocemos. Para las nuevas empresas dejaría de ser un terreno fértil. En nombre de proteger la creatividad, el gobierno estadounidense y las empresas promotoras van a mutilar al mayor avance sociotecnológico desde la invención de la imprenta y la única potencia económica que no está en declive.
Este jueves 15 de diciembre se decidirá si se aprueba la ley. Seáis de EE. UU. o no, haceos oír
Di no al ACTA
El Acuerdo comercial anti-falsificación, más conocido como ACTA por sus siglas en inglés (Anti-Counterfeiting Trade Agreement), es una propuesta para establecer estándares internacionales del cumplimiento de los derechos de propiedad intelectual.
No solo ha recibido fuertes críticas por sus fines sino también por sus medios: se está negociando con considerable secretismo y de forma no democrática entre representantes no electos de varios países. Y si los medios son tan ruines, ¿qué se puede esperar del fin?
(Seleccionar 'CC' para activar subtitulos - Ver vídeo similar en español)
Entre otras muchas cosas el acuerdo afectaría sobremanera al futuro de Internet. Nos podríamos olvidar de compartir archivos. No solo de aquello normalmente calificado como piratería: ¿soléis ver clips de series de televisión y películas en Youtube? ¿Guías de videojuegos? Si vuestro país firma el acuerdo, podréis olvidaros de todo eso.
Se prevé que 39 países aceptarán esta propuesta. Sí, el medio es aún más insultante que el fin: el ACTA circunvala a los poderes legislativos y a las organizaciones internacionales para servir a la industria del entretenimiento, que en lugar de poner al día su modelo de negocio pretende censurar la fuerza imparable que ha supuesto Internet en el uso compartido de archivos: el acuerdo impondría sanciones criminales contra los proveedores de servicios de Internet que no censuren a sus usuarios, convirtiéndolos a la fuerza en policías de Internet. Esto supone una violación de la libertad de expresión, pero no solo afectaría a Internet: entre otras cosas, el ACTA dificultaría el acceso de medicamentos genéricos a los países pobres.
El acuerdo engloba toda propiedad intelectual y viola casi tantas libertades, así que si queréis echarle un vistazo más profundo, en La Quadrature du Net encontraréis un análisis de la versión final del acuerdo, más sutil en su redacción pero igual de atroz en su intención. En cambio, no todo está perdido: las protestas contra el ACTA crecen y los políticos no se ponen de acuerdo. Un estudio de la Unión Europea indicaba que el acuerdo contiene graves defectos legales y recomienda que se rechace su ratificación en el Parlamento de la Unión Europea.
Hará exactamente un mes se dio una ceremonia en la Estados Unidos, Canadá, Japón y otras cinco naciones firmaron el acuerdo. La comunidad europea no firmó. En los próximos meses el Parlamento Europeo tendrá que votar si consentirá el ACTA. Hasta entonces, haceos oír.
No solo ha recibido fuertes críticas por sus fines sino también por sus medios: se está negociando con considerable secretismo y de forma no democrática entre representantes no electos de varios países. Y si los medios son tan ruines, ¿qué se puede esperar del fin?
(Seleccionar 'CC' para activar subtitulos - Ver vídeo similar en español)
Entre otras muchas cosas el acuerdo afectaría sobremanera al futuro de Internet. Nos podríamos olvidar de compartir archivos. No solo de aquello normalmente calificado como piratería: ¿soléis ver clips de series de televisión y películas en Youtube? ¿Guías de videojuegos? Si vuestro país firma el acuerdo, podréis olvidaros de todo eso.
Se prevé que 39 países aceptarán esta propuesta. Sí, el medio es aún más insultante que el fin: el ACTA circunvala a los poderes legislativos y a las organizaciones internacionales para servir a la industria del entretenimiento, que en lugar de poner al día su modelo de negocio pretende censurar la fuerza imparable que ha supuesto Internet en el uso compartido de archivos: el acuerdo impondría sanciones criminales contra los proveedores de servicios de Internet que no censuren a sus usuarios, convirtiéndolos a la fuerza en policías de Internet. Esto supone una violación de la libertad de expresión, pero no solo afectaría a Internet: entre otras cosas, el ACTA dificultaría el acceso de medicamentos genéricos a los países pobres.
El acuerdo engloba toda propiedad intelectual y viola casi tantas libertades, así que si queréis echarle un vistazo más profundo, en La Quadrature du Net encontraréis un análisis de la versión final del acuerdo, más sutil en su redacción pero igual de atroz en su intención. En cambio, no todo está perdido: las protestas contra el ACTA crecen y los políticos no se ponen de acuerdo. Un estudio de la Unión Europea indicaba que el acuerdo contiene graves defectos legales y recomienda que se rechace su ratificación en el Parlamento de la Unión Europea.
Hará exactamente un mes se dio una ceremonia en la Estados Unidos, Canadá, Japón y otras cinco naciones firmaron el acuerdo. La comunidad europea no firmó. En los próximos meses el Parlamento Europeo tendrá que votar si consentirá el ACTA. Hasta entonces, haceos oír.
El aborto
Publicado por
LukaNieto
on martes, 20 de septiembre de 2011
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Etiquetas:
Autor - Luka Nieto,
Ciencias,
Libertad,
Política,
Religión / Pseudociencia,
Salud
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Comments: (5)
Uno de nuestros artículos más antiguos es también el más leído: El respeto por la vida. Abogué por el pragmatismo y se hizo referencia al aborto. Aunque la comunidad católica haga uso habitual de la expresión «respeto a la vida» contra el aborto, la disertación se trataba de definir de forma viable el término y no del aborto. Este ensayo sí que abordará la cuestión.
A pesar de ser «pro-elección» nunca lo he tenido particularmente claro: parece haber demasiadas líneas grises y valoraciones subjetivas como para tener una opinión que pueda resumirse en la dicotomía «pro-choice / pro-life». En España las opiniones están divididas así y la Ley del Aborto (Ley Orgánica 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo) es ciertamente partidista. La cuestión parece ser: ¿los derechos reproductivos y la soberanía de la mujer sobre su cuerpo imperan sobre el hecho de que el aborto es técnicamente homicidio, por muy poco desarrollado que esté dicho homo?
Por un lado están los cristianos que sigan la doctrina católica, los evangelistas y otros grupos religiosos y políticos de cariz conservador. También rechazan la eutanasia, la clonación humana, las investigaciones con células madre embrionarias y los métodos anticonceptivos. Su representación es numerosa: la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal Española de Iglesia Católica, Instituto de Política Familiar (IPF), National Right to Life Committee, Americans United for Life, Family Research Council y UK Society for the Protection of Unborn Children. Obviamos por supuesto su representación política, sobre todo el PP en España y la mayoría de los republicanos en EE. UU. Su mensaje está claro: «el aborto es asesinato».
Por otro lado estamos los progresistas y feministas. Nuestra representación es menos activista, pero existe: Planned Parenthood, NARAL Pro-Choice America, National Organization for Women y American Civil Liberties Union. De forma general se trata de una postura relacionada con el progresismo y el izquierdismo, representados sobre todo (pobremente) por el PSOE en España y por el partido demócrata en los Estados Unidos. Aunque el mensaje es simple («prima el derecho a decidir»), por desgracia suele diluirse y tomar una posición opositora: «el aborto no es asesinato». En esencia, ahí yace el problema.
Y es que el aborto inducido, la interrupción prematura y deliberada del desarrollo vital del embrión o feto, es técnicamente homicidio. No es asesinato, ya que no concurren las circunstancias de «alevosía, precio o ensañamiento», pero es una muerte de alguien causada por otra persona. Negarlo es negar los hechos. Podemos preguntarnos si un feto puede considerarse «persona» y muchos más enredos, pero en última instancia el feto es genéticamente humano y está vivo... más o menos.
Los defensores del derecho de la mujer a decidir debemos enfrentarnos a la realidad de que el aborto es técnicamente un homicidio, al igual que la eutanasia. Y deberíamos decir: «¿y qué?». ¿Desde cuando aceptamos el absolutismo de la santidad de la vida? Casi nadie tiene problemas con la muerte del resto de seres vivos, a pesar de que no seamos más importantes por mucho que queramos creerlo. El concepto de la santidad de la vida es selectivo, subjetivo al extremo a pesar de su absolutismo y, lo que es más importante, autoritario: se exime como un derecho pero se practica como un deber. Debemos rechazarlo.
Ha de plantearse la verdadera pregunta: ¿los derechos reproductivos imperan sobre una forma de vida como el embrión y el feto? Una vez se renuncia a la santidad de la vida humana, el problema ha de analizarse pragmática y científicamente: ¿qué daño estamos causando?
Un embrión es un organismo multicelular eucariota en su etapa más temprana, referida en humanos a las primeras ocho semanas tras la fertilización, durante las cuales no existe un sistema sensorial. En su próxima etapa, el feto seguirá sin tener un sistema sensorial que pudiera permitir la nocicepción (percepción de dolor) durante al menos veinte semanas.
Es más, la hipótesis de que los fetos humanos son capaces de percibir dolor alguno no ha llegado a conclusiones certeras: aunque el consenso entre neurobiólogos es que las conexiones tálamo-corticales se establecen hacia la vigesimosexta semana, la EEG o electroencefalografía muestra que el feto es incapaz de sentir dolor al menos hasta la vigesimonovena semana. Lo que es más, un estudio sugiere que el feto en útero está sedado debido a sustancias químicas como la adenosina, la alopregnanolona y la prostaglandina-D2. Concluyeron que el feto no sentiría dolor alguno hasta el nacimiento.
El asunto no está resuelto pero, incluso si la actividad sensorial en fetos se acaba considerando «dolor», el aborto está éticamente justificado durante las primeras treinta semanas. Siete meses. Teniendo en cuenta que un aborto más allá del cuarto mes requiere una operación quirúrgica potencialmente peligrosa para la mujer, no hay conflicto alguno.
A pesar de ser «pro-elección» nunca lo he tenido particularmente claro: parece haber demasiadas líneas grises y valoraciones subjetivas como para tener una opinión que pueda resumirse en la dicotomía «pro-choice / pro-life». En España las opiniones están divididas así y la Ley del Aborto (Ley Orgánica 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo) es ciertamente partidista. La cuestión parece ser: ¿los derechos reproductivos y la soberanía de la mujer sobre su cuerpo imperan sobre el hecho de que el aborto es técnicamente homicidio, por muy poco desarrollado que esté dicho homo?
Por un lado están los cristianos que sigan la doctrina católica, los evangelistas y otros grupos religiosos y políticos de cariz conservador. También rechazan la eutanasia, la clonación humana, las investigaciones con células madre embrionarias y los métodos anticonceptivos. Su representación es numerosa: la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal Española de Iglesia Católica, Instituto de Política Familiar (IPF), National Right to Life Committee, Americans United for Life, Family Research Council y UK Society for the Protection of Unborn Children. Obviamos por supuesto su representación política, sobre todo el PP en España y la mayoría de los republicanos en EE. UU. Su mensaje está claro: «el aborto es asesinato».
Por otro lado estamos los progresistas y feministas. Nuestra representación es menos activista, pero existe: Planned Parenthood, NARAL Pro-Choice America, National Organization for Women y American Civil Liberties Union. De forma general se trata de una postura relacionada con el progresismo y el izquierdismo, representados sobre todo (pobremente) por el PSOE en España y por el partido demócrata en los Estados Unidos. Aunque el mensaje es simple («prima el derecho a decidir»), por desgracia suele diluirse y tomar una posición opositora: «el aborto no es asesinato». En esencia, ahí yace el problema.
Y es que el aborto inducido, la interrupción prematura y deliberada del desarrollo vital del embrión o feto, es técnicamente homicidio. No es asesinato, ya que no concurren las circunstancias de «alevosía, precio o ensañamiento», pero es una muerte de alguien causada por otra persona. Negarlo es negar los hechos. Podemos preguntarnos si un feto puede considerarse «persona» y muchos más enredos, pero en última instancia el feto es genéticamente humano y está vivo... más o menos.
Los defensores del derecho de la mujer a decidir debemos enfrentarnos a la realidad de que el aborto es técnicamente un homicidio, al igual que la eutanasia. Y deberíamos decir: «¿y qué?». ¿Desde cuando aceptamos el absolutismo de la santidad de la vida? Casi nadie tiene problemas con la muerte del resto de seres vivos, a pesar de que no seamos más importantes por mucho que queramos creerlo. El concepto de la santidad de la vida es selectivo, subjetivo al extremo a pesar de su absolutismo y, lo que es más importante, autoritario: se exime como un derecho pero se practica como un deber. Debemos rechazarlo.
Ha de plantearse la verdadera pregunta: ¿los derechos reproductivos imperan sobre una forma de vida como el embrión y el feto? Una vez se renuncia a la santidad de la vida humana, el problema ha de analizarse pragmática y científicamente: ¿qué daño estamos causando?
Un embrión es un organismo multicelular eucariota en su etapa más temprana, referida en humanos a las primeras ocho semanas tras la fertilización, durante las cuales no existe un sistema sensorial. En su próxima etapa, el feto seguirá sin tener un sistema sensorial que pudiera permitir la nocicepción (percepción de dolor) durante al menos veinte semanas.
Es más, la hipótesis de que los fetos humanos son capaces de percibir dolor alguno no ha llegado a conclusiones certeras: aunque el consenso entre neurobiólogos es que las conexiones tálamo-corticales se establecen hacia la vigesimosexta semana, la EEG o electroencefalografía muestra que el feto es incapaz de sentir dolor al menos hasta la vigesimonovena semana. Lo que es más, un estudio sugiere que el feto en útero está sedado debido a sustancias químicas como la adenosina, la alopregnanolona y la prostaglandina-D2. Concluyeron que el feto no sentiría dolor alguno hasta el nacimiento.
El asunto no está resuelto pero, incluso si la actividad sensorial en fetos se acaba considerando «dolor», el aborto está éticamente justificado durante las primeras treinta semanas. Siete meses. Teniendo en cuenta que un aborto más allá del cuarto mes requiere una operación quirúrgica potencialmente peligrosa para la mujer, no hay conflicto alguno.
David Bravo en San Sebastián
Publicado por
LukaNieto
on domingo, 18 de septiembre de 2011
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Conferencia,
Libertad,
Piratería,
Política
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Nuestro abogado favorito, David Bravo, se pasó la semana pasada por el Festival de San Sebastián a dar una charla frente a varios representantes de la industria cinematográfica española. Para los que no lo conozcan, David Bravo es un especialista en propiedad intelectual y derecho informático. Su celebridad se debe a la defensa del libre intercambio de archivos al que llaman "piratería" y a su crítica de la "Ley Sinde".
Además de facilitar una gran explicación de cómo surgió el movimiento en contra del intercambio P2P, David Bravo deja bien claro por qué la Ley Sinde vulnera derechos básicos.
El problema de la industria era que los usuarios sí que copian pero no tienen ánimo de lucro y las páginas de enlaces tienen ánimo de lucro no pero no copian. ¿Qué hizo el gobierno ante esta realidad? Presentaron La Ley Sinde, que no cambia las normas del juego sino que cambia al arbitro, dejando de lado a los jueces y dando el poder de decisión a una comisión designada por el Ministro de Cultura. Nada irregular por aquí.
Como guinda del pastel, Bravo acabó demostrando con un experimento que, a pesar de ser tan molesta, la Ley Sinde es completamente inútil. Durante la misma conferencia, pidió en Twitter que la gente colaborara añadiendo enlaces de películas a una hoja de cálculo pública en Google Docs. En unos minutos había cientos de enlaces y 20 hojas de cálculo distintas.
El atractivo de la Ley Sinde reside en que ofrece «un procedimiento administrativo ultra-rápido de apenas un mes». Pero un mes es mucho tiempo en la red. No; unos minutos son mucho tiempo en la red. Cerrar las páginas de enlaces es una de las empresas más inútiles en las que uno puede enredarse: como dice David Bravo, es como eliminar el índice de una enciclopedia; sólo es un bache para los usuarios, no frena el flujo de información.
Además de facilitar una gran explicación de cómo surgió el movimiento en contra del intercambio P2P, David Bravo deja bien claro por qué la Ley Sinde vulnera derechos básicos.
El problema de la industria era que los usuarios sí que copian pero no tienen ánimo de lucro y las páginas de enlaces tienen ánimo de lucro no pero no copian. ¿Qué hizo el gobierno ante esta realidad? Presentaron La Ley Sinde, que no cambia las normas del juego sino que cambia al arbitro, dejando de lado a los jueces y dando el poder de decisión a una comisión designada por el Ministro de Cultura. Nada irregular por aquí.
Como guinda del pastel, Bravo acabó demostrando con un experimento que, a pesar de ser tan molesta, la Ley Sinde es completamente inútil. Durante la misma conferencia, pidió en Twitter que la gente colaborara añadiendo enlaces de películas a una hoja de cálculo pública en Google Docs. En unos minutos había cientos de enlaces y 20 hojas de cálculo distintas.
El atractivo de la Ley Sinde reside en que ofrece «un procedimiento administrativo ultra-rápido de apenas un mes». Pero un mes es mucho tiempo en la red. No; unos minutos son mucho tiempo en la red. Cerrar las páginas de enlaces es una de las empresas más inútiles en las que uno puede enredarse: como dice David Bravo, es como eliminar el índice de una enciclopedia; sólo es un bache para los usuarios, no frena el flujo de información.
David Bravo - Las libertades civiles tras el 11-S
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LukaNieto
on viernes, 9 de septiembre de 2011
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Libertad,
Política
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Como lleva siendo costumbre desde los atentados del 11 de septiembre de 2011, en su aniversario llega el grotesco día en el que se glorifica a las víctimas como héroes (en lugar de, ya sabéis, víctimas) y se enmarca el ataque como el suceso más horrible que la humanidad haya visto jamás -como si fuera realmente diferente a las miles de personas que mueren por accidentes de tráfico evitables y más hórrido que los cientos de miles de niños que mueren todos los días, especialmente ahora con la hambruna en el Cuerno de África, en la cual pueden morir un millón de personas, ochenta mil de ellos niños.
Pero nos acercamos a mediados de septiembre así que llega ese día de hipocresía. Así, algunos lo han aprovechado para crear festivales que de hecho sirvan para algo. Otros, como el abogado David Bravo, han hecho un análisis de cómo el 11-S ha influido en nuestras libertades civiles y especialmente en las de los estadounidenses durante esta última década:
Pero nos acercamos a mediados de septiembre así que llega ese día de hipocresía. Así, algunos lo han aprovechado para crear festivales que de hecho sirvan para algo. Otros, como el abogado David Bravo, han hecho un análisis de cómo el 11-S ha influido en nuestras libertades civiles y especialmente en las de los estadounidenses durante esta última década:
Las leyes de seguridad nacional que se imponen recortando libertades necesitan el miedo como los vendedores de paraguas necesitan la lluvia. El estado de alarma que atenazó a EEUU tras los atentados del 11 de Septiembre, sumado a su perpetuación mediante la cultura del miedo sostenida desde los medios de comunicación, creó el clima propicio para la proliferación de leyes que hacían desaparecer derechos civiles conquistados durante décadas.
Como suele suceder tras acontecimientos tan dramáticos como los del 11-S, la clásica pugna entre seguridad y libertad, se inclinó hacia la primera en perjuicio de la segunda. Justificando el medio por la importancia y urgencia de sus fines, normas restrictivas guardadas durante años en un cajón encontraron en esta época el momento propicio para asomar la cabeza. Teniendo en cuenta que el contexto social de aquella época en EEUU era el de que un ciudadano común tenía miedo a abrir cartas por si contenían ántrax, no es de extrañar que leyes que en cualquier otro momento habrían sacado a buena parte de los ciudadanos a la calle para protestar por la erosión de sus libertades, desfilaban ahora orgullosas y conscientes de que no serían muchos los que osarían a levantarles la voz. "Aquí tienen nuestros derechos civiles, ahora protéjannos" dijeron muchos ciudadanos que en aquellos momentos no vieron nada de malo en el trato.
La USA Patriot Act -cuyo nombre colocaba ya a las primeras de cambio a sus opositores la etiqueta de antipatriotas- recogía todo un articulado que eliminaba de raíz garantías constitucionales básicas de detenidos e introducía medidas que violaban la privacidad de los ciudadanos bajo pretexto de facilitar la guerra contra el terrorismo. Gracias a esta ley que convertía a todos en sospechosos, el FBI podía ahora acceder, entre otras fuentes, a la lista de libros que los ciudadanos estadounidenses sacaban de las bibliotecas para ver si sus hábitos de lectura encajaban con el perfil de alguien adscrito a una organización terrorista. Sobre esta cuestión, que puso en guardia a muchas bibliotecas del país, el presidente Obama dijo en la conferencia anual de 2005 de la American Library Association que él creía en una lucha contra el terrorismo que no pisoteara los derechos civiles y que no le gustaba "que los agentes federales fisgoneen en nuestras bibliotecas". Sin embargo, Obama terminó apoyando las disposiciones de la USA Patriot Act, con esa bien conocida habilidad de los presidentes de firmar con la mano lo que borran con el codo.
Además de la facultad de conocer lo que los ciudadanos leían, la USA Patriot Act permitía también al FBI el acceso a la correspondencia y a las comunicaciones telefónicas y por medio de internet de aquellos que pudieran ser sospechosos de terrorismo. La laxitud con la que se definía ese término permitía controles e inspecciones arbitrarias. La autorización para la interceptación de estas comunicaciones durante 48 horas podía darla un Fiscal federal sin que fuera ya necesaria la intervención del juez. Además, como explica Álvarez Conde, catedrático de Derecho Constitucional, "también se obligaba a las empresas de Internet a entregar el registro de actividad y los correos electrónicos de un sospechoso". Tal y como informó la revista Wired, el FBI trató de instalar el sistema de vigilancia electrónica Carnivore en las instalaciones de los proveedores de acceso a internet de EEUU y consiguió obtener informaciones de las cuentas de correo en cuya dirección se encontraba la palabra "Alá".
La ola de miedo se extendió por varios países, que vieron en este clima de paranoia la excusa perfecta para aumentar sin demasiada oposición sus posibilidades de control y autoridad. Tanto es así, que tan solo un año después de los atentados del 11-S, Reporteros Sin Fronteras ya advertía de que "la Red puede muy bien figurar en la lista de 'daños colaterales' de la deriva generalizada de la seguridad". Así, pocos meses después de los atentados, en Alemania se aprobó el paquete de medidas conocida como Otto-Katalog, que permitía a las autoridades acceder a datos de los ciudadanos como informaciones relativas a intercambio de e-mail y en Canadá dieron luz verde a la Ley Antiterrorista que permitía por primera vez que un servicio del Ministerio de Defensa efectuara escuchas telefónicas de cualquier ciudadano, sean o no canadienses. Leyes semejantes se aprobaron también en países como Italia o Dinamarca.
Además de las facultades de inspección y control de los ciudadanos, la USA Patriot Act hacía desaparecer garantías constitucionales esenciales de detenidos sospechosos de terrorismo. El mayor y más desgraciado símbolo de esta tendencia es el Centro de Detención de la Bahía de Guantánamo, dentro de cuyas fronteras era una utopía el derecho a la integridad física y moral, al hábeas corpus y a un juicio justo.
Los informes filtrados recientemente por WikiLeaks confirmaron lo que desde fuera ya se intuía: "que muchos de estos hombres fueron detenidos por motivos falsos" y que "han permanecido años recluidos sin acceso al sistema legal estadounidense", tal y como ha denunciado Susan Lee, Directora del Programa para América de Amnistía Internacional. Según esos mismos informes, muchos de los detenidos eran inocentes. Chóferes, granjeros o cocineros que simplemente fueron capturados en redadas en zonas de guerra. Para el gobierno de los EE UU fue la mala suerte y no unas leyes represivas las causantes de la injusticia. Estuvieron detenidos durante años, informa la BBC en su noticia sobre los informes filtrados, "por una confusión sobre su identidad" o porque estaban "en el momento y lugar equivocados".
La Audiencia de Barcelona se opone a la Ley Sinde
La Audiencia Provincial de Barcelona ha cambiado su criterio, considerando ahora que los enlaces a "descarga directa" no son infractores. Por tanto, se opone a la infame "Ley Sinde". Hoy 13 de julio de 2011, el abogado especialista en propiedad intelectual y derecho informático David Bravo nos informa:
El pasado 3 de marzo, la web elrincondejesus.com fue condenada por la Audiencia Provincial de Barcelona al pago de 3.587 euros a SGAE al considerar que los enlaces a archivos alojados en páginas de descarga directa constituían una infracción de los derechos gestionados por esa entidad. Decía la sentencia respecto de los enlaces a servicios como megaupload o rapidshare que "el demandado, al permitir desde su página web la descarga directa, lleva a cabo una puesta a disposición del público, y en concreto del que visita la página web y solicita la descarga, de las obras afectadas... En la medida en que ambas operaciones se realizan desde la página web del demandado, puede concluirse que es éste quien lleva a cabo la puesta a disposición del público de las obras, al margen de si ha sido él u otro quien las haya colgado en la red".Aunque desde su entrada en vigor el 9 de marzo de 2011 la imagen de la "Ley Sinde" haya ido empeorando sin cesar tal y como se merece, esta es la primera vez que un cuerpo oficial sentencia en contra de la regulación de las descargas dictada por la Disposición Final 43ª de la Ley de Economía Sostenible. En otras palabras, es un gran día en la lucha por un Internet libre y el derecho a la información.
Apenas cuatro meses después, la misma sección de esa Audiencia Provincial, formada por los mismos magistrados que firmaron la sentencia que condenaba a la web elrincondejesus.com, ha cambiado su criterio y desestima la demanda de SGAE contra la página de enlaces indice-web.com, cuyo funcionamiento era idéntico en todos sus aspectos al de la entonces condenada, considerando ahora que un enlace, con independencia de que sea a redes P2P o a servicios de descarga directa como megaupload o rapidshare, no supone en ningún caso una infracción de derechos de propiedad intelectual. En este sentido la sentencia (la ponemos a disposición en PDF) manifiesta que:
"Concretamente, el recurso no cuestiona que en el sitio del demandado no se alojan los archivos que son objeto de las llamadas "descargas directas". La dinámica en estos enlaces del sitio indice-web.com del demandado sería la de que, al pulsarlos, el usuario accedería a la página del servidor de gran capacidad (megaupload u otro) y, una vez allí, pulsando de nuevo, iniciaría la descarga del contenido interesado (...) Por tanto, la descarga del archivo se produce desde un sitio web diferente del sitio del demandado y el usuario puede advertirlo. Pese a su denominación, no se trata de descargas directas desde el sitio del enlace, sino que éste redirecciona -como se dice en la demanda- a otro distinto".
Con este cambio de criterio, la resolución citada se convierte en la primera sentencia firme en vía civil dictada en nuestro país que declara que las páginas de enlaces a redes P2P o a webs de descarga directa no infringen derecho alguno de propiedad intelectual. Teniendo en cuenta que éste es el criterio jurídico de los tribunales civiles especializados en interpretar nuestras leyes de propiedad intelectual, coincidente además con el de los juzgados de instrucción en numerosos casos idénticos seguidos en vía penal, nos preguntamos cómo podrán los funcionarios integrados en la comisión que constituye la Ley Sinde dictar resoluciones de cierra de webs que claramente no infringen derechos de propiedad intelectual sin que se entienda que están cometiendo un delito de prevaricación.
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La ONU declara Internet un derecho básico
Si bien últimamente estamos acostumbrados a que las organizaciones nacionales e internacionales delimiten los derechos del individuo en lugar de protegerlos, es cierto que en ocasiones ocurre justamente lo contrario. Y así, la Organización de las Naciones Unidas nos ha sorprendido a todos declarando el acceso a Internet un derecho humano básico.
En los días previos a la Guerra Civil Libia, Gaddafi suspendió por completo el acceso a Internet y al-Assad lo cerró para dos tercios de los ciudadanos sirios. El informe de la ONU se debe a estos sucesos recientes, pero debemos tener en cuenta que la nueva posición de las Naciones Unidas frente al acceso a Internet implica también a China y Estados Unidos.
Por otro lado, varios países han hecho justo lo contrario que a las superpotencias. Estonia, Francia, Costa Rica y Finlandia han tomado medidas esta última década para, en efecto, declarar el acceso a Internet un derecho básico de sus ciudadanos. En otras palabras, no todas las naciones luchan contra los derechos civiles de forma tan terrorífica. Junto a ello, sin duda damos la bienvenida a esta decisión de la ONU.
En los días previos a la Guerra Civil Libia, Gaddafi suspendió por completo el acceso a Internet y al-Assad lo cerró para dos tercios de los ciudadanos sirios. El informe de la ONU se debe a estos sucesos recientes, pero debemos tener en cuenta que la nueva posición de las Naciones Unidas frente al acceso a Internet implica también a China y Estados Unidos.
Debido a que Internet se ha convertido en una herramienta indispensable para lograr varios derechos humanos, combatir la desigualdad y acelerar el desarrollo y el progreso humano, asegurar el acceso universal a Internet debería ser una prioridad para todos los estados. Por tanto, cada estado debería desarrollar leyes bien establecidas y efectivas [...] para facilitar el acceso a Internet a todos los segmentos de la población.Según el informe, desconectar a los individuos de Intenet se debería considerar una violación de los derechos humanos y va en contra del Derecho Internacional. En esencia, se toma como una medida en contra del derecho a la información. Así que, además de lo que está ocurriendo en el Norte de África y Oriente Medio, esta decisión interfiere con la conocida política de censura en China y el infame 'interruptor de Internet' estadounidense.
Por otro lado, varios países han hecho justo lo contrario que a las superpotencias. Estonia, Francia, Costa Rica y Finlandia han tomado medidas esta última década para, en efecto, declarar el acceso a Internet un derecho básico de sus ciudadanos. En otras palabras, no todas las naciones luchan contra los derechos civiles de forma tan terrorífica. Junto a ello, sin duda damos la bienvenida a esta decisión de la ONU.
The Meaning of Life
Publicado por
LukaNieto
on miércoles, 23 de marzo de 2011
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What is the meaning of life? What is the purpose of human beings? Why are we here? All of those are questions humanity has constantly asked itself across the ages. We have always tried to find a meaning to something so apparently random. It is not a coincidence that hundreds of quite distinct philosophies and religions converge on a particular point: seeking the answer to why are we here or, in the most arrogant cases, claiming to already know.
Certainly, the aim of this essay is to answer a why, but not about the meaning of our existence but about our belief that such a thing could exist in the first place. That is the hypothesis with which I would like to begin: life has no intrinsic meaning. To most, such a claim would seem to be nihilistic or even completely fatalistic. As such, I must also prove it is not -actually, quite the opposite.
To understand that point we must take into account certain background about our nature. Apparently, we are born creationists and dualists -we are psychologically predisposed to accept an agent as a cause of everything, to invent a conscious being that creates or causes, just as religion does. A psychologist by the name of Paul Bloom came to the conclusion that religion is a byproduct of an innate disposition: children are born prepared to embrace a dualist theory of the mind, the idea that there is a fundamental distinction between mind and matter. Due to the fact that dualists belief that the mind is some kind of disembodied spirit, they personify inanimate physical objects and hence tend to fall easily in propositions like "mental disease is actually a demonic possession." Luckily, it is a disposition that disappears after years of experimentation with our environments, unless it is dogmatically taught. It is easy to be a creationist, whereas not so much to understand natural selection at first glance -it does not make any intuitive sense.
In her study "Are Children Intuitive Theists?", the psychologist Deborah Keleman demonstrated that the youngest among us have a higher tendency to grant everything a purpose: clouds are "for raining", pointy rocks are "so that animals can scratch on them when they get itchy". This phenomenon is called teleology, an innate predisposition that many never overcome.
What does this have to do with the meaning of life? It is an assertion that encompasses all of humanity, thereby begging for a religious explanation more often than not. Innate teleology and dualism 'help' us to readily accept religion: they prepare us to belief in a soul that inhabits the body instead of being an integral part of it, and in the same way it can also lead us to belief in a deity as a pure spirit independent of matter instead of an emergent property of complex matter. As Richard Dawkins so humorously put it in "The God Delusion" when dealing with this topic: "If everything has a purpose, whose purpose is it? God's, of course."
Definitively, the simple mind of a child and of those adults that never outgrow such a dogma have a propensity to 'agentify' objects and processes that actually don't have any consciousness. We personify nature, which is a priceless poetic quality but must not be confused with reality.
Unfortunately, it is often confused. Even university professors still use an essentially creationist vocabulary, unknowingly ascribing intentions where they themselves know there aren't any. There is, for example, the struggle of the immune system against pathogens -it isn't a directed process: There was a point in the evolutionary process of immune system cells in which a cell mutated randomly and acquired the ability to synthesize a never before seen antibody which happened to be able to fight certain bacterium. Said antibody did not aim to fight that bacterium, but rather it happened to fight it.
That is, in a random fashion and because of a genetic 'accident' the cell was able to fight a certain type of pathogen and live through it, thus enabling it to reproduce. In subsequent infections the cell with such an ability would recognize the pathogen and synthesize the antibody, not because it 'knew' that was the proper process, but rather because it is genetically determined to do so. The cells with those genetic features outlive the pathogen and reproduce, spreading its genetic makeup, while those cells that can't fight the pathogen die without any offspring. That is what we all know as 'natural selection.' It is vital to understand that there are plenty of mutations that lead to a worse adaptation to the environment, which is why that organism does not survive and does not leave any offspring behind. If evolution was a consciously directed process, no organism would carry through an adverse mutation. However, it happens constantly. There is no intention or purpose behind these mutations: they are advantageous, adverse or neutral random processes.
The funny thing is that even learned individuals keep ascribing a conscience where there is non, saying things like "This cell mutates in order to synthesize an antibody that fights against the bacterium" when they should actually be saying "This cell's accidental mutation results in the synthesis of an antibody that fights against the bacterium." Not only is the actual randomness of the process a less intuitive concept but the words themselves are not as succinct. Our language has not caught up to modern science.
Essentially, it is because of this unconscious form of thinking and expressing ourselves that a minority of scientists could even accept the premise of the creationist point of view; it is intuitively attractive. It is then obvious what someone not instructed in critical thought, skepticism, the scientific method, logic and natural selection would think.
We must apply the same logic when discussing our own existence. Begging for the reason of our existence or an intrinsic purpose simply does not make any sense. Albeit imploring to the heavens "Why are we here?" constitutes a grammatically correct question, it is actually void of any meaning.
Even if it has been demonstrated that there is not a logical path that can lead us to wonder the intrinsic meaning of life, many will refute the argument not because of its consistency but because of its consequences: it is a statement from nihilism and, even if it was true, it would be best to keep believing the opposite in order to relieve us and quell the hardship that life often entails. But as I have foreshadowed, it is quite the opposite.
In any case, before going through that route, something must be made clear: deceiving ourselves never was, is or will be the solution to any of our problems. Luckily, humans are not only guided by their instincts and we can wonder any kind of questions: Carl Sagan pointed out that if it was true that we have a genetic predisposition for mistrusting foreigners the best antidote to racism and xenophobia is to have that knowledge and accept it -I say that being true that there is not a universal meaning of life the best antidote to nihilism is to have that knowledge and accept it.
But going that far is unnecessary in this case. It may have come to your attention that every mention of the "meaning of life" is accompanied by an adjective: intrinsic, universal. No, the human species is not born with an unmovable vital purpose, nor is there any global cause for our existence. Instead, each of us can find our own real reason.
Why are you here? Each and every one of you can decide a cause in which to immerse to the best of your abilities. You don't need for the rest of the world to find the same reason as you, commanded by a totalitarian being or a spiritual unity. You are not sheep, so you are not in the need of any imaginary shepherd. The loss of that paternal figure is not something to regret -humanity is reaching the point of independent adulthood, and it's about time.
After all, what could be more precious than the adventure of seeking a reason to exist? Go find your own meaning of life.
Certainly, the aim of this essay is to answer a why, but not about the meaning of our existence but about our belief that such a thing could exist in the first place. That is the hypothesis with which I would like to begin: life has no intrinsic meaning. To most, such a claim would seem to be nihilistic or even completely fatalistic. As such, I must also prove it is not -actually, quite the opposite.
To understand that point we must take into account certain background about our nature. Apparently, we are born creationists and dualists -we are psychologically predisposed to accept an agent as a cause of everything, to invent a conscious being that creates or causes, just as religion does. A psychologist by the name of Paul Bloom came to the conclusion that religion is a byproduct of an innate disposition: children are born prepared to embrace a dualist theory of the mind, the idea that there is a fundamental distinction between mind and matter. Due to the fact that dualists belief that the mind is some kind of disembodied spirit, they personify inanimate physical objects and hence tend to fall easily in propositions like "mental disease is actually a demonic possession." Luckily, it is a disposition that disappears after years of experimentation with our environments, unless it is dogmatically taught. It is easy to be a creationist, whereas not so much to understand natural selection at first glance -it does not make any intuitive sense.
In her study "Are Children Intuitive Theists?", the psychologist Deborah Keleman demonstrated that the youngest among us have a higher tendency to grant everything a purpose: clouds are "for raining", pointy rocks are "so that animals can scratch on them when they get itchy". This phenomenon is called teleology, an innate predisposition that many never overcome.
What does this have to do with the meaning of life? It is an assertion that encompasses all of humanity, thereby begging for a religious explanation more often than not. Innate teleology and dualism 'help' us to readily accept religion: they prepare us to belief in a soul that inhabits the body instead of being an integral part of it, and in the same way it can also lead us to belief in a deity as a pure spirit independent of matter instead of an emergent property of complex matter. As Richard Dawkins so humorously put it in "The God Delusion" when dealing with this topic: "If everything has a purpose, whose purpose is it? God's, of course."
Definitively, the simple mind of a child and of those adults that never outgrow such a dogma have a propensity to 'agentify' objects and processes that actually don't have any consciousness. We personify nature, which is a priceless poetic quality but must not be confused with reality.
Unfortunately, it is often confused. Even university professors still use an essentially creationist vocabulary, unknowingly ascribing intentions where they themselves know there aren't any. There is, for example, the struggle of the immune system against pathogens -it isn't a directed process: There was a point in the evolutionary process of immune system cells in which a cell mutated randomly and acquired the ability to synthesize a never before seen antibody which happened to be able to fight certain bacterium. Said antibody did not aim to fight that bacterium, but rather it happened to fight it.
That is, in a random fashion and because of a genetic 'accident' the cell was able to fight a certain type of pathogen and live through it, thus enabling it to reproduce. In subsequent infections the cell with such an ability would recognize the pathogen and synthesize the antibody, not because it 'knew' that was the proper process, but rather because it is genetically determined to do so. The cells with those genetic features outlive the pathogen and reproduce, spreading its genetic makeup, while those cells that can't fight the pathogen die without any offspring. That is what we all know as 'natural selection.' It is vital to understand that there are plenty of mutations that lead to a worse adaptation to the environment, which is why that organism does not survive and does not leave any offspring behind. If evolution was a consciously directed process, no organism would carry through an adverse mutation. However, it happens constantly. There is no intention or purpose behind these mutations: they are advantageous, adverse or neutral random processes.
The funny thing is that even learned individuals keep ascribing a conscience where there is non, saying things like "This cell mutates in order to synthesize an antibody that fights against the bacterium" when they should actually be saying "This cell's accidental mutation results in the synthesis of an antibody that fights against the bacterium." Not only is the actual randomness of the process a less intuitive concept but the words themselves are not as succinct. Our language has not caught up to modern science.
Essentially, it is because of this unconscious form of thinking and expressing ourselves that a minority of scientists could even accept the premise of the creationist point of view; it is intuitively attractive. It is then obvious what someone not instructed in critical thought, skepticism, the scientific method, logic and natural selection would think.
We must apply the same logic when discussing our own existence. Begging for the reason of our existence or an intrinsic purpose simply does not make any sense. Albeit imploring to the heavens "Why are we here?" constitutes a grammatically correct question, it is actually void of any meaning.
"What I would say about the question 'Why?' is: Why do you think you have any right to ask it? It is not a meaningful question unless you specify the kind of answer you're expecting. As a biologist is very easy to answer the question 'Why do birds have wings?' in Darwinian terms, [...].I would point out that it is not so much that it doesn't deserve an answer but that an answer does not exist. I don't mean to say it is an insignificant issue or that we will never know the answer. I claim something very different: there is not an answer because the formulation of the motion is afflicted by a painfully obvious logical leap -the 'agentification' of our existence, the act of ascribing a creative or causal mind to the universe.
To the question 'Why do mountains exists?' we could give an answer in terms of the geological processes that give rise to them, but that's not what you want, is it? You want something about their purpose. 'What's the purpose of a mountain?' is a silly question, it doesn't deserve an answer. The mere fact that you can frame a question in the English language doesn't mean that it is entitled to an answer. If I say to you 'What is the color of jealousy?', it is a perfectly grammatical English sentence, but it's not a question that deserves an answer."
Even if it has been demonstrated that there is not a logical path that can lead us to wonder the intrinsic meaning of life, many will refute the argument not because of its consistency but because of its consequences: it is a statement from nihilism and, even if it was true, it would be best to keep believing the opposite in order to relieve us and quell the hardship that life often entails. But as I have foreshadowed, it is quite the opposite.
In any case, before going through that route, something must be made clear: deceiving ourselves never was, is or will be the solution to any of our problems. Luckily, humans are not only guided by their instincts and we can wonder any kind of questions: Carl Sagan pointed out that if it was true that we have a genetic predisposition for mistrusting foreigners the best antidote to racism and xenophobia is to have that knowledge and accept it -I say that being true that there is not a universal meaning of life the best antidote to nihilism is to have that knowledge and accept it.
But going that far is unnecessary in this case. It may have come to your attention that every mention of the "meaning of life" is accompanied by an adjective: intrinsic, universal. No, the human species is not born with an unmovable vital purpose, nor is there any global cause for our existence. Instead, each of us can find our own real reason.
Why are you here? Each and every one of you can decide a cause in which to immerse to the best of your abilities. You don't need for the rest of the world to find the same reason as you, commanded by a totalitarian being or a spiritual unity. You are not sheep, so you are not in the need of any imaginary shepherd. The loss of that paternal figure is not something to regret -humanity is reaching the point of independent adulthood, and it's about time.
After all, what could be more precious than the adventure of seeking a reason to exist? Go find your own meaning of life.
(Leer la versión original: El sentido de la vida)


