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El renacimiento de la moral

Tradicionalmente, la moral como objeto de estudio ético ha sido una cuestión teológica y es en parte por ello que incluso hoy día el ateísmo se mira con desprecio: si Dios no existe, ¿en qué se fundamenta nuestra percepción del bien y el mal? ¿Cuál es la base de la moral?

La autocracia y la democracia no pueden determinar el bien y mal, ya que la imposición de los deseos del dictador -divino o no- refleja su poder pero no la rectitud de sus valores, y la opinión de la mayoría, representada directamente o por medio de leyes, evita conflictos pero no define una ética («diez blancos ahorcando a un negro es democracia»). Peor aun es fundamentarla en la tradición: que una práctica perdure no precisa bondad. En la ciencia de la lógica, estas apelaciones a la legitima sabiduría de la fuerza, el pueblo y la antigüedad son falacias ad baculum, ad populum y ad antiquitatem respectivamente.

¿Entonces qué define la moral? En The Moral Landscape, el neurocientífico Sam Harris argumenta que la moral se basa en el bienestar de los seres conscientes y que, por tanto, ha de aplicarse un modelo ético basado en los casos extremos de bienestar y sufrimiento totales. El autor imagina un "paisaje moral", un espacio de consecuencias reales y potenciales cuyas cimas corresponden al mayor bienestar y cuyos valles suponen el mayor sufrimiento:
«Formas distintas de pensar y comportarse (distintas prácticas culturales, códigos éticos, formas de gobierno, etcétera) resultarán en cambios en este paisaje y, por tanto, en grados distintos de prosperidad humana. No sugiero que vayamos a descubrir necesariamente una sola respuesta correcta a cada cuestión moral o una sola forma óptima en la que los humanos puedan vivir. Algunas cuestiones admitirán varias respuestas, cada una más o menos equivalente. [...]

Si pueden descubrirse verdades objetivas acerca del bienestar humano (si, por ejemplo, la amabilidad suele conducir a la felicidad más que la crueldad), algún día la ciencia debería poder reclamar con mucha precisión qué conductas y usos de nuestra atención son moralmente buenos, cuáles son neutrales y cuáles merece la pena abandonar».
Para llegar a este modelo racional y empírico, Harris primero tuvo que demostrar la conexión entre el bienestar y la moral, y para ello realizó una hazaña quizá mayor que su tesis central: acabó con la interpretación moderna de la guillotina de David Hume, la supuesta barrera entre hechos y valores cuya ruptura suele equipararse equivocadamente a la falacia naturalista. Aunque filósofos como G.E. Moore lo malinterpretaran así, ese no era el propósito de Hume: irónicamente, su argumento iba en contra de aquellos que pretendían deducir una ética por medio de la mera existencia de Dios. Harris aborda el problema de Hume pragmáticamente:
«Muchos escépticos morales... insisten en que las nociones de qué deberíamos hacer o qué valoramos solo pueden justificarse con otros valores y nunca con hechos acerca del mundo real. [...] Pero esta noción de "lo que debería ser" es una forma artificial e innecesariamente confusa de plantear las elecciones morales. [...] Para que la noción nos importe en absoluto, debe referirse a una preocupación por las experiencias reales o potenciales de los seres conscientes. Por ejemplo, decir que deberíamos tratar a los niños con ternura parece idéntico a decir que a todos nos vendrá mejor hacerlo».
Esta clase de moral fundada en evidencias se encuentra con dos adversarios que a su vez se consideran también enemigos mortales: la moral supuestamente absoluta de la religión clásica y el relativismo moral del posmodernismo. Ambas suponen una detestable ceguera de la realidad pero son discapacidades bien distintas. Los fundamentalistas, cegados por preceptos absolutos como que «mentir es pecado», sin prestar atención al contexto que posiblemente lo exculpe, no ven ni un solo tono de gris. Las repercusiones son obvias y terribles.

A la inversa, cegados en nombre de la retorcida visión de la tolerancia que proporciona el relativismo cultural, los posmodernistas solo ven tonos de gris, y solo así puede ocurrir que personas civilizadas y bienintencionadas toleren prácticas como la mutilación genital femenina y otras formas de opresión, sexismo y barbarismo: «es una cultura distinta con un código ético alternativo», dicen. Y tienen razón. Pero además de alternativo, ese código ético es intolerable y una afrenta a los derechos humanos. Como señala Harris, esta tolerancia intelectual no es solo un asunto académico: probablemente en este mismo instante estén quemando la cara con ácido a niñas por querer aprender a leer o por el "crimen" de dejarse violar.
«Si una sola persona en el mundo sujetara a una muchacha aterrorizada que se resiste y chilla, y con una cuchilla infectada le cortara los genitales, y luego la cosiera dejando solo un pequeño orificio para orinar y para el flujo menstrual, la única pregunta sería con qué severidad habría que castigar a esa persona, y si la pena de muerte sería una sanción lo suficientemente dura. Pero cuando lo hacen millones de personas, esa monstruosidad, en vez de multiplicarse por millones, de repente se convierte en "cultura" y, con ello, por arte de magia, pasa a ser no más horrible, sino menos, y hasta la defienden "pensadores morales" occidentales, incluidas feministas» -Donald Symons.
La falsa distinción entre hechos y valores es el principio responsable de que tantos hayan adoptado esta retorcida perspectiva entre los movimientos progresistas, para los cuales parece que cualquier crítica de oriente es un caso de imperialismo occidental. Teniendo en cuenta que su adversario es una extrema derecha obsesionada con el culto a Yahveh hasta el punto del fundamentalismo violento, no es de extrañar que hayan caído tan bajo.

Esta tercera perspectiva ética, basada en evidencias y no en revelación divina o tolerancia incondicional, pretende ser la voz de la razón entre los psicóticos que oyen voces de una deidad vengadora y los psicópatas que ignoran los chillidos de las niñas.
(Read the English translation: The Moral Renaissance)

The Moral Renaissance

Traditionally, morality as a study of ethics has always been a theological question and that is partly why even today atheism is looked upon with so much disdain: if God does not exist, where upon is our perception of good and evil to be founded? What is morality based on?

Autocracy and democracy cannot determine good and evil, since the imposition of whatever the dictator -divine or not- wishes does reflect their power but not the righteousness of their values, and the opinion of the majority -by direct representation or indirect legislation- avoids conflicts but does not define a code of ethics ("Ten white guys lynching one black guy is a democracy.") Even worse is to base it on tradition: the continuance of a practice does not require goodness. In the science of logic, these appeals to the legitimate wisdom of force, the people and antiquity are ad baculum, ad populum and ad antiquitatem fallacies respectively.

Then, what does define morality? In The Moral Landscape, neuroscientist Sam Harris argues that morality is based on the well-being of conscious beings and that, therefore, a code of ethics based on the extremes of total well-being and suffering must be applied. The author pictures a 'moral landscape', a space of actual and potential consequences whose peaks correspond to the heights of well-being and whose valleys represent the deepest suffering:
"Different ways of thinking and behaving —cultural practices, ethical codes, modes of government, etc.— will translate into movements across this landscape and, therefore, into different degrees of human flourishing. I’m not suggesting that we will necessarily discover one right answer to every moral question or a single best way for human beings to live. Some questions may admit of many answers, each more or less equivalent. [...]

If there are objective truths to be known about human well-being—if kindness, for instance, is generally more conducive to happiness than cruelty is—then science should one day be able to make very precise claims about which of our behaviours and uses of attention are morally good, which are neutral, and which are worth abandoning."
To get to this rational and empirical model, Harris had to first demonstrate the link between well-being and morality, and for that purpose he achieved a possibly bigger feat than his central thesis: he put an end to the modern interpretation of Hume's Guillotine, the supposed wall of separation between facts and values whose breaking is usually -but wrongly- likened to the naturalistic fallacy. Although philosophers such as G.E. Moore misinterpreted it like so, that was not Hume's purpose: ironically, his argument run against those who tried to deduce a code of ethics from the mere existence of God. Harris approaches Hume's problem pragmatically:
"Many moral skeptics... insist that notions of what we ought to do or value can be justified only in terms of other 'oughts,' never in terms of facts about the way the world is. [...] But this notion of 'ought' is an artificial and needlessly confusing way to think about moral choice. [...] If this notion of 'ought' means anything we can possibly care about, it must translate into a concern about the actual or potential experience of conscious beings (either in this life or in some other). For instance, to say that we ought to treat children with kindness seems identical to saying that everyone will tend to be better off if we do."
This kind of evidence-based morality is faced with two adversaries which in turn are also hostile to each other: the supposedly absolute morality of classic religion and the moral relativism of Postmodernism. Both entail an abhorrent blindness from reality but they are quite distinct disabilities. Fundamentalists -blinded by absolute precepts such as "lying is a sin" which leave no room for a possible context that absolve them- cannot see any shades of grey. The consequences are obvious and dreadful.

Inversely, blinded in the name of the distorted view of tolerance offered by cultural relativism, postmodernists can only see shades of gray -and that is the only way that civilized and well-intentioned people could tolerate practices such as female genital mutilation and other forms of oppression, sexism and barbarism: "it is a different culture with an alternative code of ethics," they say. And they are right. But this code of ethics is not only alternative but also intolerable and an affront to human rights. As Harris himself points out, this intellectual tolerance is not just an academic issue -probably at this very moment there are girls getting their faces burned off with acid for wanting to learn to read or for the 'crime' of getting raped.
"If only one person in the world held down a terrified, struggling, screaming little girl, cut off her genitals with a septic blade, and sewed her back up, leaving only a tiny hole for urine and menstrual flow, the only question would be how severely that person should be punished, and whether the death penalty would be a sufficiently severe sanction. But when millions of people do this, instead of the enormity being magnified millions-fold, suddenly it becomes “culture,” and thereby magically becomes less, rather than more, horrible, and is even defended by some Western “moral thinkers,” including feminists."
-Donald Symons.
The false distinction between facts and values is the principle responsible for the fact that so many have embraced this distorted view among the progressive movements, for which seemingly any criticism towards the East is a case of Western imperialism. Considering their adversaries are a far-right obsessed with the cult of Yahveh to the point of violent fundamentalism, it is no wonder they have sunk to such a low level.

This third ethical perspective, based on evidence and not divine revelation or unconditional tolerance, aims to be the voice of reason between the psychotics who hear voices from a vengeful deity and the psychopaths who ignore the screams of little girls.
(Leer la versión original: El renacimiento de la moral)

Sanidad concluye que la homeopatía es placebo

Un estudio encargado por el Congreso español no ha hallado pruebas en favor de la mayoría de terapias de la medicina alternativa. La conclusión no es una sorpresa, ya que estas terapias se consideran complementarias precisamente porque no tienen estudios serios que las apoyen. Recordemos que no comparten procedencia o metodología: solamente las une la ausencia de pruebas y una predilección por vagas filosofías New Age.

Aunque la decisión no sea una sorpresa, sí que es relevante: al menos sobre el papel significa que no se podría legitimizar el empleo de estas terapias en centros médicos públicos.
«La acupuntura puede resultar efectiva para controlar las náuseas y vómitos postoperatorios y los provocados por la quimioterapia, pero no hay indicios que apoyen su uso para dejar de fumar o adelgazar. Los estudios sobre homeopatía apuntan más a un efecto placebo que una eficacia real, mientras que en las terapias físicas y manuales (como la quiropraxia o la osteopatía) se han observado efectos positivos sobre algunas dolencias, aunque los expertos recomiendan nuevas investigaciones». -El País
Este informe de casi un centenar de páginas surge en respuesta a una decisión que tomó el Congreso en 2007: el Ministerio de Sanidad debía estudiar estas terapias para considerar su regulación y empleo en el sector público. El resultado está claro: los ensayos han analizado 139 terapias y no han encontrado efictividad en casi ningún caso.

La acupuntura palia el dolor, si bien lo hace de una forma difícil de distinguir de un placebo, pero resulta ineficaz cuando pretende tratar patologías más específicas. Además, conlleva ciertos riesgos menores, al contrario que la mayoría de terapias alternativas. Entre las prácticas alternativas inocuas está la homeopatía, sobre la cual, según el estudio, "no se puede emitir ninguna recomendación basada en la evidencia que pueda influir en las decisiones clínicas sobre su uso". El informe añade que muchos estudios erran al no tener en cuenta la posibilidad del placebo: "resulta difícil interpretar que los resultados favorables encontrados en algunos ensayos sean diferenciables del efecto placebo".

Por otro lado, el texto pone en manifiesto "el alto grado de satisfacción manifestado por los usuarios de las mismas, independientemente de los resultados encontrados en estudios objetivos, así como el bajo nivel de riesgo que suele representar su forma de uso habitual en la mayoría de las terapias". Aunque existen excepciones directas a la seguridad, estas son ciertamente menores. En realidad, el mayor riesgo es el "retraso en el acceso al tratamiento convencional eficaz apropiado a la situación clínica", o sea, usar estos tratamientos como alternativas y no solo como complementos de la medicina basada en ciencia.
«La escasa evidencia científica disponible sobre efectividad y uso adecuado contribuye a la incertidumbre en su utilización. Estos factores refuerzan una aproximación cautelosa al uso de las terapias naturales».
Aunque la conclusión suponga un duro golpe para los practicantes de estas terapias y para las empresas que les provean, no se trata de un aplastante ataque indiscriminado contra la 'medicina natural': como suele hacerse en los ensayos clínicos, la cuestión se plantea como una tentativa 'ausencia de efectividad hasta el momento' en lugar de una inefectividad tajante. Así se deja cabida a nuevos estudios, aunque en realidad dé prácticamente igual: a pesar de lo afables y formales que sean las palabras, significa que consideran que la mayoría de la medicina alternativa es ineficaz y ofrece un cimiento para el gobierno ante estas cuestiones. Aunque, como indica Luis Alfonso Gámez, es probable que el gobierno no haga nada:
«Yo añado [...] que las autoridades sanitarias obliguen a etiquetar los productos homeopáticos con una leyenda que advierta de que carecen de principio activo y que sólo curan cuando el paciente se lo cree, y prohiban de una vez su venta en farmacias. Si no lo hacen, serán cómplices conscientes de este fraude al ponerse del lado de quienes engañan a los ciudadanos y les venden inútiles remedios milagrosos».
Sea cual sea la verdad, es más fácil no hacer nada. Y qué sino podemos esperar del gobierno.

Richard Wilkinson - La desigualdad económica y la salud

Richard G. Wilkinson es un investigador de desigualdes sociales y sus efectos en la salud que, junto con Kate Pickett, escribió la obra The Spirit Level, en la que analizaba la correlación entre la distribución más igualitaria de la riqueza y una mejor salud, menos violencia, abuso de drogas, madres adolescentes, enfermedades mentales, obesidad y otros muchos factores.

Se trata de una gran obra con información esencial que, de ser aceptada, transformaría todo el sistema económico. En cambio, no es el libro más accesible, con muchas gráficas y listados que no podrán mantener a nadie leyendo en vela. Por eso la nueva TED Talk de Wilkinson es una gran noticia: supone un gran punto de acceso a su tesis socioeconómica.


Wilkinson da vida a la conferencia exactamente como al libro: antes de meterse en el análisis, observa que siempre hemos tenido la intuición de que la desigualdad es conflictiva y socialmente corrosiva. Quizá sea una obviedad. Pero ahora de hecho podemos demostrarlo.

Antes de nada desestima el Producto Interior Bruto como verdadera medida de progreso: no existe correlación alguna entre la expectativa de vida y el PIB, aunque sí la haya entre los ricos y pobres dentro de una sociedad particular. Esto se debe a que en una sociedad miramos a los ingresos relativos, la verdadera relación entre la riqueza de individuos: por eso en los países desarrollados el bienestar medio de una sociedad ya no depende del PIB.

De hecho, hasta cierto punto los ricos también se benefician de una sociedad igualitaria. Este dato es esencial para responder a la posición de la derecha hacia la igualdad de ingresos y los mayores impuestos para los ricos. Estas son las dos posibles vías hacia la igualdad social que expone Wilkinson: la indirecta, redistribuyendo los impuestos como en Dinamarca y Finlandia, y la directa, ofreciendo de antemano salarios más igualitarios como en Japón.

Wilkinson también indica que, además de las obvias ventajas y desventajas de ser rico y pobre, la diferencia social en sí misma resulta en ansiedades psicosociales. Al igual que se hizo en nuestro ensayo de la Naturaleza humana, Wilkinson explica estos datos sociológicos apelando a estudios bio-psicológicos: las tareas que peligren el estatus social elevan más los niveles de la hormona cortisol, resultando en mayor estrés y por tanto en mayores posibilidades para las clases bajas de sufrir ataques al corazón y otras condiciones.

Sin duda, The Spirit Level merece la pena y por ello está presente en la bibliografía de Ciudadanos del Mundo, pero esta versión condensada y digerible en forma de conferencia consigue transmitir el mensaje crucial: a mayor igualdad social mejor es la sociedad.

Potencial de nueva vacuna del VIH

En un ensayo clínico de fase I el CSIC ha descubierto «la eficacia inmunitaria del candidato español MVA-B a vacuna preventiva contra el virus de la inmunodeficiencia humana». En otras palabras, han creado una vacuna potencialmente eficaz contra el virus del SIDA.
El 90% de los voluntarios sometidos al compuesto [...] ha desarrollado una respuesta inmune al virus y el 85% de ellos la ha mantenido durante, al menos, un año.

[...] Gracias a su alta respuesta inmunológica en humanos, el equipo iniciará con la Red de Investigación del Sida un ensayo clínico en fase I con voluntarios infectados con VIH para comprobar su eficacia como vacuna terapéutica.

[...] En lo relativo a la seguridad de MVA-B, “los efectos secundarios que se han producido son los que cabe esperar en cualquier tipo de vacunación, principalmente de tipo local en la zona de inyección”, asegura el responsable del equipo del Hospital Gregorio Marañón, el doctor Juan Carlos López Bernaldo de Quirós. Y añade: “No ha existido ningún efecto adverso que haya comprometido la salud de los voluntarios”.

Los resultados deben ser tomados con cautela ya que el tratamiento sólo se ha probado en 30 voluntarios y, aunque estimula una respuesta potente en la mayoría de los casos, es pronto para predecir si las defensas inducidas prevendrán la infección”, matiza el doctor responsable del equipo de investigación del Clínic, Felipe García».
La documentación y el ensayo pueden encontrarse en el artículo divulgado por CSIC. Aunque ha de primar la cautela al ser un ensayo clínico en su etapa más temprana, es posible que esta vacuna contra el VIH se trate de todo un adelanto en la «lucha contra el SIDA».

Sin duda, son optimistas: «Si se superan futuros ensayos clínicos II y III y llega a comercializarse, el futuro del VIH podría compararse con el herpes». El virus no causaría enfermedad y sería una infección crónica menor que solo mostraría sus efectos en caso de defensas bajas, con un perfil contagioso mucho menor. Ese es el lado bueno de la noticia.


Por otro lado, no olvidemos que, si bien en la perspectiva global la incidencia del VIH es realmente crítica en las regiones sudafricanas, la pobreza del lugar asegura que el mercado abierto no pueda siquiera percibir la demanda de este hipotético producto. Además, sus gobiernos son conocidos por no esforzarse en obtener vacunas. Con estos precedentes, las posibilidades de que esta vacuna, si se aprueba y comercializa, llegara a las manos de aquellos que más la necesitan es aparentemente nula.

Las cosas pueden cambiar y sin duda es un punto en favor de sus posibilidades el hecho de que el virus del VIH haya afectado con el SIDA a todo el mundo: si las hay, las vacunas se harán, vayan a llegar a África o no. Esto significa que, al contrario que en el caso de la Malaria, existe un interés monetario por crear una vacuna y hay una demanda evidente.

Aunque esté lejos de ser la situación ideal, allanaría el camino a los países sudafricanos.

El aborto

Uno de nuestros artículos más antiguos es también el más leído: El respeto por la vida. Abogué por el pragmatismo y se hizo referencia al aborto. Aunque la comunidad católica haga uso habitual de la expresión «respeto a la vida» contra el aborto, la disertación se trataba de definir de forma viable el término y no del aborto. Este ensayo sí que abordará la cuestión.

A pesar de ser «pro-elección» nunca lo he tenido particularmente claro: parece haber demasiadas líneas grises y valoraciones subjetivas como para tener una opinión que pueda resumirse en la dicotomía «pro-choice / pro-life». En España las opiniones están divididas así y la Ley del Aborto (Ley Orgánica 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo) es ciertamente partidista. La cuestión parece ser: ¿los derechos reproductivos y la soberanía de la mujer sobre su cuerpo imperan sobre el hecho de que el aborto es técnicamente homicidio, por muy poco desarrollado que esté dicho homo?


Por un lado están los cristianos que sigan la doctrina católica, los evangelistas y otros grupos religiosos y políticos de cariz conservador. También rechazan la eutanasia, la clonación humana, las investigaciones con células madre embrionarias y los métodos anticonceptivos. Su representación es numerosa: la Iglesia Católica, Conferencia Episcopal Española de Iglesia Católica, Instituto de Política Familiar (IPF), National Right to Life Committee, Americans United for Life, Family Research Council y UK Society for the Protection of Unborn Children. Obviamos por supuesto su representación política, sobre todo el PP en España y la mayoría de los republicanos en EE. UU. Su mensaje está claro: «el aborto es asesinato».

Por otro lado estamos los progresistas y feministas. Nuestra representación es menos activista, pero existe: Planned Parenthood, NARAL Pro-Choice America, National Organization for Women y American Civil Liberties Union. De forma general se trata de una postura relacionada con el progresismo y el izquierdismo, representados sobre todo (pobremente) por el PSOE en España y por el partido demócrata en los Estados Unidos. Aunque el mensaje es simple («prima el derecho a decidir»), por desgracia suele diluirse y tomar una posición opositora: «el aborto no es asesinato». En esencia, ahí yace el problema.

Y es que el aborto inducido, la interrupción prematura y deliberada del desarrollo vital del embrión o feto, es técnicamente homicidio. No es asesinato, ya que no concurren las circunstancias de «alevosía, precio o ensañamiento», pero es una muerte de alguien causada por otra persona. Negarlo es negar los hechos. Podemos preguntarnos si un feto puede considerarse «persona» y muchos más enredos, pero en última instancia el feto es genéticamente humano y está vivo... más o menos.

Los defensores del derecho de la mujer a decidir debemos enfrentarnos a la realidad de que el aborto es técnicamente un homicidio, al igual que la eutanasia. Y deberíamos decir: «¿y qué?». ¿Desde cuando aceptamos el absolutismo de la santidad de la vida? Casi nadie tiene problemas con la muerte del resto de seres vivos, a pesar de que no seamos más importantes por mucho que queramos creerlo. El concepto de la santidad de la vida es selectivo, subjetivo al extremo a pesar de su absolutismo y, lo que es más importante, autoritario: se exime como un derecho pero se practica como un deber. Debemos rechazarlo.


Ha de plantearse la verdadera pregunta: ¿los derechos reproductivos imperan sobre una forma de vida como el embrión y el feto? Una vez se renuncia a la santidad de la vida humana, el problema ha de analizarse pragmática y científicamente: ¿qué daño estamos causando?

Un embrión es un organismo multicelular eucariota en su etapa más temprana, referida en humanos a las primeras ocho semanas tras la fertilización, durante las cuales no existe un sistema sensorial. En su próxima etapa, el feto seguirá sin tener un sistema sensorial que pudiera permitir la nocicepción (percepción de dolor) durante al menos veinte semanas.

Es más, la hipótesis de que los fetos humanos son capaces de percibir dolor alguno no ha llegado a conclusiones certeras: aunque el consenso entre neurobiólogos es que las conexiones tálamo-corticales se establecen hacia la vigesimosexta semana, la EEG o electroencefalografía muestra que el feto es incapaz de sentir dolor al menos hasta la vigesimonovena semana. Lo que es más, un estudio sugiere que el feto en útero está sedado debido a sustancias químicas como la adenosina, la alopregnanolona y la prostaglandina-D2. Concluyeron que el feto no sentiría dolor alguno hasta el nacimiento.

El asunto no está resuelto pero, incluso si la actividad sensorial en fetos se acaba considerando «dolor», el aborto está éticamente justificado durante las primeras treinta semanas. Siete meses. Teniendo en cuenta que un aborto más allá del cuarto mes requiere una operación quirúrgica potencialmente peligrosa para la mujer, no hay conflicto alguno.

El Efecto Placebo

Muchos habréis oído hablar del efecto placebo. Un placebo es cualquier sustancia o procedimiento que no cause ningún resultado en la condición tratada a pesar de que el paciente así lo perciba. El efecto placebo es esa percepción. Si la respuesta es negativa, se denomina «nocevo», pero aquí usaremos «placebo» independientemente del efecto.

El fenómeno suele malinterpretarse como un autoengaño fugaz por parte del paciente. Craso error: si bien el efecto suele ser cuestión de percepción, también se da la mejora del paciente en acorde a sus expectativas. Como puede verse en la próxima presentación, el placebo actúa de acuerdo con nuestras preconcepciones con una precisión sorprendente.

El vídeo se ha subtitulado al castellano para este ensayo:

(Pulse CC para activar subtítulos - Ver vídeo original sin subtitulos)

En el sentido más básico, su funcionamiento se reduce a la expectación y al condicionamiento clásico. A corto plazo la expectación toma un papel vital, pero el condicionamiento del paciente puede crear efectos duraderos: al mezclar un estímulo real oculto con un placebo visible se consigue que la respuesta causada por el estímulo real se asocie con el placebo. Y así, el paciente ya está condicionado.
«La creencia del doctor en el tratamiento y la fe del paciente en el doctor ejercen un efecto de apoyo mutuo; el resultado es un remedio potente que seguramente producirá una mejora y en ocasiones una cura» -Petr Skrabanek y James McCormick en Follies and Fallacies in Medicine
Lo fascinante es que los resultados van mucho más allá de la medicina: se ha visto con el alcohol y, hasta cierto punto, con el café. Pero los placebos en la vida diaria no solo sirven para reírnos del amigo ingenuo que cree estar emborrachándose con ron. La expectación nos puede ayudar a dejar de fumar y a mejorar nuestra velocidad y rendimiento, lo cual nos lleva a lo expuesto en el vídeo: ¿deberían prohibirse los placebos en las competiciones? Y, ¿acaso hay manera de evitar su empleo? No, porque bien pueden ser agua.

No todo son buenas noticias. Parece que solo son realmente efectivos en el 30% de la población. Aunque no fuera así, a un plazo muy largo suelen dejar de funcionar y, según un metanálisis que comparó la administración de placebo con una ausencia total de tratamiento, nuestra percepción de esta rareza psicológica y neurológica se ha visto exagerada por culpa de fallos metodológicos y es útil solo en casos de dolencias subjetivas:
«No detectamos un efecto placebo significativo al compararlo con una ausencia de tratamiento en pruebas con resultados [objetivos]. En cambio, sí que encontramos una diferencia significativa entre el placebo y la ausencia de tratamiento en pruebas con resultados continuos subjetivos y en pruebas que involucraran el tratamiento de dolor».
Además, existen cuestiones de ética dudosa. Su empleo en el mundo médico ha sido tanto alabado como criticado y la polémica sigue abierta: ¿deberían cobrarnos lo mismo por un placebo que por un medicamento normal? No parece justo, pero, ¿y si nos damos cuenta de que no es un verdadero medicamento por su coste inferior, reduciendo así el efecto? Además, en el caso de las condiciones médicas graves, ¿deberíamos hacer uso de estos falsos remedios en absoluto, teniendo en cuenta que tras sentirse mejor el paciente no seguirá en busca de un verdadero diagnóstico y tratamiento? Y por último: ¿acaso prescribir placebos no vulnera el derecho del paciente a una decisión informada?

No existen respuestas fáciles y es por eso que legislar apropiadamente los placebos es un caos. Solo se justifica unánimemente su uso en pruebas científicas como los ensayos clínicos: se aplica un placebo al grupo de control para compararlo con el grupo que realmente ha tomado el medicamento, pulsado el botón o aquello que sea el objeto de la prueba. Si el efecto en los sujetos del grupo experimental no es más notable que en el control, el objeto del experimento no es más que otro placebo. Este resultado no le resta toda su utilidad: lo que ocurre es que crear un placebo a propósito suele ser más fácil, barato y sincero.

Un descubrimiento más curioso y desconocido aún es que ni siquiera es necesario ignorar que se trata de un falso objeto para que funcione, aunque el efecto será muchísimo menor. A la inversa, el sujeto tampoco tiene que ser consciente de qué se supone que es el objeto.

Así ocurre con las mascotas y los bebés, que a pesar de ignorar el concepto "medicamento" sí que están condicionados para responder a los estados de ánimo de sus cuidadores, por no hablar del efecto considerable que tiene el contacto humano sobre los bebés y animales, como la reducción del ritmo cardíaco en perros y caballos. Este hecho responde a las alegaciones de que los perros y bebés mejoran con ciertos remedios de la medicina alternativa: son anécdotas y no estudios de doble ciego que evitarían el condicionamiento y la empatía.

Sin lugar a dudas, el efecto placebo es uno de los fenómenos más interesantes de la psicología y neurología humanas. Eso sí, los placebos seguirán causando enredos legislativos y equivocaciones en pruebas científicas durante mucho tiempo, así que será mejor comprender el efecto todo lo posible y aplicar ese conocimiento para evitar más confusión.

Dr. Gábor Máté - La adicción

Ya hemos hablado por aquí de la 'naturaleza humana' para explicar que, si bien existen las propensiones genéticas a la violencia, a la adicción y demás, este nunca es un fenómeno absoluto y que por tanto la corruptibilidad de la humanidad está sujeta al entorno, no a una condenación genética inamovible. Ya hemos citado al Dr. Robert Sapolsky varias veces:
Los genes rara vez se tratan de inevitabilidad, especialmente en lo que concierne a los humanos, el cerebro o la conducta. Se trata de vulnerabilidades, propensiones y tendencias.
Pues bien: un conocido doctor canadiense especializado en la adicción llamado Gábor Máté lleva años investigado el asunto en lo que podríamos llamar 'trabajo de campo' y se ha fijado en que, si bien dichas tendencias naturales existen en algunos de sus pacientes, todos ellos han tenido alguna clase de 'deficiencia infantil' de mayor o menor gravedad en su hogar y/o entorno. No se trata de causas genéticas, sino 'sociales'. La causante primordial es una formación deficiente.


En conclusión: mezclamos un poco de conflictos domésticos y problmas económicos con un barrio no muy recomendable y un mundo que empieza a no serlo tampoco y lo que resulta es un cóctel perfecto para el desastre, ya sea para la adicción o para otra clase de conducta errática. Esto no es una novedad ni debería ser una sorpresa para la mayoría, pero por desgracia lo será para muchos.

De todas formas, siempre es bueno que las obviedades sean testadas científicamente. Por ejemplo, ¿sabéis eso que se suele decir de que los homófobos lo son porque están inseguros de su propia sexualidad? Pues bien: ¡Obviedad testada! También hay otros punto de vista, menos metódicos pero más divertidos. Admitídlo, es material de primera para acallar a la mayoría. Excepto a los que están meramente cegados por el fanatismo religioso, por supuesto. Me temo que esa deficiencia infantil no la puede curar ni el Dr. Gábor Máté, al que por cierto os recomiendo que investigéis un poco, ya que le han hecho varias entrevistas informativas y ha escrito artículos y libros muy interesantes.

El contrato - Sumision voluntaria... ¿Aceptas?

Al no hacer nada, todos firmamos implícitamente un contrato.


1) Acepto la competición como base de nuestro sistema, aunque sea consciente de que engendra frustracion y cólera a la inmensa mayoría de los perdedores.

2) Acepto que me humillen o me exploten a condición de que se me permita humillar o explotar al que ocupe un lugar inferior en la pirámide social.

3) Acepto la exclusión social de los marginados, de los inadaptados y de los débiles porque considero que la carga que puede asumir la sociedad tiene sus límites.

4) Acepto remunerar a los bancos para que inviertan mi sueldo a su conveniencia y que no me den ningún dividendo de sus gigantescas ganancias, que servirán para desvalijar países pobres, hecho que acepto implícitamente. Acepto también que me descuenten una fuerte comisión por prestarme dinero, dinero que proviene exclusivamente de los otros clientes.

5) Acepto que congelemos o tiremos toneladas de comida para que la Bolsa no se derrumbe, en vez de ofrecérsela a los necesitados y hacer que cientos de miles de personas no mueran de hambre cada año.

6) Acepto que sea ilegal poner fin a tu propia vida rápidamente. Para compensar, tolero que se haga lentamente, inhalando o ingiriendo sustancias tóxicas autorizadas por los gobiernos.

7) Acepto que se haga la guerra para así hacer reinar la paz. Acepto que en nombre de la paz, el primer gasto de los Estados sea el de Defensa. Acepto pues que los conflictos sean creados artificialmente para deshacerse del stock de armas y alimentar así la economía mundial.

8) Acepto la hegemonía del petróleo en nuestra economía, aunque sea una energía muy costosa y contaminante, y estoy de acuerdo en impedir todo intento de sustitución si se desvelara que hemos descubierto un medio gratuíto e ilimitado de producir energía, lo cual sería nuestra perdición.

9) Acepto que se condene el asesinato de otro humano, salvo que los gobiernos decreten que es un enemigo y me animen a matarlo.

10) Acepto que se divida la opinión pública creando partidos de derecha y de izquierda, que se dedicarán a pelearse entre sí haciéndome creer que el sistema avanza. Además acepto toda clase de división posible con tal que me permitan dirigir mi cólera hacia los enemigos designados cuando se agiten sus retratos ante mis ojos.

11) Acepto que el poder de moldear la opinión pública, antes ostentado por las religiones, esté hoy en manos de hombres de negocios no elegidos democráticamente que son totalmente libres de controlar los Estados, porque estoy convencido del buen uso que harán con él.

12) Acepto que la felicidad se reduce a la comodidad, al amor al sexo, y la libertad para satisfacer todos los deseos, porque es lo que me repite la publicidad cada día. Cuanto más infeliz soy más consumiré. Cumpliré mi papel contribuyendo al buen funcionamiento de nuestra economía.

13) Acepto que el valor de una persona se mida según su cuenta bancaria, que se aprecie su utilidad en función de su productividad y no de sus cualidades, y que sea excluído del sistema si ya no es suficientemente productivo.

14) Acepto que se recompense generosamente a jugadores de fútbol y a actores, y mucho menos a profesores y médicos encargados de la educación y de la salud de las futuras generaciones.

15) Acepto que se destierre de la sociedad a las personas mayores cuya experiencia podría sernos útil, pues, como somos la civilización más evolucionada del planeta (y sin duda del universo), sabemos que la experiencia ni se comparte ni se transmite.

16) Acepto que se me presenten noticias negativas y aterradoras del mundo todos los días, para que aprecie hasta qué punto nuestra situación es normal y cuánta suerte tengo de vivir en Occidente. Sé que mantener el miedo en mi espíritu sólo puede ser beneficioso para mí.

17) Acepto que los industriales, militares y políticos celebren reuniones regularmente para, sin consultarnos, tomar decisiones que comprometen el porvenir de la vida y del planeta.

18) Acepto consumir carne bovina tratada con hormonas sin que se me avise explícitamente. Acepto que el cultivo de OGMs se propague por todo el mundo, permitiendo así a las multinacionales agro-alimentarias patentar seres vivos, amasar enormes ganancias, y tener bajo su yugo a la agricultura mundial.

19) Acepto que los bancos internacionales presten dinero a los países que quieren armarse y combatir, y que así elijan los que harán la guerra y los que no. Soy consciente de que es mejor financiar a los dos bandos para estar seguros de ganar dinero y prolongar los conflictos el mayor tiempo posible para poder arrebatar por completo sus recursos si no pueden reembolsar sus préstamos.

20) Acepto que las multinacionales se abstengan de aplicar los progresos sociales de Occidente en los países desfavorecidos, considerando que ya es una suerte para ellos que los hagan trabajar. Prefiero que se utilicen las leyes vigentes en estos países que permiten hacer trabajar a niños en condiciones inhumanas y precarias. En nombre de los derechos humanos y del cuidadano, no tenemos derecho a la injerencia.

21) Acepto que los políticos puedan ser de honestidad dudosa y tal vez incluso corruptos. Además, creo que es normal en vista de la presión que sufren. Para la mayoría, en cambio, conviene la Tolerancia Cero.

22) Acepto que los laboratorios farmacéuticos e industrias agro-alimentarias vendan en los países desfavorecidos productos caducados o utilicen substancias cancerígenas prohibidas en Occidente.

23) Acepto que el resto del planeta (es decir, cuatro mil milliones de individuos) pueda pensar de otro modo a condición de que no vengan a expresar sus creencias en nuestra casa, y todavía menos a intentar explicar nuestra Historia con sus nociones filosóficas primitivas.

24) Acepto que existen sólo dos posibilidades en la naturaleza, a saber: cazar o ser cazado, y si estamos dotados de conciencia y lenguaje, ciertamente no es para escapar de esa dualidad, sino para justificar por qué actuamos de ese modo.

25) Acepto considerar nuestro pasado como una como una continuación ininterrumpida de conflictos, de conspiraciones políticas y de voluntades hegemónicas, pero sé que hoy todo esto ya no existe porque estamos en el súmmum de nuestra evolución, y que las reglas que rigen nuestro mundo son la búsqueda de la felicidad y de la libertad para todos los pueblos, como lo oímos sin cesar en nuestros discursos políticos.

26) Acepto sin discutir y considero como verdad todas las teorías propuestas para la explicación de los misterios de nuestros orígenes. Y acepto que la naturaleza haya dedicado millones de años para crear a un ser humano cuyo único pasatiempo es la destrucción de su propia especie en unos instantes.

27) Acepto la búsqueda del beneficio como fin supremo de la Humanidad y la acumulación de riqueza como realización de la vida humana.

28) Acepto la destrucción de los bosques, la casi desaparición de los peces en los ríos y océanos. Acepto el aumento de la contaminación industrial y la dispersión de venenos químicos y de elementos radiactivos en la naturaleza. Acepto la utilizacion de toda clase de aditivos químicos en mi alimentación, porque estoy convencido de que si se añaden es porque son útiles e inocuos.

29) Acepto la guerra económica que castiga brutalmente al planeta, aunque sienta que nos lleva hacia una catástrofe sin precedentes.

30) Acepto esta situación, y supongo que no puedo hacer nada para cambiarla o mejorarla.

31) Acepto ser tratado como ganado porque definitivamente pienso que no valgo más.

32) Acepto no plantear ninguna cuestión, cerrar los ojos a todo esto y no formular ninguna oposición verdadera, porque estoy demasiado ocupado con mi vida y mis preocupaciones. Acepto incluso defender a muerte este contrato si me lo piden.

33) Acepto pues, con toda mi alma y conciencia y definitivamente, esta triste matriz que ponen delante de mis ojos para evitar que vea la realidad de las cosas. Sé que todos ustedes actúan por mi bien, y por el de todos, y por ello les doy las gracias.

El sensacionalismo de la gripe A

Hoy venimos con una noticia cuya trascendencia contextual es más importante que el contenido en sí: un principal medio de comunicación ha delatado lo que ya todos sabíamos, que un puñado de ricos ha aprovechado el sensacionalismo alrededor de la gripe A para enriquecerse aun más. ¿Quién lo ha comentado? Un tal Gabilondo del canal español Cuatro.



Según creo, este hombre suele dar su punto de vista en sus informativos y lo que hemos oído no constituye la opinión de la cadena, pero aun así me parece un mensaje contundente. Cuando los medios masivos de comunicación empiezan a escandalizarse ante negocios tan turbios significa que algo va muy mal.

"Más miedo"

Estas semanas he enlazado varios artículos respecto al miedo que infunden los medios, y ha sido una casualidad que me haya encontrado con varios artículos al respecto últimamente. Supongo que con lo de la Gripe A se les ve demasiado el plumero.

El caso es que en un blog llamado "La lengua" han escrito una entrada muy interesante al respecto, y quería compartirla. Muestra ejemplos muy buenos de la desinformación de los medios y tal. Allá va:
Ayer estaba viendo las noticias, no recuerdo en qué canal, porque ahora todos se unen en una nebulosa de chabacanería, estupideces y adoctrinamiento, y comenzaron a hablar de la gripe A, esta con la que nos quieren asustar ahora y de la que en realidad no parecemos tener tanto miedo.

La cuestión concreta es que, al parecer, esta enfermedad afecta de forma mucho más fulminante a las mujeres embarazadas, que en consecuencia deben ser mucho más cuidadosas y precavidas para no padecer las fatales consecuencias del virus de marras.

En España hemos malentendido la idea de democracia y de equidad, como hemos hecho con tantas cosas. En la buena idea de equidad, de igualdad de oportunidades, el objetivo supremo es hacer que todo el mundo pueda, parta de donde parta y mediante el esfuerzo público aportado por todos, llegar adonde se le antoje. El hijo de un porquero puede llegar a doctor en Medicina, a fiscal o a ministro, y para ello, aunque el patrimonio de su padre consista en un exiguo puñado de puercos, el Estado le concede las becas y ayudas necesarias para que solo tenga que preocuparse de su esfuerzo.

En la idea de equidad entendida por los españoles, el criterio del hijo de un porquero que haya pasado la vida revolcándose con su piara en el barro vale lo mismo que el criterio que el hijo del porquero de al lado, que con esfuerzo se partió los cuernos en la escuela e hizo méritos para merecer becas y obtener el doctorado en Medicina. Aquí la idea de que las opiniones sobre medicina —o cualquier otra cuestión— tienen valor distinto si vienen de un premio Nobel que si vienen de quien no sabe hacer la O con un cañuto es considerada franquista, calificativo supremo de degradación ética, así que hemos llegado a la curiosa conclusión de que no es una pérdida de tiempo escuchar a nadie.

Y esto, unido a la imbecilidad general y a la política de reducción de costes de las cadenas de televisión, ha propiciado que en cualquier noticia, ya trate sobre el precio del pollo o del gran colisionador de hadrones, concluya siempre con la opinión de tres o cuatro pelanas a los que el becario de turno se encuentra por la calle y les pregunta sobre el particular.

Retomemos nuestro asunto: la noticia de la que os hablaba al principio no podía finalizar sin que el reportero buscase a tres o cuatro portadoras de bombo y les preguntase sobre la peligrosidad del virus en las mujeres embarazadas. Debo decir que, aunque hay mucha gente que no tiene cultura, el sentido común sí que es algo relativamente extendido, así que cuando preguntaron a las embarazadas si tenían miedo, la respuesta de todas era casi siempre la misma, más o menos así: «pues no, no tengo miedo, no voy a estar todo el día temblando por si pillo un virus, y además si quiero quedarme embarazada no voy a dejarme condicionar por el hecho de que haya una nueva enfermedad deambulando por ahí». Más imágenes de mujeres embarazadas y la voz en off del locutor: «las mujeres embarazadas en España, atemorizadas por los nuevos datos sobre el virus».

¿¿¿Qué??? El periodista contradiciendo a sus entrevistadas, y diciendo exactamente lo contrario de lo que decía la gente de la calle. Y todo ¿para qué? Para seguir alimentando el miedo, para convencer a la gente de que no salga, de que se quede en casa viendo la televisión y comprando mascarillas en la teletienda.

Y, por primera vez en mucho tiempo, los mendrugos que los reporteros suelen buscar para que den su indocumentada opinión sobre el tema que sea me han dado una alegría. Parece que van a hacer falta muchas más torres gemelas, muchas más noticias sobre menores genocidas y sobre virus descontrolados y muchas más cámaras de vigilancia en cada orificio de nuestros cuerpos para que la sociedad entera se rinda a la nueva dictadura del miedo. Para una serpiente de verano no está nada mal.