David Bravo - Ley de Economía Sostenible

La Ley Sinde que comenté recientemente no sólo ha levantado revuelo por la red. David Bravo, abogado especialista en propiedad intelectual y derecho informático del que ya hemos hablado por aquí, ha levantado la voz una vez más con una carta enviada al Consejo General del Poder Judicial a propósito de esta patraña.

Sin más dilación, aquí os la reproduzco, directa de su blog personal:
AL PLENO DEL CONSEJO GENERAL DEL PODER JUDICIAL

Excelentísimos señores:

Mi nombre es David Bravo Bueno y soy abogado en ejercicio con despacho profesional en Sevilla. El motivo de la presente es la reciente aprobación en Consejo de Ministros del Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible en cuya Disposición Final Primera se prevén determinadas reformas del Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual y de la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información.

Las reformas propuestas pueden resumirse sucintamente en que mediante las mismas se atribuiría a una comisión del Ministerio de Cultura la potestad de decidir si desde una página web se están vulnerando derechos de propiedad intelectual procediendo, en caso de que así lo consideren, al cierre de la misma o a la retirada del contenido objeto de controversia. En ese procedimiento se reservaría a los Juzgados Centrales de lo Contencioso Administrativo la función de autorizar el cierre acordado por la Comisión, pero impidiendo que puedan entrar en el fondo del asunto, esto es, impidiendo que supervisen si efectivamente existe la infracción que motiva el cierre. De este modo, el ámbito de las competencias judiciales quedará limitado a analizar, no la pertinencia de la medida acordada, sino si la ejecución de ésta afecta a los derechos fundamentales de libertad de expresión o información.

Aunque puede ser utilizada por cualquiera y para perseguir cualquier tipo de página web si el denunciante considera que lesiona sus derechos, la reforma está pensada para otorgar a la industria de los contenidos una vía administrativa rápida que les permita lograr el cierre de un determinado tipo de página web: las conocidas como páginas webs de enlaces. La actividad de estas webs consiste en la de ofrecer enlaces a archivos que miles de ciudadanos intercambian entre sí utilizando ciertos programas informáticos. Es importante subrayar que estas páginas no tienen más contenido que los enlaces referidos y que carecen de archivo alguno, encontrándose éstos en los discos duros de los ordenadores personales de aquellos usuarios que han decidido compartirlos.

Para entender los motivos que encierra la propuesta incluida en la Ley de Economía Sostenible, es necesario explicar cuál ha sido el resultado de las acciones penales y civiles que desde hace años ejerce la industria de los contenidos contra este tipo de página web.

En el año 2006 se produjo una redada que tuvo como fruto la detención de 15 personas por administrar páginas de enlaces como las que acabo de describir. Todas ellas fueron imputadas por un presunto delito contra la propiedad intelectual (art. 270 CP) y los procedimientos recayeron en diversos juzgados de instrucción repartidos por varias ciudades españolas. Esta operación fue calificada por la entonces Ministra de Cultura, Dª. Carmen Calvo, como una de las más importantes actuaciones en defensa de la propiedad intelectual realizadas durante ese año 2006.

Sin embargo, con las excepciones que se dirán, las resoluciones hasta ahora recaídas en estos casos resolvieron el sobreseimiento de las actuaciones al entenderse por los diversos Juzgados que examinaron cada uno de estos asuntos que la actividad realizada por los imputados era penalmente atípica. Así sucedió en los casos de las páginas webs Sharemula, Tvmix.net, Todotorrente.com, Emule24horas.com, Spanishare.com, Cvcdgo.com, Etmusica.com, Elitemula.com, Indicedonkey.com y Naiadadonkey.com. El denominador común de la argumentación de esas resoluciones es que un enlace es una mera cadena de caracteres alfanuméricos que indica dónde se halla un contenido pero que no lo reproduce ni lo comunica públicamente. Un enlace sería pues un “mero dato fáctico” -por seguir la expresión utilizada por el profesor Garrote y la Audiencia Provincial de Madrid al resolver el caso Sharemula- que por sí mismo no realiza ningún acto de explotación de derechos de propiedad intelectual. Por lo tanto, dado que no existe el elemento objetivo del tipo -reproducción o comunicación pública de la obra- resulta irrelevante analizar si concurre o no ánimo de lucro, puesto que la existencia de éste sin la de aquél deja incompleto el tipo penal.

De este modo, los que realizan los actos de reproducción y/o comunicación pública son los propios usuarios que gratuitamente intercambian esos archivos en las redes P2P y no quien simplemente enlaza a tales archivos desde este tipo de webs. De nada serviría -siguiendo el razonamiento de las resoluciones mencionadas- acudir a la figura de la cooperación necesaria porque la actividad de estos usuarios es atípica penalmente ya que no obtienen rendimiento económico alguno por su actividad. No siendo delito la actividad de los usuarios, en ningún caso podrá existir responsabilidad criminal por cooperación necesaria a los actos de éstos.

Por rigor, merece la pena indicar que pese a esta doctrina reiterada existen dos sentencias condenatorias contra administradores de páginas de este tipo. Sin embargo hay que destacar un aspecto diferenciador de las mismas -además de la mera y obvia diferencia cuantitativa- y es que esas sentencias lo son de conformidad, esto es, son fruto de un acuerdo entre las partes. En esos dos casos (los de las páginas webs SimonFilmsTV e infopsp) los denunciados no adujeron que sus páginas únicamente contenían enlaces ni realizaron argumentación alguna en tal sentido. Es por ello por lo que las sentencias de conformidad dictadas no emiten pronunciamiento alguno sobre la naturaleza jurídica del enlace ni sobre si éstos pueden suponer o no comunicación pública de los archivos a los que remiten. Sin necesidad de hacer grandes argumentaciones al respecto, baste subrayar como conclusión que las pocas veces que a los denunciantes se les ha dado la razón en sus tesis ha sido cuando nadie se las ha discutido. Y a sensu contrario: siempre que se ha sostenido ante el juzgado la defensa de la inocuidad del enlace respecto de las infracciones de derechos de propiedad intelectual y se ha dictado una resolución que pone fin al asunto, ésta lo ha sido de archivo del procedimiento y no de condena.

Ante el fracaso de la vía penal, la entidad de gestión de derechos SGAE ha ejercido acciones civiles contra titulares de este tipo de páginas webs y, hasta el momento, con nulos resultados. Los Juzgados de lo Mercantil que están entendiendo de las demandas interpuestas están decantándose por inadmitir la adopción de las medidas cautelares solicitadas junto con la demanda al entender que no se cumple el requisito de apariencia de buen derecho dado que las páginas demandadas no realizan acto de explotación de derechos de propiedad intelectual alguno. En uno de esos casos (el de las páginas webs Elitemula y Etmusica) el juzgado, que había concedido la adopción del cierre cautelar de la web inaudita parte, decidió revocar su propia decisión tras la oposición de la demandada, que se basó en la imposibilidad de que un enlace pueda infringir derechos de propiedad intelectual al no reproducir ni comunicar públicamente las obras a las que remite.

La única sentencia dictada hasta el momento en vía civil es la recaída en el caso que estudiaba la demanda contra la página de enlaces llamada elrincondejesus.com. La sentencia del Juzgado de lo Mercantil nº 7 de Barcelona desestima íntegramente la demanda de SGAE esgrimiendo también la inexistencia de infracción de derechos de propiedad intelectual por carecer la web de contenidos protegidos, más allá de los enlaces que la actora señalaba como objeto del procedimiento.

Llegados a este punto resulta ya fácil explicar por qué sostengo que las reformas incluidas en la Disposición Final Primera del Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible suponen una burla a nuestro sistema judicial. Esto es así porque la reforma no pretende frenar la proliferación de este tipo de páginas webs con un cambio en las normas del juego que las hagas jurídicamente atacables sino con una sustitución burda y grosera de los árbitros naturales de ese conflicto. De este modo, y a sabiendas de que los jueces están resolviendo que las páginas de enlaces no suponen infracción de derechos de propiedad intelectual, el atajo tomado ha sido el de sustraer a los mismos ese poder de decisión. Teniendo en cuenta el sentido de las resoluciones que estaban adoptando, no parece en absoluto casual que el papel que ahora se les reserva ab initio esté limitado a que no entren a discutir la propia existencia de la infracción ya declarada por la Comisión del Ministerio de Cultura.

Pese a que el ejecutivo no lo dice de forma expresa, en ocasiones algunos de los actores involucrados en este conflicto han puesto negro sobre blanco el motivo del futuro nacimiento de ese órgano administrativo y de las funciones que tendrá atribuídas. El secretario sectorial de Comunicación Social, Cultura y Deporte de UGT, Carlos Ponce, al ser preguntado por la última resolución que manifiesta que las páginas de enlaces no vulneran derechos de propiedad intelectual, mostró su indignación con la misma declarando que confiaba que se aprobara la Ley de Economía Sostenible para "detener las sentencias que puedan atentar contra los derechos de propiedad intelectual". Según informa EFE, a continuación indicó que “de ello” se encargaría “una nueva comisión parlamentaria que se establecería con representantes de la industria y de los consumidores”. El motivo por el que esta declaración me resulta escandalosa no es porque su autor considere que las sentencias que comentamos atentan contra los derechos de propiedad intelectual, una opinión a todas luces errónea desde el punto de vista jurídico pero, en cualquier caso, perfectamente amparada por el derecho de libertad de expresión de quien las profiere. La razón de mi perplejidad y, en cierto modo, preocupación, estriba en que el señor Ponce sugiera que el supuesto atentado a los derechos de propiedad intelectual que encierran esas resoluciones pueda y deba ser combatido, no con el pertinente recurso, sino sencillamente trasladando las competencias decisorias de esos juzgados a un órgano administrativo del que espera y prevé otras resoluciones más acordes a sus intereses u opiniones.

Con mayor claridad incluso, Marisa Castelo, abogada de la industria de los contenidos, ofreció hace unos meses una entrevista online en el periódico ABC donde también puso las cartas sobre la mesa. Tras defender a ultranza la reforma que estamos comentando y, ante la pregunta de si se “ganan muchas demandas por violaciones de propiedad intelectual en internet”, la letrada contesta: “has dado en el clavo” y agregó que “la necesidad de esta reforma surge sencillamente de que no se está aplicando el Código Penal de manera correcta”.

El motivo de ponerles en antecedentes mediante esta carta es el de preguntarles su parecer sobre lo que personalmente considero un despropósito que ataca a pilares fundamentales de un Estado de Derecho. Mi intención es también que la presente les estimule para que indaguen en los hechos aquí narrados y, tras su verificación, exijan explicaciones a aquellos que pretenden cerrar un determinado tipo de página web apartando del conocimiento de esa materia a los tribunales que estaban resolviendo de forma reiterada en sentido contrario.

Lo anterior se lo comunico a los efectos legales oportunos.

Aprovecho la ocasión para reiterarles mi consideración más distinguida.
Y como apéndice, una conferencia a mano del abogado D. Carlos Sánchez Almeida, en la que equipara la abolición de la libertad de la red con la destrucción de la biblioteca de Alejandría y define la arquitectura misma de Internet de una forma muy ingeniosa que, espero, abra los ojos a escépticos de la mal llamada "piratería". Muy recomendable, de verdad.

Playing for Change

Un poco de buena música por parte de Playing for Change, un proyecto musical multimedia creado por iniciativa de Mark Johnson con el objectivo de reunir, grabar y filmar músicos de diferentes culturas. Empezó con Stand by Me, y siguió con otras como One Love y War: No More Trouble; hoy día, el proyecto ya es fundación.










El tal Mark Johnson ha grabado a conocidos y desconocidos por todo el mundo, y la edición final de cada canción es simplemente espectacular y preciosa; vamos, que le da a uno las ganas para seguir con el día, y aguantarlo como sea posible.

Comienza la censura

En estos instantes estoy en Madrid, pero no he podido evitar venir aquí a comentar algo de lo que me he enterado y, si es posible, de lo que me gustaría hacer algo de eco, aunque toda la red nacional esté ya trabajando en ello. Llamémoslo mi granito de arena a la lucha contra el escándalo que se ha perpetrado hoy ya definitivamente: el cierre de las páginas webs que, según la SGAE (una empresa privada, no gubernamental y que no ha sido elegida por los ciudadanos), infringen los llamados derechos de autor. La Ley de Economía Sostenible se ha aprobado hoy.

Mi mensaje es corto: haced eco de la noticia donde podáis. La censura digital ha comenzado, y la libertad de Internet desaparece a cada día que pasa. Empezamos con lo mundano, pero indignante: cierran SeriesYonkis, Taringa, Vagos, y muchas otras páginas similares. Pero esto solo es el principio, y para cuando nos demos cuenta, tendremos que pagar para hacer cualquier cosa en la red, una vez libre y pronto totalmente controlada.

Uníos a la lucha contra esta barbaridad, y quizás el ciudadano medio acabe concienciándose acerca de lo que supone una organización no electa, privada, pero a la que en cambio se le dan derechos que no deberían pertenecerles. Si la gente no se da cuenta ahora, ya lo tendrá bien claro cuando tengamos que pagar incluso para respirar aire limpio.

Permitidme divagar un poco: George Orwell tuvo una visión de lo que podría ocurrir si el socialismo (y para el caso otras formas de gobierno) se truncaran y tomaran el camino equivocado. En cambio, no acertó: lo que nos mantiene en la pobreza física e intelectual, en la ignorancia y al nivel del barro, no es la Guerra Perpetua, sino el consumo perpetuo. Si no lo creéis, mirad a vuestro alrededor. Mirad lo que está pasando. Nos quieren cobrar hasta por disfrutar de la cultura y el entretenimiento, por la energía, por las comunicaciones, por un aire sano.

Decidme, si eso no es una corporatocracia, ¿qué lo es?

Los amos del mundo - Reverte

He recibido el siguiente artículo de Arturo Pérez-Reverte a través de una de esas cadenas rara vez curiosas y frecuentemente inútiles, esos mensajes que nadie pide pero que, cuando se alinean los planetas y la fuerza nos acompaña, resultan ser algo digno de ver o leer. Y este ha sido uno de esos extraños casos.
   Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos. Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.
   Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.
   Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.
   No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.
   Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia. Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.
   Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. 
   Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.
   Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, ¡oh, prodigio!, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.
   Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros.
Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.. 
   Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con su puesto de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.
   Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.
   Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.
La introducción al texto decía que es un "artículo premonitorio del escritor y periodista cartageno Arturo Pérez-Reverte, publicando en "El Semanal" el 15 de noviembre de 1998, y que ahora, diez años después, se revela como una auténtica profecía". En cambio, para ser sinceros, no es tan premonitorio: se limita a analizar la naturaleza del sistema que sólo en tiempos de crisis se muestra sin vergüenza; Reverte fue avispado, no Nostradamus.

La policía del amor

Porque el amor es más poderoso que el miedo.


Sólo espero que a consecuencia de la situación en la que estamos este tipo de reuniones sean las que empiecen a ocurrir, y no manifestaciones violentas. Por desgracia, ocurrirán. Aun así, si esta idea se extiende, puede que se pueda paliar un poco el resultado nefasto de este tipo de acciones.

La crisis que cambiará el mundo

En el próximo video vienen explicadas las consecuencias de la crisis mundial de la boca de un ingeniero industrial y analista de mercados internacionales, Ignacio López.


Aunque el vídeo tiene su tiempo y hoy ya puede verse con algo más de claridad el camino que ha tomado y tomará la crisis, la gran mayoría sigue con las vendas en los ojos, ya sea debido a la clásica autosugestión del "Todo irá bien" o por la propagación política de ese mismo eslogan, tan falso como las clásicas soluciones propuestas también ahora por muchos y rebatidas por este hombre, o sea, la devaluación de la moneda, que según dice, "ya no tiene sentido en un mundo global". Me quedo con dos de sus proclamaciones y espero que también se queden grabadas a fuego en vuestras mentes:
"Si hacemos el análisis desde un punto de vista cualitativo, está claro que esto tenía que pasar. Es decir, no es sostenible ni justo que el 20% de la población mundial tenga más del 85% de la riqueza. Todo lo que no tiene sentido acabar por caer, acaba por explotar".

"Por las buenas o por las malas, estamos avocados a un cambio radical del sistema en el que vivimos. Y dado este proceso de cambio, estoy seguro de que lo que surgirá después de esto, a largo plazo, es un mundo sin duda mucho más justo, donde haya menos diferencias entre los ricos y los pobres; un mundo donde los valores de la felicidad, de las pequeñas cosas, sean las que primen nuestra vida; un mundo menos consumista, menos contaminante, más de acuerdo con la naturaleza... Aunque no sé cuánto tiempo tardaremos en llegar a este mundo, estoy convencido de que viene, y es el que nos toca construir a partir de estos momentos"
Por otro lado, existen otras versiones de la misma historia probablemente menos certeras pero más claras y sobre todo muchísimo más divertidas. Larga vida al sentido del humor, aunque sea respecto a temas "tremendamente serios", como los llama el tal Ignacio López.

La economía basada en recursos

La economía basada en recursos, también llamada economía post-escasez, economía de acceso u open source, es una propuesta osada. El mayor problema a la hora de definir el plantamiento de forma breve es que es más fácil decir lo que no es, las prácticas que rechaza. En cambio, una definición muy concisa sería esta: se trata de una puesta al día socioeconómica haciendo uso de la tecnología punta y los conocimientos contemporáneos por el bien de la humanidad. Se reconoce que la mayoría de los problemas sociales que nos atormentan hoy día y desde siempre son resultado directo o indirecto de la escasez (por verdadera limitación de recursos y por restricciones económicas) y ofrece como contra medida un cambio total desde la base misma de la estructura social: aunque el sistema monetario basado en la escasez, la competitividad y la mano de obra han servido su loable propósito, es evidente -por aspectos que comentaremos después- que sus días se acaban y que la sociedad ha de reestructurarse.

Debemos darnos cuenta de que vivimos en un mundo abierto, sin fronteras reales. Lo que hay son recursos y depósitos de energía por todas partes, todo ello dentro de un ecosistema que no podemos ignorar. Se necesita un sistema para cosechar y utilizar todo ello, teniéndolo bajo control de la forma más eficiente e inteligente posible, dejando de lado el sistema monetario y creando en cambio una economía basada directamente en los recursos. No deberíamos preguntarnos cuánto cuesta sino si tenemos los recursos.

Con ello, este sistema quiere dejar atrás las conductas competitivas perjudiciales que tenemos ahora y abordar el mundo desde un punto de vista basado en la información que podemos sacar de nuestro entorno de forma objetiva, haciendo uso de nuestros conocimientos tecnológicos para aprovechar los recursos de nuestro planeta; y para todo eso, se necesita un sistema específico. ¿Un gobierno, con la definición que tenemos del mismo a día de hoy? En absoluto. Esto ya lo expliqué brevemente en un artículo acerca del poder:
«Pero, ¿precisamos de un gobierno como lo entendemos hoy en día, de una cabeza controlando el sistema político establecido? No necesariamente: bastaría con un sistema económico (administración de bienes) informático supervisado por técnicos y científicos que simplemente se ocuparía de la gestión y organización de los recursos de la Tierra, de la construcción y de todos los demás fines meramente objetivos.

Al fin y al cabo, ¿qué más hay que decidir? ¿Gastos financieros, que es a lo que se reduce la política hoy en día, teniendo en cuenta que la guerra, las relaciones internacionales y la construcción de infraestructura pública también persiguen o se basan en fines económicos? En un mundo sin desigualdad social, en un mundo en el que el poder no recae sobre nadie, ¿para qué se necesita un sistema monetario?».
Estas ideas se materializan en la "economía basada en recursos", un diseño social puesto al día en lo que respecta a nuestros conocimientos: deja atrás todo el bagaje evolutivo de nuestra cultura y tradiciones y marca la línea en un "ahora, y hacia adelante". No se trata de una sociedad establecida sino emergente, dinámica, ya que ese es nuestro estado natural, y así es incluso hoy en día aunque el sistema de turno lo reprima.

Dicho de otra forma, el fin de la sociedad es seguir progresando. Nunca podremos llegar a la perfección, pero podemos tomar esa dirección en vez de crear una sociedad final de forma ficticia. Y es ficticia: los cambios ocurren lo queramos o no. A eso se le llama presiones biosociales: los grandes libertadores no lograron sus hazañas por si solos sino que las condiciones del momento lo permitieron; Abraham Lincoln no habría liberado a los esclavos en EE. UU. si las condiciones no hubieran pasado ya la necesidad de la esclavitud clásica.

En esta nueva economía todos los bienes y servicios están disponibles sin el uso de dinero, crédito, intercambio o cualquier otra forma de endeudamiento o servidumbre. El fin de este diseño social es liberar a la humanidad de las ocupaciones o profesiones repetitivas, mundanas y arbitrarias que no tienen relevancia real en lo que concierne al desarrollo social. También se alienta un nuevo sistema de incentivo que se centra en la educación, la conciencia social y la creatividad, en contraposición a los fines egoístas, superficiales y falsos de la adquisición de propiedades y poder que dominan hoy en día.

Al no haber comercio sino acceso, es obvio que la propiedad desaparecería, no porque un estado quiera controlar más su comercio, sino porque al no haber escasez la razón misma para la propiedad desaparece, y con ella la estratificación y la pobreza:
«Los cazadores tenían miles de fuentes salvajes de comida con la que subsistir. La agricultura lo cambió todo, creando una dependencia aplastante en unas pocas docenas de fuentes de comida... La agricultura permitió el almacenamiento de recursos excedentes y, por lo tanto, creó inevitablemente el almacenamiento desigual de los mismos, la estratificación de la sociedad y la invención de las clases. De ese modo permitió la invención de la pobreza» -Dr. Robert Sapolsky
La escasez de hoy en día se paliaría con sostenibilidad real. Al declarar a la Tierra y sus recursos patrimonio común de toda la humanidad no habría más invasiones territoriales, no necesitaríamos ejércitos y acabaríamos por no necesitar un cuerpo policial. Todo esto solo se necesita en una sociedad orientada hacia la escasez: hoy en día tenemos la tecnología, los recursos y el conocimiento suficiente como para resolver la mayoría de estos problemas. La idea de la sostenibilidad no debe tener más limite que el equilibrio entre nuestra supervivencia y la de nuestro ecosistema, al que podríamos denominar la cuarta familia de nuestro instinto de supervivencia: los tres primeros son nosotros mismos, nuestras familias y allegados, y finalmente la especie. El sistema ha de estar moldeado para permitirlo.

Cuanta menos capacidad de raciocinio tiene un animal, más se cierra sobre sí mismo para sobrevivir; no entiende la complejidad del entorno y por tanto su único medio para subsistir es sólo considerar vital su propia existencia. En cambio, muchos animales llegan a actuar a largo plazo instintivamente al proteger a la familia y a la especie. Sin duda, nosotros podemos darnos cuenta de que dependemos del ecosistema a largo plazo, sobre todo si lo explotamos así. Pero debemos proteger el entorno de verdad, sin barreras económicas.

Por ejemplo, pensad en el tremendo gasto de recursos que causa el comercio de importación y exportación: actualmente, importamos productos desde Sudamérica o Asia, y en materia de recursos el transporte lo hace mucho más "caro", aunque teniendo el sistema monetario como base sea más rentable (de forma ficticia, ya que nos pasará factura), por lo poco que pagan a los trabajadores en esos lugares, entre otros factores.

Tal gasto de recursos es absolutamente innecesario. El transporte de recursos a largas distancias debe reducirse al mínimo: hasta donde sea posible, las ciudades deberían funcionar como pequeños mundos auto suficientes, con lo que el transporte de recursos solo tendría cabida en casos realmente necesarios. No habría duplicidad innecesaria de productos, no habría obsolescencia planificada (ni percibida), y tampoco tendríamos la inmensa cantidad de desperdicios que vemos a día de hoy: sería un sistema realmente sostenible.

Aquí salen a relucir los dos únicos puntos que merecen la pena discutir. No me molestaré en responder a las acusaciones patéticas que etiquetan al modelo económico de comunismo, colectivismo, anarquismo o nuevo orden mundial (o anti-nuevo orden mundial, qué más dará). En todos estos sistemas económicos, políticos e ideológicos se emplea alguna clase de sistema monetario y su inherente sistema de valores competitivo, aunque sea en métodos primitivos de intercambio como en el anarquismo (que, por lo demás, tiene puntos en común con esta propuesta económica). En este nuevo sistema lo que habrá será acceso, con la única frontera natural: la capacidad portante de la Tierra y sus recursos.

Pero no es el dinero en sí con lo que la gente más razonable tiene un problema, sino con lo que llaman "naturaleza humana". Y he ahí el quid de la primera cuestión. Aunque muchos nos siguen hasta aquí, tarde o temprano suelen sacar la bandera de «Sí, una utopía muy bonita, pero el ser humano es corrupto por naturaleza, así que obviamente corrompería este sistema».. Aquí asoma su cola la supuesta guerra perpetua entre la naturaleza y la sociedad; lo innato y genético versus lo que aprendemos del entorno; lo que los angloparlantes llaman "nature vs nurture" o naturaleza vs formación. No existe tal cosa: lo que aprendemos y las disposiciones que dictan nuestros genes están estrechamente entrelazados; es evidente que los genes marcan nuestro desarrollo, pero también los afecta el entorno. No hay separación posible. Científicamente no hay guerra, no hay "versus": aquellos que lo afirman han adoptado un vocabulario científico y mantenido el antiguo dogma dualista de maldad y bondad natas.

Es muy cierto que la economía de acceso no funcionaría sin una "terapia social" previa. Al contrario de lo que muchos creen, no es imposible sobreponerse a las ideologías y dogmas tradicionales que la cultura establecida ha esculpido en piedra como finales. Me temo que los que piensan que el ser humano es de naturaleza completamente fija y rígida están muy equivocados: la conducta humana no es inmutable. Este punto es muy importante, ya que según dicho dogma, si el ser humano es inmutable, también lo es la estructura social y cultural.

Pero veamos, ¿qué es la cultura? Nada más y nada menos que un conjunto de actitudes, valores, fines y prácticas compartidas que caracterizan a un grupo. Nuestras distintas lenguas, estrategias sociales de supervivencia, percepción de la belleza, tradiciones que perpetuamos, mitos urbanos... todo ello da forma a nuestro pensamiento y personalidad, todo ello existe a raíz de la cultura y sociedad en la que nacemos. Y, si bien nunca hemos tenido abundancia y por ello nunca se ha hecho algo similar a lo aquí propuesto, todos esos aspectos de la cultura sí que han cambiado a lo largo de la historia.

Todo lo que pensamos y decimos se nos ha presentado primero de alguna forma, todo es una acumulación de experiencias. Eso sí, la ya indicada relación entre la naturaleza y la experiencia no significa que no estemos "cableados" de una forma específica: sí tenemos imperativos biológicos. Por mucho que intentes enseñar a hablar a un gato, este no lo conseguirá; igualmente, tenemos predisposiciones egocéntricas. La cuestión es como aprovecharse de ellas en verdadera igualdad social. Por desgracia, las predisposiciones biológicas se han malinterpretado como conductas genéticamente impuestas. Esa es la percepción de los medios respecto a la biología de conducta: encontrar el "gen criminal" y así justificar que podemos ser «malvados por naturaleza». Esto no es más que una forma extremadamente simplista de explicar el comportamiento humano, no muy diferente de la dualidad del del bien contra el mal que nos llega tradicionalmente de pensamientos supersticiosos primitivos. Así que en este caso, el gen ha sustituido al demonio que poseía a la persona haciéndola malvada y sin control sobre sus acciones.

En cambio, esto no es así. Los genes son en efecto imperativos en algunos casos, pero no causan conductas realmente. Como dijo el Dr. Robert Sapolsky:
«Los genes rara vez se tratan de inevitabilidad, especialmente en cuanto a los humanos, el cerebro o la conducta. Se tratan de vulnerabilidades, propensiones y tendencias».
Al final, la genética produce propensiones, pero es el entorno el que las dispara, sobre todo en el campo de la conducta. Que tengas el gen de la depresión no significa que vayas a deprimirte: debe haber un estrés en el entorno para que la predisposición a la enfermedad se dispare. No hace mucho que se ha desechado la idea de que la testosterona lleva a la violencia per se; son hechos relacionados entre sí, pero por mucha testosterona que tengas en el cuerpo, si nada te lleva a comportarte de forma violenta, la testosterona no se disparará.

De hecho, ocurre también que el entorno sobrescribe las predisposiciones que siempre se habían considerado elementos "de serie". En un estudio extirparon un gen clave para el sistema neurotransmisor de un ratón, centrándose en el aprendizaje y la memoria, dejándole así en un estado grave de retraso mental. En cambio, después de meterle en un entorno altamente estimulante, con el tiempo el ratón se sobrepuso a muchas de sus discapacidades de aprendizaje. Parece un ejemplo demasiado específico, pero esto significa que -siempre y cuando haya una base intacta sobre la que construirlos- un entorno adecuado es capaz de recuperar ciertos caminos neuronales.

Dicha explicación sirve para la conclusión: la experiencia dicta a las disposiciones naturales y si podemos cambiar también puede hacerlo la sociedad, con la "terapia social" apropiada. La excusa de la "naturaleza humana" no es válida porque los seres humanos no somos inherentemente avariciosos, competitivos o corruptos; simplemente, nuestro instinto de supervivencia nos puede llevar a hacer cualquier cosa si existe la necesidad, si hay escasez. En cambio, con abundancia, nada de eso existe, ya que las propensiones no se disparan.

Es difícil sobreponerse a estas tendencias sociales, pero si podemos incluso -con mucho tiempo y esfuerzo- modificar lo que consideramos innato, la educación adecuada puede ocuparse de enseñar estos nuevos valores e ideas sin demasiada dificultad. Basta con aprenderlos antes de que la degeneración del sistema actual nos afecte demasiado. Incluso entonces, es posible dar la vuelta al asunto; simplemente, es más difícil.

Tengamos en cuenta entonces que, con la desaparición de estas tendencias de conducta aberrante, es obvio que el sistema legislativo desaparecería debido a su inutilidad; una vez establecidas en la práctica las bases para este nuevo sistema, dejaría de haber leyes para ser sustituidas por un sistema de conducta no necesariamente estricto. Las leyes funcionan como parches y vendas imponiendo castigos por ciertas conductas, cuando lo lógico sería buscar la causa de dichas conductas y centrarse en arreglarlas. Las "leyes" estarían basadas en aspectos objetivos y mensurables. Por ejemplo, la sostenibilidad, la comprensión de la conducta humana y la relación natural recíproca entre todos los seres vivos y el entorno.

¿Las consecuencias de esta clase de educación? No solo desaparecería el sistema legislativo, sino con él -obviamente- el sistema jurídico y penitenciario. Aunque todo esto se puede dar por hecho en cierto modo, ya que hemos dejado claro que no habría gobierno alguno para poder controlar estas instituciones, muchos no atisban a comprender, por ejemplo, qué haríamos con los presos. Y el problema de esa pregunta es que se plantea desde un punto de referencia muy superficial: la pregunta no es «¿Qué haríamos con la población reclusa?» sino «¿Cómo podemos evitar que haya población reclusa?».

Pues bien, teniendo en cuenta que la gran mayoría de delitos e incluso crímenes los causa el dinero o las drogas, no es difícil de planteárselo. El resto se limitaría a individuos con problemas mentales, que ni siquiera deberían estar en una prisión sino en un centro de educación o tratamiento psiquiátrico. La aseveración de que la desigualdad económica causa la mayoría de crímenes recibe una sola réplica: ¿qué hay de la violencia por celos y otras emociones relacionadas con el ego?

Antes de nada dejemos claro que en EE. UU. alrededor del 90% de convictos y delincuentes lo son por razones directamente monetarias. De hecho, más de la mitad de los delincuentes lo son por narcóticos. No solo no son violentos; no es un acto criminal ni una ofensa ética: un adicto a la heroína no está robando ni matando a nadie aunque, como cualquier clase de adicto, podrá recurrir a la violencia si no puede conseguir su dosis, lo cual tiene más que ver con la ilegalidad de las drogas y la desigualdad económica que con el individuo.
«Cuando pregunto a los reclusos con los que trabajo por qué han asaltado a alguien, siempre me dicen lo mismo: "me faltó al respeto". [...] Aun no he visto ningún acto grave de violencia no provocado por la experiencia de sentirse avergonzado y humillado, faltado al respeto y ridiculizado, y que no representara un intento de prevenir o deshacer la pérdida de fe en sí mismo, sin importar el castigo, incluso si incluye la muerte. No podremos comprenderles si no nos damos cuenta de que realmente prefieren matar o herir (a otros o a sí mismos) que vivir sin orgullo, dignidad y amor propio. Literalmente, prefieren la muerte al deshonor» -James Gilligan
En otras palabras, existe una condición ambiental muy potente: nuestras nociones de humillación, respeto y ego están anticuadas y el sistema socioeconómico actual no está ayudando. Hará siglos que el intelecto humano pudo superar el dualismo: no se pueden ignorar las causas de la conducta criminal y presumir que son "malvados".

Antes he dicho que suelen salir a la luz dos formas de intentar rebatir estos argumentos una vez llegados a cierto punto, pero el segundo no es realmente una refutación, sino una duda, una pregunta que precisa de lo ya tratado para recibir una buena respuesta, la cual es, a su vez, vital para comprender al completo la economía post-escasez. La gran pregunta es: «¿Qué haré yo en esta sociedad?»

Para responder, profundizaré en el nuevo sistema de valores y prácticas adecuadas que he comentado anteriormente, y añadiré aún más peso a la gran duda del destino de las profesiones: la automatización. Aunque ya hemos comentado de pasada la importancia de la tecnología en el nuevo sistema, no está de más recalcar que la creciente automatización acabaría por hacerse cargo del primero, segundo y tercer sector de ocupación.

¿Suena utópico? La curva exponencial de este avance parece indicar que ocurrirá tarde o temprano: en los últimos cien años, el crecimiento de la producción en los dos primeros sectores ha ido creciendo a la par que la automatización se abría camino, mientras que el desempleo acrecentaba peligrosamente. A este concepto tan terrible para los economistas se le conoce como "desempleo tecnológico", y muy pronto nos llevará a un dilema irresoluble dentro del sistema actual: todos esos trabajadores han ido a parar al tercer sector, pero ahora que este empieza a automatizarse también, ¿a dónde irán a parar? A ninguna parte.

Hay quién dice que el tercer sector nunca desaparecerá del todo; y es cierto, no lo hará ni en este ni en ningún otro sistema, en cierto modo. No del todo. En cambio, muchos más trabajos de los que la mayoría cree podrían automatizarse hoy mismo; no digamos ya si se diera vía libre al progreso científico sin el obstáculo de la financiación de laboratorios. Las máquinas pueden ocupar la mayoría de nuestros trabajos de manera más rápida, eficiente y menos problemática, por no hablar de que una inmensidad de profesiones dejarían de tener sentido en un sistema no monetario. Empresarios, abogados, políticos y fuerzas militares y de seguridad acabarían desapareciendo por su redundancia.

Las secuelas del desempleo tecnológico serán catastróficas si no nos planteamos seriamente un cambio radical de sistema. Tenemos que entender que, según el pensamiento actual, en el ámbito socioeconómico los trabajadores son solo consumidores: si no pueden comprar, se vuelven figurantes inútiles en la cadena de consumición. Cuando se dice que «la oferta ha cubierto la demanda», la gran mayoría pobre del mundo no entra en la ecuación, ya que no tienen poder adquisitivo y por lo tanto no pueden «demandar» nada.

Pero, entonces, ¿por qué no evitan las empresas o los gobiernos que ocurra una catástrofe? Porque ellos piensan a corto plazo, y a corto plazo la automatización supone un crecimiento colosal de la producción y productividad: las maquinas no requieren tantos cuidados como los humanos, trabajan con más eficacia y su constancia de trabajo es virtualmente impecable; una ganga que no ignorarán (y no ignoran), y menos aún cuando no parecen tener que preocuparse demasiado por el desempleo tecnológico al tener en mano el tercer sector... hasta que sea demasiado tarde y el desempleo sea tan aplastante que, sin suficientes consumidores, la economía se derrumbe definitivamente.

Supongamos que ante el crash se propone este nuevo sistema de gestión (tanto social como individual) como una solución tangible, en vez de parchear el sistema como se ha venido haciendo en los últimos años. Antes planteaba vagamente la noción de que sin sistema monetario todas las ocupaciones que tenían que ver con el mismo desaparecerían, además de otros que no tendrían lugar en una sociedad más sana; y ahora añadimos el peso de la automatización y el desempleo tecnológico que causa. Así que volvamos a la gran pregunta: ¿qué haríamos en una sociedad sin -presuntamente- ocupaciones? ¿Cuál sería nuestra utilidad? ¿Como ocuparíamos nuestro tiempo?

Debemos tachar la noción tan mediatizada de que nuestro trabajo nos define, de que este nos proporciona una utilidad como seres vivos. No somos la figura material tras un puesto de trabajo. El sistema laboral actual se mantiene con la humillación y la sumisión, lo cual no solo daña la salud mental del trabajador sino que no impulsa la productividad y la eficacia en trabajos que requieran habilidades intelectuales y creativas.

Y no, tampoco nos define lo que compramos y consumimos. Esta parece una afirmación habitual, pero ni siquiera los que lo mantienen suelen darse cuenta de las ramificaciones del consumismo. En una economía basada en recursos no hay propiedad ya que el sistema se basa en el acceso: la duplicación de productos disminuye dramáticamente y, por tanto, el consumismo no tiene por qué impulsarse. Los automóviles se usarían al menos dos tercios menos debido a la proliferación del transporte público y compartido. El concepto del acceso es similar a cómo funcionan las bibliotecas: si necesitas algo, lo coges prestado. Y, dado que en este punto no hay escasez y se aplica un respeto social implícito, las bibliotecas no están desvalijadas. Ocurriría lo mismo con todo lo demás.

Dicho esto, es evidente que en una sociedad con un interés esclarecedor y creativo como base la gente se inclinaría por ocupar su tiempo en la investigación científica de cualquier campo y en cualquier forma de arte; dichas manifestaciones de la actividad humana tomarían un cauce mucho más desinteresado y creativo sin el incentivo económico de por medio. Además, de este modo nos libraríamos de las infinitas repeticiones y copias faltas de inspiración de tantísimas obras, de conocimientos científicos filtrados por ideas primitivas para el vulgo supersticioso (de nuevo, el «gen del mal» como causante absoluto), y muchas otras desfiguraciones que las artes y las ciencias padecen hoy día.

Respecto al mérito de la autoría tan romántico y dieciochesco que ha desencadenado en los derechos de autor debo decir que llegará un día en el que habremos renunciado a la propiedad como la entendemos actualmente y entenderemos que nuestras ideas no son del todo propias sino que son el producto de una acumulación de experiencias y aprendizaje. Como dijo Sir Isaac Newton (apropiadamente citando a otro individuo, Bernardo de Chartres), si pudo llegar tan lejos fue porque se había apoyado en los hombros de gigantes. De nuevo, no olvidemos que no estamos solos en este planeta: acapararte las ideas que se te han ocurrido no es muy diferente a embotellar y vender el aire que todos respiramos.

Pero estoy seguro de que habrá surgido aquí otra duda al hablar de artistas, técnicos, educadores y científicos que trabajan por el placer de trabajar; ni más ni menos, una pregunta que subyace del tema de las ocupaciones, conectada además a la convicción errónea de la naturaleza humana como factor absoluto: el incentivo. En efecto, muchos habrán sacado de nuevo el cartel de "PELIGRO: ¡Utopía en camino!", y teniendo en cuenta la gran contaminación de esta noción por el punto de vista mediatizado, no les culpo. Hay que comprender un punto muy importante: sí, los sistemas económicos tales como el capitalismo mantienen que para el progreso de una sociedad sana ha de haber un gran incentivo: el ánimo de lucro. Si esto fuera cierto, y como ya dijo Churchill acerca de la democracia, el capitalismo sería «el peor sistema, a excepción de todos los demás».

Es una suerte entonces que eso no sea cierto: el ánimo de lucro no es el único y ni por asomo el mejor incentivo. Al fin y al cabo, los mayores descubrimientos de la ciencia no se han hecho por el afán de enriquecerse, sino por la curiosidad natural del ser humano, esa característica que todos compartimos al nacer y que esta sociedad tiende a aplastar y despilfarrar en la mayoría de nosotros, convirtiéndonos en parte de la masa que se deja llevar por la corriente. No es culpa de ningún individuo; el sistema de valores actual nos fuerza a querer dinero porque lo necesitamos para vivir, así que nos aprovechamos de ello como podemos.

En cambio, si desde la misma base del sistema social se alentara -como ya hemos dicho- al espíritu creativo y de investigación, estaríamos rodeados de incontables Leonardo da Vincis, al menos en intención y esfuerzo. De todas formas, aunque ciertamente hay quien nace con más facilidad para aprender y ejercitar ciertos aspectos de la inteligencia, la gran mayoría tenemos básicamente la misma capacidad nata; luego están los pocos que se encuentran por debajo o encima de la media. Pero son muy pocos. A la curiosidad, ese incentivo inherente del ser humano (recordemos que el ánimo de lucro no es un deseo nato sino el subproducto de una necesidad primitiva), lo acompaña esa otra característica que todos compartimos: el instinto de supervivencia. Se trata del único instinto absoluto del que subyacen muchas otras propensiones sociales. Podría decirse que el afán por sobrevivir (primero uno mismo, luego los más allegados) es el único "egocentrismo nato" y no social.

Esa conciencia del «yo» es lo que algunos entienden al leer respecto a este modelo; y otros entienden justamente lo contrario, que se trata de un intento de "mente colmena", por así decirlo. La verdad es que ambos conceptos son inseparables, y por eso mismo suponen un gran incentivo a la hora de llevar a cabo una economía basada en recursos: lo que tú crees o descubras como individuo, ya sea una obra de arte o un avance científico, te satisfará a ti como individuo, pero la apreciación que tendrás por la sociedad en tal sistema (la relevancia social) te llevará a querer compartir tu idea con los demás; si creas algo que mejora tu vida en algún aspecto, lo compartirás, pero no por una "bondad" mágica sin causa, sino porque te interesa para sobrevivir como individuo, como miembro de tu entorno próximo y especie, y también como ser vivo que afecta al entorno que te rodea. En otras palabras: tu egocentrismo nato se extiende cuando el razonamiento te lleva a concluir que, de una forma u otra, en tu ego no solo estás incluido como individuo sino también los demás y el entorno, de los que dependes para tu supervivencia personal, tanto a corto como a largo plazo.

Si conseguimos actuar como un solo organismo en sociedad sin perder nuestro individualismo a nivel personal conseguiremos que el sistema de valores recíprocos e igualitarios propuesto florezca; no se trata de un sueño imposible, sino de un sistema tangible, organizado de tal manera que se tienen en cuenta nuestros conocimientos contemporáneos y con el firme fin de seguir progresando. Recalco que no se trata de una utopía, ya que ni por asomo es un sistema perfecto y sin duda aparecerían nuevos problemas; lo que ocurre es que, simplemente, este sistema es más efectivo y muchísimo menos neurótico.

En el futuro encontraréis en "Artículos destacados" aclaraciones de varios conceptos económicos, técnicos y sociales: lo aquí expuesto es la versión condensada de la perspectiva socioeconómica plasmada por todo "Ciudadanos del Mundo".