Propiedad Privada

Ya hablé largo y tendido acerca de lo que puede y no puede considerarse piratería: siempre y cuando no cambien la ley porque lo diga la SGAE u otra entidad privada, compartir es legal. Por otro lado, no lo es cobrar por algo de lo cual no se poseen derechos de propiedad, ni alegar que es de tu creación o modificarlo. Ahora bien, ¿por qué tenemos esa concepción de propiedad? ¿Qué es realmente la propiedad privada?

Una vez establecido que la llamada "piratería" no es más que una etiqueta más con el fin de -supuestamente- proteger los derechos de autor, podemos profundizar y plantearnos también la base sobre la que se sostiene la propiedad privada: esta es, en última instancia, una forma de defender nuestras finanzas y objetos de valor.

Pero antes de sumergirnos en el tema, me gustaría sacar a relucir que, aunque me referiré constantemente a la propiedad privada o a la propiedad a secas, se incluye el dominio público. ¿Por qué? La propiedad privada es cualquier bien tangible e intangible que una persona o un grupo de personas posea. A pesar de su nombre, el dominio público no pertenece al pueblo sino al estado.

Aunque todos los gobiernos han intentado hacernos creer que el estado equivale al pueblo a través del nacionalismo y el patriotismo, no es así. Nunca lo ha sido. Quizá fuera así en una democracia directa, pero esa es otra historia. Nos lo ceden; se trata de un privilegio, no de un derecho, y sin duda no nos pertenece. Así podemos concluir que la propiedad pública pertenece a otra gran corporación más: al gobierno y a todas las empresas sobre las que este se sostenga.


Sugiramos por un momento una sociedad hipotética con un sistema basado en el acceso libre de recursos y la maximización de la abundancia real en lugar de monetaria. Todos los bienes se comparten equitativamente usando una red informática de gestión mantenido por técnicos (científicos, educadores y demás), que constituyen un pequeño porcentaje dinámico y completamente abierto de una población que disfruta del mismo acceso a la educación y a las posibilidades de vida. Aunque en el pasado efectivamente así era, ¿es necesario el concepto de propiedad en este caso hipotético? ¿Qué tendríamos que proteger? Exacto, nada. No sería necesario.

Volviendo al principio, ¿cuándo floreció la idea de proteger "lo que es nuestro", y cuales fueron sus consecuencias? Hans Küng lo dejó muy claro en su obra "En busca de nuestras huellas" al hablar de la revolución neolítica:
"El paso no sólo a instrumentos de piedra pulimentada, al arco y a la alfarería, sino también a la producción (cultivos, domesticación y cría de animales) y al capital (en forma de animales reproductores, de semillas, de materias primas). Con la agricultura y la ganadería surgió el deseo de propiedad privada, se pudieron hacer guerras "justas", tomó forma el dominio de pocos sobre muchos".
Apareció la noción de propiedad, y aquella nueva idea sin la que todos habían podido vivir anteriormente era ya imprescindible. ¿Qué significa esto? Podemos concluir que si viviéramos en el sistema social propuesto anteriormente, con abundancia de aquello que la civilización considere elemental, no habría sentido de propiedad ni -evidentemente- la necesidad de luchar por ella. Aunque es obvio que no estaríamos ante una utopía, ¿no merece la pena pensar en cuantos conflictos se resolverían así?

Podemos ver de primera mano este cambio de mentalidad en el clásico film de comedia "Los dioses deben estar locos". Una botella de Coca-Cola cae del cielo, y la tribu que la recoge encuentra todo tipo de usos para ella. Al fin y al cabo, es más suave pero al mismo tiempo más dura que nada conocido para ellos. ¿El problema? Solo tienen una, no hay abundancia. Siempre lo han compartido todo, pero la lucha empieza en cuanto llega el elemento que deshace la igualdad de oportunidades: la escasez, y con ella la necesidad de propiedad.
"Y ahora, por primera vez en sus vidas, había algo que no podían compartir, ya que sólo tenían una. De repente, todos la necesitaban la mayor parte del tiempo. Algo que no habían necesitado nunca era ahora esencial, y comenzaron a emerger emociones desconocidas: un sentimiento de querer poseer, de no querer compartir. Y aparecieron otros nuevos sentimientos: enfado, celos, odio y violencia"
¿Cual es la trascendencia de ese cambio? Para buscar una respuesta, solo tenemos que mirar a nuestro alrededor, o en su defecto, a la última cita: la propiedad va de la mano de la desigualdad y la competitividad, que se manifiestan con "enfado, celos, odio y violencia".


Si deseamos ser más específicos, podríamos mencionar que esta es también la raíz de muchos de los problemas que arremeten contra la sociedad contemporánea. El robo, el asesinato, la agresión y otros delitos contra nosotros o nuestros bienes no desaparecerían en una sociedad mentalmente más sana, pero no supondrían el mismo problema que a día de hoy.

La propiedad fue necesaria en un tiempo en el que la abundancia no era en absoluto posible, pero eso ya ha cambiado: desde la industrialización, la productividad ha incrementado a pasos de gigante aunque nuestra importancia en el ámbito laboral haya decrecido al mismo ritmo (de ahí el desempleo tecnológico, del que hablaré próximamente) y se nos prometieron jornadas de trabajo más cortas. Pero todo se truncó por presiones políticas y económicas: se necesitan empleos, porque sin ellos no hay empleados, y sin estos no hay compradores. El ciclo de consumo no puede romperse, y cuanta más industrialización y globalización haya, más cerrado deberá ser ese consumo cíclico, por lo que cada vez exigirá más; eso no puede sostenerse para siempre, y menos con las crisis financieras y económicas, energéticas y sociales que existen hoy en día y están por venir.

A este paso, con la automatización universal al alcance de nuestras manos y el nacimiento de la nanotecnología, no habrá ningún sector nuevo para suplir a los cientos de millones de desempleados. Por no hablar de las demás crisis anteriormente mencionadas, que juntas forman un cáncer sistémico incurable. En cambio, si la tecnología hubiera seguido su curso natural, sin las barreras del bagaje cultural, a este paso el sistema informatizado basado en recursos que he sugerido antes ya estaría en marcha, y la abundancia estaría en nuestras vidas.

El respeto por la vida

Coexisten dos grandes preguntas filosóficas a las que la humanidad ha intentado dar respuesta constantemente: el origen del universo y el de la vida, a veces mezclando ambas en una sola respuesta a la que muchos han decidido llamar Dios. De dónde viene el universo y nosotros, hacia dónde vamos, qué somos. Respecto a la vida ha habido y deduzco que seguirá habiendo por mucho tiempo un debate moral que difícilmente puede resolverse. Hablo del respeto por la vida.

Pero, ¿qué es el respeto por la vida? Antes de ofrecer una definición, me gustaría aclarar lo que definitivamente no es: el respeto por la vida no equivale con total precisión a la llamada "santidad de la vida". En principio, puede parecer tan solo otro punto de vista o incluso otra forma de referirse al mismo concepto. Y si así lo parece en principio es porque así lo es... en principio.

En cambio, en cuanto profundicemos nos daremos cuenta de que la santidad de la vida implica extremidad: la santidad en este término se refiere a la cualidad de sagrado e inviolable, por lo que la expresión toma un cariz irrefutable, final. Y esto crea un conflicto: la santidad de la vida nunca -jamás- debe cuestionarse, ni se ha de plantear alternativa alguna, aunque lo más lógico fuera buscar un equilibrio moral más armonioso.
¿Crees en la santidad de la vida? Personalmente, me parece una gilipollez. Vamos, ¿que la vida es sagrada? ¿Y quién lo dijo? ¿Dios? Hey, si lees historia, te darás cuenta de que Dios es una de las causas primarias de mortalidad. Así ha sido durante milenios: hindúes, musulmanes, judíos, cristianos... todos turnándose para matarse entre ellos porque Dios les dijo que era una buena idea. Millones de capullos muertos porque respondieron mal a la "Pregunta del Dios": ¿Crees en Dios? ¿No? ¡Pum, Muerto! ¿Crees en Dios? ¿Sí? ¿Crees en MÍ Dios? ¿No? ¡Pum, muerto! ¡Mi Dios la tiene más grande que el tuyo! -George Carlin
Hoy en día, los ejemplos más habituales que reflejan este punto de vista radical con respecto a la vida son el aborto, la eutanasia y las investigaciones con células madre. El quid de la cuestión es que la santidad de la vida dicta que se debe vivir, ya que la vida nos la ha dado Dios y no debemos despreciar lo divino y sagrado. Eximen como arma y escudo el derecho a vivir en cuestiones como al aborto. ¿Pero acaso no se refieren al deber a vivir, y no al derecho a tal? No confundamos términos: el derecho implica elección y el deber obligación.

Pro-Vida vs Pro-Elección
Habiendo definido ya la santidad de la vida como una obligación y nunca como un derecho, daré el tema por zanjado así: una visión menos extremista del asunto nos permite plantearnos buscar cierta armonía moral. Y es que temas tan peliagudos nunca deben tomarse a la ligera, pero tampoco de forma generaliza y absoluta. Aunque yo esté a favor del aborto en casos necesarios, no pediré a nadie que esté de acuerdo conmigo: únicamente os pido el derecho a plantear la pregunta. Puede parecer algo fundamental, pero es obvio que muchos desearían negar el derecho a cuestionar lo que desde el mencionado punto de vista es incuestionable.

Pero, ¿qué es el respeto por la vida? Habiendo aclarado ya lo que no es, será mucho más fácil determinar lo que sí que es. En pocas palabras, podría definirse así:
"El mayor miramiento y aprecio posible que pueda tenerse por los seres orgánicos activos, basándose en una moral universal básica y buscando un equilibrio teniendo en cuenta las circunstancias y medios disponibles".
Como todas las definiciones, esta es incomprensible y por lo tanto inútil sin un contexto previo. Para no caer en falacias circulares debemos recurrir a definiciones más o menos oficiales de la palabra "respeto" y "vida", aunque no creo que haya problema alguno para entender ese punto. En cambio, estoy seguro de que podríamos discutir durante horas respecto a lo que es la moral universal y a lo qué me refiero con las circunstancias y medios disponibles, un concepto en efecto ambiguo.

Es muy posible que muchos no estén de acuerdo con que haya una moral universal, pero yo creo que podemos afirmar que la hay, aunque no se haya puesto demasiado en práctica. Aunque algunas escuelas de pensamiento utilizan también ese término, según mi propia interpretación, tal es la tendencia nata sin influencias como las enseñanzas y prejuicios religiosos, raciales, sexuales, nacionales, culturales, clasistas y estamentales. Por lo tanto, el asesinato (al que se suele referir como el acto de mayor inmoralidad) no tendría cabida excepto cuando las circunstancias que rodean al individuo lo indultan de cargo moral: los humanos de antaño -al igual que los demás animales- debían matar para sobrevivir. No sólo para alimentarse, sino también para defenderse y proteger a su familia y territorio. Para ellos la violencia es necesaria. Nosotros no tenemos ya esa excusa.

Debido a esa necesidad, no sentían culpa entonces ni lo hacen ahora muchos otros: se trata del instinto de supervivencia, el único instinto absoluto que pertenece realmente a la naturaleza humana; por lo demás -y como ya mencioné- la genética produce propensiones no absolutas y es el entorno el que las dispara. Podría decirse que el afán por sobrevivir (primero uno mismo, luego los más allegados) es el único egocentrismo nato y no social.

En definitiva, cuantas menos razones tengamos para quitar una vida, más sensibilidad padeceremos. Sentiríamos una animadversión absoluta hacia la mera idea de quitar una vida en el hipotético caso de que la humanidad llegara a un punto en el que no deba matar a ningún ser vivo, incluyendo la muerte accidental de seres minúsculos. Nótese que no considero utopía que, por ejemplo, la humanidad deje de alimentarse de animales y de talar árboles indiscriminadamente. En contraposición, si tuviéramos que destruir todo a nuestro paso sólo para sobrevivir de forma natural, no sentiríamos ningún remordimiento haciéndolo.

Por supuesto, es fácil exponer los extremos de la moral universal y el respeto por la vida y dar por zanjada la discusión, pero en la realidad nada se muestra en blanco y negro. Ahí entra el equilibrio moral que hemos mencionado: en la vida real, debemos plantearnos las implicaciones éticas y morales de nuestros actos teniendo en cuenta nuestras circunstancias y los medios de los que disponemos. Desgraciadamente, esto no es nada fácil, pero podemos al menos tomar esta idea como base e inclinarnos a plantearnos al menos nuestras decisiones, esforzándonos por ignorar nuestros prejuicios.

Concluiré con la esencia de la idea que he tratado de compartir con vosotros: no podemos irnos a ningún extremo, ya sea puramente religioso, moral o ecológico y pretender no hacer daño a ninguna forma de vida, ya que tal idea es utópica con los conocimientos de los que disponemos a día de hoy. Por supuesto, tampoco debemos hacer justo lo contrario.

Si cada vez somos más sensibles a finiquitar vidas es porque cada vez precisamos menos de ello para asegurar nuestra supervivencia. No nos hemos vuelto "más humanos": las presiones bio-sociales nos han llevado a ello. Cuando no necesitemos hacerlo en absoluto, la mera idea nos repugnará. En cambio, en estos momentos ciertos sacrificios son necesarios; desde los insectos que pisamos sin querer hasta la experimentación no-invasiva de animales. Eso sí, nada de esto excusa la caza por diversión, ciertos experimentos que bien pueden considerarse tortura o la tala masiva de árboles. Las atrocidades que la mayoría etiqueta con orgullo de acontecimientos culturales y fomentadores de la economía son inexcusables.

Los animales matan porque deben hacerlo y nosotros hacemos igual. Simplemente, da la casualidad de que gracias a nuestra técnica podemos evitar muchas de estas muertes, y quizás algún día podamos evitarlas todas. De momento, lo mejor es ser lo más prácticos y justos que podamos, basándonos en una moral universal cuya definición general no deja cabida a discusión, y ayudar a las presiones bio-sociales que nos empujen a una sociedad moralmente más desarrollada.

Las corridas de toros

Muy recientemente, uno de los pocos lectores asiduos de este mismo blog me ha comentado que él mismo ha abierto un espacio similar, aunque con un punto de vista muy distinto, donde he podido leer su primer artículo. Tras leerlo, no he tardado en añadir el blog a nuestras páginas de interés. Respecto al texto solo tengo una palabra: brillante. La opera prima de PhyOS ha tocado un tema peliagudo, sobre todo porque interfiere con la "cultura" de este país: las corridas de toros. He aquí un retazo del artículo:
Esta tradición continúa presente en nuestro país, y los defensores lo califican como patrimonio cultural y hasta arte en sí mismo. ¿Cómo puede ser considerado arte una práctica cruel, sangrienta, y que acaba con la muerte de un pobre e inocente animal que no es capaz de entender el sentido de su dolor? Matar a un ser vivo por diversión no es cultura, y nunca lo será. Vergüenza es lo que deberían tener todos los que pagan para presenciar en directo un supuesto acto de valentía, cuando en realidad el torero es un cobarde que se enfrenta con un animal que está en situación de inferioridad.
(Podéis leer el resto del magnífico artículo aquí)
La verdad, ya me gustaría ver cómo responde un fanático de este supuesto arte a los argumentos que expone PhyOS; al fin y al cabo, es difícil llevar la contraria a alguien que lleva la razón irrefutable. Recordemos que no todas las opiniones son válidas ni deben respetarse; por ejemplo, no me veo obligado en absoluto a respetar a quien se divierta apuñalando seres vivos y además lo considere un arte.

Sir Ken Robinson y la creatividad en los niños

No es noticia que el sistema educativo de este y de prácticamente todas las naciones de la tierra está realmente jodido. No hay otra palabra para describirlo, o al menos no una que lo describa con tanta certeza, excepto quizás la expresión inglesa intraducible cluster fuck. No sé por qué, pero le he cogido un especial cariño a la palabra, quizás por la pronunciación -como me ocurre con vegetable, creature o alcachofa en nuestro idioma.

Pero esto no tiene nada que ver con esta pequeña reseña, por supuesto. He venido aquí para mostraros el vídeo de una conferencia en TED dada por Sir Ken Robinson, un antiguo profesor de universidad que nos habla de los sistemas educativos actuales y de como estos aplastan la creatividad de sus alumnos.


(Gracias a Kratos por el vídeo subtitulado)

Como habéis visto (si no, dejad de leed y miraos el vídeo, que para eso lo he puesto todo en orden), aunque el vídeo dura veinte minutos y está en inglés, es verdaderamente entretenido y acompaña sus argumentos con bromas e historias graciosas. De todos modos, los subtitulos no son perfectos; probablemente los haga yo mismo algún día, aunque no prometo nada.

Aunque Robinson no profundiza demasiado en sus ideas y la conclusión es cuanto menos vaga, eso no significa que no dé en el clavo a más de una diana. Escuchadle con atención porque enmendar nuestra educación colocaría nuestra disposición mental en el lugar adecuado para una reforma completa del sistema.

Ronald Gibson y el conflicto generacional

Por mucho que nos veamos tentados a pensar que "el pasado fue mejor", esta percepción es errónea. Errónea, inútil e incluso peligrosa: muchos movimientos sociales promueven la idea de volver al pasado en ciertos aspectos de nuestras vidas. Hay quienes quieren volver a cuando nuestro dinero representaba oro real y existente (un cambio relativamente reciente) como si aquello fuera a arreglar nuestros problemas. También hay casos más extremistas que promueven una vida aparentemente muy apetecible pero en realidad primitiva y retrógrada.

Ninguno de estos cambios solucionaría nada. Simplemente nuestros problemas serían distintos e intentaríamos solucionarlos con nuevas revoluciones que bien podrían llevarnos de vuelta al momento en el que nos encontramos. Los movimientos que promueven la idea de que "el pasado fue mejor" harían una sola cosa: retrasar la evolución natural de la sociedad.

Aunque a una escala de gravedad menor, este tema surge multitudes de veces al hablar de las distintas generaciones: las diferencias entre padres e hijos que crean el llamado "conflicto generacional", presentada como una hecatombe que nadie habría podido prever. A ese respecto, el médico de familia inglés Ronald Gibson tuvo algo que decir en una conferencia, ayudándose de sólo cuatro citas:
«Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos».

«Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país si la juventud de hoy toma el poder, porque esa juventud es insoportable, desenfrenada, simplemente horrible».

«Nuestro mundo llegó a su punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos».

«Esta juventud esta malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura».
Al enunciarlas, Gibson observó como la mayoría de la concurrencia estaba de acuerdo con cada una de las frases. Aguardó unos instantes a que se acallaran los murmullos del público, que comentaba lo expresado con aprobación, y entonces reveló el origen de dichas citas:
«La primera frase es de Sócrates, que vivió del 470 al 399 antes de Cristo. La segunda es de Hesíodo, pronunciada el año 720 antes de Cristo. La tercera es de un sacerdote, 2.000 antes de Cristo. La cuarta estaba escrita en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia (actual Bagdad), con más de 4.000 años de existencia».
Ante la perplejidad de los asistentes, el Doctor Gibson concluyó diciéndoles: "Señoras Madres y Señores Padres de familia, relájense, que la cosa siempre ha sido así".

Piratería - derechos, SGAE y David Bravo

A cada día que pasa los derechos de autor pierden cada vez más sentido y se ponen al servicio de la SGAE, cuyo fin no es proteger a los autores y luchar contra la piratería sino adinerarse a costa de mentes creativas. No es más que un intermediario innecesario al que se le ha cedido demasiado poder. Al final, resulta que el que ladra sobre ladrones es el verdadero ladrón.

¿Qué es la piratería? No es más que otra forma de llamar al robo. Metiéndonos en términos más técnicos, en derecho la piratería es el "delito que se comete apoderándose con ánimo de lucro de una cosa mueble ajena, empleándose violencia o intimidación sobre las personas, o fuerza en las cosas". Con ánimo de lucro, incluso empleando la violencia o algún tipo de fuerza.

¿Tiene algo que ver ese término con el uso que se le da hoy en día, refiriéndose a las descargas de P2P? No. Simple y llanamente no. La descarga de software NO es ilegal. Ni según nuestro sentido común, ni según la lógica. Y hasta hace poco, tampoco según la ley. Se considera robo o piratería si editamos la creación sin permiso, si nos autoproclamamos su autor o si le ponemos precio. ¿Por qué? Porque entonces estaríamos interfiriendo con los derechos de autor más básicos, y con ánimo de lucro. En cambio, si no se cumple nada de lo dicho no puede considerarse robo.


Pero mirémoslo desde el punto de vista de los autores, dejando de lado todavía a la SGAE y organizaciones similares. Sólo los autores. Uno diría: ¡pero merecen compensación monetaria por sus obras! En efecto, en este sistema el trabajo se paga con dinero. Una compensación monetaria.

Ahora veamos. Por un lado están los autores ya afianzados, que ganan muchísimo dinero por sí solos si las discográficas no les dejan en la calle. Según algunos, ganan más de lo que deberían si analizamos la trascendencia de su trabajo. Aprecio el arte, pero no aprecio la avaricia. Por otro lado están los autores no tan estables, que ganan la mayoría de su paga en conciertos y a los que la intervención de la SGAE no beneficia tanto como se promete. En la era de Internet, muchas bandas se han hecho conocidas en la red y se han adinerado con conciertos.

La SGAE suele decir en referencia a la música que se pierde la compra de un disco por cada uno que se descargue ilegalmente. Por supuesto, esta afirmación es falsa. Incluso ellos mismos se contradijeron en una entrevista con David Bravo, abogado en defensa de lo que algunos llaman "piratería" sin serlo. Debido al coste nulo, cuando alguien descarga un juego, una película o un disco de música lo más probable es que se lo haya descargado por curiosidad y no habría estado tan seguro como para comprarlo.


Aun así, debido a la mentalidad que tenemos en este sistema comprar algo sigue siendo muy relevante. Esto ocurre sobre todo entre los más coleccionistas, pero lo cierto es que casi todos tenemos esa tendencia consumista.

Muchos descargan el producto con el fin de probarlo, para asegurarse antes de una compra definitiva. ¿Por qué lo compran si ya lo tienen? En ocasiones es más cómodo. Siempre es mejor tener el disco de una película con su gran calidad, diferentes opciones de audio, subtítulos y extras. Siempre es mejor tener un juego original, con sus actualizaciones. En cambio, el caso de la música es más complicado ya que un disco de música es un disco de música ya sea digitalmente o no. Y aun así, muchos más de los que parece lo compran físicamente simplemente por el contenido impreso con extras como las letras de las canciones e imágenes exclusivas, y otros muchos lo compran en iTunes por su comodidad.

¿A qué quiero llegar con todo esto? A que bajo ningún concepto se pierde una compra de un producto por descarga. Ni muchísimo menos. De hecho, debido a la mentalidad de "descargar para probar y luego comprar", lo más seguro es que ganen unas compras de más por parte de los más inseguros. Y sí, es evidente que pierden por otros lados, especialmente en la industria musical. Pero, como dijo ya David Bravo, son ellos quienes tienen que adaptarse a los cambios de la sociedad y la tecnología, y no al revés.

Por lo tanto, el argumento se desecha. ¿Qué queda? ¿Qué excusa le queda a la SGAE y a todas las empresas "en defensa de los derechos de autor"? Poca cosa, a decir verdad. En Estados Unidos se han intentado métodos tan patéticos como la comparación entre compartir archivos y el comunismo, socialmente equivalente al Mal en EE. UU.


Entonces llegamos al único razonamiento posible: compartir es ilegal. Compartir archivos, aunque sea sin ánimo de lucro y sin modificar el archivo en cuestión, es ilegal. ¿Cuál es el problema para aquellos que lo afirman? Que hasta ahora la ley y por supuesto la lógica nos dicen que eso no es cierto.

Compartir es legal. Y es hora de que todos nos demos cuenta de ello.

Respecto a David Bravo, debo decir que él podrá explicar la legalidad de la compartición de archivos mucho mejor de lo que yo podré jamás. Podéis leerle en su blog anteriormente citado, y también podéis verle en Youtube. Os recomiendo, sin lugar a dudas, sus intervenciones en el programa "Noche sin tregua", pero hay por ahí muchos otros vídeos suyos muy informativos y también entretenidos, como su carta a Zapatero. Aunque no sea el rey de los monólogos, es entretenido escucharle y la verdad es que la ley -e insisto, el sentido común- respaldan sus afirmaciones.

Blog en nueva dirección

El blog Ciudadanos del mundo se ha trasladado a una dirección más adecuada. Aunque sólo pretendía ser provisional, la dirección en cm-pensar ha durado mucho ahí, más de lo que hubiéramos querido. De hecho, algunos interpretaron el título como "Cómo pensar" en vez de "Ciudadanos del Mundo - Pensar", en referencia al cariz pensativo, reflexivo, de nuestros artículos. La dirección actual es más directa y lógica: ciudadanosmundo. Por lo tanto, podréis encontrar la página en http://ciudadanosmundo.blogspot.com