Nos gusta la guerra. Somos belicosos. Nos gusta la guerra porque se nos da bien. ¿Y sabéis por qué se nos da bien? Porque hemos tenido mucha práctica. Este país solo tiene doscientos años y ya hemos tenido diez guerras trascendentales. De media, tenemos una guerra cada veinte años. ¡Así que se nos da bien! Y menos mal, porque todo lo demás ya no se nos da bien: ¡no podemos construir un coche decente, ni hacer que una televisión o un reproductor de vídeo funcione, joder! No nos queda industria siderúrgica, no podemos educar a nuestros jóvenes, no podemos dar asistencia médica a los mayores, ¡pero podemos bombardear vuestro país, ¿vale?!
Especialmente si vuestro país está repleto de "marrones". Es nuestro nuevo trabajo en el mundo: bombardear marrones. Iraq, Panamá, Granada, Libia... ¿Tenéis marrones en vuestro país? ¡Decidles que tengan cuidado o les bombardearemos! ¿Cuáles son los últimos blancos que atacamos? ¿Podéis recordar la última vez? ¿Podéis recordar si lo hemos hecho alguna vez? ¡Los alemanes! Fueron los únicos, y solo fue porque estaban metiéndose en nuestro camino; querían dominar el mundo. ¡Y una mierda: ese es nuestro trabajo! ¡Ese es nuestro trabajo!
Ya os habréis dado cuenta de que no pienso lo que se supone que debería acerca de la guerra, como el gobierno estadounidense nos ordena que pensemos. Mi mente no funciona así: tiendo a hacer esa estupidez llamada... ¡Pensar! Y no soy un buen estadounidense porque me gusta formarme mis propias opiniones. No me limito a sucumbir cuando se me ordena. Por desgracia, la mayoría de estadounidenses lo hacen al instante. Yo vivo con ciertas reglas: primero, no creo nada que me diga el gobierno. Nada. Y no me tomo muy en serio los medios o la prensa de este país, que en el caso de la Guerra del Golfo, no fueron más que empleados sin salario del Departamento de Defensa, y que en su mayoría, funcionan como una especie de agencia de relaciones públicas para el gobierno estadounidense. Así que no les escucho, no creo de verdad en mi país, y amigos, debo deciros que no me ahogo de la emoción con las cintas amarillas y las banderas estadounidenses. Las considero símbolos, y dejo los símbolos para aquellos de mente simple.
Me refiero al hecho de que la guerra se trata de hombres ricos que protegen su propiedad enviando a jóvenes de clase media y baja a morir. Olvidaos de las estúpidas votaciones; los dueños del país no se preocupan por los jóvenes y los pobres. Las elecciones son una farsa: estas y los políticos están ahí para darnos la ilusión de que tenemos libertad de elección. En realidad no la tenemos.
Todo lo importante se ha reducido en elección. Periódicos en la ciudad; antes eran tres o cuatro y ahora uno o dos con el mismo dueño, el cual también posee las estaciones de radio.
Dadles un día de votación anual para que tengan la ilusión de elección sin sentido. Elección sin sentido. Vamos como esclavos diciendo "He votado". Los límites de los debates están establecidos antes de que el debate comience siquiera, y a todos los demás se les margina, haciéndoles parecer comunistas, gente desleal o pirados, y ahora se han inventado lo de las conspiraciones; no se nos debería ni ocurrir siquiera que aquellos que están en el poder puedan unirse para planear. "¡No ocurre; eres un pirado, un entusiasta de la conspiración!".
No hace falta una conspiración oficial cuando los interés convergen. Esta gente fue a las mismas universidades y fraternidades, están en las mismas Juntas Directivas, están en los mismos clubes de campo, tienen intereses comunes. No necesitan preparar una reunión; saben lo que les viene bien, y lo están consiguiendo. Antes había siete compañías petroleras, ahora hay tres, y pronto habrá dos. La elección de lo que realmente importa se ha reducido; dos partidos políticos, un manojo de compañías aseguradoras, media docena de fuentes de información... ¡Pero si quieres un bagel, tienes veintitrés sabores! Tienes la ilusión de la elección; no hay libertad de elección.
George Carlin acerca de la guerra y la política
El gran George Carlin hablando acerca de las no tan grandiosas guerras y políticas de EEUU.
Me niego a estar aterrorizado
Publicado por
LukaNieto
on miércoles, 12 de mayo de 2010
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Documental,
Medios
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Tal como dijo Bill Hicks, se trata de una elección entre el miedo y el amor.
Ahora me dirijo a los anunciantes, a los directores ejecutivos y a los funcionarios públicos, porque sé lo duro que trabajáis para que estemos aterrorizados. Me dirijo a agentes de policía, guardas de seguridad, y a todo aquel que crea tener derecho a mandar sobre otra persona, porque sé que os confundís. Me dirijo a todo trabajador que tema no someterse a un gobierno corrupto y al sistema laboral, ya que su supervivencia estará en peligro, porque no están equivocados. Me dirijo a todo aquel que se sienta inquieto, aburrido, o infeliz, porque a la gente le gusta deciros que es vuestra culpa, que el problema está en vuestro interior. No es así. Me dirijo a todo aquel que sepa que ocurre algo repugnante, pero no cree que cambiará jamás. Estáis equivocados. Me dirijo a todo aquel que, con mucha razón, teme el futuro de nuestro planeta. Todos los días nos dicen como este y nosotros podemos ser destruidos, ya sea a través de un desastre medioambiental, o a través de armas nucleares y guerra química. No hablan de soluciones y no ofrecen esperanza. Yo espero poder hacerlo.
Hoy he oído casualmente como una joven mujer le decía a su compañero de trabajo que a veces se despierta llorando. No sabe por qué, pero no puede evitarlo. Emigró aquí recientemente, tiene un marido y dos hijos, y no entendía como aún con una vida aparentemente tan perfecta, podía pasarse mañanas llorando en la ducha, antes de serenarse para llevar a los hijos al colegio e ir a trabajar. La conversación no iba conmigo, pero quería decirle que le entendía, que su dolor está justificado, pero que tiene elección -justo como todos nosotros, tal como dijo Bill Hicks- entre el miedo y el amor. Y me niego a estar aterrorizado.
Nos recomiendan... y traducen
De vez en cuando alguien enlaza a este espacio perdido, y entonces una sonrisa cruza mi rostro. Uno disfruta escribiendo, pero disfruta más si tiene la confirmación de que alguien lee lo escrito, y lo que es más, que les gusta tanto que lo recomiendan por la red.
¿Y qué ocurre entonces cuando traducen al catalán nuestro artículo más largo?
La sensación es, digámoslo con cierta compostura, casi orgásmica: cuando un amigo me ha comentado que ayer mismo un colega suyo había traducido el ensayo de la Economía Basada en Recursos y colgado tanto en un foro como en su blog, me he quedado primero estupefacto y luego... casi pego saltitos. Gracias al colega de mi compañero Theck, llamado "Bushido" en el foro "racó catalá".
Así a uno le dan ganas de seguir escribiendo.
¿Y qué ocurre entonces cuando traducen al catalán nuestro artículo más largo?
La sensación es, digámoslo con cierta compostura, casi orgásmica: cuando un amigo me ha comentado que ayer mismo un colega suyo había traducido el ensayo de la Economía Basada en Recursos y colgado tanto en un foro como en su blog, me he quedado primero estupefacto y luego... casi pego saltitos. Gracias al colega de mi compañero Theck, llamado "Bushido" en el foro "racó catalá".
Así a uno le dan ganas de seguir escribiendo.
El contrato - Sumision voluntaria... ¿Aceptas?
Publicado por
Borja Oyón
on jueves, 29 de abril de 2010
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Documental,
Economía / Monetarismo,
Medios,
Salud,
Sistema
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Al no hacer nada, todos firmamos implícitamente un contrato.
1) Acepto la competición como base de nuestro sistema, aunque sea consciente de que engendra frustracion y cólera a la inmensa mayoría de los perdedores.
2) Acepto que me humillen o me exploten a condición de que se me permita humillar o explotar al que ocupe un lugar inferior en la pirámide social.
3) Acepto la exclusión social de los marginados, de los inadaptados y de los débiles porque considero que la carga que puede asumir la sociedad tiene sus límites.
4) Acepto remunerar a los bancos para que inviertan mi sueldo a su conveniencia y que no me den ningún dividendo de sus gigantescas ganancias, que servirán para desvalijar países pobres, hecho que acepto implícitamente. Acepto también que me descuenten una fuerte comisión por prestarme dinero, dinero que proviene exclusivamente de los otros clientes.
5) Acepto que congelemos o tiremos toneladas de comida para que la Bolsa no se derrumbe, en vez de ofrecérsela a los necesitados y hacer que cientos de miles de personas no mueran de hambre cada año.
6) Acepto que sea ilegal poner fin a tu propia vida rápidamente. Para compensar, tolero que se haga lentamente, inhalando o ingiriendo sustancias tóxicas autorizadas por los gobiernos.
7) Acepto que se haga la guerra para así hacer reinar la paz. Acepto que en nombre de la paz, el primer gasto de los Estados sea el de Defensa. Acepto pues que los conflictos sean creados artificialmente para deshacerse del stock de armas y alimentar así la economía mundial.
8) Acepto la hegemonía del petróleo en nuestra economía, aunque sea una energía muy costosa y contaminante, y estoy de acuerdo en impedir todo intento de sustitución si se desvelara que hemos descubierto un medio gratuíto e ilimitado de producir energía, lo cual sería nuestra perdición.
9) Acepto que se condene el asesinato de otro humano, salvo que los gobiernos decreten que es un enemigo y me animen a matarlo.
10) Acepto que se divida la opinión pública creando partidos de derecha y de izquierda, que se dedicarán a pelearse entre sí haciéndome creer que el sistema avanza. Además acepto toda clase de división posible con tal que me permitan dirigir mi cólera hacia los enemigos designados cuando se agiten sus retratos ante mis ojos.
11) Acepto que el poder de moldear la opinión pública, antes ostentado por las religiones, esté hoy en manos de hombres de negocios no elegidos democráticamente que son totalmente libres de controlar los Estados, porque estoy convencido del buen uso que harán con él.
12) Acepto que la felicidad se reduce a la comodidad, al amor al sexo, y la libertad para satisfacer todos los deseos, porque es lo que me repite la publicidad cada día. Cuanto más infeliz soy más consumiré. Cumpliré mi papel contribuyendo al buen funcionamiento de nuestra economía.
13) Acepto que el valor de una persona se mida según su cuenta bancaria, que se aprecie su utilidad en función de su productividad y no de sus cualidades, y que sea excluído del sistema si ya no es suficientemente productivo.
14) Acepto que se recompense generosamente a jugadores de fútbol y a actores, y mucho menos a profesores y médicos encargados de la educación y de la salud de las futuras generaciones.
15) Acepto que se destierre de la sociedad a las personas mayores cuya experiencia podría sernos útil, pues, como somos la civilización más evolucionada del planeta (y sin duda del universo), sabemos que la experiencia ni se comparte ni se transmite.
16) Acepto que se me presenten noticias negativas y aterradoras del mundo todos los días, para que aprecie hasta qué punto nuestra situación es normal y cuánta suerte tengo de vivir en Occidente. Sé que mantener el miedo en mi espíritu sólo puede ser beneficioso para mí.
17) Acepto que los industriales, militares y políticos celebren reuniones regularmente para, sin consultarnos, tomar decisiones que comprometen el porvenir de la vida y del planeta.
18) Acepto consumir carne bovina tratada con hormonas sin que se me avise explícitamente. Acepto que el cultivo de OGMs se propague por todo el mundo, permitiendo así a las multinacionales agro-alimentarias patentar seres vivos, amasar enormes ganancias, y tener bajo su yugo a la agricultura mundial.
19) Acepto que los bancos internacionales presten dinero a los países que quieren armarse y combatir, y que así elijan los que harán la guerra y los que no. Soy consciente de que es mejor financiar a los dos bandos para estar seguros de ganar dinero y prolongar los conflictos el mayor tiempo posible para poder arrebatar por completo sus recursos si no pueden reembolsar sus préstamos.
20) Acepto que las multinacionales se abstengan de aplicar los progresos sociales de Occidente en los países desfavorecidos, considerando que ya es una suerte para ellos que los hagan trabajar. Prefiero que se utilicen las leyes vigentes en estos países que permiten hacer trabajar a niños en condiciones inhumanas y precarias. En nombre de los derechos humanos y del cuidadano, no tenemos derecho a la injerencia.
21) Acepto que los políticos puedan ser de honestidad dudosa y tal vez incluso corruptos. Además, creo que es normal en vista de la presión que sufren. Para la mayoría, en cambio, conviene la Tolerancia Cero.
22) Acepto que los laboratorios farmacéuticos e industrias agro-alimentarias vendan en los países desfavorecidos productos caducados o utilicen substancias cancerígenas prohibidas en Occidente.
23) Acepto que el resto del planeta (es decir, cuatro mil milliones de individuos) pueda pensar de otro modo a condición de que no vengan a expresar sus creencias en nuestra casa, y todavía menos a intentar explicar nuestra Historia con sus nociones filosóficas primitivas.
24) Acepto que existen sólo dos posibilidades en la naturaleza, a saber: cazar o ser cazado, y si estamos dotados de conciencia y lenguaje, ciertamente no es para escapar de esa dualidad, sino para justificar por qué actuamos de ese modo.
25) Acepto considerar nuestro pasado como una como una continuación ininterrumpida de conflictos, de conspiraciones políticas y de voluntades hegemónicas, pero sé que hoy todo esto ya no existe porque estamos en el súmmum de nuestra evolución, y que las reglas que rigen nuestro mundo son la búsqueda de la felicidad y de la libertad para todos los pueblos, como lo oímos sin cesar en nuestros discursos políticos.
26) Acepto sin discutir y considero como verdad todas las teorías propuestas para la explicación de los misterios de nuestros orígenes. Y acepto que la naturaleza haya dedicado millones de años para crear a un ser humano cuyo único pasatiempo es la destrucción de su propia especie en unos instantes.
27) Acepto la búsqueda del beneficio como fin supremo de la Humanidad y la acumulación de riqueza como realización de la vida humana.
28) Acepto la destrucción de los bosques, la casi desaparición de los peces en los ríos y océanos. Acepto el aumento de la contaminación industrial y la dispersión de venenos químicos y de elementos radiactivos en la naturaleza. Acepto la utilizacion de toda clase de aditivos químicos en mi alimentación, porque estoy convencido de que si se añaden es porque son útiles e inocuos.
29) Acepto la guerra económica que castiga brutalmente al planeta, aunque sienta que nos lleva hacia una catástrofe sin precedentes.
30) Acepto esta situación, y supongo que no puedo hacer nada para cambiarla o mejorarla.
31) Acepto ser tratado como ganado porque definitivamente pienso que no valgo más.
32) Acepto no plantear ninguna cuestión, cerrar los ojos a todo esto y no formular ninguna oposición verdadera, porque estoy demasiado ocupado con mi vida y mis preocupaciones. Acepto incluso defender a muerte este contrato si me lo piden.
33) Acepto pues, con toda mi alma y conciencia y definitivamente, esta triste matriz que ponen delante de mis ojos para evitar que vea la realidad de las cosas. Sé que todos ustedes actúan por mi bien, y por el de todos, y por ello les doy las gracias.
"Crimes Against Logic" de James Whyte
Publicado por
LukaNieto
on sábado, 24 de abril de 2010
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Lectura recomendada,
Lógica y Razón
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"Crimes Against Logic: Exposing the Bogus Arguments of Politicians, Priests, Journalists, and Other Serial Offenders" es un gran libro de James Whyte, conferenciante de filosofía en Cambridge, cuyo propósito se recoge en su largo título, merecedor del ensayo científico más técnico: exponer los argumentos falsos de los políticos, sacerdotes, periodistas y otros criminales en serie. En otras palabras, James Whyte da un repaso a las falacias de la lógica más comunes, para exponer los crímenes contra la lógica.
Para los que no dominen el inglés, antes de ofrecer mi recomendación dejaré caer un aviso: la obra no está traducida a nuestro idioma. Dicho esto, y para los que puedan arreglárselas en inglés (aunque no es en absoluto complicado de leer), mi recomendación es casi absoluta.
No del todo, y por una buena razón. Veréis, el título es bastante engañoso, ya que en realidad ofrece muy poca polémica en torno a personajes de la política, religión, periodismo y otras profesiones públicas con miembros que tienden a mentir y a manipular la verdad. En otras palabras: su esquema de exponer una falacia lógica y luego usar un ejemplo hipotético con los personajes Jack y Jill es vital, pero supone un enorme anti clímax si luego no se aplica lo aprendido a algún ejemplo real con el que podamos relacionarnos emocionalmente, con el que podamos conectarnos a la realidad. Por desgracia, sólo lo hace en contadas ocasiones, a pesar de lo que sugiere el título y también afirman la mayoría de las críticas: "Desenmascara a sangre fría fallos lógicos y puros sinsentidos con un estilo furioso y agudo". Es cierto que podemos percibir un tono sarcástico a lo largo de todo este gran ensayo, pero no es furioso ni particularmente polémico.
Aún y todo, no deja de ser uno de los mejores libros que he leído últimamente. Es fácil de leer, entretenido, en ocasiones realmente divertido y sobre todo esclarecedor: tanto como si ya estáis al tanto de las falacias lógicas más comunes como si no, tras leer Crimes Against logic no podréis dejar de ver los patéticos argumentos que usamos en la vida diaria, por todas partes, y a todas horas. Y aunque ciertamente sirve para desenmascarar argumentos fallidos ajenos, personalmente me ha servido para argumentar mis ideas de forma más lógica.
James Whyte trata doce falacias y sinsentidos de la lógica a lo largo de doce capítulos: el derecho a opinar, la apelación a las motivaciones y a la autoridad, prejuicios, las distintas formas de hacerte callar sin rebatir realmente tu argumento, palabras vanas, inconsistencia, la equivocación, la petición de principio, la coincidencia, las estadísticas y finalmente la fiebre moral; todo ello dividido a su vez en sub-temas más específicos.
Como he dicho, comenzamos con el "derecho a opinar", y precisamente, eso tiene muchísimo que ver con la comodidad de la mentalidad relativista, que acepta todos los argumentos subjetivos para evitar ideas conflictivas. Si esta mentalidad estuviera 'cableada' en nuestro cerebro, las ideas nunca se desarrollarían sin poder distinguir las buenas de las malas y seguiríamos adoptando concepciones tan antiguas como la humanidad misma. Tan antiguas, y también erróneas, concepto que los relativistas no aceptan y por el que se rige esta falacia del "derecho a opinar": sí, todos lo tenemos, pero eso no significa que no estemos equivocados.
El autor ahonda más allá en esta noción y la disecciona de una forma que a mí ni se me había pasado por la cabeza, jamás. Básicamente, afirma que la falacia del "derecho a opinar" no yace en la posibilidad de que podamos equivocarnos, sino en que el tema de polémica cambia: si al principio se discutía acerca de qué idea era cierta, tras sacar la bandera del "derecho a opinar", lo que hacemos es cambiar de tema por completo. Esta carta de comodín no resuelve el problema sino que lo evita, lo aplaza y por lo general da por terminada la discusión, ya que, ¡¿cómo va a sostener uno que el otro no tiene derecho a opinar?! Por supuesto, en realidad no se trata de eso.
Para los que no dominen el inglés, antes de ofrecer mi recomendación dejaré caer un aviso: la obra no está traducida a nuestro idioma. Dicho esto, y para los que puedan arreglárselas en inglés (aunque no es en absoluto complicado de leer), mi recomendación es casi absoluta.
No del todo, y por una buena razón. Veréis, el título es bastante engañoso, ya que en realidad ofrece muy poca polémica en torno a personajes de la política, religión, periodismo y otras profesiones públicas con miembros que tienden a mentir y a manipular la verdad. En otras palabras: su esquema de exponer una falacia lógica y luego usar un ejemplo hipotético con los personajes Jack y Jill es vital, pero supone un enorme anti clímax si luego no se aplica lo aprendido a algún ejemplo real con el que podamos relacionarnos emocionalmente, con el que podamos conectarnos a la realidad. Por desgracia, sólo lo hace en contadas ocasiones, a pesar de lo que sugiere el título y también afirman la mayoría de las críticas: "Desenmascara a sangre fría fallos lógicos y puros sinsentidos con un estilo furioso y agudo". Es cierto que podemos percibir un tono sarcástico a lo largo de todo este gran ensayo, pero no es furioso ni particularmente polémico.
Aún y todo, no deja de ser uno de los mejores libros que he leído últimamente. Es fácil de leer, entretenido, en ocasiones realmente divertido y sobre todo esclarecedor: tanto como si ya estáis al tanto de las falacias lógicas más comunes como si no, tras leer Crimes Against logic no podréis dejar de ver los patéticos argumentos que usamos en la vida diaria, por todas partes, y a todas horas. Y aunque ciertamente sirve para desenmascarar argumentos fallidos ajenos, personalmente me ha servido para argumentar mis ideas de forma más lógica.
James Whyte trata doce falacias y sinsentidos de la lógica a lo largo de doce capítulos: el derecho a opinar, la apelación a las motivaciones y a la autoridad, prejuicios, las distintas formas de hacerte callar sin rebatir realmente tu argumento, palabras vanas, inconsistencia, la equivocación, la petición de principio, la coincidencia, las estadísticas y finalmente la fiebre moral; todo ello dividido a su vez en sub-temas más específicos.
Como he dicho, comenzamos con el "derecho a opinar", y precisamente, eso tiene muchísimo que ver con la comodidad de la mentalidad relativista, que acepta todos los argumentos subjetivos para evitar ideas conflictivas. Si esta mentalidad estuviera 'cableada' en nuestro cerebro, las ideas nunca se desarrollarían sin poder distinguir las buenas de las malas y seguiríamos adoptando concepciones tan antiguas como la humanidad misma. Tan antiguas, y también erróneas, concepto que los relativistas no aceptan y por el que se rige esta falacia del "derecho a opinar": sí, todos lo tenemos, pero eso no significa que no estemos equivocados.
El autor ahonda más allá en esta noción y la disecciona de una forma que a mí ni se me había pasado por la cabeza, jamás. Básicamente, afirma que la falacia del "derecho a opinar" no yace en la posibilidad de que podamos equivocarnos, sino en que el tema de polémica cambia: si al principio se discutía acerca de qué idea era cierta, tras sacar la bandera del "derecho a opinar", lo que hacemos es cambiar de tema por completo. Esta carta de comodín no resuelve el problema sino que lo evita, lo aplaza y por lo general da por terminada la discusión, ya que, ¡¿cómo va a sostener uno que el otro no tiene derecho a opinar?! Por supuesto, en realidad no se trata de eso.
Capítulo 1, El derecho a opinar, El derecho irrelevante:Este argumento falaz es sólo una fracción de los muchos que el autor estudia. Podría escribir páginas y páginas al respecto, pero si alguien está dispuesto a leerlos, también estará dispuesto a leer el material original traducido. Por tanto, he aquí unas citas con ejemplos que me han llamado la atención, y espero que a vosotros también:
"Jack ha ofrecido cierta opinión; por ejemplo, que el Presidente Bush invadió Iraq para robarle el petróleo, y su amiga Jill no está de acuerdo. Jill ofrece razones para explicar por qué la opinión de Jack es errónea, y tras no poder responder, Jack replica petulantemente que "tiene derecho a opinar".
La falacia yace en que Jack supone que su réplica es de alguna forma una respuesta satisfactoria a las objeciones de Jill, cuando en realidad es completamente irrelevante. Jack y Jill estaban en desacuerdo acerca de la motivación de Bush para invadir Iraq, y Jill dio razones para creer que Jack estaba equivocado. No afirmó que Jack no tenía derecho a opinar erróneamente. Al señalar que tiene derecho a su punto de vista, Jack se ha limitado a cambiar de tema, ya que ha contribuido lo mismo a la pregunta de la invasión como si hubiera señalado que las ballenas son de sangre caliente o que en España llueve principalmente en las planicies.
Como con la mayoría de falacias, una vez vista, es obvia. Dicho con sencillez: si las opiniones sobre las que tenemos derecho pueden ser falsas, tal derecho no puede invocarse para acabar la discusión. No añade nueva información al asunto original; no hace nada para mostrar que la opinión en cuestión es cierta".
Capítulo 6, Palabras vanas:En conclusión, se trata de una gran obra de lógica y recomiendo su lectura a todos aquellos con la mente un poco despierta: no hace falta saber mucho inglés ni conocer un lenguaje culto, y os aseguro que no tenéis porqué saber ningún tecnicismo sobre la 'Lógica' como ciencia didáctica; simplemente, basta con que mostréis un interés mínimo por saber cómo evitar estas falacias lógicas perpetradas tanto por los demás como por nosotros mismos. Si ese es el caso, este libro es para vosotros.
"Afirmar algo con rotundidad es peligroso. Di algo con sencillez y puede que te desautoricen con la misma sencillez. Si Jack afirma que el precio del oro subirá la próxima semana, todos sabremos que se equivocó cuando baje. Si Jack quiere evitar que le descubran, lo predirá con el lenguaje de la consejería financiera, diciendo algo como:
"Si las tasas de interés de EE. UU. se mantienen bajo la cota de referencia del 3% y los sentimientos sobre el mercado permanecen positivos, el oro podría consolidarse a nuevas alturas este nuevo trimestre".La naturaleza condicional de la afirmación es de ayuda. Cuando el precio baje, ¿quién recordará con exactitud cuáles eran las condiciones? Fueran las que fuesen, obviamente no se cumplieron. En este caso, está claro que no se han cumplido si el precio baja, ya que se incluye el estado positivo de los sentimientos del mercado, y la única forma de probar los sentimientos del mercado positivos es si el precio sube.
Así que la predicción de Jack simplemente consiste en que si el precio del oro sube, subirá. Lo cual, a pesar de ser una tautología inútil, es al menos cierto".
Capítulo 8, Equivocación, Soluciones verbales:
"La redefinición, o el deslizarse entre diferentes significados de una misma palabra, no sirve como método gratuito de llegar a conclusiones informativas, o al menos no sin pagar un precio; un precio que se cobra en pruebas y argumentos. [...]
El último gobierno conservador de Gran Bretaña creía que el país se beneficiaría de una población mejor educada. En particular, querían más ciudadanos universitarios. [...] Y entonces llegó el momento del ¡Eureka!: ¿por qué no llamar "universidades" a las escuelas politécnicas? ¡Asombroso! Decenas de nuevas universidades de un solo golpe, y sin gastar casi un centavo. Y así, durante los noventa, la cantidad de universidades en Gran Bretaña casi se duplicó.
El problema de esta política es que no tiene ni un solo efecto en la cantidad o calidad de la educación del país. Por lo tanto, no puede suministrar lo que prometía, o sea, una población mejor educada. Sólo suministra más gente con una placa de educación universitaria".
Capítulo 9, Petición de principio:
"En 1984, apareció una nueva columna en "La Charla del Capellán", [el periódico estudiantil de la Universidad de Auckland]: "La Charla del Capellán Egipcio", donde el autor relataba brevemente las características del dios sol egipcio Amon Ra y de sus colegas. Esta nueva columna no se recibió bien entre la Unión Evangélica del campus, la sociedad para los estudiantes cristianos más entusiastas. Escribieron una carta al periódico exigiendo la retirada de lo que les parecía una dosis semanal de blasfemia.
El editor no les complació. En cambio, escribió una editorial lamentando la falta de tolerancia de la Unión Evangelista. Terminaba con el eslogan: "Creed en lo que queráis, pero tolerad las creencias de los demás". Debió de quedarse a gusto con esta agudeza: tolerante sí, pero firme ante el fanatismo peligroso. Por desgracia, es imposible obedecer esta orden cuando crees que las creencias de otro son intolerables. Que era precisamente lo que creían aquellos cristianos evangelista.
El editor creyó que podía finalizar la disputa entre los cristianos y su periódico sin meterse en debates teológicos. Una llamada general a la tolerancia debía funcionar. Pero en realidad no evitó tomar una posición teológica. Sólo tolerarías "La Charla del Capellán Egipcio" si estuvieras en desacuerdo con los cristianos evangelistas acerca de que esta clase de charla egipcia lleva a las llamas perpetuas del infierno. No sólo no respondió a la objeción de los cristianos evangelistas, sino que el editor dio por sentado que se equivocaban; su súplica de tolerancia da por sentado 'la petición de principio'.
La falacia de 'la petición de principio' consiste en dar por hecho precisamente lo que se está discutiendo, haciéndolo pasar como un argumento que en realidad no es más que la afirmación de tu posición".
Capítulo 12, Fiebre moral:
"De pequeño, en ocasiones les hablaba a mis padres de lo horrible que era tal compañero de clase o cual vecino. Enumeraba sus características más abrumadoras y esperaba a que mis padres gruñeran conformes. Pero nunca cumplieron con lo previsto. En cambio, siempre me ofrecían una hipótesis acerca de por qué aquel capullo había salido así. Sus padres se habían divorciado y se sentía inseguro, su padre le pegaba sin piedad, o algo así.
–Quizás -protestaba yo-, pero explicar por qué es horrible no muestra que no es horrible. Al contrario, da por sentado que lo es. Así que, ¿por qué lo comentáis como si fuera un argumento en contra de lo que yo decía, o sea, que es horrible? -o algo similar.
Parece raro refutar una afirmación explicando por qué es cierta. ¿Cómo puede alguien confundirse tanto como para pensar así? Es culpa de la fiebre moral. Mis padres dieron por hecho que estaba acusando moralmente al chaval en cuestión. Decían que "no era su culpa". Pero yo no le acusaba moralmente más de lo que acusaría a un desierto si dijera que está seco. El desierto no puede evitarlo. Y no obstante, está seco".
¡Apaga la TV!
Publicado por
Borja Oyón
on martes, 13 de abril de 2010
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Filosofía,
Medios,
Presentación
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El otro día, divagando entre la multitud de formas de aplastar el intelecto humano que el Estado tiene en su arsenal, Luka recalcó, probablemente sin esa intención, la masacre intelectual que perpetra la televisión: un aislamiento de la realidad.
Podríamos llamarlo el tercer opio del pueblo, después de la religión y el fútbol, el nuevo circo romano. Por otro lado, es cierto que este último y la televisión van de la mano. De todas formas, aquí os dejo este genial video de José Pablo Feinmann, que trata precisamente ese tema, desde un punto de vista filosófico:
Podríamos llamarlo el tercer opio del pueblo, después de la religión y el fútbol, el nuevo circo romano. Por otro lado, es cierto que este último y la televisión van de la mano. De todas formas, aquí os dejo este genial video de José Pablo Feinmann, que trata precisamente ese tema, desde un punto de vista filosófico:
"Basta ya", texto repartido en Atenas
Publicado por
Borja Oyón
on lunes, 12 de abril de 2010
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Escrito ajeno,
Libertad,
Sociedad
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Aquí os presento una emotiva carta, que aún estando en el contexto específico de los disturbios de Grecia en diciembre de 2008 y aún acarreando consigo sus añitos de antigüedad, podría aplicarse fácilmente al mundo entero de hoy mismo, y seguramente también a lo que está por venir. A día de hoy, en plena crisis económica global y con guerras por doquier, aquellos disturbios, ya olvidados por muchos, pueden considerarse un sintoma más de la enfermedad del sistema.
Los escuchamos cada día en los noticiarios de la tele. Declaraciones, contra declaraciones y después comentarios y todo lo demás de eso que ustedes llaman “nuestra información objetiva”.Se alzaron contra el orden, pero hicieron algo más importante que causar caos: fueron primero testigo y luego prueba fehaciente de que algo no funciona nada bien, y sobre todo de que el pueblo no permenece impasible cuando el sistema no proporciona lo prometido; el pueblo actual quizás tarde más de lo habitual en despertar de nuestro letargo, pero tarde o temprano siempre ocurre.
Basta ya.
Ahora nos van a escuchar a nosotros.
Somos la generación de los 400 euros. De los programas "stage" del organismo de empleo, del trabajo flexible, de la eterna capacitación (siempre con gastos que corren por nuestra cuenta), de la precariedad, de la carestía, de los dos diplomas que no sirven para nada. De la eliminación de nuestros derechos laborales, de nuestra humillación por parte de patrones, políticos y los demás.
Somos la generación que encierran en escuelas, e intentan meter en nuestras cabezas sus nacionalismos, sus prejuicios, su lujuria por la patria, su mentira, su subordinación.
Somos los chavales que humillan y provocan a los antidisturbios, los policías secretos o los guardias especiales y todos los demás policías que hizo su democracia (y puso por todos lados como otro ejército de ocupación) cuando nos encontramos en su camino, los objetos diarios de su abuso del poder.
Somos los heridos de las marchas de los estudiantes y de los alumnos; nuestras cabezas fueron golpeadas contra el asfalto, nuestra dignidad fue eliminada bajo sus botas, nuestras manos fueron quebradas por los machetes, nuestras caras fueron machacadas por sus puñetazos, nuestros pulmones todavía contienen los gases que nos echaron y que están prohibidos según acuerdos internacionales. Moriremos prematuramente porque no estuvimos de acuerdo con las leyes que nos están robando la vida. Somos los detenidos que nos arrastramos en juicios por años, Panagiotis que llevaba zapatos de un color equivocado y se quedó 40 días en la cárcel, Dimitrios Augustinos que pasó por el lugar equivocado en el momento equivocado, los 50 heridos en el hospital Evangelismos el día 8 de marzo de 2007.
Nosotros incendiamos sus bancos. Nosotros nos enfrentamos con la policía. Nosotros destruimos la paz social que están construyendo día y noche lavando el cerebro de los ciudadanos para que obedezcan y se callen. Nosotros seguimos iluminando las noches frías que nos trajeron. Nosotros seguimos ensuciando las paredes con consignas que aunque sus ojos vean nunca llegarán a sus oídos. Nosotros nos vengamos por Alexis en las barricadas el sábado que los buenos ciudadanos burlaban otra vez siguiendo sus conciencias de la violación semanal. No es que nuestras palabras sean crueles. Cruel es su realidad. Alexis fue la gota que hizo desbordar el vaso. Cada noche va a ser de él de aquí en adelante.
Se acabaron sus noches tranquilas.
Péguennos, échennos gases, deténgannos, tírennos balas de goma como las que están disparando desde el sábado, apúntennos con sus pistolas o den tiros al aire (¿o a nosotros tal vez?). Alisten al para-Estado, como están haciendo ahora en Patras, o a esos periodistas siempre dispuestos, la mano larga real del poder. A Pretenteris, Evangelatos, Triantafilopulos, Kapsis, Tremi, Pavlopulos, Papajelas. Y a todos los demás. De ellos depende su éxito. Escondan las imágenes de la brutalidad policial, tapen los escándalos que apestan, aprueben sus medidas antipopulares con “consenso social”.
El lunes en Atenas pusieron a sus agentes a destruir los pequeños comercios. Nosotros los vimos saliendo de las filas de la policía. Hay incluso fotos. Las van a ocultar ellas también, con mucho éxito. Ya sus papagayos, después de los primeros disturbios, repiten bien lo que ustedes les enseñaron.
El martes no respetaron ni siquiera el funeral de Alexis. Mandaron a los antidisturbios a su funeral para provocar a chicos de 15 años. Tiraron gases lacrimógenos y detuvieron a nenes. Ustedes profanaron al mismo niño que asesinaron.
¡Ya basta con las mentiras! No somos los encapuchados ni los conocidos-desconocidos. Somos muchos y estamos furiosos. Ya paren de repetir tonterías. Desde Komotini hasta Janiá, de norte a sur nuestra rabia se desborda. Cayeron con todos los medios que su monstruoso poder dispone a eliminarnos. Con machetes, balas, gases lacrimógenos, medios de comunicación masiva, provocaciones, grupos paraestatales.
No tenemos ilusiones. No tenemos ninguna esperanza. Por eso somos peligrosos. No nos hacemos ilusiones de que vayan a tomar todo esto en cuenta. Todos los días entierran nuestros gritos en su mentira.
Adiós. Nos van a ver desde sus sofás, en sus televisiones. Historia, ahí vamos.
