En Psicología existe un concepto llamado disonancia cognitiva que se refiere a la «tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto». Es decir, se trata de mantener simultáneamente dos ideas incompatibles.
Sin lugar a dudas, esta noción está algo trasnochada para aquellos que conozcan la obra de ficción distópica 1984 de George Orwell. La palabra «doblepensar» es el ejemplo más conocido de la neolengua y, como tal, ha pasado al habla popular, especialmente en inglés como doublethink. Pese a que su uso genérico es similar al caso psicológico, lo dejaremos de lado ya que no nos han de lavar el cerebro para estar afectados por la disonancia cognitiva. Que sea una debilidad humana básica lo convierte en un fenómeno aún más terrorífico.
Si bien las repercusiones sociales son graves, esta tensión psicológica se da a diario en muchos de nosotros personalmente. Uno de los ejemplos postulados es el de fumar: a pesar de que todos queramos llevar una vida larga y sana, muchos fuman con el conocimiento de las consecuencias potencialmente cancerígenas. La salida obvia es dejar de fumar, pero es cierto que ignorar las pruebas de que fumar aumenta las posibilidades de cáncer de pulmón también hará desaparecer la disonancia cognitiva. El cáncer no será tan considerado.
Aunque la verdadera adicción suela tomar el relevo de evitar que se deje de fumar, este choque puramente psicológico suele ser aun más nocivo en los nuevos fumadores. Erróneamente, este choque de ideas suele considerarse preferible a confrontar conscientemente la creencia de «Soy una persona inteligente y racional» con el hecho de «Estoy aumentando mis posibilidades de cáncer». Hacerlo supone un frustrante golpe para el orgullo personal pero es ciertamente menos dañino que el tormento psicológico que supone suplantar la razón por la racionalización. Y el cáncer. No nos olvidemos del cáncer.
De forma no muy distinta a una pandemia, esta afección psicológica se ha extendido desde el individuo a la sociedad. Si bien no es su causa directa, el alza del relativismo social sí que ha posibilitado la intrusión de este caso grave de deshonestidad intelectual. Esta filosofía que defiende la validez de todo sistema cultural y prohíbe valorar de forma distinta ideologías distintas está particularmente presente en la política, donde los estadistas y demás aspirantes al poder intentan complacer al denominador común.
Al popularizarse la lengua diplomática (o «habla políticamente correcta») también la gente de a pie aprende a enredar el idioma y dejarlo vacío de significado para racionalizar el pensamiento relativista. Así surgen nociones contradictorias sin sentido como que las creencias personales del individuo no influirán jamás en su comportamiento y que por tanto no son de mayor importancia para el grupo, ya sea un partido político, un think tank o cualquier otra clase de organización de fines comunes. Esta práctica, revolcada en la más nauseabunda demagogia, tiene éxito en su fin de atraer a más miembros del denominador común -por desgracia, también diluye por completo los ideales originales del grupo.
Aceptar el relativismo no es signo de una mente abierta sino de una profunda confusión de la honestidad intelectual. La valoración diferencial de las ideas es tan importante en la vida diaria y la política como en la ciencia; ignorar que distintos sistemas y prácticas tienen resultados mejores o peores es una muestra espeluznante de doblepensamiento. La tesis que Sam Harris repitió hasta la saciedad en The Moral Landscape debería esclarecer que, aunque no dispongamos de una gradación numérica de qué es éticamente 'mejor' o 'peor', los casos absolutos de total bienestar y total malestar que podemos imaginar nos permiten censurar inequívocamente prácticas como la mutilación genital femenina en ciertas denominaciones del Islam, a pesar de la libertad religiosa.
Dejando de lado el relativismo que tanto daño sigue haciendo, volvamos a uno de sus subproductos principales y la consideración central de este texto: el mantenimiento simultáneo de ideas dispares. Aunque haya quedado descrito como un síntoma de descuido y confusión mentales, todos lo hemos experimentado. Por muy sinceros y claros que seamos con nosotros mismos sobre nuestras ideas, todos hemos sentido esa frustración y enfado internos en el proceso de cambiar radicalmente de opinión. Y es que, si bien es mentira que convencer a alguien a base de razón y hechos es imposible, es muy cierto que raramente verás el cambio ocurrir frente a tus ojos; incluso los más humildes tendrán dificultad en admitir al instante que están equivocados sobre una creencia arraigada.
La disonancia cognitiva surge en ese proceso de transformación mental: a pesar de que ya no mantengamos realmente aquella convicción establecida la seguiremos profesando y haremos todo lo posible por ignorar que ahora creemos algo muy distinto. Nos estancamos. Dejamos de razonar y empezamos a racionalizar. Lo experimenté personalmente al dejar de creer en pseudociencias: profesaba la creencia aunque en el fondo supiera que no podía creer en prácticas con pretensiones científicas que no estaban respaldadas por pruebas.
Sin lugar a dudas fue la época más frustrante e infeliz de mi vida. No puedo ni imaginar cómo será para aquellos que no solo la padecen al cambiar de paradigma sino que viven a diario con esa disonancia tamborileando en su cabeza. Lo único que puedo hacer es implorar a aquellos que se sientan identificados (aunque estén aterrorizados de admitir eso siquiera) que intenten ser valientes y se admitan la contradicción de ideas que les atormenta.
(Read the English translation: A Clash of Ideas)
Choque de ideas
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LukaNieto
on sábado, 3 de septiembre de 2011
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Gaddafi ha caído
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LukaNieto
on jueves, 25 de agosto de 2011
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Revoluciones árabes
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La última vez que se habló de las revoluciones árabes en "Ciudadanos del Mundo", Siria se encontraba en una 'crisis humanitaria' (que persiste), Egipto volvía a las calles a protestar, y en Libia los rebeldes comenzaban a tomar terreno seguro más allá de Misurata con el apoyo de la OTAN. Está última semana ha sido significativa, y esta vez no porque haya habido un cambio de tornas: los rebeldes han tomado la capital.
Pero no nos engañemos. Al contrario de lo que la mayoría de medios han declarado prematuramente, la guerra no ha terminado. Aunque sea obvio -excepto para los fanáticos- que el régimen de Muammar Gaddafi no tiene futuro, el dictador y sus hijos siguen en libertad y desaparecidos, todavía ofreciendo apoyo moral para el número todavía considerable de partidarios del régimen que sigue por las calles de Tripoli. Muchos morirán todavía en ambos bandos y tantos otros que no han tocado un arma en toda la guerra.
Curiosamente, ahora ocurre con los barrios lo que se daba a lo largo de toda la guerra con las ciudades: pasan de mano en mano sin previsión aparente y por tanto sin predicción posible. Con el apoyo militar de la OTAN y el reconocimiento político de la ONU a sus espaldas, es cuestión de tiempo que los rebeldes y su representante el Consejo Nacional de Transición se hagan con el poder. La cuestión es cuánto tardará Libia en volver a la estabilidad.
Para los lectores habituales de "Ciudadanos del Mundo" quizá quede claro que la estabilidad de un país no es nuestra mayor preocupación. Al fin y al cabo, las revoluciones políticas, económicas y culturales ocurren solo cuando la nación está en crisis. Según parece, la inestabilidad es tristemente necesaria para el avance. Pero en casos como estos, en guerras civiles sinsentido, la estabilidad ha de tomarse en cuenta.
Aunque el vilipendio mediático de Gaddafi y su régimen está más que merecido en cuanto a libertades personales y medidas extremas contra la oposición ideológica, no deja de ser cierto que Libia era un país considerablemente más rico y estable que el resto de naciones de la "Primavera árabe". El régimen tenía estructuras sociales cualitativamente mejores que muchos países occidentales y sin duda mucho mejores de lo que serán tras una guerra civil, sin importar quién acabe en el poder.
Por supuesto, esto no significa que el régimen de Gaddafi deje de ser deplorable y nadie debería tomárselo como una excusa de sus actos. En cambio, muchos lo defienden y racionalizan los actos de Gaddafi creyéndose la propaganda que divulgó el régimen libio al comienzo de las revueltas: por lo visto, los rebeldes no son más que miembros de Al-Qaeda o, según versiones posteriores, mercenarios africanos enviados por occidente. Ni siquiera Gaddafi permanece fiel a esa historia, ya que tacha de "traidores" a los revolucionarios.
Huelga decir que la gran cantidad existente de material audiovisual mediático y amateur descarta esta hipótesis: podemos ver que los luchadores son civiles y ex-militares libios, con testimonios propios y de sus familiares. Las imágenes provenientes de Bengasi, la ciudad convertida en sede del Consejo Nacional de Transición, son especialmente reveladoras. Teniendo en cuenta de qué forma se han ignorado hechos para poder formar hipótesis conspirativas medianamente coherentes, también habrá que esclarecer dos obviedades.
Primero, las revueltas comenzaron debido a la reacción en cadena de Túnez. Esto significa que, hubiera o no agentes provocadores de occidente, como ya ha ocurrido en algunos países y es técnicamente posible, la revuelta era perfectamente legítima. La violenta respuesta militar de Gaddafi a las manifestaciones desarmadas, no tanto. De hecho, la violencia en ambos bandos debe ser criticada. Segundo, y quizás más importante, ni la ONU ni la OTAN querían saber nada del tema e intervenir hasta que acabó por considerarse una guerra civil en condiciones. ¿Cuál es la relevancia de este punto?
Solo hay que comprobar las fechas y el orden de los acontecimientos para demostrar que dicha hipótesis conspirativa no solo es falsa sino puramente imposible. Suponiendo que realmente hubiera agentes alborotadores (aunque no haya pruebas de ello), obviamente no pudieron armar a cientos de miles de personas por sí solos; o una proposición aún más ridícula, traer a cientos de miles de mercenarios africanos que nadie ha visto. Nada de eso fue logísticamente viable hasta que la OTAN apareció en tierra libia; y para cuando eso ocurrió, Bengasi era la ciudad rebelde oficial con un gobierno de transición y ambos bandos luchaban por Misurata. En otras palabras, ya era una guerra civil muchísimo antes de que la OTAN pudiera armar a los rebeldes o traer mercenarios.
La clase de persona que prefiere creer que se trata de una conspiración de la OTAN ignora estos hechos, quizá inconscientemente. Por otro lado, nada de eso excusa a la comunidad internacional: si bien la intervención era justificada para evitar un genocidio en Bengasi, la OTAN y la ONU tendrán que tener cuidado con qué hacen y es muy posible que intenten meterse donde no les llaman. Pero eso es un trato político desagradable, no una conspiración.
Pero no nos engañemos. Al contrario de lo que la mayoría de medios han declarado prematuramente, la guerra no ha terminado. Aunque sea obvio -excepto para los fanáticos- que el régimen de Muammar Gaddafi no tiene futuro, el dictador y sus hijos siguen en libertad y desaparecidos, todavía ofreciendo apoyo moral para el número todavía considerable de partidarios del régimen que sigue por las calles de Tripoli. Muchos morirán todavía en ambos bandos y tantos otros que no han tocado un arma en toda la guerra.
Curiosamente, ahora ocurre con los barrios lo que se daba a lo largo de toda la guerra con las ciudades: pasan de mano en mano sin previsión aparente y por tanto sin predicción posible. Con el apoyo militar de la OTAN y el reconocimiento político de la ONU a sus espaldas, es cuestión de tiempo que los rebeldes y su representante el Consejo Nacional de Transición se hagan con el poder. La cuestión es cuánto tardará Libia en volver a la estabilidad.
Para los lectores habituales de "Ciudadanos del Mundo" quizá quede claro que la estabilidad de un país no es nuestra mayor preocupación. Al fin y al cabo, las revoluciones políticas, económicas y culturales ocurren solo cuando la nación está en crisis. Según parece, la inestabilidad es tristemente necesaria para el avance. Pero en casos como estos, en guerras civiles sinsentido, la estabilidad ha de tomarse en cuenta.
Aunque el vilipendio mediático de Gaddafi y su régimen está más que merecido en cuanto a libertades personales y medidas extremas contra la oposición ideológica, no deja de ser cierto que Libia era un país considerablemente más rico y estable que el resto de naciones de la "Primavera árabe". El régimen tenía estructuras sociales cualitativamente mejores que muchos países occidentales y sin duda mucho mejores de lo que serán tras una guerra civil, sin importar quién acabe en el poder.
Por supuesto, esto no significa que el régimen de Gaddafi deje de ser deplorable y nadie debería tomárselo como una excusa de sus actos. En cambio, muchos lo defienden y racionalizan los actos de Gaddafi creyéndose la propaganda que divulgó el régimen libio al comienzo de las revueltas: por lo visto, los rebeldes no son más que miembros de Al-Qaeda o, según versiones posteriores, mercenarios africanos enviados por occidente. Ni siquiera Gaddafi permanece fiel a esa historia, ya que tacha de "traidores" a los revolucionarios.
Huelga decir que la gran cantidad existente de material audiovisual mediático y amateur descarta esta hipótesis: podemos ver que los luchadores son civiles y ex-militares libios, con testimonios propios y de sus familiares. Las imágenes provenientes de Bengasi, la ciudad convertida en sede del Consejo Nacional de Transición, son especialmente reveladoras. Teniendo en cuenta de qué forma se han ignorado hechos para poder formar hipótesis conspirativas medianamente coherentes, también habrá que esclarecer dos obviedades.
Primero, las revueltas comenzaron debido a la reacción en cadena de Túnez. Esto significa que, hubiera o no agentes provocadores de occidente, como ya ha ocurrido en algunos países y es técnicamente posible, la revuelta era perfectamente legítima. La violenta respuesta militar de Gaddafi a las manifestaciones desarmadas, no tanto. De hecho, la violencia en ambos bandos debe ser criticada. Segundo, y quizás más importante, ni la ONU ni la OTAN querían saber nada del tema e intervenir hasta que acabó por considerarse una guerra civil en condiciones. ¿Cuál es la relevancia de este punto?
Solo hay que comprobar las fechas y el orden de los acontecimientos para demostrar que dicha hipótesis conspirativa no solo es falsa sino puramente imposible. Suponiendo que realmente hubiera agentes alborotadores (aunque no haya pruebas de ello), obviamente no pudieron armar a cientos de miles de personas por sí solos; o una proposición aún más ridícula, traer a cientos de miles de mercenarios africanos que nadie ha visto. Nada de eso fue logísticamente viable hasta que la OTAN apareció en tierra libia; y para cuando eso ocurrió, Bengasi era la ciudad rebelde oficial con un gobierno de transición y ambos bandos luchaban por Misurata. En otras palabras, ya era una guerra civil muchísimo antes de que la OTAN pudiera armar a los rebeldes o traer mercenarios.
La clase de persona que prefiere creer que se trata de una conspiración de la OTAN ignora estos hechos, quizá inconscientemente. Por otro lado, nada de eso excusa a la comunidad internacional: si bien la intervención era justificada para evitar un genocidio en Bengasi, la OTAN y la ONU tendrán que tener cuidado con qué hacen y es muy posible que intenten meterse donde no les llaman. Pero eso es un trato político desagradable, no una conspiración.
Violencia durante la visita del papa
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LukaNieto
on viernes, 19 de agosto de 2011
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La visita a España de Joseph Alois Ratzinger, el octogenario papa de la Iglesia Católica, traía polémica antes incluso de ocurrir. Al fin y al cabo, no se trata solo de la visita en sí: en este estado no confesional pero mayoritariamente católico, es comprensible el rechazo popular de las quejas laicas sobre la visita del líder del Vaticano. El verdadero problema yace en el increíble gasto público en un país al borde de la quiebra que difícilmente hará frente al reciente desplome de los mercados mundiales.
El estado español ha pagado la mitad de los 50 millones de euros que se han gastado en esta concentración religiosa, ocupándose de la otra mitad la Jornada Mundial de la Juventud, que obviamente debería ocuparse de todos los gastos (por supuesto, se da por hecho que el Vaticano no soltará ni un solo céntimo de su grandilocuente riqueza).
Y aun así, la mayor polémica no llegó hasta el miércoles. Si mis cálculos son correctos, un vídeo vale más que un millón de palabras, así que una vez visto no hará falta decir que la policía se tomó ciertas libertades con la manifestación laica perfectamente legal que se había organizado en contra de la visita papal. Hubo ocho detenidos y once heridos.
En el próximo vídeo en particular puede verse a la policía distinguiendo entre los peregrinos de la visita y a los laicos de la manifestación en contra de la financiación pública. Por supuesto, mal parada sale una mujer joven que se encara a un policía y por ello recibe un puñetazo y varios golpes, seguido de un trato peor todavía a un fotógrafo que tuvo la mala suerte de ser observado haciendo su trabajo.
Aunque podéis leer un complemento bastante informativo de lo ocurrido en el vídeo y un testimonio personal del fotógrafo, no es más que un ejemplo de lo ocurrido, unos pocos segundos de violencia que por suerte han quedado particularmente bien registrados. La prensa apenas ha mostrado lo ocurrido y curiosamente han sido los medios internacionales los que han mostrado la represión sin censura.
Al menos estamos acostumbrados a recibir una justificación irracional o con suerte una censura superficial por parte del gobierno, pero, ¿qué ha ocurrido esta vez? Ni siquiera eso. Hoy, a través de su portavoz José Blanco el gobierno ha declarado que la actuación de la policía "ha estado apegada a la ley". Específicamente, Blanco ha afirmado sin vergüenza alguna y en total contradicción a hechos constatados que no ha habido ningún exceso por parte de la policía, descartando explícitamente una investigación oficial al respecto.
Lo más frustrante de la situación es que los medios laicos se han centrado en censurar las acciones de la policía, cuando ese no es el problema en absoluto. Las debilidades humanas se ponen en evidencia en trabajos tensos como los de las fuerzas policiales, y aunque sus acciones han sido más que deplorables, es el gobierno en quien recae la responsabilidad de censurar lo ocurrido y evitar que vuelva a ocurrir.
En su lugar, han ignorado los hechos y han escupido a la cara de la honestidad periodística.
(Read in English)
El estado español ha pagado la mitad de los 50 millones de euros que se han gastado en esta concentración religiosa, ocupándose de la otra mitad la Jornada Mundial de la Juventud, que obviamente debería ocuparse de todos los gastos (por supuesto, se da por hecho que el Vaticano no soltará ni un solo céntimo de su grandilocuente riqueza).
Y aun así, la mayor polémica no llegó hasta el miércoles. Si mis cálculos son correctos, un vídeo vale más que un millón de palabras, así que una vez visto no hará falta decir que la policía se tomó ciertas libertades con la manifestación laica perfectamente legal que se había organizado en contra de la visita papal. Hubo ocho detenidos y once heridos.
En el próximo vídeo en particular puede verse a la policía distinguiendo entre los peregrinos de la visita y a los laicos de la manifestación en contra de la financiación pública. Por supuesto, mal parada sale una mujer joven que se encara a un policía y por ello recibe un puñetazo y varios golpes, seguido de un trato peor todavía a un fotógrafo que tuvo la mala suerte de ser observado haciendo su trabajo.
Aunque podéis leer un complemento bastante informativo de lo ocurrido en el vídeo y un testimonio personal del fotógrafo, no es más que un ejemplo de lo ocurrido, unos pocos segundos de violencia que por suerte han quedado particularmente bien registrados. La prensa apenas ha mostrado lo ocurrido y curiosamente han sido los medios internacionales los que han mostrado la represión sin censura.
"No era capaz de comprender lo que había pasado, creía que en un estado “moderno” como el nuestro no pasaban estas cosas. Que no se apaleaba a la prensa por hacer fotografías. Que no se dejaba a su suerte a una persona en la calle tras haberle propinado un porrazo en la nuca que hizo que se desplomara. Creía… ingenuo.Además de dejar en evidencia el triste estado de la retrógrada y tradicionalista cultura española, las imágenes de la carga y acoso policial nos recuerdan que las libertades de prensa y de expresión son relativas: como ya ocurrió recientemente durante las manifestaciones del 15M y 19J, la policía no duda en arrebatar ese derecho al ciudadano común cuando este ha tenido la mala idea de inmortalizar el momento de brutalidad policial.
Ahora te hablo a tí, señor policía con agentes a su cargo y con la mano ligerita. Has intentado callarme, evitar que hiciera el trabajo que amo, el que me permite denunciar abusos como los tuyos. Has intentado coartar mi libertad de expresión. Has intentado que borrara las fotografías que probaban tu brutalidad. Has intentado quitarme mi herramienta de trabajo a base de porrazos. A pesar de todas estas ilegalidades manifiestas, ¿sabes qué, amigo de las FCSE?. No te guardo rencor más allá del dolor físico. Solo lo has intentado, no lo has conseguido ni lo conseguirás. Al revés, me has dado alas. Alas para confirmar que es esto lo que he querido hacer durante toda mi vida. Alas que me permitirán seguir denunciando injusticias como las que perpretas bajo tu placa… ah, no que no tenías".
Al menos estamos acostumbrados a recibir una justificación irracional o con suerte una censura superficial por parte del gobierno, pero, ¿qué ha ocurrido esta vez? Ni siquiera eso. Hoy, a través de su portavoz José Blanco el gobierno ha declarado que la actuación de la policía "ha estado apegada a la ley". Específicamente, Blanco ha afirmado sin vergüenza alguna y en total contradicción a hechos constatados que no ha habido ningún exceso por parte de la policía, descartando explícitamente una investigación oficial al respecto.
Lo más frustrante de la situación es que los medios laicos se han centrado en censurar las acciones de la policía, cuando ese no es el problema en absoluto. Las debilidades humanas se ponen en evidencia en trabajos tensos como los de las fuerzas policiales, y aunque sus acciones han sido más que deplorables, es el gobierno en quien recae la responsabilidad de censurar lo ocurrido y evitar que vuelva a ocurrir.
En su lugar, han ignorado los hechos y han escupido a la cara de la honestidad periodística.
(Read in English)
Masacre en Noruega
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LukaNieto
on sábado, 23 de julio de 2011
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A excepción de mantenernos al día con las manifestaciones europeas y revoluciones árabes, en "Ciudadanos del Mundo" solemos ignorar sucesos actuales, ya que nuestro fin no es dar noticias y en general es más prudente analizar los hechos una vez estén asentados.
Por otro lado, hay sucesos por los que no se puede esperar. Ayer, 22 de julio de 2011, se cree que fue un noruego llamado Anders Behring Breivik quien colocó varios explosivos alrededor de varios edificios gubernamentales. Murieron siete personas. Horas después, en la isla de Utøya, el mismo hombre arremetió contra un campamento de verano para la juventud. Apareció disfrazado de policía para atraer a los jóvenes. Algunos intentaron huir por el agua. No lo consiguieron. También se encontraron explosivos, afortunadamente no detonados. Aun así, murieron casi ochenta personas, la mayoría niños.
Aunque el presunto terrorista (que sin duda cometió la masacre de Utøya pero es solo sospechoso de las bombas en la capital) no haya ofrecido ninguna declaración, parece ser que los ataques fueron de motivación político-religiosa: Anders Behring Breivik es un conservador nacionalista cristiano y los objetivos han sido el edificio gubernamental del partido de coalición de izquierdas y un campamento de verano para AUF, la liga de juventudes trabajadoras del Partido Laborista Noruego.
Así que parece que fue un extremista de la derecha y fundamentalista cristiano quien llevó a cabo estos atentados que han acabado con la vida de casi un centenar de personas, la inmensa mayoría de ellos adolescentes. Incluso en el mundo en el que vivimos es difícil de aceptar que una sola persona pudiera desencadenar tal masacre, pero así parece ser.
Aun no han salido a la luz todos los hechos y ni siquiera ha terminado el recuento de muertos, pero parece prudente afirmar que no hay más que decir. Aunque sea difícil aceptar el golpe, especialmente para un país pacífico como Noruega, y seguramente los medios se empaparán en tinta durante las próximas semanas, la realidad es que seguramente no habrá mucho más de lo que hablar: un fanático político-religioso de la derecha extrema se tomó su dosis habitual de fanatismo y ello le llevó a donde solo la irracionalidad puede llevarnos.
En conclusión, si bien daremos la bienvenida a una reexaminación de los valores que demasiados dan por hecho, parece que este hombre actuó solo, por desgracia para los forofos de una buena narrativa conspiratoria y afortunadamente para el resto. Además, teniendo en cuenta el historial de Noruega, seguramente nada parecido vuelva a repetirse en mucho tiempo. Esta tragedia quizás termine con un mensaje por parte del primer ministro noruego muy opuesto a la respuesta estadounidense tras el 11 de septiembre de 2011: "Nuestra respuesta a la violencia será más democracia".
Por otro lado, hay sucesos por los que no se puede esperar. Ayer, 22 de julio de 2011, se cree que fue un noruego llamado Anders Behring Breivik quien colocó varios explosivos alrededor de varios edificios gubernamentales. Murieron siete personas. Horas después, en la isla de Utøya, el mismo hombre arremetió contra un campamento de verano para la juventud. Apareció disfrazado de policía para atraer a los jóvenes. Algunos intentaron huir por el agua. No lo consiguieron. También se encontraron explosivos, afortunadamente no detonados. Aun así, murieron casi ochenta personas, la mayoría niños.
Aunque el presunto terrorista (que sin duda cometió la masacre de Utøya pero es solo sospechoso de las bombas en la capital) no haya ofrecido ninguna declaración, parece ser que los ataques fueron de motivación político-religiosa: Anders Behring Breivik es un conservador nacionalista cristiano y los objetivos han sido el edificio gubernamental del partido de coalición de izquierdas y un campamento de verano para AUF, la liga de juventudes trabajadoras del Partido Laborista Noruego.
Así que parece que fue un extremista de la derecha y fundamentalista cristiano quien llevó a cabo estos atentados que han acabado con la vida de casi un centenar de personas, la inmensa mayoría de ellos adolescentes. Incluso en el mundo en el que vivimos es difícil de aceptar que una sola persona pudiera desencadenar tal masacre, pero así parece ser.
Aun no han salido a la luz todos los hechos y ni siquiera ha terminado el recuento de muertos, pero parece prudente afirmar que no hay más que decir. Aunque sea difícil aceptar el golpe, especialmente para un país pacífico como Noruega, y seguramente los medios se empaparán en tinta durante las próximas semanas, la realidad es que seguramente no habrá mucho más de lo que hablar: un fanático político-religioso de la derecha extrema se tomó su dosis habitual de fanatismo y ello le llevó a donde solo la irracionalidad puede llevarnos.
En conclusión, si bien daremos la bienvenida a una reexaminación de los valores que demasiados dan por hecho, parece que este hombre actuó solo, por desgracia para los forofos de una buena narrativa conspiratoria y afortunadamente para el resto. Además, teniendo en cuenta el historial de Noruega, seguramente nada parecido vuelva a repetirse en mucho tiempo. Esta tragedia quizás termine con un mensaje por parte del primer ministro noruego muy opuesto a la respuesta estadounidense tras el 11 de septiembre de 2011: "Nuestra respuesta a la violencia será más democracia".
Egipto vuelve a las calles
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LukaNieto
on miércoles, 13 de julio de 2011
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El último mes y medio ha traído pocas noticias de la Guerra Civil Libia y las protestas en Siria, Beréin, Yemén y el resto de Oriente Medio y el Norte de África. En cambio, esta última semana ha sido significativa para una nación que ya alcanzó su revolución hará meses: Egipto.
Aunque el gobierno militar de transición no se haya extralimitado en su mandato y parezca estar dispuesto a traspasar su poder a un gobierno electo en septiembre, el pueblo egipcio ha vuelto a las calles para asegurar la revolución y exigir el fin del mando militar.
Mientras tanto, el resto de naciones en crisis han tenido algún que otro avance. No es la primera vez que traemos noticias espeluznantes de Siria, donde la armada se ensaña con el pueblo sin repercusiones. Aunque la ONU no ha llevado a término una resolución similar a la de Libia, la organización y sus constituyentes han condenado los crímenes cometidos por la fuerza militar siria. Las ONG Amnistía Internacional y Human Rights Watch han actuado de forma similar, la primera llegando a afirmar que probarán crímenes contra la humanidad cometidos por el gobierno sirio.
En el país mismo, muchos sirios llevan semanas intentando exiliarse a Turquía, y aunque muchos lo han conseguido la frontera está cada vez más controlada. Solamente en el sitio de la ciudad norteña de Jisr al-Shughur murieron cientos de personas, alzando la cifra de muertos durante las revueltas sirias sobre los 1500.
Si bien la situación no es tan decadente en Beréin, podría acabar siendo muchísimo peor. En marzo entró el ejército de Arabia Saudita en Beréin para apoyar al gobierno y aun no se han ido. Aunque según lo previsto abandonarían el país a final de junio, aun siguen ahí. No parece que haya ocurrido nada serio últimamente, pero no hace falta explicar la tensión que conlleva tener a un ejército extranjero ocupando una nación en crisis.
A los protagonistas habituales se unió Marruecos el 5 de junio, con una manifestación que atrajo a casi 60.000 marroquíes. Los manifestantes se enfrentaron a la mayor brutalidad policial en todos estos meses de protestas esporádicas en Marruecos, y para aliviar la tensión el rey Mohammed VI prometió reformas constitucionales que se votarían en un referéndum.
Por supuesto, luego está Libia. Siguen alzándose las cifras de bajas civiles, especialmente en Misurata, y continúan los bombardeos de la OTAN en Tripoli, permitiendo así un avance de los rebeldes, que incluso llegaron a tomar el control de un pueblo clave en la ruta de suministros a la capital. Además, a finales de junio la Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto para el dictador Muammar Gaddafi, acusándole de crímenes contra la humanidad.
Y, como ya hemos dicho, las noticias más recientes llegan de Egipto, donde llevan un mes en las calles exigiendo el fin del dominio militar y un proceso judicial más rápido contra los directivos del gobierno derrocado. Hará un par de semanas los manifestantes tuvieron un encontronazo violento con la policía y desde entonces la tensión sigue en el aire.
El último empujón de los manifestantes fue el 8 de julio, un "viernes de determinación" en el que cientos de miles se concentrarón en Suez, Alejandría y la Plaza Tahrir en El Cairo. Ayer mismo miles de egipcios marcharon hacia el gabinete de ministros en el centro de El Cairo. Es obvio que el gobierno militar no sabe como responder ante las propuestas; han renovado su promesa de seguir con el proceso de transición política y de acusaciones judiciales, pero también han prometido que harán lo que haga falta para mantener el orden.
El miedo de los egipcios a otra dictadura es comprensible, sobre todo cuando todavía hay personas del gobierno de Mubarak que no han sido juzgadas y siguen manteniendo su cargo, pero teniendo en cuenta que tienen un gobierno de transición aparentemente dispuesto a dejar el poder en septiembre, quizás lo más sabio sea esperar y no alentar a otra revolución sin dejar tiempo a que la transición lleve su curso. ¿Recordáis el fervor populista que comenté? Se están dejando llevar por él.
El pueblo egipcio no debe olvidar que si se adelantan demasiado las elecciones es probable que los partidos minoritarios no tengan tiempo para organizarse y presentarles sus propuestas, dejando como únicas alternativas a los teocráticos Hermanos Musulmanes y al Partido Democrático Nacional, el partido del dictador caído Mubarak. Así que, egipcios, pisad con cuidado, pues pisáis sobre vuestros sueños.
Aunque el gobierno militar de transición no se haya extralimitado en su mandato y parezca estar dispuesto a traspasar su poder a un gobierno electo en septiembre, el pueblo egipcio ha vuelto a las calles para asegurar la revolución y exigir el fin del mando militar.
Mientras tanto, el resto de naciones en crisis han tenido algún que otro avance. No es la primera vez que traemos noticias espeluznantes de Siria, donde la armada se ensaña con el pueblo sin repercusiones. Aunque la ONU no ha llevado a término una resolución similar a la de Libia, la organización y sus constituyentes han condenado los crímenes cometidos por la fuerza militar siria. Las ONG Amnistía Internacional y Human Rights Watch han actuado de forma similar, la primera llegando a afirmar que probarán crímenes contra la humanidad cometidos por el gobierno sirio.
En el país mismo, muchos sirios llevan semanas intentando exiliarse a Turquía, y aunque muchos lo han conseguido la frontera está cada vez más controlada. Solamente en el sitio de la ciudad norteña de Jisr al-Shughur murieron cientos de personas, alzando la cifra de muertos durante las revueltas sirias sobre los 1500.
Si bien la situación no es tan decadente en Beréin, podría acabar siendo muchísimo peor. En marzo entró el ejército de Arabia Saudita en Beréin para apoyar al gobierno y aun no se han ido. Aunque según lo previsto abandonarían el país a final de junio, aun siguen ahí. No parece que haya ocurrido nada serio últimamente, pero no hace falta explicar la tensión que conlleva tener a un ejército extranjero ocupando una nación en crisis.
A los protagonistas habituales se unió Marruecos el 5 de junio, con una manifestación que atrajo a casi 60.000 marroquíes. Los manifestantes se enfrentaron a la mayor brutalidad policial en todos estos meses de protestas esporádicas en Marruecos, y para aliviar la tensión el rey Mohammed VI prometió reformas constitucionales que se votarían en un referéndum.
Por supuesto, luego está Libia. Siguen alzándose las cifras de bajas civiles, especialmente en Misurata, y continúan los bombardeos de la OTAN en Tripoli, permitiendo así un avance de los rebeldes, que incluso llegaron a tomar el control de un pueblo clave en la ruta de suministros a la capital. Además, a finales de junio la Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto para el dictador Muammar Gaddafi, acusándole de crímenes contra la humanidad.
Y, como ya hemos dicho, las noticias más recientes llegan de Egipto, donde llevan un mes en las calles exigiendo el fin del dominio militar y un proceso judicial más rápido contra los directivos del gobierno derrocado. Hará un par de semanas los manifestantes tuvieron un encontronazo violento con la policía y desde entonces la tensión sigue en el aire.
El último empujón de los manifestantes fue el 8 de julio, un "viernes de determinación" en el que cientos de miles se concentrarón en Suez, Alejandría y la Plaza Tahrir en El Cairo. Ayer mismo miles de egipcios marcharon hacia el gabinete de ministros en el centro de El Cairo. Es obvio que el gobierno militar no sabe como responder ante las propuestas; han renovado su promesa de seguir con el proceso de transición política y de acusaciones judiciales, pero también han prometido que harán lo que haga falta para mantener el orden.
El miedo de los egipcios a otra dictadura es comprensible, sobre todo cuando todavía hay personas del gobierno de Mubarak que no han sido juzgadas y siguen manteniendo su cargo, pero teniendo en cuenta que tienen un gobierno de transición aparentemente dispuesto a dejar el poder en septiembre, quizás lo más sabio sea esperar y no alentar a otra revolución sin dejar tiempo a que la transición lleve su curso. ¿Recordáis el fervor populista que comenté? Se están dejando llevar por él.
El pueblo egipcio no debe olvidar que si se adelantan demasiado las elecciones es probable que los partidos minoritarios no tengan tiempo para organizarse y presentarles sus propuestas, dejando como únicas alternativas a los teocráticos Hermanos Musulmanes y al Partido Democrático Nacional, el partido del dictador caído Mubarak. Así que, egipcios, pisad con cuidado, pues pisáis sobre vuestros sueños.
La Audiencia de Barcelona se opone a la Ley Sinde
La Audiencia Provincial de Barcelona ha cambiado su criterio, considerando ahora que los enlaces a "descarga directa" no son infractores. Por tanto, se opone a la infame "Ley Sinde". Hoy 13 de julio de 2011, el abogado especialista en propiedad intelectual y derecho informático David Bravo nos informa:
El pasado 3 de marzo, la web elrincondejesus.com fue condenada por la Audiencia Provincial de Barcelona al pago de 3.587 euros a SGAE al considerar que los enlaces a archivos alojados en páginas de descarga directa constituían una infracción de los derechos gestionados por esa entidad. Decía la sentencia respecto de los enlaces a servicios como megaupload o rapidshare que "el demandado, al permitir desde su página web la descarga directa, lleva a cabo una puesta a disposición del público, y en concreto del que visita la página web y solicita la descarga, de las obras afectadas... En la medida en que ambas operaciones se realizan desde la página web del demandado, puede concluirse que es éste quien lleva a cabo la puesta a disposición del público de las obras, al margen de si ha sido él u otro quien las haya colgado en la red".Aunque desde su entrada en vigor el 9 de marzo de 2011 la imagen de la "Ley Sinde" haya ido empeorando sin cesar tal y como se merece, esta es la primera vez que un cuerpo oficial sentencia en contra de la regulación de las descargas dictada por la Disposición Final 43ª de la Ley de Economía Sostenible. En otras palabras, es un gran día en la lucha por un Internet libre y el derecho a la información.
Apenas cuatro meses después, la misma sección de esa Audiencia Provincial, formada por los mismos magistrados que firmaron la sentencia que condenaba a la web elrincondejesus.com, ha cambiado su criterio y desestima la demanda de SGAE contra la página de enlaces indice-web.com, cuyo funcionamiento era idéntico en todos sus aspectos al de la entonces condenada, considerando ahora que un enlace, con independencia de que sea a redes P2P o a servicios de descarga directa como megaupload o rapidshare, no supone en ningún caso una infracción de derechos de propiedad intelectual. En este sentido la sentencia (la ponemos a disposición en PDF) manifiesta que:
"Concretamente, el recurso no cuestiona que en el sitio del demandado no se alojan los archivos que son objeto de las llamadas "descargas directas". La dinámica en estos enlaces del sitio indice-web.com del demandado sería la de que, al pulsarlos, el usuario accedería a la página del servidor de gran capacidad (megaupload u otro) y, una vez allí, pulsando de nuevo, iniciaría la descarga del contenido interesado (...) Por tanto, la descarga del archivo se produce desde un sitio web diferente del sitio del demandado y el usuario puede advertirlo. Pese a su denominación, no se trata de descargas directas desde el sitio del enlace, sino que éste redirecciona -como se dice en la demanda- a otro distinto".
Con este cambio de criterio, la resolución citada se convierte en la primera sentencia firme en vía civil dictada en nuestro país que declara que las páginas de enlaces a redes P2P o a webs de descarga directa no infringen derecho alguno de propiedad intelectual. Teniendo en cuenta que éste es el criterio jurídico de los tribunales civiles especializados en interpretar nuestras leyes de propiedad intelectual, coincidente además con el de los juzgados de instrucción en numerosos casos idénticos seguidos en vía penal, nos preguntamos cómo podrán los funcionarios integrados en la comisión que constituye la Ley Sinde dictar resoluciones de cierra de webs que claramente no infringen derechos de propiedad intelectual sin que se entienda que están cometiendo un delito de prevaricación.
>> Leer más
#Acampadasol, historia de una ciudad
Publicado por
LukaNieto
on jueves, 7 de julio de 2011
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Etiquetas:
Documental,
Revueltas occidentales
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Ha salido a la luz un documental acerca del movimiento del 15M y en particular de la acampada en la Plaza del Sol. #Acampadasol, dirigido y escrito por Adriano Moran y David Tesouro, muestra quince días clave en la capital española, informando a los ignorantes, especialmente a los extranjeros.
(Ver versión subtitulada al inglés)
Su único problema es que se centra más en las minucias en la acampada de Sol en lugar de explicar el contexto nacional. No aparece ninguna imagen de otras ciudades y se prefiere mostrar la disensión violenta en las asambleas que adentrarse en las propuestas concretas (aunque insuficientes) que acabaron por hacerse.
Por otro lado, precisamente por centrarse en las dificultades del consenso asambleario pueden verse las limitaciones obvias de una democracia directa en la que la gente ignora el método empírico y lógico y antepone el consenso ciego, donde la solución es el punto medio entre dos ideas. La política, ya sea asamblearia o parlamentaria, tiene muchísimo que aprender del pensamiento científico.
Su único problema es que se centra más en las minucias en la acampada de Sol en lugar de explicar el contexto nacional. No aparece ninguna imagen de otras ciudades y se prefiere mostrar la disensión violenta en las asambleas que adentrarse en las propuestas concretas (aunque insuficientes) que acabaron por hacerse.
Por otro lado, precisamente por centrarse en las dificultades del consenso asambleario pueden verse las limitaciones obvias de una democracia directa en la que la gente ignora el método empírico y lógico y antepone el consenso ciego, donde la solución es el punto medio entre dos ideas. La política, ya sea asamblearia o parlamentaria, tiene muchísimo que aprender del pensamiento científico.







