El Gran Dictador

Puede que sea con cuarenta y nueve años de retraso pero de todas formas mostraré el gran monólogo de cierto barbero, interpretado y escrito por Charles Chaplin en El Gran Dictador:


«En este mundo hay sitio para todos y la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado, y sentimos muy poco. Más que máquinas, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo.

Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros. Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, a millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes. A los que puedan oírme, les digo: no desesperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano.

El odio de los hombres pasará y […] el poder que quitaron al pueblo se reintegrará al pueblo, y, así, mientras el Hombre exista, la libertad no perecerá.

Soldados, no os rindáis a esos hombres que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen lo que tenéis que hacer, qué pensar y qué sentir. Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres máquinas, con cerebros y corazones de máquinas. Vosotros no sois máquinas, no sois ganado, sois Hombres. Lleváis el amor de la Humanidad en vuestros corazones, no el odio. Sólo los que no aman odian, los que no aman y los inhumanos. [...]

Luchemos ahora para [...] libertar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia. Luchemos por el mundo de la razón, un mundo donde la ciencia, el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad».
Y cincuenta años después, si Chaplin supiera...

El poder

El poder. Muchos tienen ansias de poseerlo aunque pocos lo consiguen, y la mayoría teme a los que sí que cumplen su objetivo. En mi caso, lo primero en lo que pienso al oír hablar del poder es en el peligro que este supone, sobre todo a nivel gubernamental y económico. El poder político y financiero. No hay duda de que tratamos un tema delicado, así que hagamos la gran pregunta de una vez por todas: ¿a quién debería pertenecer el poder?

Empecemos por lo fácil y más cercano: ¿a las empresas? Así dicta la corporatocracia o la mismísima democracia representativa que tenemos cuando el gobierno se encuentra en su estado menos socialista y se inclina más por la privatización. Si bien suele tratarse de la soberanía más productiva económicamente a corto plazo para la nación en cuestión de PIB, los resultados para el pueblo en sí son devastadores. Entre los muchos estragos que ha causado el nacionalismo, el más aberrante es poner el término "pueblo" como sinónimo de "estado". Teniendo en cuenta que la corporatocracia deja de lado al pueblo, el pueblo no necesita más para dejar de lado a la corporatocracia. Así que, ¿cuál es el próximo paso lógico? ¿Qué es lo primero que podría venirnos a la mente con la 'unión del pueblo'?


Efectivamente: el comunismo. En otras palabras, significaría dar todo el poder al estado. Pero como ya puntualizamos al hablar de la diferencia entre propiedad privada y pública, el gobierno de una corporación y el de muchas es similar; de hecho, el gobierno de una sola es mucho más peligroso, ya que no encontrará oposición alguna: si el sistema de hoy nos beneficia en algo es en que las corporaciones compiten entre sí y el ánimo de lucro es el fin en lugar del control del pueblo. Con el comunismo tiende a ocurrir lo contrario, como ya hemos visto en la práctica. Desgraciadamente, nada indica que este sistema pueda tomar un rumbo distinto -al menos no sin una profunda reforma educativa previa.

Entonces, ¿el problema está en la ignorancia que lleva a las ansias de poder y control, que a su vez se manifiestan en injusticia? Entonces, ¿se solucionaría ese punto cediendo el poder a los más sabios, que según la aristocracia que proponen Platón y compañía son "los mejores"? Con los filósofos y científicos ocupando los cargos públicos, se gobernaría con sabiduría. Hoy día, esta idea general se refleja en el movimiento tecnócrata. Es indudable que así se resolverían muchos conflictos del sistema político y social, pero todos estos pensadores olvidaron la lucha de clases inevitable en una sociedad desigual.

Por tanto, podemos concluir que en este caso la traba reside en la desigualdad social, ¿verdad? ¿Y si el poder político recae realmente en el pueblo, como ocurriría en una democracia directa? Desaparecería la desigualdad a nivel político, efectivamente, pero volveríamos al problema de la ignorancia: en el caso de que el pueblo sea por lo general estúpido, lo serán también sus decisiones. No debemos olvidarnos de la reforma educativa.



¿Cómo podemos deshacernos de la ignorancia sin dejar atrás la igualdad? Si adoptamos una sola de las clases sociales que propone Platón, las clases desaparecerían. Sin lugar a dudas, en una sociedad en la que todos fueran gobernantes sabios (filósofos, científicos, técnicos y educadores) no nos encontraríamos los dos grandes conflictos que hemos comentado, aunque por supuesto tampoco se trataría de una utopía: aparecerían nuevos problemas. La sociedad no sería perfecta; simplemente, sería mucho mejor de lo que tenemos ahora.

¿Pero qué significa que todos sean gobernantes? ¿No significa eso que cada uno se gobierna a sí mismo? ¿Y acaso no podríamos definir así a la anarquía? Que todos tengan el poder significa que ninguno tiene el poder más que sobre sí mismos: no hay dirigentes, o sea, es una anarquía. En definitiva: no hay poder. ¿Por qué? Ya lo dijo John Acton:

"El poder tiende a corromper.
El poder absoluto corrompe absolutamente"


El primer paso es la comunicación y la educación, y cuando el ser humano pueda considerarse sabio en conjunto e individualmente estará preparado para dar el gran paso a un sistema sin control estatal. De todos modos, ¿funcionaría un mundo en la anarquía tradicional? Todo depende de cómo queramos vivir. Aunque podría funcionar en pequeñas comunidades tradicionales sin una gran difusión de nuevas tecnologías, la anarquía no se empareja fácilmente con una visión más global de la sociedad y con el uso diario de tecnología punta, ya que para ambas cosas se necesita algún tipo de sistema de gestión estable.

Pero, ¿precisamos de un gobierno como lo entendemos hoy en día, de una cabeza controlando el sistema político establecido? No necesariamente: bastaría con un sistema económico (administración de bienes) informático mantenido por técnicos y científicos que simplemente se ocuparía de la gestión y organización de los recursos de la Tierra, de la construcción y de todos los demás fines meramente objetivos.

Al fin y al cabo, ¿qué más hay que decidir? ¿Gastos financieros, que es a lo que se reduce la política hoy en día, teniendo en cuenta que la guerra, las relaciones internacionales y la construcción de infraestructura pública también persiguen o se basan en fines económicos? En un mundo sin desigualdad social, en un mundo en el que el poder no recae sobre nadie, ¿para qué se necesita un sistema monetario? Nos iría perfectamente con una economía que se basara únicamente en los recursos y no en el comercio monetario. No se trata de tener los fondos necesarios sino de tener los recursos. Y sí, la Tierra los tiene.

Las cuestiones subjetivas son irrelevantes a nivel mundial. Hoy en día se habla muchísimo de nuestro derecho de decisión. En cambio, en un sistema democrático representativo y capitalista, ¿qué decidimos nosotros? Y vayamos más allá: ¿qué es realmente lo que el gobierno decide por nosotros? El fin del sistema es preservarse a sí mismo cueste lo que cueste: el único cambio que ocurre cuando un gobierno sustituye a otro es la fachada. En definitiva, no es más que una lucha de poder sobre un mismo organismo imperturbable, y aunque algún político quisiera hacerlo de buena fe para con el pueblo, no podría cambiar nada que desafiara las bases del sistema.

Al final, el hecho es que el poder político desde un punto de vista subjetivo (y de alguna forma u otra, los humanos siempre lo somos) es una amenaza. En otras palabras, el poder es peligroso en sí mismo, así que lo mejor es anular su importancia haciendo que nadie lo posea.

Si no se recompensa el poder, no hay poder.

Propiedad Privada

Ya hablé largo y tendido acerca de lo que puede y no puede considerarse piratería: siempre y cuando no cambien la ley porque lo diga la SGAE u otra entidad privada, compartir es legal. Por otro lado, no lo es cobrar por algo de lo cual no se poseen derechos de propiedad, ni alegar que es de tu creación o modificarlo. Ahora bien, ¿por qué tenemos esa concepción de propiedad? ¿Qué es realmente la propiedad privada?

Una vez establecido que la llamada "piratería" no es más que una etiqueta más con el fin de -supuestamente- proteger los derechos de autor, podemos profundizar y plantearnos también la base sobre la que se sostiene la propiedad privada: esta es, en última instancia, una forma de defender nuestras finanzas y objetos de valor.

Pero antes de sumergirnos en el tema, me gustaría sacar a relucir que, aunque me referiré constantemente a la propiedad privada o a la propiedad a secas, se incluye el dominio público. ¿Por qué? La propiedad privada es cualquier bien tangible e intangible que una persona o un grupo de personas posea. A pesar de su nombre, el dominio público no pertenece al pueblo sino al estado.

Aunque todos los gobiernos han intentado hacernos creer que el estado equivale al pueblo a través del nacionalismo y el patriotismo, no es así. Nunca lo ha sido. Quizá fuera así en una democracia directa, pero esa es otra historia. Nos lo ceden; se trata de un privilegio, no de un derecho, y sin duda no nos pertenece. Así podemos concluir que la propiedad pública pertenece a otra gran corporación más: al gobierno y a todas las empresas sobre las que este se sostenga.


Sugiramos por un momento una sociedad hipotética con un sistema basado en el acceso libre de recursos y la maximización de la abundancia real en lugar de monetaria. Todos los bienes se comparten equitativamente usando una red informática de gestión mantenido por técnicos (científicos, educadores y demás), que constituyen un pequeño porcentaje dinámico y completamente abierto de una población que disfruta del mismo acceso a la educación y a las posibilidades de vida. Aunque en el pasado efectivamente así era, ¿es necesario el concepto de propiedad en este caso hipotético? ¿Qué tendríamos que proteger? Exacto, nada. No sería necesario.

Volviendo al principio, ¿cuándo floreció la idea de proteger "lo que es nuestro", y cuales fueron sus consecuencias? Hans Küng lo dejó muy claro en su obra "En busca de nuestras huellas" al hablar de la revolución neolítica:
"El paso no sólo a instrumentos de piedra pulimentada, al arco y a la alfarería, sino también a la producción (cultivos, domesticación y cría de animales) y al capital (en forma de animales reproductores, de semillas, de materias primas). Con la agricultura y la ganadería surgió el deseo de propiedad privada, se pudieron hacer guerras "justas", tomó forma el dominio de pocos sobre muchos".
Apareció la noción de propiedad, y aquella nueva idea sin la que todos habían podido vivir anteriormente era ya imprescindible. ¿Qué significa esto? Podemos concluir que si viviéramos en el sistema social propuesto anteriormente, con abundancia de aquello que la civilización considere elemental, no habría sentido de propiedad ni -evidentemente- la necesidad de luchar por ella. Aunque es obvio que no estaríamos ante una utopía, ¿no merece la pena pensar en cuantos conflictos se resolverían así?

Podemos ver de primera mano este cambio de mentalidad en el clásico film de comedia "Los dioses deben estar locos". Una botella de Coca-Cola cae del cielo, y la tribu que la recoge encuentra todo tipo de usos para ella. Al fin y al cabo, es más suave pero al mismo tiempo más dura que nada conocido para ellos. ¿El problema? Solo tienen una, no hay abundancia. Siempre lo han compartido todo, pero la lucha empieza en cuanto llega el elemento que deshace la igualdad de oportunidades: la escasez, y con ella la necesidad de propiedad.
"Y ahora, por primera vez en sus vidas, había algo que no podían compartir, ya que sólo tenían una. De repente, todos la necesitaban la mayor parte del tiempo. Algo que no habían necesitado nunca era ahora esencial, y comenzaron a emerger emociones desconocidas: un sentimiento de querer poseer, de no querer compartir. Y aparecieron otros nuevos sentimientos: enfado, celos, odio y violencia"
¿Cual es la trascendencia de ese cambio? Para buscar una respuesta, solo tenemos que mirar a nuestro alrededor, o en su defecto, a la última cita: la propiedad va de la mano de la desigualdad y la competitividad, que se manifiestan con "enfado, celos, odio y violencia".


Si deseamos ser más específicos, podríamos mencionar que esta es también la raíz de muchos de los problemas que arremeten contra la sociedad contemporánea. El robo, el asesinato, la agresión y otros delitos contra nosotros o nuestros bienes no desaparecerían en una sociedad mentalmente más sana, pero no supondrían el mismo problema que a día de hoy.

La propiedad fue necesaria en un tiempo en el que la abundancia no era en absoluto posible, pero eso ya ha cambiado: desde la industrialización, la productividad ha incrementado a pasos de gigante aunque nuestra importancia en el ámbito laboral haya decrecido al mismo ritmo (de ahí el desempleo tecnológico, del que hablaré próximamente) y se nos prometieron jornadas de trabajo más cortas. Pero todo se truncó por presiones políticas y económicas: se necesitan empleos, porque sin ellos no hay empleados, y sin estos no hay compradores. El ciclo de consumo no puede romperse, y cuanta más industrialización y globalización haya, más cerrado deberá ser ese consumo cíclico, por lo que cada vez exigirá más; eso no puede sostenerse para siempre, y menos con las crisis financieras y económicas, energéticas y sociales que existen hoy en día y están por venir.

A este paso, con la automatización universal al alcance de nuestras manos y el nacimiento de la nanotecnología, no habrá ningún sector nuevo para suplir a los cientos de millones de desempleados. Por no hablar de las demás crisis anteriormente mencionadas, que juntas forman un cáncer sistémico incurable. En cambio, si la tecnología hubiera seguido su curso natural, sin las barreras del bagaje cultural, a este paso el sistema informatizado basado en recursos que he sugerido antes ya estaría en marcha, y la abundancia estaría en nuestras vidas.

El respeto por la vida

Coexisten dos grandes preguntas filosóficas a las que la humanidad ha intentado dar respuesta constantemente: el origen del universo y el de la vida, a veces mezclando ambas en una sola respuesta a la que muchos han decidido llamar Dios. De dónde viene el universo y nosotros, hacia dónde vamos, qué somos. Respecto a la vida ha habido y deduzco que seguirá habiendo por mucho tiempo un debate moral que difícilmente puede resolverse. Hablo del respeto por la vida.

Pero, ¿qué es el respeto por la vida? Antes de ofrecer una definición, me gustaría aclarar lo que definitivamente no es: el respeto por la vida no equivale con total precisión a la llamada "santidad de la vida". En principio, puede parecer tan solo otro punto de vista o incluso otra forma de referirse al mismo concepto. Y si así lo parece en principio es porque así lo es... en principio.

En cambio, en cuanto profundicemos nos daremos cuenta de que la santidad de la vida implica extremidad: la santidad en este término se refiere a la cualidad de sagrado e inviolable, por lo que la expresión toma un cariz irrefutable, final. Y esto crea un conflicto: la santidad de la vida nunca -jamás- debe cuestionarse, ni se ha de plantear alternativa alguna, aunque lo más lógico fuera buscar un equilibrio moral más armonioso.
¿Crees en la santidad de la vida? Personalmente, me parece una gilipollez. Vamos, ¿que la vida es sagrada? ¿Y quién lo dijo? ¿Dios? Hey, si lees historia, te darás cuenta de que Dios es una de las causas primarias de mortalidad. Así ha sido durante milenios: hindúes, musulmanes, judíos, cristianos... todos turnándose para matarse entre ellos porque Dios les dijo que era una buena idea. Millones de capullos muertos porque respondieron mal a la "Pregunta del Dios": ¿Crees en Dios? ¿No? ¡Pum, Muerto! ¿Crees en Dios? ¿Sí? ¿Crees en MÍ Dios? ¿No? ¡Pum, muerto! ¡Mi Dios la tiene más grande que el tuyo! -George Carlin
Hoy en día, los ejemplos más habituales que reflejan este punto de vista radical con respecto a la vida son el aborto, la eutanasia y las investigaciones con células madre. El quid de la cuestión es que la santidad de la vida dicta que se debe vivir, ya que la vida nos la ha dado Dios y no debemos despreciar lo divino y sagrado. Eximen como arma y escudo el derecho a vivir en cuestiones como al aborto. ¿Pero acaso no se refieren al deber a vivir, y no al derecho a tal? No confundamos términos: el derecho implica elección y el deber obligación.

Pro-Vida vs Pro-Elección
Habiendo definido ya la santidad de la vida como una obligación y nunca como un derecho, daré el tema por zanjado así: una visión menos extremista del asunto nos permite plantearnos buscar cierta armonía moral. Y es que temas tan peliagudos nunca deben tomarse a la ligera, pero tampoco de forma generaliza y absoluta. Aunque yo esté a favor del aborto en casos necesarios, no pediré a nadie que esté de acuerdo conmigo: únicamente os pido el derecho a plantear la pregunta. Puede parecer algo fundamental, pero es obvio que muchos desearían negar el derecho a cuestionar lo que desde el mencionado punto de vista es incuestionable.

Pero, ¿qué es el respeto por la vida? Habiendo aclarado ya lo que no es, será mucho más fácil determinar lo que sí que es. En pocas palabras, podría definirse así:
"El mayor miramiento y aprecio posible que pueda tenerse por los seres orgánicos activos, basándose en una moral universal básica y buscando un equilibrio teniendo en cuenta las circunstancias y medios disponibles".
Como todas las definiciones, esta es incomprensible y por lo tanto inútil sin un contexto previo. Para no caer en falacias circulares debemos recurrir a definiciones más o menos oficiales de la palabra "respeto" y "vida", aunque no creo que haya problema alguno para entender ese punto. En cambio, estoy seguro de que podríamos discutir durante horas respecto a lo que es la moral universal y a lo qué me refiero con las circunstancias y medios disponibles, un concepto en efecto ambiguo.

Es muy posible que muchos no estén de acuerdo con que haya una moral universal, pero yo creo que podemos afirmar que la hay, aunque no se haya puesto demasiado en práctica. Aunque algunas escuelas de pensamiento utilizan también ese término, según mi propia interpretación, tal es la tendencia nata sin influencias como las enseñanzas y prejuicios religiosos, raciales, sexuales, nacionales, culturales, clasistas y estamentales. Por lo tanto, el asesinato (al que se suele referir como el acto de mayor inmoralidad) no tendría cabida excepto cuando las circunstancias que rodean al individuo lo indultan de cargo moral: los humanos de antaño -al igual que los demás animales- debían matar para sobrevivir. No sólo para alimentarse, sino también para defenderse y proteger a su familia y territorio. Para ellos la violencia es necesaria. Nosotros no tenemos ya esa excusa.

Debido a esa necesidad, no sentían culpa entonces ni lo hacen ahora muchos otros: se trata del instinto de supervivencia, el único instinto absoluto que pertenece realmente a la naturaleza humana; por lo demás -y como ya mencioné- la genética produce propensiones no absolutas y es el entorno el que las dispara. Podría decirse que el afán por sobrevivir (primero uno mismo, luego los más allegados) es el único egocentrismo nato y no social.

En definitiva, cuantas menos razones tengamos para quitar una vida, más sensibilidad padeceremos. Sentiríamos una animadversión absoluta hacia la mera idea de quitar una vida en el hipotético caso de que la humanidad llegara a un punto en el que no deba matar a ningún ser vivo, incluyendo la muerte accidental de seres minúsculos. Nótese que no considero utopía que, por ejemplo, la humanidad deje de alimentarse de animales y de talar árboles indiscriminadamente. En contraposición, si tuviéramos que destruir todo a nuestro paso sólo para sobrevivir de forma natural, no sentiríamos ningún remordimiento haciéndolo.

Por supuesto, es fácil exponer los extremos de la moral universal y el respeto por la vida y dar por zanjada la discusión, pero en la realidad nada se muestra en blanco y negro. Ahí entra el equilibrio moral que hemos mencionado: en la vida real, debemos plantearnos las implicaciones éticas y morales de nuestros actos teniendo en cuenta nuestras circunstancias y los medios de los que disponemos. Desgraciadamente, esto no es nada fácil, pero podemos al menos tomar esta idea como base e inclinarnos a plantearnos al menos nuestras decisiones, esforzándonos por ignorar nuestros prejuicios.

Concluiré con la esencia de la idea que he tratado de compartir con vosotros: no podemos irnos a ningún extremo, ya sea puramente religioso, moral o ecológico y pretender no hacer daño a ninguna forma de vida, ya que tal idea es utópica con los conocimientos de los que disponemos a día de hoy. Por supuesto, tampoco debemos hacer justo lo contrario.

Si cada vez somos más sensibles a finiquitar vidas es porque cada vez precisamos menos de ello para asegurar nuestra supervivencia. No nos hemos vuelto "más humanos": las presiones bio-sociales nos han llevado a ello. Cuando no necesitemos hacerlo en absoluto, la mera idea nos repugnará. En cambio, en estos momentos ciertos sacrificios son necesarios; desde los insectos que pisamos sin querer hasta la experimentación no-invasiva de animales. Eso sí, nada de esto excusa la caza por diversión, ciertos experimentos que bien pueden considerarse tortura o la tala masiva de árboles. Las atrocidades que la mayoría etiqueta con orgullo de acontecimientos culturales y fomentadores de la economía son inexcusables.

Los animales matan porque deben hacerlo y nosotros hacemos igual. Simplemente, da la casualidad de que gracias a nuestra técnica podemos evitar muchas de estas muertes, y quizás algún día podamos evitarlas todas. De momento, lo mejor es ser lo más prácticos y justos que podamos, basándonos en una moral universal cuya definición general no deja cabida a discusión, y ayudar a las presiones bio-sociales que nos empujen a una sociedad moralmente más desarrollada.

Las corridas de toros

Muy recientemente, uno de los pocos lectores asiduos de este mismo blog me ha comentado que él mismo ha abierto un espacio similar, aunque con un punto de vista muy distinto, donde he podido leer su primer artículo. Tras leerlo, no he tardado en añadir el blog a nuestras páginas de interés. Respecto al texto solo tengo una palabra: brillante. La opera prima de PhyOS ha tocado un tema peliagudo, sobre todo porque interfiere con la "cultura" de este país: las corridas de toros. He aquí un retazo del artículo:
Esta tradición continúa presente en nuestro país, y los defensores lo califican como patrimonio cultural y hasta arte en sí mismo. ¿Cómo puede ser considerado arte una práctica cruel, sangrienta, y que acaba con la muerte de un pobre e inocente animal que no es capaz de entender el sentido de su dolor? Matar a un ser vivo por diversión no es cultura, y nunca lo será. Vergüenza es lo que deberían tener todos los que pagan para presenciar en directo un supuesto acto de valentía, cuando en realidad el torero es un cobarde que se enfrenta con un animal que está en situación de inferioridad.
(Podéis leer el resto del magnífico artículo aquí)
La verdad, ya me gustaría ver cómo responde un fanático de este supuesto arte a los argumentos que expone PhyOS; al fin y al cabo, es difícil llevar la contraria a alguien que lleva la razón irrefutable. Recordemos que no todas las opiniones son válidas ni deben respetarse; por ejemplo, no me veo obligado en absoluto a respetar a quien se divierta apuñalando seres vivos y además lo considere un arte.

Sir Ken Robinson y la creatividad en los niños

No es noticia que el sistema educativo de este y de prácticamente todas las naciones de la tierra está realmente jodido. No hay otra palabra para describirlo, o al menos no una que lo describa con tanta certeza, excepto quizás la expresión inglesa intraducible cluster fuck. No sé por qué, pero le he cogido un especial cariño a la palabra, quizás por la pronunciación -como me ocurre con vegetable, creature o alcachofa en nuestro idioma.

Pero esto no tiene nada que ver con esta pequeña reseña, por supuesto. He venido aquí para mostraros el vídeo de una conferencia en TED dada por Sir Ken Robinson, un antiguo profesor de universidad que nos habla de los sistemas educativos actuales y de como estos aplastan la creatividad de sus alumnos.


(Gracias a Kratos por el vídeo subtitulado)

Como habéis visto (si no, dejad de leed y miraos el vídeo, que para eso lo he puesto todo en orden), aunque el vídeo dura veinte minutos y está en inglés, es verdaderamente entretenido y acompaña sus argumentos con bromas e historias graciosas. De todos modos, los subtitulos no son perfectos; probablemente los haga yo mismo algún día, aunque no prometo nada.

Aunque Robinson no profundiza demasiado en sus ideas y la conclusión es cuanto menos vaga, eso no significa que no dé en el clavo a más de una diana. Escuchadle con atención porque enmendar nuestra educación colocaría nuestra disposición mental en el lugar adecuado para una reforma completa del sistema.

Ronald Gibson y el conflicto generacional

Por mucho que nos veamos tentados a pensar que "el pasado fue mejor", esta percepción es errónea. Errónea, inútil e incluso peligrosa: muchos movimientos sociales promueven la idea de volver al pasado en ciertos aspectos de nuestras vidas. Hay quienes quieren volver a cuando nuestro dinero representaba oro real y existente (un cambio relativamente reciente) como si aquello fuera a arreglar nuestros problemas. También hay casos más extremistas que promueven una vida aparentemente muy apetecible pero en realidad primitiva y retrógrada.

Ninguno de estos cambios solucionaría nada. Simplemente nuestros problemas serían distintos e intentaríamos solucionarlos con nuevas revoluciones que bien podrían llevarnos de vuelta al momento en el que nos encontramos. Los movimientos que promueven la idea de que "el pasado fue mejor" harían una sola cosa: retrasar la evolución natural de la sociedad.

Aunque a una escala de gravedad menor, este tema surge multitudes de veces al hablar de las distintas generaciones: las diferencias entre padres e hijos que crean el llamado "conflicto generacional", presentada como una hecatombe que nadie habría podido prever. A ese respecto, el médico de familia inglés Ronald Gibson tuvo algo que decir en una conferencia, ayudándose de sólo cuatro citas:
«Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos».

«Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país si la juventud de hoy toma el poder, porque esa juventud es insoportable, desenfrenada, simplemente horrible».

«Nuestro mundo llegó a su punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos».

«Esta juventud esta malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura».
Al enunciarlas, Gibson observó como la mayoría de la concurrencia estaba de acuerdo con cada una de las frases. Aguardó unos instantes a que se acallaran los murmullos del público, que comentaba lo expresado con aprobación, y entonces reveló el origen de dichas citas:
«La primera frase es de Sócrates, que vivió del 470 al 399 antes de Cristo. La segunda es de Hesíodo, pronunciada el año 720 antes de Cristo. La tercera es de un sacerdote, 2.000 antes de Cristo. La cuarta estaba escrita en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia (actual Bagdad), con más de 4.000 años de existencia».
Ante la perplejidad de los asistentes, el Doctor Gibson concluyó diciéndoles: "Señoras Madres y Señores Padres de familia, relájense, que la cosa siempre ha sido así".