Jesus el revolucionario y otras mentiras

Hay un Dios de la derecha y uno de la izquierda. Esa afirmación simplifica la realidad pero se hace entender. A muchos les disgusta la homosexualidad porque está en efecto prohibida en el Antiguo Testamento. Los cristianos liberales responderán que el Nuevo Testamento supera a los convenios mosaicos, que con Jesús se abolieron esas nociones bárbaras. Ambos tienen parte de razón. Pero ambos están profundamente equivocados.

Tratemos primero la equivocación de los tradicionalistas. Afirman tomarse la Biblia literalmente y no solo como una vaga guía moral, lo cual es una terrible idea ya que dicho texto no se corresponde en absoluto con la realidad, pero al menos es internamente consistente ya que se afirma en varios pasajes de la Biblia que sus palabras han de tomarse al pie de la letra. El problema yace en que ni siquiera cumplen su palabra. Citemos a Levítico 18:22 y 20:13:
«No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación».
«Si alguien se acuesta con varón como los que se acuestan con mujer, los dos han cometido abominación; ciertamente han de morir. Su culpa de sangre sea sobre ellos».
Los conservadores estarán sin duda de acuerdo. Pero el Levítico es tierra fértil de otras muchas leyes y prohibiciones ridículas, y estas los mismos tradicionalistas sí que las ignoran:
Levítico 11:10 «Pero todos los que no tienen aletas ni escamas en los mares y en los ríos, entre todo lo que se mueve en las aguas y entre todas las criaturas vivientes que están en el agua, serán abominación para ustedes».
Levítico 20:9 «Todo aquél que maldiga a su padre o a su madre, ciertamente se le dará muerte; ha maldecido a su padre o a su madre, su culpa de sangre sea sobre él».
Levítico 20:18 «Si alguien se acuesta con mujer menstruosa y descubre su desnudez, ha descubierto su flujo, y ella ha puesto al descubierto el flujo de su sangre; por tanto, ambos serán exterminados de entre su pueblo».
Levítico 25:44-45 «En cuanto a los esclavos y esclavas que puedes tener de las naciones paganas que los rodean, de ellos podrán adquirir esclavos y esclavas. También podrán adquirirlos de los hijos de los extranjeros que residen con ustedes, y de sus familias que están con ustedes, que hayan sido engendradas en su tierra; éstos también pueden ser posesión de ustedes».
He aquí prohibiciones ridículas sobre costumbres y alimentos y regulaciones bárbaras sobre la esclavitud que nadie observa hoy día. Entonces, ¿los conservadores no están haciendo exactamente lo que acusan a los liberales, elegir selectivamente de los pasajes de la Biblia? Sin duda existen excusas. El ejemplo de la esclavitud es habitual: según dicen, nuestro concepto de esclavitud era muy distinto al nuestro. Les trataban bien. Primero, poseer un ser humano es inmoral, al margen del trato. Segundo, veamos qué dice este otro pasaje:
Levítico 25:44-45 «Si alguien hiere a su siervo o a su sierva con una vara, y muere bajo su mano, será castigado. Sin embargo, si sobrevive uno o dos días, no se tomará venganza, porque es propiedad suya».
Un trato magnífico sin duda: ¡Se te castigará si hieres a tu esclavo... a menos que sobreviva uno o dos días! Entonces no pasa nada y todos contentos.

La Biblia, particularmente el Antiguo Testamento, está repleta de pasajes similares en los que Dios apoya directamente el sacrificio humano (Génesis 22:1-18, Éxodo 13:2), la violación sexual con el castigo de la victima (Deuteronomio 21:10-14, Deuteronomio 22:28-29), la esclavitud sexual (Éxodo 21:7-11), la muerte de aquellos que ignoran a los sacerdotes (Deuteronomio 17:12), la muerte de los adivinos (Levítico 20:27), la muerte de aquellos que golpeen a sus padres (Éxodo 21:15), la muerte de adúlteros y fornicadores (Levítico 20:10, 21:9), la muerte de creyentes de otras religiones y de ateos (Éxodo 22:19, 2 crónicas 15:12-13), la muerte de aquellas que no lleguen vírgenes al matrimonio (Deuteronomio 22:20-21) y otras muchas torturas y muertes por razones ridículas. Ante todo, Dios quiere que matemos.

Es ahora que los cristianos progresistas ponen los ojos en blanco y replican de forma condescendiente: «¡Pero hombre, ese es el Antiguo Testamento! ¡Jesús abolió esas prácticas bárbaras!». En efecto, muchos ven a Jesús como un personaje revolucionario que transmite un mensaje de amor. Tanto esta percepción como la idea de que abolió las leyes antiguas están profundamente equivocadas. De hecho, según el Nuevo Testamento Jesús viene a hacer cumplir los antiguos mandamientos y además no deja lugar a la interpretación personal:
Mateo 5:17-18 «No piensen que he venido para poner fin a la Ley o a los Profetas; no he venido para poner fin, sino para cumplir. Porque en verdad les digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la Ley hasta que toda se cumpla».
2 Pedro 1:20-21 «Pero ante todo sepan esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal, pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron por Dios».
Jesús también impone leyes concretas y en casos como el adulterio supera al Antiguo Testamento tanto en la sensibilidad del pecado como en el castigo: ya no solo debes morir por cometerlo, sino que por siquiera pensar en cometerlo irás al infierno para toda la eternidad a menos que te mutiles. Los próximos pasajes son palabras de Jesús:
Marcos 7:10 «Porque Moisés dijo: "Honra a tu padre y a tu madre", y "el que hable mal de su padre o de su padre, que muera"».
Mateo 5:27-30 «Ustedes han oído que se dijo: "No cometerás adulterio". Pero Yo les digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te hace pecar, arráncalo y tíralo; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te hace pecar, córtala y tírala; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo vaya al infierno».
Mateo 10:34-38 «No piensen que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada. Porque he venido a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra [...]. El que ama al padre o a la madre más que a Mí, no es digno de Mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a Mí, no es digno de Mí. Y el que no toma su cruz y sigue en pos de Mí, no es digno de Mí.».
Muchos se sorprenderán ante estas barbaridades. Seguro que tenéis alguna Biblia cerca: podéis comprobar vosotros mismos que ninguna de estas citas está sacada fuera de contexto, ninguna exagerada en su traducción. De hecho, la mayoría son traducciones nuevas que pretenden aliviar el barbarismo original. Los cristianos conservadores son tan quisquillosos como sus adversarios al escoger pasajes que les agraden y los cristianos liberales ignoran que su visión de Jesús no podía estar más lejos de la verdad bíblica. Este es el resultado inevitable de una religión en la que la mayoría de adeptos no ha leído el texto en el que se originan sus creencias. Ya lo dijo el ex-reverendo Donald Morgan:
«Una lectura y comprensión completas de la Biblia
son el camino más seguro al ateísmo».

El libro electrónico y la revolución literaria

Johannes Gutenberg ideó la imprenta en 1436. Para el comienzo del siglo XVI este aparato era ubicuo en toda Europa y había sido una figura central en la democratización de la literatura y, por tanto, del conocimiento. Mientras tanto, el ordenador tiene poco más de medio siglo, la mayoría de seres humanos vivos nacieron antes de la invención de Internet y, si bien los conceptos como la hipertextualidad existían ya de una forma u otra, los libros electrónicos son tan nuevos que sería ridículo narrar su historia. A pesar de ello, hay quien se ve capaz de profetizar que este nuevo soporte se descartará como una variación inferior de la imprenta.

A día de hoy existen generaciones de personas que recuerdan la invención del televisor. También a día de hoy prácticamente toda la información gubernamental, financiera e industrial se controla con la informática. Es obvio que vivimos una era de cambio que bien puede acabar considerándose la próxima revolución industrial o incluso una nueva época: la Era de la Información. En cualquier caso, el hecho irrefutable es que la sociedad está transformándose: Internet es uno de los mayores terrenos para entrepaneurs y una nueva fuente masiva de información que supera a la imprenta en todos los sentidos. En cincuenta años hemos pasado de tener un puñado de canales de televisión a ser parte de un medio de comunicación creado por todos, una democracia de la información que en cierto sentido (un sentido puramente digital) cumple los sueños anarquistas de pensadores como Noam Chomsky.

Empezamos a depender de esta tecnología y esto inquieta a muchos, al igual que inquietó a muchos la dependencia de la electricidad. Sin duda, ambos deben de ser los descendientes de aquellos que afirmaban con seguridad que las locomotoras de vapor, con su increíble velocidad de cuarenta kilómetros por hora, dejarían inconscientes a las mujeres que se acercaran demasiado. Hay quien teme el progreso porque es nuevo, no porque sea peligroso.

Así qué, ¿hay alguna razón por la que no deberíamos empezar a usar solo e-Books mañana mismo? Aunque los actos revolucionarios rara vez suelen funcionar, ha de señalarse que esto no forzaría un cambio drástico en la concepción de la literatura: algunas ediciones digitales pueden mantener la estructura estática y lineal tradicional mientras otros autores sacan provecho a este nuevo soporte dinámico. Pero el verdadero cambio poco tiene que ver con la literatura: la razón principal es que los e-Books son mucho más prácticos. Apenas ocupan espacio de almacenaje, pueden editarse y publicarse fácilmente, no son otro impulsor en la deforestación mundial y, si lo desea, el lector puede llevar miles de libros en un aparato del tamaño de un folleto y el peso de una novela de tapa dura. Es un sueño hecho realidad.

Curiosamente, que este soporte sea tan práctico no solo es el argumento de sus partidarios sino el de sus oponentes. Ellos argumentan que la excesiva democratización de la información y de la literatura resulta en más contenido de menor calidad. En otras palabras, la cuestión parece reducirse a si valoramos más la calidad o la cantidad. Ante este ultimátum, ¿qué responderemos los que no nos enorgullecemos de nuestra -patente- ignorancia? Quizá recordemos cómo Ortega y Gasset diagnosticaba este sentimiento como el mal estadounidense del anti-intelectualismo: «El alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera. Como se dice en Norteamérica: ser diferente es indecente. La masa arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto». Así que sin duda nos sentiremos impulsados a responder con rapidez: «¡Debe prevalecer la calidad, por supuesto!» ¿Pero acaso podemos reducir la cuestión de esa manera? ¿No es esa restricción de opciones una falsa dicotomía sin vergüenza alguna?

Las obras de calidad siguen existiendo, simplemente puede que sean más difíciles de encontrar. E incluso esa afirmación es dudosa, o al menos incompleta: es cierto que ahora mismo no existe un centro digital de gran literatura (aunque Google parece querer resolverlo) o una editorial digital que de hecho tenga un criterio a la hora de publicar obras pero, como ya ha ocurrido con la música, el cine y los videojuegos independientes, algún día llegarán.

A este paso las racionalizaciones para posponer la revolución de la literatura digital se convierten en poco más que muestras de nostalgia. Tras toda esta argumentación sobre lo práctico, ecológico y democrático que es el advenimiento del libro electrónico, “cualquier tiempo pasado fue mejor” es lo único que puedo escuchar cuando alguien habla de lo mucho que aprecian el olor y la textura de los libros impresos. De todas formas, teniendo en cuenta que vivimos en un planeta en el que alguien inventó la lencería comestible, estoy seguro de que podemos saciar otro capricho más y crear un lector de libros electrónicos que emule la textura y quizá el olor de un libro "como Dios manda".

Al contrario de lo que afirma la creencia popular, es la razón y no la emoción lo que nos distingue del resto de animales y nos hace humanos. Y la razón nos dice que la normalización de los libros electrónicos está en el futuro próximo y que con el tiempo llegarán a cambiar la estructura de la literatura e incluso nuestra percepción de qué es la literatura.

(Read the English translation: "The e-Book and the Literary Revolution")

The e-Book and the Literary Revolution

Johannes Gutenberg devised the printing press in 1436. By the beginning of the 16th century this device was ubiquitous in Europe and had been a central figure in the democratization of literature -and hence, knowledge. Meanwhile, the computer is less than half a century old, most human beings were born before the invention of the Internet and, even though concepts such as hypertextuality already existed one way or another, electronic books are so new that recounting their history would be ridiculous. Nevertheless, there are those who feel confident enough to prophesy that this new support will be discarted as a lesser variation of printing.

There are generations of people alive today who remember a time before television. Also today, pretty much all information -be it from governments, finance or industry- is managed by computer science. Obviously, we live in an era of change which could end up being considered the Next Industrial Revolution or even a new age alltogether: The Information Age. Be it as it may, the undeniable fact is that society is transforming: the Internet is the biggest breathing ground for entrepaneurs and a massive new information source which outmatches printing in every way. In fifty years we have gone from having a few TV channels to being part of a mass comunication created by all of us, a democracy of information that in a sense -in a purely digital sense- fulfills the anarchist dreams of thinkers such as Noam Chomsky.

Many are worried by the fact that we are begining to depend upon this technology, just as many worried about our dependency on electricity. You bet both of them are the offspring of those who claimed with certainty that steam locomotives, at their incredible speed of twenty-five miles per hour, would render women unconscious if they got too close. There are those who fear progress because it is new, not because it is dangerous.

So, is there any reason we should keep delaying the exclusive use of electronic books for a single day? Although revolutionary acts rarely work, it must be pointed out this would not force a drastic change in our conception of literature: some digital publications can hold to the traditional static and linear structure while other authors take advantage of this new dynamic support. But the real reason for this change has nothing to do with literature itself -the main reason is that electronic books -or e-Books- are much more practical. They barely occupy storage space, they can be easily edited and published, they do not boost global deforestation and, if they do so desire, readers can pack thousands of books in a device the size of a leaflet and the weight of a hardcover. It truly is a dream came true.

Oddly enough, the fact that this new support is so practical is not only the main argument of its advocates but also of its detractors. They argue that the excessive democratization of information and literature results in more content of lesser quality. In other words, the issue seems to boil down to this: what do we value most, quality or quantity? Before this ultimatum, what shall we answer those of us who are not proud of our -manifest- ignorance? Maybe we will remember how the Spanish philosopher Ortega y Gasset diagnosed this sentiment as the American ill of anti-intellectualism: «The vulgar mind, knowing itself to be vulgar, has the assurance to proclaim the rights of vulgarity and to impose them wherever it will. As they say in the United States: "to be different is to be indecent." The mass crushes beneath it everything that is different, everything that is excellent, individual, qualified and select.» So then we will surely feel the urge to hastily reply: «Why certainly, quality must prevail!» But can the issue actually be reduced in such a way? Isn't a shameful false dichotomy to reduce our options?

Quality works still exist -simply, it may be more difficult to find them. And even that claim is dubious, or at least incomplete: while it is true that right now there is not a digital centre of great literature (although Google might want to say something about that) or a digital publishing house with strict criteria on which works to publish, these will eventually arrive -as it happened with music, cinema and independent videogames.

Now the rationalizations to postpone the revolution of digital literature become little more than shows of nostalgia. After all this argumentation about how practical, ecological and democratic the advent of the electronic book is, I am unable to hear nothing else but "past times were always better" when someone tells me how much they appreciate the smell and texture of printed books. In any case, considering we live in a planet where someone actually invented edible underwear, I am pretty sure that we can satisfy another whim and make an e-Reader that emulates the smell and texture of a 'proper' book.

Contrary to popular belief, it is reason and not emotion what distinguishes us from the rest of the animal kingdom and hence makes us human. And reason tells us that the normalization of electronic books is in the near future and that with time they will get to change the structure of literature and even our perception of what literature is.

(Leer la versión original: «El libro electrónico y la revolución literaria»)

Sanidad concluye que la homeopatía es placebo

Un estudio encargado por el Congreso español no ha hallado pruebas en favor de la mayoría de terapias de la medicina alternativa. La conclusión no es una sorpresa, ya que estas terapias se consideran complementarias precisamente porque no tienen estudios serios que las apoyen. Recordemos que no comparten procedencia o metodología: solamente las une la ausencia de pruebas y una predilección por vagas filosofías New Age.

Aunque la decisión no sea una sorpresa, sí que es relevante: al menos sobre el papel significa que no se podría legitimizar el empleo de estas terapias en centros médicos públicos.
«La acupuntura puede resultar efectiva para controlar las náuseas y vómitos postoperatorios y los provocados por la quimioterapia, pero no hay indicios que apoyen su uso para dejar de fumar o adelgazar. Los estudios sobre homeopatía apuntan más a un efecto placebo que una eficacia real, mientras que en las terapias físicas y manuales (como la quiropraxia o la osteopatía) se han observado efectos positivos sobre algunas dolencias, aunque los expertos recomiendan nuevas investigaciones». -El País
Este informe de casi un centenar de páginas surge en respuesta a una decisión que tomó el Congreso en 2007: el Ministerio de Sanidad debía estudiar estas terapias para considerar su regulación y empleo en el sector público. El resultado está claro: los ensayos han analizado 139 terapias y no han encontrado efictividad en casi ningún caso.

La acupuntura palia el dolor, si bien lo hace de una forma difícil de distinguir de un placebo, pero resulta ineficaz cuando pretende tratar patologías más específicas. Además, conlleva ciertos riesgos menores, al contrario que la mayoría de terapias alternativas. Entre las prácticas alternativas inocuas está la homeopatía, sobre la cual, según el estudio, "no se puede emitir ninguna recomendación basada en la evidencia que pueda influir en las decisiones clínicas sobre su uso". El informe añade que muchos estudios erran al no tener en cuenta la posibilidad del placebo: "resulta difícil interpretar que los resultados favorables encontrados en algunos ensayos sean diferenciables del efecto placebo".

Por otro lado, el texto pone en manifiesto "el alto grado de satisfacción manifestado por los usuarios de las mismas, independientemente de los resultados encontrados en estudios objetivos, así como el bajo nivel de riesgo que suele representar su forma de uso habitual en la mayoría de las terapias". Aunque existen excepciones directas a la seguridad, estas son ciertamente menores. En realidad, el mayor riesgo es el "retraso en el acceso al tratamiento convencional eficaz apropiado a la situación clínica", o sea, usar estos tratamientos como alternativas y no solo como complementos de la medicina basada en ciencia.
«La escasa evidencia científica disponible sobre efectividad y uso adecuado contribuye a la incertidumbre en su utilización. Estos factores refuerzan una aproximación cautelosa al uso de las terapias naturales».
Aunque la conclusión suponga un duro golpe para los practicantes de estas terapias y para las empresas que les provean, no se trata de un aplastante ataque indiscriminado contra la 'medicina natural': como suele hacerse en los ensayos clínicos, la cuestión se plantea como una tentativa 'ausencia de efectividad hasta el momento' en lugar de una inefectividad tajante. Así se deja cabida a nuevos estudios, aunque en realidad dé prácticamente igual: a pesar de lo afables y formales que sean las palabras, significa que consideran que la mayoría de la medicina alternativa es ineficaz y ofrece un cimiento para el gobierno ante estas cuestiones. Aunque, como indica Luis Alfonso Gámez, es probable que el gobierno no haga nada:
«Yo añado [...] que las autoridades sanitarias obliguen a etiquetar los productos homeopáticos con una leyenda que advierta de que carecen de principio activo y que sólo curan cuando el paciente se lo cree, y prohiban de una vez su venta en farmacias. Si no lo hacen, serán cómplices conscientes de este fraude al ponerse del lado de quienes engañan a los ciudadanos y les venden inútiles remedios milagrosos».
Sea cual sea la verdad, es más fácil no hacer nada. Y qué sino podemos esperar del gobierno.

Tributo a Hitch

Hace apenas unas horas, todavía 15 de diciembre en Estados Unidos, murió Christopher Hitchens. Aunque en Ciudadanos del Mundo le dedicamos toda una entrada el año pasado, no ha recibido ninguna otra mención, y es que su retórica sofística es placentera al oído pero no siempre estrictamente racional. A pesar de ello, Hitch era una considerable influencia personal que se ha ganado su sitio en la estantería de pensadores y oradores modernos.

Debido a su cáncer de esófago su muerte era de esperar, pero es de todas formas impactante ver como cae otro gran humano. Parece haber un patrón de muerte prematura con las figuras a las que admiro: Carl Sagan, George Carlin y ahora el único que podría haber escrito una obra como «Dios no es bueno. Cómo la religión lo envenena todo».

Christopher, echaremos de menos tus Hitchslaps.

Escépticos - ¿Cambio climático?

Tras tres meses Escépticos termina la temporada y en su última aparición se centra en la falsa ciencia más dañina para el ser humano y el planeta: el negacionismo del cambio climático.


En realidad el calentamiento global y el efecto invernadero son fenómenos naturales. Esto es algo de lo que no todos han oído hablar. Por supuesto, este hecho superficial puede utilizarse como arma y muchos lo hacen. Y es que casi ningún negacionista niega el cambio climático sino aquel potenciado por el ser humano. También por supuesto, están equivocados.

En los últimos cien años la temperatura media del planeta se ha elevado 0,8 ºC, la mayoría en los últimos treinta años. Este hecho es simple e irrefutable. La cuestión es si este cambio climático puede explicarse con altibajos naturales o si es precisa otra explicación. Este episodio de Escépticos lo explica muy bien y el consenso es que la deforestación y la quema de combustible fósil son las mayores responsables de elevar los gases de efecto invernadero.

Si seguimos por este camino las predicciones son inquietantes: durante el siglo XXI la temperatura subiría 1,1º en el mejor de los casos y en el peor se elevaría 6,4 Cº. Esto conllevará una elevación del nivel del mar que en las próximas décadas empezará a hacer desaparecer zonas costeras, más fenómenos meteorológicos extremos y destructivos, una extinción masiva de especies, daños inmensos a la agricultura y otras consecuencias.

Este último episodio de Escépticos explica con éxito por qué no se trata solo de una correlación entre las emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera y el aumento de la temperatura. Existe una causalidad y no es sólo teórica sino experimental, con un increíble registro de los gases en el aire terráqueo a través de los tiempos. Con esto podemos tachar que estas últimas elevaciones solo sean debidas al cambio climático natural de la Tierra y confirmar que nuestras emisiones de dióxido de carbono son las responsables.

Como es debido, el episodio y la temporada terminan con una cita de Carl Sagan. La tierra, una mota de polvo azul suspendida en el espacio, más frágil de lo que creíamos.

SOPA y la censura de Internet

SOPA. Probablemente habéis oído hablar de esas siglas últimamente. La Stop Online Piracy Act es un proyecto de ley estadounidense que pretende acabar con la piratería digital aumentando el poder de las fuerzas del orden y de los titulares de los derechos de autor.

¿Suena bien? Por supuesto que no. Pero lo alarmante es que ha recibido críticas incluso de aquellos que se oponen a la llamada 'piratería'. Y es que esta ley se extralimita tanto que pisa el terreno de las libertades civiles de una forma más propia de China que de Estados Unidos.


Con sistemas similares a los de China e Irán, SOPA permitiría al gobierno estadounidense bloquear páginas web que contengan un enlace que inflija algún derecho de autor, al margen de si este enlace ha sido añadido por el propietario de la página. SOPA obligaría a empresas como Megaupload a convertirse en perros guardianes de la más mínima infracción, y como esto es prácticamente imposible tendrían que decidirse entre el bloqueo permanente por infracción y la bancarrota por servicio pésimo. Es una elección imposible.

Y podemos despedirnos del 'uso legítimo'. En Estados Unidos se puede usar material protegido por derechos de autor siempre que se cumpla un propósito propio, como ocurre con las críticas de películas, libros y videojuegos. Este es un derecho protegido por su Primera Enmienda, que asegura la libertad de expresión y de prensa, pero SOPA pretende pasarse por el forro la Carta de Derechos en aras de proteger a las gigantes del copyright.

Los titulares de los derechos de autor son entidades privadas, pero tomarían las riendas del gobierno al marcar como infractor lo que deseen. Este material, ya sea una crítica de una película o una guía de un videojuego, se bloquearía al instante, sin que el gobierno haya llegado a valorar si se trata de una infracción de los derechos de autor. La idea de SOPA ya es pésima, pero su ejecución es simplemente insultante: cede el poder al sector privado para que se protejan a sí mismos. ¿Conflicto de intereses? ¿Dónde? Insultante y ridículo.

Para los usuarios esta ley acabaría con Internet tal y como lo conocemos. Para las nuevas empresas dejaría de ser un terreno fértil. En nombre de proteger la creatividad, el gobierno estadounidense y las empresas promotoras van a mutilar al mayor avance sociotecnológico desde la invención de la imprenta y la única potencia económica que no está en declive.

Este jueves 15 de diciembre se decidirá si se aprueba la ley. Seáis de EE. UU. o no, haceos oír