El fantasma de la máquina

El "Fantasma de la máquina" es una locución que inventó el filósofo Gilbert Ryle para describir el dualismo mente-cuerpo de Descartes. En su libro The Concept of Mind Ryle ridiculizó la creencia de que el psique funciona independientemente del cuerpo físico. Según Descartes y todos los dualistas después, la mente no está sujeta a leyes mecánicas, ni siquiera está en el espacio. De ahí el alma etérea que gobierna el cuerpo mecánico, el fantasma de la máquina.

Aunque la propuesta de que existe una distinción vital entre mente y materia, que la mente es como un espíritu incorpóreo, es una teoría de la mente muy específica, rara vez viene sola. El lingüista y psicólogo experimental Steven Pinker lo dijo mejor en su libro The Blank Slate:
«Las doctrinas de la tabula rasa, el salvaje noble y el fantasma de la máquina (o, como los llaman los filósofos, empirismo, romanticismo y dualismo) [...] suelen encontrarse juntos. [...] Naturalmente, la tabula rasa coexiste con el fantasma de la máquina, dado que una tabla rasa es un lugar acogedor para que more un fantasma. Si un fantasma ha de estar al mando, la fábrica puede enviar el aparato con un mínimo de partes».
Esos son los tres mosqueteros: la tabula rasa de John Locke, el salvaje noble de Rousseau y el fantasma de la máquina de Descartes; la mente no tiene rasgos innatos, las personas nacen buenas por naturaleza y todos tenemos un alma con libre albedrío que no se somete a las leyes de la física y la biología. La unión del empirismo no epistemológico, el romanticismo y el dualismo es una poderosa fuerza seductora, pero no por su poder explicativo sino por lo que parecen representar: una barrera contra la desigualdad y el determinismo.

Pero defender una posición científica con sueños y esperanzas no tiene sentido. Concluir que la mente carece de rasgos inherentes a base de aspiraciones políticas y no pruebas reales es un ejemplo perfecto de la falacia moralista: es una presunción de que aquello que sea deseable debe ser verdad, que lo que debería ser también es. Por ejemplo: «No podemos estar predispuestos naturalmente a la xenofobia porque eso justificaría el racismo». En esencia es lo opuesto a la falacia naturalista, que presume que aquello que sea verdad debe ser deseable, que lo que es también debería ser: «Dado que estamos predispuestos naturalmente a la xenofobia, el racismo está justificado socialmente».

Aunque estos temores no son argumentos reales, eso no significa que no sean ciertos, así que mejor dejemos de lado la lógica formal. ¿La realidad de la naturaleza humana, no importa cuán maleable, socava las esperanzas de una igualdad social? No, porque las libertades civiles no dependen de la condición de que todos seamos iguales sino de una sociedad que trate a todos como individuos con derechos: no nacemos iguales, pero dar por sentado que por tanto no deberíamos tratarnos con igualdad es caer en la falacia naturalista. Lo siento, prometo no volver a mencionar las falacias lógicas.

Pero el abismo de la naturaleza humana es más profundo. Muchos temen la idea de que la biología toma parte en nuestra conducta y su implicación de que la mente no es más que una parte del cuerpo porque destruye la fuente aparente de nuestras libertades: el libre albedrío. Y es cierto que la destruye: al comprender que el dualismo mente-cuerpo no existe uno se da cuenta de que la mente está, como todo lo demás, sujeta a las leyes de la naturaleza, a la cadena infinita de causa y efecto. Por necesidad, esto convierte a la elección en una ilusión; muy útil o incluso crucial, pero técnicamente un espejismo. En su libro de 2010 "The Moral Landscape" el neurocientífico Sam Harris lo describe así:
«Toda nuestra conducta puede rastrearse hasta fenómenos biológicos de los que no somos conscientes: esto siempre ha sugerido que el libre albedrío es una ilusión. Por ejemplo, el psicólogo Benjamin Libet demostró que actividades en las regiones motoras del cerebro pueden detectarse unos 350 milisegundos antes de que la persona sienta que ha decidido moverse. Recientemente, otro laboratorio utilizó una IRMf para mostrar que algunas decisiones "conscientes" pueden predecirse hasta 10 segundos antes de formar parte de la conciencia, mucho antes de la actividad motora preparatoria que detectó Libet. Está claro que esta clase de hallazgos son difíciles de reconciliar con la sensación de que uno es la fuente consciente de sus acciones. [...]

El problema es que ninguna explicación de la causalidad da cabida al libre albedrío. Pensamientos, humores y deseos de toda clase aparecen de la nada y nos afectan (o no) por razones subjetivamente inescrutables. [...] Decir que una persona habría hecho otra cosa si hubiera decidido hacer otra cosa no significa nada, porque las "elecciones" de una persona solo aparecen en su torrente mental como de la nada. [...] Nuestra creencia en el libre albedrío emana de nuestra ignorancia momentánea sobre causas específicas previas. La expresión "libre albedrío" describe la impresión de identificarse con el contenido de cada pensamiento a medida que surge en la conciencia».
Harris procede a explicar por qué este hallazgo no acaba con la moralidad y la libertad:
«Como señaló Daniel Dennett, muchos confunden el determinismo con el fatalismo. Eso da lugar a preguntas como: "¿Si todo está determinado por qué debería hacer nada? ¿Por qué no sentarme y ver qué pasa?" Pero que nuestras elecciones dependan de causas previas no significa que no importen. [...] No sabemos lo que pretenderemos hasta que la intención surja. Ver esto es darse cuenta de que no eres el autor de tus pensamientos y acciones en la forma que suele suponer la gente. En cambio, esta comprensión no hace que la libertad social y política sea menos importante».
Que el libre albedrío sea una ilusión no menoscaba lo que consideramos como elecciones. Solo tenemos que comprender intelectualmente cómo funciona nuestra mente pero luego simplificarlo con el concepto del libre albedrío. Es un modelo: útil pero falso. Por ejemplo, en nuestra vida diaria no usamos física avanzada sino un modelo muy simple a base de experiencias que solo falla cuando las variables del entorno son muy distintas de las nuestras, como cuando el astronauta David Scott dejó caer un martillo y una pluma en la luna y cayeron a la misma velocidad. Es intuitivamente confuso pero intelectualmente explicable: no hay resistencia al aire en el vacío. De manera análoga, el libre albedrío es un modelo útil que no tenderá a fallarnos; pero más vale que seamos conscientes de su inexactitud o no reconoceremos las ocasiones en las que la experiencia común no es suficiente.

Pues esto no es un diálogo puramente filosófico: sostener como verdad esta idea y sus justificaciones filosóficas tiene consecuencias en el mundo real. La tabula rasa y el noble salvaje contaminan campos científicos como la antropología al romantizar nuestro estado de naturaleza (y la naturaleza misma) y al vetar la crítica legítima de las tribus primitivas, creando así expectativas poco realistas sobre los niños y otras gentes no civilizadas. En cambio, el mayor culpable es el fantasma de la máquina, de ahí el título de este ensayo: por ejemplo, en el dualismo mente-cuerpo radican las medidas políticas contra la investigación de células madre. En 2011 George W. Bush tomó la decisión de prohibir estos estudios tras consultar con varios filósofos dualistas y pensadores religiosos. Todavía a día de hoy existen muchas otras actitudes dañinas que asumen la existencia de un alma inmaterial mucho más allá del cuerpo.

Como indica el mismo Steven Pinker, todo esto «inscribe la tabula rasa, desclasa al salvaje noble y exorciza al fantasma de la máquina». Más que puntos de vista intelectuales son explicaciones primitivas basadas en el pensamiento mágico de que aquello que deseemos debe ser cierto. En cierto modo, la negación popular de la naturaleza humana es muy similar a la posición posmodernista hacia la ciencia en general: ambos proclaman una pared de separación entre sus ideas y aquello que el conocimiento metodológico pudiera llegar a alcanzar. Pero la realidad no tiene esas fronteras.
(The original article written in English here: The Ghost in the Machine)

The Ghost in the Machine

The Ghost in the Machine phrase was invented by philosopher Gilbert Ryle as a way to describe René Descartes' mind-body dualism. In his book The Concept of Mind Ryle ridiculed the belief that the psyche somehow functions independent of the physical body -according to Decartes and all dualists thereafter, the mind is not subject to mechanical laws, it is not even in space. Hence, the immaterial soul governing the mechanistic body, the Ghost in the Machine.

While the suggestion that there is a vital distinction between mind and matter, that the mind is some kind of disembodied spirit, is a very specific theory of the mind, it rarely comes alone. Linguist and experimental psychologist Steven Pinker puts it best in his book The Blank Slate:
"The doctrines of the Blank Slate, the Noble Savage, and the Ghost in the Machine -or, as philosophers call them, empiricism, romanticism, an dualism- [...] are often found together. [...] The Blank Slate naturally coexists with the Ghost in the Machine, too, since a slate that is blank is a hospitable place for a ghost to haunt. If a ghost is to be at the controls, the factory can ship the device with a minimum of parts."
So there we have the Three Musketeers: John Locke's Blank Slate, Rousseau's Noble Savage and Decartes' Ghost in the Machine -the mind has no innate traits, people are naturally born good and each of us has a free-willed soul that does not abide by the laws of physics or biology. Non-epistemological empiricism, romanticism and dualism brought together are a powerful seductive force, not so much for their explanatory power but for what they seem to represent: a barrier against inequality and determinism.

But defending a scientific position with hopes and dreams is a non sequitur. To conclude that the mind does not have inherent traits based on political aspirations and not actual evidence is a perfect example of the Moralistic fallacy: it is a presumption that whatever is desirable must be the truth, that what ought to be also is. For example: "We cannot be naturally predisposed to xenophobia because that would justify racism." Essentially, it is the opposite of the Naturalistic fallacy, which presumes that whatever is true must be desirable, that what is also ought to be: "Since we are naturally predisposed to xenophobia, racism is socially justifiable."

Although these fears are not actual arguments, that does not mean they are not true, so maybe we should leave Formal logic aside. Does the reality of human nature -however malleable- undermine the hopes for social equality? No, because civil liberties do not depend on the condition that we are all the same but on a society that treats people as individuals with rights: we are not born equal -but to assume that therefore we should not be treated equally is to fall in the Naturalistic fallacy. Sorry, I promise not to mention logical fallacies again.

But the rabbit hole of human nature goes deeper. The idea that our biology may play a part in our behaviour and its implication that the mind is but a part of the body is feared by many because it destroys the apparent source of our civil rights: free will. And it truly does: with the understanding that there is no mind-body dualism comes the realization that the mind is, just as everything else, subjected to the laws of nature, to the infinite chain of cause and effect. This necessarily makes choice an illusion -a very useful illusion, crucial even, but technically just a mirage. In his 2010 book "The Moral Landscape", neuroscientist Sam Harris describes it thus:
"All of our behavior can be traced to biological events about which we have no conscious knowledge: this has always suggested that free will is an illusion. For instance, the physiologist Benjamin Libet famously demonstrated that activity in the brain’s motor regions can be detected some 350 milliseconds before a person feels that he has decided to move. Another lab recently used fMRI data to show that some “conscious” decisions can be predicted up to 10 seconds before they enter awareness (long before the preparatory motor activity detected by Libet). Clearly, findings of this kind are difficult to reconcile with the sense that one is the conscious source of one’s actions. [...]

The problem is that no account of causality leaves room for free will. Thoughts, moods, and desires of every sort simply spring into view—and move us, or fail to move us, for reasons that are, from a subjective point of view, perfectly inscrutable. [...] It means nothing to say that a person would have done otherwise had he chosen to do otherwise, because a person’s “choices” merely appear in his mental stream as though sprung from the void. [...] Our belief in free will arises from our moment-to-moment ignorance of specific prior causes. The phrase “free will” describes what it feels like to be identified with the content of each thought as it arises in consciousness."
Harris goes on to explain why this realization does not put an end to morality and freedom:
"As Daniel Dennett has pointed out, many people confuse determinism with fatalism. This gives rise to questions like, “If everything is determined, why should I do anything? Why not just sit back and see what happens?” But the fact that our choices depend on prior causes does not mean that they do not matter. [...] We do not know what we will intend to do until the intention itself arises. To see this is to realize that you are not the author of your thoughts and actions in the way that people generally suppose. This insight does not make social and political freedom any less important, however."
The fact that free will is an illusion does not undercut what we think of as choices. We just need to intellectually understand how our minds actually work but then simplify it with the concept of free will. It is a model: useful but untrue. For example, in our everyday lives we do not use advanced physics but a very simple model based on experience that only fails us when the environmental variables are dramatically different from our own, as when astronaut David Scott dropped a hammer and a feather in the moon and they fell at the same rate. It is intuitively confusing but intellectually explainable: there is no air resistance in a vacuum. Similarly, free will is a useful model that will rarely fail us -but we'd better be mindful of its inaccuracy or we will fail to recognize those occasions when our regular experience does not suffice.

For this is not a purely philosophical discussion: holding this idea as the truth along with its philosophical justifications does have real-world consequences. The Blank Slate and the Noble Savage pollute scientific fields such as anthropology by romanticizing our state of nature -and Nature itself- and vetoing the legitimate criticism of primitive tribes, hence creating unrealistic expectations of children and other uncivilized people. Yet, particularly at fault is the Ghost in the Machine, therefrom the title of this essay: for instance, the mind-body dualism is at the core of the policies against embryonic stem-cell research. In 2001 George W. Bush made his decision to put a stop to these studies by consulting with a number of dualist philosophers and religious thinkers. Continuing to this day there are many other harmful attitudes that assume the existence of an immaterial soul above and beyond the body.

As Steven Pinker himself points out, all of this "fills in the blank slate, declasses the noble savage, and exorcises the ghost in the machine". These are not so much intellectual positions as primitive explanations based on the magical thinking that whatever we hope for must be true. In a way, the popular denial of human nature is very similar to the Postmodernist stance towards science in general: both of them proclaim a wall of separation between their ideas and that which methodical knowledge could conceivably attain. But reality has no such frontiers.
(El artículo traducido al castellano aquí: El fantasma de la máquina)

SOPA cae, el FBI cierra Megaupload

Ayer, exactamente un día después de la protesta online contra SOPA y PROTECT IP, el FBI y el Departamento de Estado de EEUU, con ayuda de varias agencias internacionales, llevaron a cabo una operación de clausura contra Megaupload, la página de intercambio de archivos más popular. Se ha cerrado la página y detenido a siete de sus empleados con cargos de violación de la propiedad intelectual por piratería informática y de conspiración criminal.

El Departamento de Justicia alega que estos siete acusados son responsables de "piratería masiva en todo el mundo de diferentes tipos de obras protegidas por derechos de propiedad intelectual". En total, cada acusado se enfrenta a una pena máxima de 50 años de prisión.

Si bien es cierto que la investigación habrá llevado su tiempo y precede las circunstancias políticas actuales, no parece fantástico aventurar que hayan elegido la fecha de ayer en retahíla a la protesta mundial en contra de SOPA y PIPA. La verdad es que no podemos confirmarlo. De todas formas, la protesta sí que tuvo su impacto político: antes de la protesta SOPA tenía 80 partidarios y 31 adversarios en el congreso; tras la protesta solo quedaban 65 partidarios y el número de adversarios llegó hasta 101. En el senado, PIPA pasó de tener 5 adversarios a 35 y solo se necesita que 41 senadores digan "No" a esta ley para frenarla.

Actualización. Lamar Smith, el mayor promotor de SOPA, ha decidido retirar la propuesta del congreso definitivamente. Además, la votación de PIPA ha quedado aplazada indefinidamente.

Aunque no podemos saber si la maniobra del FBI ha sido una táctica con una puntualidad política deliberada o no, la respuesta de Internet a la clausura de Megaupload ha sido sin duda muy deliberada: además de quejas populares, miles de personas han tomado la bandera de Anonymous en un ataque de denegación de servicio: en la noche entre el 19 y el 20 ha habido ataques masivos contra las páginas web de varias agencias estadounidenses y discográficas. Probablemente se trate del mayor ataque informático de la historia.

Para aquellos que no lo sepan, un DoS o ataque de denegación de servicio consiste en saturar una página web con tantas peticiones de visita simultáneas que esta queda inaccesible. Durante momentos distintos de la noche han caído las páginas de empresas como Universal, de organizaciones como la Asociación de Industria Discográfica de Estados Unidos, e incluso de agencias gubernamentales como el Departamento de Justicia. La última en caer ha sido la página del FBI, que supuestamente debería tener una seguridad excepcional.

En una muestra de sensacionalismo que resulta de todas formas atractiva y casi correcta, varios medios han calificado esta acción como la Primera Guerra Mundial Digital.

Internet se alza contra SOPA y PROTECT IP Act

Ya os hemos hablado de SOPA, la ley antipiratería estadounidense que aumentaría el poder de censura en la red a las fuerzas del orden y los titulares de los derechos de autor. Tras aplazarse en diciembre, parecía que la ley se votaría definitivamente el 24 de enero. Pero no será así: en un gesto populista pre-elecciones, Obama ha dado el carpetazo a SOPA.


Antes de que llegaran estas noticias empezó a organizarse un esfuerzo organizado para protestar contra la ley y hoy 18 de enero, justo una semana antes de la fecha original para la votación en el congreso. A pesar de las noticias, hoy habrá un apagón total en páginas como Reddit, Mozilla, Destructoid e incluso gigantes como Wikipedia en su versión inglesa. Google y otras muchas no suspenderán sus servicios pero sí protestarán contra la propuesta de ley.

Se trata de la mayor protesta online de la historia pero, ¿por qué llevarla a término si la Casa Blanca ha desechado la ley? Porque no se trata de un rechazo definitivo: han dejado a SOPA de lado hasta que pueda formarse un consenso, lo que significa que pueden surgir leyes similares. De hecho, Lamar Smith, el consejero del Comité judicial de la Cámara de Representantes que propuso SOPA, afirma que seguirá adelante con el proyecto en febrero diga lo que diga la Casa Blanca. Además, la PROTECT IP Act o PIPA, la propuesta en la que se basa SOPA, sigue sin oposición senatorial. En otras palabras, la lucha no ha acabado.

El fin de la protesta está claro: acabar con PIPA en el senado y rematar a SOPA en el congreso para defender los derechos de libertad de expresión y privacidad.

El dilema de la tecnología

La humanidad ha sido ama de la tecnología desde sus humildes comienzos. De hecho, las funciones cerebrales superiores que nos permiten crear y manejar herramientas son, en esencia, lo que nos distingue como especie, por muy capaces que puedan ser otros simios. Nuestra creatividad nos define y lo que sea que hagamos con ella indicará el progreso de nuestra civilización. Después de todo, la tecnología ya no está compuesta solo por herramientas de creación sino también por armas de destrucción.

Por desgracia, incluso en Occidente la gente muestra una extraña ambivalencia hacia la ciencia y la tecnología moderna. Sin duda es comprensible: generaciones aún vivas recuerdan lúcidamente los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Específicamente, recuerdan la bomba atómica. ¿Acaso puede discutirse? Fue una abominable e inexcusable invención de destrucción masiva. Ya lo dijo uno de los padres del Proyecto Manhattan, J. Robert Oppenheimer, citando el Bhágavad-guitá, un antiguo texto sagrado hinduista: «Me he convertido en La Muerte, el destructor de mundos».

Pero no olvidemos que el poder del átomo también nos ha traído avances ilimitados en la obtención de energía, la medicina y el conocimiento. Se perdería mucho sin estos avances, como el Gran colisionador de hadrones de CERN que ahora mismo desentierra los misterios del universo temprano y desafia el Modelo estándar de física de partículas al poner a prueba la existencia del Bosón de Higgs. La energía nuclear, como cualquier tecnología, puede usarse como una herramienta de creación. Como declaró el difunto astrofísico Carl Sagan:
«El mismo cohete y tecnología nuclear e informática que envía a nuestras naves más allá de los planetas conocidos también pueden usarse para destruir nuestra civilización global. Exactamente la misma tecnología puede usarse para el bien y para el mal».
La ciencia, y su materialización en la tecnología moderna, es neutral. El bien y el mal de la tecnología no se encuentra en su interior sino en aquello que acabemos haciendo con ese conocimiento. La humanidad tiene la clave tanto para el bien moral como para la malicia y codicia puras: la tecnología no es ni más ni menos que un medio, una herramienta que podemos usar para la creación o la destrucción.

Nuestro futuro y quizá incluso el de este punto azul suspendido en el espacio dependen de nosotros. Solo las herramientas de creación pueden traernos ese futuro. Cualquier futuro.
(The original article written in English here: The Quandary of Technology)

The Quandary of Technology

Humankind has been the master of technology since its humble beginnings. Actually, our ability to use higher brain functions in order to create and handle tools is essentially what sets us apart as a species, however able some other apes may be. Our creativity defines us and whatever we choose to do with it will mark the progress of our civilization. After all, technology is no longer defined only by useful tools of creation, but by weapons of destruction too.

Unfortunately, even in the Western world people have a strange ambivalence towards science and modern technology. It is certainly understandable -generations still alive vividly remember the horrors of World War II. Specifically, they remember the atomic bomb. There is nothing to argue, is there? It was a horrific and inexcusable invention of mass destruction. One of the fathers of the Manhattan Project, J. Robert Oppenheimer, said as much, quoting the Bhagavad Gita, an ancient Hindu scripture: "Now, I am become Death, the destroyer of worlds."

But lest we forget that the power of the atom has also brought us immesusurable advances in energy harnessing, medicine and knoweldge itself. Much would be lost without these advances, such as the CERN Large Hadron Collider that is currently unearthing the mysteries of the early universe and challenging the Standard Model of particle physics by putting the existence of the Higgs boson elementary particle to the test. Nuclear power -just as any other piece of technology- can also be a tool for creation. As the late astrophysicist Carl Sagan declared:
"That same rocket and nuclear and computer technology that sends our ships past the farthest known planet can also be used to destroy our global civilization. Exactly the same technology can be used for good and for evil."
Science -and its actualization in modern technology- is neutral. The good and the bad of technology is not to be found in itself but in whatever we end up doing with that knowledge. Humanity has the key to both moral goodness and pure wickedness and greed -technology is nothing more and nothing less than a conduit, a tool we can use for creation or destruction.

The future of our species and maybe even the fate of this pale blue dot suspended in space depend solely on us. Only tools of creation can bring us to that future. To any future.
(El artículo traducido al castellano aquí: El dilema de la tecnología)

El engaño posmodernista

El posmodernismo es un movimiento filosófico nacido tras la Segunda Guerra Mundial, provocado por un desencanto con la posición objetivista sobre la realidad que fomentó la Ilustración. Para ser sinceros, el conocimiento humano nunca se 'ilustró' durante la época conocida como "La Ilustración". La humanidad tuvo que esperar hasta el siglo XIX para que esos ideales se apoderaran de la sociedad y los gobiernos. Era de veras la era del racionalismo y la ciencia. Esta era también nos enseñó una triste realidad: a pesar de toda esta sofisticación, podíamos seguir actuando como bárbaros en nuestra propia tierra. Tras dos guerras mundiales, la gente buscaba una nueva forma de pensar.

Incluso entonces debía ser obvio: las cosas estaban cambiando. Surgieron miles de nuevas religiones tras la Guerra, muchas inspiradas por las antiguas religiones orientales. La cultura jipi estadounidense apareció aparentemente de la nada tras la falsedad de los idílicos años 50. Había una nueva forma de pensar y con ello vino la eternamente importante Duda, la esencia del escepticismo. De repente, la certeza de la mente mecanicista parecía contenida y de mente cerrada. Esta era una nueva era para buscar nuevas formas de hacerlo... ¡todo! Cada faceta de la vida debía reexaminarse; cada tradición mirada con sospecha.

Estas arenas movedizas sociales son vitales para cambiar el paradigma. A esta época de pensamiento anárquico le atañe intercambiar ideas sin discriminación para luego descartar lo malo y conservar lo bueno. Por desgracia, no fue así. Encontramos consuelo en la nesciencia, en la pura ignorancia. La sociedad malgastó esta oportunidad de usar la Duda como una herramienta en busca del conocimiento y se acurrucó entre los brazos de "la nada" disfrazada del siempre insignificante "Todo". La Duda ya no era una herramienta sino un fin, casi un extraño fetiche. El misterio se convirtió en virtud.

Según dicen, es una posición humilde: la certeza, como quiera que se alcance, es arrogante, intolerante y fascista. Sin duda, esta es la Era del Relativismo Moral y Social. Es fácil comprobarlo, si hacéis el favor: reunid a un público atento de personas aleatorias y, en cualquier contexto que deseéis (o en ninguno), pronunciad la famosa expresión «Todos tienen razón». Si no os saltan al cuello por el crimen intelectual de contradecirte en solo dos palabras (el verbo no cuenta), sabréis que estáis en compañía de aletargados relativistas.

La acusación de letargo puede sonar dura (¿o incluso intolerante?). Pueden ser personas por lo demás muy simpáticas e inteligentes, pero en lo que respecta al relativismo, ¿acaso no es ese su propósito? Por definición, cualquier conclusión, afirmación o dogma debe excluir otras conclusiones reales o potenciales. Así que, ¿por qué no designar todo como igualmente acertado y hala, no le demos más vueltas? Por supuesto, esta forma de pensar ignora que en si misma constituye un dogma. Pero ese es el resultado de intentar razonar y mostrar evidencias en contra del racionalismo y empirismo: utilizas exactamente lo mismo que descartas para descartarlo o, en otras palabras, estás cortando la rama sobre la que estás sentado. El engaño posmodernista es que todo es cierto excepto aquello que no esté de acuerdo con esa aseveración sin fundamento: la idea de que la realidad y el conocimiento son subjetivos se toma como principio, de tal manera que es imposible argumentar nada. Lo hacen aun y todo, por supuesto: pero tienen a mano un mantra seudo-filosófico que defecar como diarrea verbal en cuanto se les cuestione.

De nuevo, la posición relativista no es más que un insulto al escepticismo: toma la Duda y la usa como un escudo contra el conocimiento en lugar de como una herramienta en su busca. Sin duda es más fácil afirmar que la ciencia es dogmática y tan fundamentalista como la religión antigua que mirar cómo la ciencia ha descubierto lo que sabe. El posmodernista no comprende la importancia en todo de la metodología. Como ilustré en "La virtud de la fe":
«No hay más que reiterar la diferencia entre creencia y fe; no importa la gran o nula seguridad que tengas sobre cierta cuestión, sino el medio utilizado para llegar a tus conclusiones. Por definición y evidencia histórica, la ciencia revisa sus teorías según dicten las nuevas observaciones; y así la fe supone un gran contraste, que en la misma situación se presenta como la negación de dichas observaciones para poder preservar una creencia».
En cierto modo, es patéticicamente cómico cómo esta gente acusa a la ciencia de arrogancia y se enorgullecen de su humildad. Solo muestran su soberbia ciega cuando publicitan su humildad, pero van un paso más allá y se meten con la empresa humana que no solo ha salvado vidas innumerables sino que además se basa en un solo principio básico: «No lo sé». Este es el punto de partida de todo científico, un grupo de personas que, a pesar del estereotipo de sabelotodo, bien puede ser único en su orgullo al chillar con emoción infantil: «¡Todavía no lo sabemos!». Porque eso significa que hay más por descubrir, lo cual es el trabajo de un cientí-fico.

Pero peor quizá que esta total ceguera de la metodología es la caída en el oscurantismo. Como ya se ha mencionado, la Duda se convierte en objeto de culto, atribuyendo una virtud a algo que es por definición vacío e insignificante. Los creyentes en el posmodernismo o, como los llamaría el filósofo Daniel Dennett, los "Turbios" están rodeados: por un lado están los supernaturalistas y por el otro lado los ilustrados. Los Turbios consideran que ambos son absolutistas dogmáticos porque hacen aseveraciones y no les importa si han llegado a sus conclusiones a través de la fe ciega o de las evidencias. Los oscurantistas temen definir sus términos porque sus ideas deben estar pobremente definidas para evitar exponerse a un análisis crítico. Lo que es peor, los posmodernistas profesionales no se avergüenzan de ello: al glorificar lo abstruso, insisten en el orgullo que tienen de su ignorancia.

Sin embargo, todo eso sería perdonable si su humildad fuera más que falsa modestia, la exasperante cortesía del habla políticamente correcta: o sea, mentir sin vergüenza para evitar conflictos intelectuales; Dios sabe que puede llevarles a pensar en algo socialmente relevante. De hecho, aquellos que mantienen que «Todos tienen razón» son muy conscientes de que todo el mundo mantiene opiniones contradictorias sobre varios temas. Pensarán que tal o cual persona se equivoca al soltar sus obvias pamplinas e incluso puede que repliquen «Bueno, esa es tu opinión», que además de frenar la conversación es una falacia lógica, pero no tendrán una discusión formal, no sea que usen sus capacidades argumentativas por una vez.

Este comportamiento deriva del terror paralizante de ser marcado de «Intolerante», lo cual es una acusación casi tan grave como «Bebicida hitleriano». Esto frenará al individuo más astuto, así que parece ser un buen argumento: «¿Cómo te atreves, mero mortal, a interferir con el derecho civil de la libertad de pensamiento y expresión?». No interfiero. Defiendo el derecho de cada individuo a pensar y decir lo que le plazca siempre y cuando no hiera a otros. No me agradan las leyes de censura y quizá, solo quizá, pongo los límites en discursos de odio. Pero no cometo el fallo con el que el relativista cava su propia tumba: si bien cada individuo tiene el derecho a creer lo que le antoje, eso no significa que esas creencias deban ser inherentemente respetadas o incluso consideras automáticamente ciertas. La persona debe ser respetada y tratada con humanidad, pero sus ideas pueden criticarse y sí, incluso ridiculizarse, porque se está tratando el argumento y no la persona. Por mucho que ridiculice el posmodernismo, lo hago con argumentos y no atacando a sus partidarios personalmente.

¿Pero por qué tanta bulla? ¿No es sobre todo hipocresía inofensiva? No, no lo es. El engaño posmodernista yace en el rencor popular hacia la Ilustración, la noción de que una élite intelectual no es diferente de una política o financiera: la pericia y la certeza se consideran cualidades tiránicas de por sí, al margen del método utilizado para adquirir la experticia y por mucho que el pueblo pueda verificarlo con facilidad. Este fraude intelectual también es responsable del relativismo cultural que permite a muchos aceptar horrores como la mutilación genital femenina si hay una razón religiosa para la práctica. Pero, como filosofar es mi hobby, quizá no sea un accidente que para mi la mayor afronta del posmodernismo sea su embotamiento del intelecto, el secuestro de la Duda como una excusa para no pensar, la exaltación del misterio y el oscurantismo como virtudes cuando no son más que formas cobardes de restringir el conocimiento y de ejercer pereza intelectual.
(The original article written in English here: The Postmodernist Deceit)