Más y más gripe A

Resulta que la Unión Europea está en proceso de investigar las cinco muertes causadas por la vacuna de la gripe, aunque personalmente, dudo que vayan a prescindir de un negocio tan lucrativo por unas cuantas perdidas deducibles, si nos ponemos eufemísticos. Allá va la noticia:
Cinco europeos han muerto poco tiempo después de ser vacunados contra la gripe A. La alarma se disparó cuando uno de ellos falleció apenas unos minutos después de recibir la dosis. El viceministro de Salud del Parlamento ha sido quien ha alertado a la Unión Europea de estos casos –fuentes no oficiales apuntan a que se trata de cuatro suecos y un suizo- y el de 190 enfermeras más que han presentado reacciones alérgicas “demasiado complicadas” tras haber recibido la vacuna contra el virus H1N1. Para quitarle hierro al asunto, el viceministro barajó una posibilidad: “Podrían haber muerto por otras complicaciones”.

A lo que no ha hecho mención el mandatario pero sí le ha preguntado la ministra polaca de Sanidad, Ewa Kopacz, es si las vacunas se han fabricado tan rápido que tal vez no hayan pasado los controles que necesita cualquier vacuna que llegue al mercado y si se han verificado los efectos secundarios que podría provocar su administración.

Kopacz no ha perdido el tiempo para lanzar a la Unión Europea, una a una, las razones por las que Polonia todavía no ha comprado vacunas contra el nuevo virus: “¿Por qué no se especifica la composición de estas vacunas? ¿Por qué no se ha facilitado un informe con sus efectos secundarios, como tienen todas las vacunas? ¿No los tiene o es que tal vez no se han comprobado? ¿Por qué los fabricantes no quieren lanzar ellos mismos la vacuna al mercado si es tan maravillosa? Los distribuidores que compran la vacuna no disponen de ningún estudio que detalle meticulosamente la composición de estas dosis”. Asimismo, Kopacz pregunta a la UE por qué autorizó la distribución de tres vacunas como válidas y cada una de ellas muestra una cantidad de sustancias activas distintas. “¿Cuál es mejor? ¿Las tres producen la misma inmunidad frente al virus? ¿Cómo pueden producir el mismo efecto si no tienen la misma cantidad de sustancias activas?”.
Polonia ha optado por prevenir antes que curar. "Vamos a utilizar el tiempo para examinar cuidadosamente si la vacuna es fiable o no". Kopacz pone de ejemplo a su país vecino, Alemania, que compró 50 millones de dosis y sólo ha usado diez. "¿Es realmente necesario comprar tantas dosis?", deja en el aire. Fuentes no oficiales dicen que Suecia ya ha restringido el acceso a las vacunas a la espera de que se administre en otros países europeos y se puedan comparar los resultados.

El Parlamento europeo dice que analizar el caso de las enfermeras podría ayudar a desentrañar este extraño misterio médico. En España, la mitad de los médicos no quieren vacunarse y una monja benedictina de Barcelona dio la vuelta al país en forma de video que desmontaba, de forma científica y divulgativa, todo el negocio montado en torno a este virus. El calendario de vacunación ya ha comenzado. ¿Quién se atreverá a vacunarse el primero?

Nada nuevo ni trascendental, pero es interesante de todas formas, ¿verdad?

El poder

El poder. Muchos tienen ansias de poseerlo aunque pocos lo consiguen, y la mayoría teme a los que sí que cumplen su objetivo. En mi caso, lo primero en lo que pienso al oír hablar del poder es en el peligro que este supone, sobre todo a nivel gubernamental. El poder político. No hay duda de que tratamos un tema delicado, así que hagamos la gran pregunta de una vez por todas: ¿a quién debería pertenecer el poder?

Empecemos por lo fácil y más cercano: ¿a las empresas? Así dicta la corporatocracia o la mismísima democracia representativa que tenemos cuando el gobierno se encuentra en su estado menos socialista y se inclina más por la privatización. Dicen (no soy un experto) que se trata de la soberanía más productiva económicamente para la nación, y así puede ser perfectamente si la economía se basa en el capitalismo. En cambio, los resultados para el pueblo en sí (entre los muchos estragos que ha causado el nacionalismo, el más aberrante es poner el término "pueblo" como sinónimo de "estado") son devastadores; la corporatocracia deja a un lado al pueblo, y nosotros no necesitamos más para dejar de lado un sistema que haga tal cosa. Al fin y al cabo, la sociedad está compuesta por personas. Así que, ¿cuál es el próximo paso lógico? ¿Qué es lo primero que podría venirnos a la mente en lo que respecta a unión del pueblo?

Efectivamente: el comunismo. En otras palabras, significaría dar todo el poder al estado. Pero como ya puntualizamos al hablar de la diferencia entre propiedad privada y pública, el gobierno de una corporación y el de muchas es similar; de hecho, el gobierno de una sola es mucho más peligroso, ya que no encontrará oposición alguna: si el sistema de hoy nos beneficia en algo, es en que las corporaciones compiten entre sí y el control del pueblo no es absoluto. Con el comunismo tiende a ocurrir lo contrario, como ya hemos visto en la práctica. Desgraciadamente, nada indica que este sistema pueda tomar un rumbo distinto -al menos, no sin una profunda reforma educativa previa.

Entonces, ¿el problema está en la ignorancia que lleva a las ansias de poder y control, que a su vez se manifiestan en injusticia? Entonces, ¿se solucionaría ese punto cediendo el poder a los más sabios, que según la aristocracia que proponen Platón y compañía son "los mejores"? Con los filósofos ocupando los cargos públicos, se gobernaría con sabiduría. Es indudable que así se resolverían muchos conflictos del sistema político y social, pero todos estos pensadores olvidaron la lucha social perpetua tan adecuadamente descrita por Orwell: los Bajos siempre querrán derrocar a los Altos.

Supuestamente los gobernantes se "sacrifican" en cierta forma al dejar su educación para zambullirse en la sociedad por primera vez y luego gobernar, pero esto no es más que una fachada sin sentido alguno; no solo los productores les mantienen durante su educación, sino que una vez los sabios ocupan los cargos públicos -sin fines productivos, por cierto- los Bajos deben escucharles y obedecerles, por no hablar de que seguirían manteniéndolos. De todas formas, es probable que los productores no vivan tan mal y el sistema sucumba en el caos sin los sabios en el poder, pero eso ellos no lo saben; se les privó de una educación superior que les permitiera razonar y llegar a tales conclusiones.

Por lo tanto, podemos concluir que en este caso la traba reside en la desigualdad social, ¿verdad? ¿Y si el poder político recae realmente en el pueblo, como ocurriría en una democracia directa? Desaparecería la desigualdad a nivel político, efectivamente, pero volveríamos al problema de la ignorancia: en el caso de que el pueblo sea por lo general estúpido, lo serán también sus decisiones. No debemos olvidarnos de la reforma educativa.

¿Cómo podemos deshacernos de la ignorancia sin dejar atrás la igualdad? Si adoptamos una sola de las clases sociales que propone Platón, las clases desaparecerían. ¿Los productores? Ahí seguiría el problema de la ignorancia, como ya hemos explicado. ¿Los protectores? No, por supuesto: ellos solo están ahí para refrenar la lucha social perpetua entre los Bajos y los Altos, los gobernados y los gobernadores. Sin lugar a dudas, en una sociedad en la que todos fueran gobernantes sabios (filósofos, científicos, técnicos, educadores, etcétera; en realidad el término es irrelevante) no nos encontraríamos los dos grandes conflictos que hemos comentado, aunque por supuesto tampoco se trataría de una utopía: aparecerían nuevos problemas. La sociedad no sería perfecta; simplemente, sería mucho mejor de lo que tenemos ahora.

¿Pero qué significa que todos sean gobernantes? ¿No significa eso que cada uno se gobierna a sí mismo? ¿Y acaso no podríamos definir así a la anarquía? Que todos tengan el poder significa que ninguno tiene el poder más que sobre sí mismos: no hay dirigentes, o sea, es una anarquía. En definitiva: no hay poder. ¿Por qué? Ya lo dijo John Acton:

"El poder tiende a corromper.
El poder absoluto corrompe absolutamente".


Por supuesto, una anarquía "a secas" tomaría un cauce distinto, un cauce que hace honor a la etiqueta posterior que se le ha dado a la anarquía: caos, descontrol. El primer paso es la comunicación y la educación, y solo cuando el ser humano pueda considerarse sabio en conjunto e individualmente estará preparado para dar el gran paso a un sistema sin control estatal.

De todos modos, ¿funcionaría un mundo en la anarquía? Todo depende de cómo queramos vivir. Aunque podría funcionar en pequeñas comunidades y seguramente sin disfrutar al completo de la tecnología contemporánea (probablemente la comunicación instantánea sería ineficaz), la anarquía no se empareja fácilmente con una visión más global de la sociedad y con el uso diario de tecnología punta, ya que para ambas cosas se necesita algún tipo de sistema de gestión.

Pero, ¿precisamos de un gobierno como lo entendemos hoy en día, de una cabeza controlando el sistema político establecido? No necesariamente: bastaría con un sistema económico (administración de bienes) informático supervisado por técnicos y científicos que simplemente se ocuparía de la gestión y organización de los recursos de la Tierra, de la construcción y de todos los demás fines meramente objetivos.

Al fin y al cabo, ¿qué más hay que decidir? ¿Gastos financieros, que es a lo que se reduce la política hoy en día, teniendo en cuenta que la guerra, las relaciones internacionales y la construcción de infraestructura pública también persiguen o se basan en fines económicos? En un mundo sin desigualdad social, en un mundo en el que el poder no recae sobre nadie, ¿para qué se necesita un sistema monetario? Nos iría perfectamente con una economía que se basara únicamente en los recursos y no en el dinero. Como dijo y repite incesantemente Jacque Fresco:

La cuestión no es si tenemos los fondos para hacerlo,
sino si tenemos los recursos. Y los tenemos.
Las cuestiones subjetivas son irrelevantes a nivel mundial. Hoy en día se habla muchísimo de nuestro derecho de decisión. En cambio, en un sistema democrático representativo y capitalista, ¿qué decidimos nosotros? Y vayamos más allá: ¿qué es realmente lo que el gobierno decide por nosotros? El fin del sistema es preservarse a sí mismo cueste lo que cueste: el único cambio que ocurre cuando un gobierno sustituye a otro es la fachada; cuando los Bajos sustituyen a los Altos ellos se convierten en los Altos. En definitiva, no es más que una lucha de poder sobre un mismo organismo imperturbable, y aunque algún político quisiera hacerlo de buena fe para con el pueblo, no podría cambiar nada que desafiara las bases del sistema.

Al final, el hecho es que el poder político desde un punto de vista subjetivo (y de alguna forma u otra, los humanos siempre lo somos) es una amenaza. En otras palabras, el poder es peligroso en sí mismo, así que lo mejor es anular su importancia haciendo que nadie lo posea.

Si no se recompensa el poder, no hay poder.

Propiedad Privada

Ya hablé largo y tendido acerca de lo que puede y no puede considerarse piratería: siempre y cuando no cambien la ley porque lo diga la SGAE u otra entidad privada (lo cual no sería de extrañar en nuestra querida corporatocracia), compartir es legal. Por otro lado, no lo es cobrar por algo de lo cual no se poseen derechos de propiedad, ni alegar que es de tu creación o modificarlo. Ahora bien, ¿por qué? ¿Qué es realmente la propiedad privada?

Una vez establecido que la llamada "piratería" no es más que una etiqueta más con el fin de -supuestamente- proteger los derechos de autor, podemos profundizar y plantearnos también la base sobre la que se sostiene la propiedad privada: esta es, en última instancia, una forma de defender nuestras finanzas y objetos de valor. De nuevo, se asoma el sistema monetario.

Pero antes de sumergirnos en el tema, me gustaría sacar a relucir que, aunque me refiero constantemente a la propiedad privada o a la propiedad a secas, me refiero también a la llamada -irónicamente- propiedad pública o dominio público, en referencia a los bienes que cede el gobierno para todos. En cambio, ¿cómo puedo unir dos conceptos tan opuestos?

Para comprenderlo, debemos definir ambos conceptos. Primero, podemos decir que la propiedad privada es cualquier bien tangible e intangible que una persona o un grupo de personas posea. Y entonces, ¿qué es la propiedad pública? ¿No significaría que pertenece al pueblo? Pues no: pertenece al estado.

Aunque todos los gobiernos (incluso la monarquía absoluta, y colaba) han intentado hacernos creer que el estado, que el sistema político y económico, pertenece al pueblo, no es así. Nunca lo ha sido. Quizás fuera así en una democracia real, en la que el pueblo tomara las decisiones -- pero no es el caso.


Así podemos concluir que la propiedad pública pertenece a otra gran corporación más: al gobierno y a todas las empresas sobre las que este se sostenga. Por lo tanto, la "propiedad pública" es al fin y al cabo privada, y así lo seguirá siendo hasta que desaparezcan los intereses monetarios.

En cambio, olvidémonos del sistema monetario. Sugiramos por un momento una sociedad hipotética con un sistema basado en recursos y no en dinero: todos los bienes se comparte equitativamente usando una red informatizada que se ocupa de la logística, sistema a su vez controlado y mejorado por técnicos (científicos, educadores, etcétera), que constituyen un pequeño porcentaje de la población. Aunque en el pasado lo era, ¿es necesario el concepto de propiedad en este caso, que bien podría ocurrir hoy en día? ¿Acaso nos ayuda?

Vayamos más allá: sabemos que el dinero no es un concepto natural. Todos los sistemas monetarios, e incluso el intercambio, son llanamente una forma que hemos encontrado los humanos de organizar nuestros bienes producidos (y tierras -aunque esta es una idea bastante más nueva de lo que muchos creerían). Así que, ¿puede decirse que dicha consecuencia del sistema monetario es natural? En efecto, la respuesta es no: la propiedad privada es un concepto artificial.

¿Cuando ocurrió? ¿Cuando se creó este nuevo concepto con el fin de proteger "lo que es nuestro", o incluso el concepto de lo que es y no es nuestro? ¿Y cuales fueron sus consecuencias? Hans Küng lo dejó muy claro en su obra "En busca de nuestras huellas" al hablar de la revolución neolítica:
"El paso no sólo a instrumentos de piedra pulimentada, al arco y a la alfarería, sino también a la producción (cultivos, domesticación y cría de animales) y al capital (en forma de animales reproductores, de semillas, de materias primas). Con la agricultura y la ganadería surgió el deseo de propiedad privada, se pudieron hacer guerras "justas", tomó forma el dominio de pocos sobre muchos".
Apareció la noción de propiedad, y aquella nueva idea sin la que todos habían podido vivir anteriormente era ya imprescindible. ¿Qué significa esto? Podemos concluir que si viviéramos en el sistema social propuesto anteriormente, con abundancia de aquello que la civilización considere elemental, no habría sentido de propiedad ni -evidentemente- la necesidad de luchar por ella. ¿No merece la pena pensar en cuantos conflictos se resolverían así?

Podemos ver de primera mano este cambio de mentalidad en la clásica película humorística "Los dioses deben estar locos". Una botella de Coca-Cola cae del cielo, y la tribu que la recoge encuentra todo tipo de usos para ella. ¿El problema? Solo tienen una, no hay abundancia. Siempre lo han compartido todo, pero la lucha empieza en cuanto llega el elemento que deshace la igualdad de oportunidades: la propiedad.
"Y ahora, por primera vez en sus vidas, había algo que no podían compartir, ya que sólo tenían una. De repente, todos la necesitaban la mayor parte del tiempo. Algo que no habían necesitado nunca era ahora esencial, y comenzaron a emerger emociones desconocidas: un sentimiento de querer poseer, de no querer compartir. Y aparecieron otros nuevos sentimientos: enfado, celos, odio y violencia"
¿Cual es la trascendencia de ese cambio? Para buscar una respuesta, solo tenemos que mirar a nuestro alrededor, o en su defecto, a la última cita: con la propiedad aparece la desigualdad y la competitividad, que se manifiestan con enfado, celos, odio y violencia.


Si deseamos ser más específicos, podríamos mencionar que esta es también la raíz de muchos de los problemas que arremeten contra la sociedad contemporánea, aunque siempre han estado ahí debido a la escasez: el robo, el asesinato, la agresión y otros delitos contra nosotros o nuestros bienes.

Al igual que me ocurrió a mi, muchos no lo ven así hasta que se les plantean las siguientes preguntas: ¿para qué iba a robar alguien en un sistema con abundancia? En esa situación, ¿acaso no desaparecería ese enfado, esos celos, ese odio y esa violencia que disparan nuestro instinto de supervivencia de la forma más feroz? A menos de que se trate de una enfermedad mental, ¿roban los ricos? ¿Asesinan o agreden los que no sienten odio por frustración, celos o la necesidad obsesiva de competir?

Una vez se encuentran las respuestas a esas cuestiones, todo se ve mucho más claro: la propiedad fue necesaria en un tiempo en el que la abundancia no era en absoluto posible, pero eso ya ha cambiado: desde la industrialización, la productividad ha incrementado a pasos de gigante aunque nuestra importancia en el ámbito laboral haya decrecido al mismo ritmo (de ahí el desempleo tecnológico, del que hablaré próximamente) y se nos prometieron jornadas de trabajo más cortas. Pero todo se truncó por presiones políticas y económicas: se necesitan empleos, porque sin ellos no hay empleados, y sin estos no hay compradores.

A este paso, con la automatización universal al alcance de nuestras manos y el nacimiento de la nanotecnología, ya no saben qué sector nuevo inventarse para dar trabajo a los millones de desempleados. En cambio, si la tecnología hubiera seguido su curso natural, a este paso el sistema informatizado basado en recursos que he sugerido antes ya estaría en marcha, y la abundancia estaría en nuestras vidas.

La propiedad solo será necesaria mientras arrastremos este anticuado sistema económico.

El respeto por la vida

Coexisten dos grandes preguntas filosóficas a las que la humanidad ha intentado dar respuesta: el origen del universo y el de la vida, a veces mezclando ambas en una sola respuesta a la que algunos llaman Dios. De dónde viene el universo y nosotros, hacia dónde vamos, qué somos. Respecto a la vida ha habido y deduzco que seguirá habiendo por mucho tiempo un debate moral que difícilmente puede resolverse. Hablo del respeto por la vida.

Pero, ¿qué es el respeto por la vida? Antes de ofrecer una definición, me gustaría aclarar lo que definitivamente no es: el respeto por la vida no equivale con total precisión a la llamada "santidad de la vida". En principio, puede parecer tan solo otro punto de vista o incluso otra forma de referirse al mismo concepto. Y si así lo parece en principio es porque así lo es en principio.

Como ya dijo George Carlin, qué irónico es que entre los "Pro-vida" están
los más acérrimos defensores de la guerra y del derecho a portar armas

En cambio, en cuanto profundicemos nos daremos cuenta de que la santidad de la vida implica extremidad: la santidad en este término se refiere a la cualidad de sagrado e inviolable, por lo que la expresión toma un cariz irrefutable, final. Esto crea un conflicto: la santidad de la vida nunca -jamás- debe cuestionarse, ni se ha de plantear alternativa alguna, aunque lo más lógico fuera buscar un equilibrio moral más armonioso.

Hoy en día, los ejemplos más habituales que reflejan este punto de vista radical con respecto a la vida son el aborto, la eutanasia y las investigaciones con células madre. El quid de la cuestión es que la santidad de la vida dicta que se debe vivir, ya que la vida nos la ha dado Dios y no debemos despreciar lo divino y sagrado. En cambio, muchos eximen como arma y escudo el derecho a la vida en cuestiones como al aborto. ¿Pero acaso no se refieren al deber a la vida, y no al derecho a tal? No confundamos términos: el derecho implica elección y el deber obligación.

Pro-Vida versus Pro-Elección

Habiendo definido ya la santidad de la vida como una obligación y nunca como un derecho, daré el tema por zanjado así: una visión menos extremista del asunto nos permite plantearnos buscar cierta armonía moral. Y es que temas tan peliagudos nunca deben tomarse a la ligera, pero tampoco de forma generaliza y absoluta. Aunque yo esté a favor del aborto en casos necesarios, no pediré a nadie que esté de acuerdo conmigo: únicamente os pido el derecho a plantear la pregunta. Puede parecer algo básico, pero muchos desearían negar el derecho a cuestionar lo que desde el mencionado punto de vista es incuestionable.

Pero, ¿qué es el respeto por la vida? Habiendo aclarado ya lo que no es, será mucho más fácil determinar lo que que es. En pocas palabras, podría definirse así:
"El mayor miramiento y aprecio posible que pueda tenerse por los seres orgánicos en estado activo, basándose en una moral universal básica y buscando un equilibrio teniendo en cuenta las circunstancias y medios disponibles".
Como todas las definiciones, esta es incomprensible y por lo tanto inútil sin un contexto previo. Para no caer en falacias circulares debemos recurrir a definiciones más o menos oficiales de la palabra "respeto" y "vida", aunque no creo que haya problema alguno para entender ese punto. En cambio, estoy seguro de que podríamos discutir durante horas respecto a lo que es la moral universal y a lo qué me refiero con las circunstancias y medios disponibles.

Es muy posible que muchos no estén de acuerdo con que haya una moral universal, pero yo creo que podemos afirmar que la hay, aunque también hay que puntualizar que no se ha puesto en práctica. Puede sonar extraño, ya que al fin y al cabo la moral la definen nuestras acciones y carácter: ¿cómo puede existir una moral universal si nadie la ha seguido? Para empezar, la premisa de esta pregunta sería falsa, ya que sí que ha habido, hay y habrá gente siguiendo una moral universal; simplemente, no es la moral que predomina, al contrario de lo que sugiere el nombre.

Pero entonces, ¿qué es la moral universal, y por qué lo es? Según mi propia interpretación, tal es la "doctrina" nata que no ha sido influenciada por la sociedad más allá de las circunstancias que rodean al individuo. Con la falta de influencia social me refiero a que no se tendría en cuenta enseñanzas y prejuicios religiosos, raciales, sexuales, nacionales, culturales clasistas ni estamentales. Por lo tanto, el asesinato (al que se suele referir como el acto de mayor inmoralidad) no tendría cabida excepto cuando las circunstancias que rodean al individuo lo indultan de cargo moral: los humanos de antaño -al igual que los demás animales- debían matar para sobrevivir. No sólo para alimentarse, sino también para defenderse y proteger a su familia y territorio.

Para ellos la violencia es necesaria,
pero nosotros no tenemos ya esa excusa

Debido a esa necesidad, no sentían culpa entonces ni lo hacen ahora muchos otros: se trata del instinto de supervivencia, que es el único instinto absoluto que pertenece realmente a la naturaleza humana y no lo influencia la sociedad; por lo demás -y como ya dije- la genética produce propensiones no absolutas y es el entorno el que las dispara. Podría decirse que el afán por sobrevivir (primero uno mismo, luego los más allegados) es el único "egocentrismo" nato y no social.

En definitiva, cuantas menos razones tengamos para quitar una vida, más sensibilidad padeceremos. Según esta figuración, en el hipotético -y utópico- caso de que la humanidad llegara a un punto en el que no deba matar a ningún ser vivo (nótese que no considero utopía que la humanidad deje de alimentarse de animales y que me refiero incluso a la muerte accidental de insectos y seres aun más minúsculos), sentiríamos una animadversión absoluta hacia la mera idea de quitar cualquier vida. En contraposición, si tuviéramos que destruir todo a nuestro paso sólo para sobrevivir de forma natural, no sentiríamos ningún remordimiento haciéndolo.

Por supuesto, es fácil exponer los extremos de la moral universal y el respeto por la vida y dar por zanjada la discusión, pero no todo es blanco y negro en la vida real. Ahí entra el equilibrio moral que hemos mencionado: en la vida real, debemos plantearnos las implicaciones éticas y morales de nuestros actos teniendo en cuenta nuestras circunstancias y los medios de los que disponemos. Desgraciadamente, esto no es nada fácil, pero podemos al menos tomar esta idea como base e inclinarnos a plantearnos al menos nuestras decisiones, esforzándonos por ignorar nuestros prejuicios.

Aunque me iré por una tangente que no ofrece al artículo más que divagaciones de dudosa utilidad, me gustaría comentar el curioso caso de ciertos puntos de vista que, aunque pulverizan por completo la posibilidad del equilibrio moral, no pueden considerarse extremistas. Podríamos llamarlos arbitrariamente selectivos: mientras que la gran mayoría es respetuosa con la vida humana pero no tanto con la animal (por norma general, el respeto hacia su existencia se mide por su tamaño), otros toman la vía opuesta.

Cabe mencionar que aunque el primer caso es también erróneo, nos volveríamos locos intentando evitar la muerte de todas y cada una de las formas de vida. Con nuestros conocimientos actuales es imposible, y como ya hemos dicho, en tal caso no deberíamos tener remordimientos. Luego está el segundo caso, aún más curioso: este grupo respeta la vida animal pero cree que nosotros los humanos no merecemos ese mismo derecho.

Por un lado, la base sobre la que se sostiene esta idea es lo suficientemente robusta (contaminamos la Tierra como ningún otro ser vivo que conozcamos haría), pero por otro lado, también es bastante hipócrita: si los defensores de este punto de vista llevaran sus ideas a término, ellos mismos no existirían ya. Por cierto, con esto no me refiero a los defensores de los animales, cuya muy lógica causa es la de combatir ciertos prejuicios sociales que arrastramos de cuando aun necesitábamos matar animales.

Pero, ¿es moralmente correcto este punto de vista vengativo? ¿Ojo por ojo? ¿Hemos destruido la naturaleza y esta debe contra atacar? No creo que este constituya un equilibrio moral excusable. Para empezar, la naturaleza (término que aquí podéis sustituir por universo, cosmos, Dios, el Uno o lo que más os plazca) no obra realmente de forma vengativa. Aunque muchos lo afirman poéticamente y otros de una forma mucho más literal debido a sus enseñanzas religiosas o supersticiosas, no es lo mismo un "ojo por ojo" que el concepto innegable de "acción y reacción". En efecto, las acciones provocan una reacción en la naturaleza, pero es evidente que esta no se venga del perpetrador de la acción. De hecho, cuando los más poderosos dañan a la naturaleza, las consecuencias suelen sufrirlas los más pobres.

Como ya dijo Gandhi,
"el Ojo por Ojo nos dejará ciegos a todos"

Dejando atrás este largo paréntesis, concluiré con la esencia de la idea que he tratado de compartir con vosotros: no podemos irnos a ningún extremo, ya sea puramente religioso, moral o "ecológico" (en referencia a la defensa del entorno y de la vida que en él habita) y pretender no hacer daño a ninguna forma de vida, ya que tal idea es utópica con los conocimientos de los que disponemos a día de hoy. Por supuesto, tampoco debemos hacer justo lo contrario.

Si cada vez somos más sensibles a finiquitar vidas es porque cada vez precisamos menos de ello para asegurar nuestra supervivencia. Cuando no necesitemos hacerlo en absoluto, la mera idea nos repugnará. En cambio, en estos momentos ciertos sacrificios son necesarios; desde los insectos que pisamos sin querer hasta la experimentación no-invasiva de animales. Eso sí, nada de esto excusa la caza por diversión o ciertos experimentos que bien pueden considerarse tortura.

Los animales matan porque deben hacerlo y nosotros debemos hacer igual. Simplemente, da la casualidad de que gracias a nuestra técnica podemos evitar muchas de estas muertes, y quizás algún día podamos evitarlas todas. De momento, lo mejor es ser lo más prácticos y justos que podamos, basándonos en una moral universal cuya definición deja ya poca cabida a discusión.

Las corridas de toros

Muy recientemente, uno de los pocos lectores asiduos de este mismo blog me ha comentado que él mismo ha abierto un espacio similar, aunque con un punto de vista muy distinto, donde he podido leer su primer artículo. Tras leerlo, no he tardado en añadir el blog a nuestras páginas de interés. Respecto al texto solo tengo una palabra: brillante. La opera prima de PhyOS ha tocado un tema peliagudo, sobre todo porque interfiere con la "cultura" de este país: las corridas de toros. He aquí un retazo del artículo:
Esta tradición continúa presente en nuestro país, y los defensores lo califican como patrimonio cultural y hasta arte en sí mismo. ¿Cómo puede ser considerado arte una práctica cruel, sangrienta, y que acaba con la muerte de un pobre e inocente animal que no es capaz de entender el sentido de su dolor? Matar a un ser vivo por diversión no es cultura, y nunca lo será. Vergüenza es lo que deberían tener todos los que pagan para presenciar en directo un supuesto acto de valentía, cuando en realidad el torero es un cobarde que se enfrenta con un animal que está en situación de inferioridad.
(Podéis leer el resto del magnífico artículo aquí)
La verdad, ya me gustaría ver cómo responde un fanático de este supuesto arte a los argumentos que expone PhyOS; al fin y al cabo, es difícil llevar la contraria a alguien que lleva la razón irrefutable. Recordemos que no todas las opiniones son válidas ni deben respetarse; por ejemplo, no me veo obligado en absoluto a respetar a quien se divierta apuñalando seres vivos y además lo considere un arte.

Sir Ken Robinson y la creatividad en los niños

No es noticia que el sistema educativo de este y de prácticamente todas las naciones de la tierra está realmente jodido. No hay otra palabra para describirlo, o al menos no una que lo describa con tanta certeza, excepto quizás la expresión inglesa intraducible cluster fuck. No sé por qué, pero le he cogido un especial cariño a la palabra, quizás por la pronunciación -como me ocurre con vegetable, creature o alcachofa en nuestro idioma.

Pero esto no tiene nada que ver con esta pequeña reseña, por supuesto. He venido aquí para mostraros el vídeo de una conferencia en TED dada por Sir Ken Robinson, un antiguo profesor de universidad que nos habla de los sistemas educativos actuales y de como estos aplastan la creatividad de sus alumnos.

(Gracias a Kratos por el vídeo subtitulado)

Como habéis visto (si no, dejad de leed y miraos el vídeo, que para eso lo he puesto todo en orden), aunque el vídeo dura veinte minutos y está en inglés, es verdaderamente entretenido y acompaña sus argumentos con bromas e historias graciosas. De todos modos, los subtitulos no son perfectos; probablemente los haga yo mismo algún día, aunque no prometo nada.

Aunque Robinson no profundiza demasiado en sus ideas y la conclusión es cuanto menos "vaga", eso no significa que no dé en el clavo a más de una diana. Escuchadle con atención porque, aunque enmendando nuestra educación no se arreglarían todos nuestros problemas, sí que colocaría nuestra disposición mental en el lugar adecuado para una reforma completa del sistema. La noción de "inflación académica" me ha parecido muy curiosa ya que puede aplicarse a todos los campos del sistema; probablemente escriba algo al respecto en un futuro.

Ronald Gibson y el conflicto generacional

Ya comenté de pasada en mi artículo acerca de la esclavitud que por mucho que nos veamos tentados a pensar de esa manera, la percepción de que "el pasado fue mejor" es errónea e inútil. Errónea, inútil e incluso peligrosa: muchos movimientos sociales promueven la idea de volver al pasado en ciertos aspectos de nuestras vidas. Por un lado, los hay que quieren volver a cuando nuestro dinero representaba oro real y existente (un cambio relativamente reciente) como si aquello fuera a arreglar nuestros problemas. Por otro lado están los más extremistas, que promueven una vida casi primitiva.

Ninguno de estos cambios llegaría a solucionar nada. Simplemente, nuestros problemas serían distintos e intentaríamos solucionarlos con nuevos movimientos sociales que seguramente nos llevarían de nuevo al momento en el que nos encontramos. Los movimientos que promueven la idea de que "el pasado fue mejor" harían una sola cosa: retrasar la evolución natural de la sociedad.

Aunque a una escala de gravedad menor, este tema surge multitudes de veces al hablar de las distintas generaciones. Las diferencias entre padres e hijos que crean el llamado "conflicto generacional", como si se tratara de una hecatombe que nadie había podido prever. A ese respecto, el médico de familia inglés Ronald Gibson tuvo algo que decir en una conferencia, ayudándose de sólo cuatro citas:
"Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos".

"Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país si la juventud de hoy toma mañana el poder, porque esa juventud es insoportable, desenfrenada, simplemente horrible".

"Nuestro mundo llegó a su punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos".

"Esta juventud esta malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura".
Al enunciarlas, el Doctor Gibson observó como la mayoría de la concurrencia estaba de acuerdo con cada una de las frases. Aguardó unos instantes a que se acallaran los murmullos del público, que comentaba lo expresado con aprobación, y entonces reveló el origen de dichas citas:
La primera frase es de Sócrates, que vivió del 470 al 399 antes de Cristo. La segunda es de Hesíodo, pronunciada el año 720 antes de Cristo. La tercera es de un sacerdote, 2.000 antes de Cristo. La cuarta estaba escrita en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia (actual Bagdad), con más de 4.000 años de existencia.
Ante la perplejidad de los asistentes, el Doctor Gibson concluyó diciéndoles: "Señoras Madres y Señores Padres de familia, relájense, que la cosa siempre ha sido así".

Caro Carlo

Quise tener esta particular carta y también artículo dirigido a Carlo Giuliani para el octavo aniversario de su muerte, pero la idea se retrasó un poco. En cambio, la fecha no es tan importante como su contenido -ya sea cuando vivía, en el aniversario de su muerte o en cualquier momento de la historia, siempre ha habido movimientos de cambio, de la evolución natural a la que tantísimos se resisten sin razón. Y de eso se trata mi carta.
Querido Carlo:

Hace más de ocho años de aquel día. En las calles de Génova, donde aquel policía italiano creyó matarte con un disparo. Lo intentó, en efecto, pero no lo consiguió. Porque como todos sabemos -incluido ellos, si es que hay un
"ellos" realmente-, no estás muerto, no mientras a alguno de nosotros nos quede fuerza para seguir manteniendo la cabeza alta, mientras nos quede una ápice de aliento para gritar contra el racismo, contra el fascismo, contra ellos.

Amigo, te escribo a allí donde te encuentres -no importa si en nuestras mentes y corazones o en algún otro lado- para contarte que aquel día, tras verte en el suelo la gente cambió. Ellos cambiaron, todos cambiamos. Querría poder decirte que toda la sangre derramada a lo largo de la historia ha servido para algo -que los negros se abrazan con blancos, que los islamistas conversan tranquilamente con cristianos, que un extraño viene y lo recibimos con los brazos abiertos... En definitiva, me gustaría decirte que las cosas han cambiado y ya nada es como antes. Querría poder decirte que nuestro sueño, aquel al que nos aferramos cada día para no perder la cordura, se ha cumplido. Querría, pero no puedo.

Carlo, no te lo vas a creer, pero nos llaman locos. No solo a tí y a mí. Al fin y al cabo, esta no es ni tu historia ni es la mía, aunque eso ya lo sabes. A la gente como tú, yo y demás ciudadanos del mundo se nos considera
"parias" de su sociedad. Nos llaman cobardes e idealistas por refugiarnos en lo que llaman utopía -aunque alcanzarla sea difícil, una vez alcanzada dejará de serlo- en lugar de aceptar su sistema y por creer que todo puede ser mejor. Nos denigran al referirnos a nosotros haciendo uso de calificativos -etiquetas que sólo sirven para no tener siquiera que molestarse en profundizar en nuestras ideas- como soñadores, dementes, inocentes...

No los culpo, y de hecho les entiendo: como a cualquier ser vivo, lo extraño les produce miedo. A todos nos ha ocurrido alguna vez: se trata del miedo al cambio, a lo distinto. El miedo a la evolución social es sólo es otra forma de xenofobia, en cierto modo. No hay más. Al fin y al cabo, no estarían en contra de nuestros distintos ideales si los conocieran en vez de huir de ellos por miedo, ¿verdad? La libertad en el pleno sentido de la palabra (sentido que deja poca cabida a la intepretación) es un concepto tan grande que les asusta, como lo hace un edificio de proporciones titánicas cuando lo miramos desde abajo. Pero decidme, ¿qué ocurre cuando subimos a la azotea y nos apoyamos en los hombros del gigante? ¿Acaso no es abrumadora la claridad con la que se ve todo el paisaje antes desconocido? La gente tiene miedo a la libertad, la intepretes como la intepretes, porque les viene grande; es mas cómodo y fácil organizar tu cubil de persona alienada que hacerlo con todo el mundo en su inmesidad.

Me gustaría hacerles una pregunta a los que temen a la evolución natural de la sociedad: ¿de verdad somos cobardes? En vez de arrimarnos a lo fácil y acomodarnos en el statu quo, nos agarramos a un sueño como a un clavo ardiendo y ponemos todas las esperanzas de nuestra vida en él, sabiendo que puede hacerse realidad. Ponemos todas las esperanzas en algo por lo que luchamos, vivimos y morimos sin la certeza absoluta de que vayamos a lograrlo.

¿Todavía os parecemos cobardes?
A todos los compañeros y a los que comprendan ahora la necesidad contínua del cambio, un mensaje: seguid soñando. Volad en vuestros sueños con toda la hermosura que ello implica. Seguid siendo, aunque solo sea mientras dormimos, libres. No renunciéis nunca a lo que os motiva a levantaros todos los días, ya que lo peor que puede ocurriros en la vida es precisamente que muráis en vida. Así que soñad para mantenéos cuerdos con la esperanza de que alguna vez sea realidad. Soñad.
Carlo, esta carta es lo máximo que puedo ofrecerte como tributo: no puedo cambiar el mundo mañana cuando me levante, pero sí puedo soñar esta noche, y el mejor regalo que puedo hacerte es seguir en la lucha por el cambio, seguir soñando.

Hasta siempre, compañero. Para tí, Carlo Giuliani, y para todos vosotros.

Borja.

Conferencia de Zeitgeist en Londres

El mes pasado Peter Joseph dio una conferencia en Londres alrededor de temas más específicos que en sus vídeos de Zeitgeist y el vídeo se ha mostrado por fin en alta calidad, así que quería compartirlo con el personal:


Esperando a un vídeo algo más fácil de ver, no vi la conferencia en su momento, y esta es la oportunidad. Como ya he dicho, trata más a fondo la economía basada en recursos que en los vídeos de Zeitgeist (pero por supuesto menos que en la guía de orientación del movimiento y en los textos de Jaque Fresco), y además profundiza en la cultura y el comportamiento humano en relación con el "el imperativo bio-social", o sea, la importancia de la biología (genética) y del entorno para nuestra formación.

El Sr. Joseph afirma que el entorno influencia más de lo que se tiene en cuenta hoy en día, y viendo los resultados, no puedo sino estar de acuerdo con él. La genética produce propensiones, pero es el entorno el que las dispara.