Mientras la civilización occidental yace moribunda

John Kozy, un profesor jubilado de filosofía y lógica que escribe para varias fuentes sobre temas sociales, políticos y económicos, ha escrito un artículo llamado "As Western Civilization Lies Dying" que merece una lectura. Mejor, varias lecturas. A continuación, la traducción de Germán Leyens en Rebelión, con un par de correcciones propias:
Un hombre que sufre de fuertes dolores de pecho colapsa. Su mujer llama al 911. Llega una ambulancia, los enfermeros atienden al paciente, lo colocan en la camilla de la ambulancia y parten al hospital. Durante el trayecto, el motor se detiene. El personal de la ambulancia comienza a discutir sobre cómo lograr que el motor vuelva a arrancar. Uno dice que se necesita más gasolina, otro dice que hay agua en el tanque, un tercero dice que el filtro de combustible está obstruido. Mientras discuten, el paciente yace moribundo.

La situación es análoga a lo que sucede en EE. UU. y partes de Europa. Mientras los economistas y los políticos discuten, sus naciones agonizan. Esa gente busca el diablo en los detalles, pero no es donde se encuentra. Lo diabólico es el propio sistema.

El sistema comercial occidental es extractivo. Existe para extraer más de los consumidores de lo que les suministra en productos y servicios. Su objetivo es el lucro. Nunca ha sido mejorar la condición humana sino explotarla. Funciona como sigue:

Consideremos dos tanques de agua, ambos llenos inicialmente, uno sobre el otro. Un galón de agua es descargado del tanque superior al inferior por cada dos galones extraídos del tanque inferior y bombeados al tanque superior. Con el paso del tiempo, el tanque inferior se vacía y el tanque superior rebosa. La circulación del agua entre los tanques termina.

Esta visión describe esencialmente todos los sistemas comerciales basados en el lucro. Por eso el 20% superior de los estadounidenses posee un 93% de la riqueza financiera de la nación y el 80% de abajo tiene sólo un 7%. Por eso el 40% inferior de todos los asalariados en EE.UU. posee en conjunto actualmente menos de un uno por ciento de la riqueza de la nación. Es el motivo por el cual la tasa de pobreza de la nación es ahora 14,3%, cerca de 43,6 millones de personas o una de cada siete. Es también la razón por la cual el Wall Street Journal informó de que un 70% de los estadounidenses viven al día. También es el motivo por el cual, a pesar de numerosas promesas durante decenios, no se ha hecho ningún progreso en la reducción de la pobreza en el mundo. El sistema es un ladrón.

La economía no ha colapsado debido a abusos de autoridad, desregulación o chapucerías políticas (aunque todos estos factores pueden haber sido causas inmediatas); ha colapsado porque han vaciado los bolsillos de la vasta mayoría de los estadounidenses. La burbuja de la vivienda no reventó por un aumento de los precios de las casas, lo hizo porque los bolsillos de los consumidores habían sido vaciados hasta tal punto que ya no podían pagar las hipotecas.

Lo que el 20% más rico de los estadounidenses no comprende es que algunos en ese grupo comenzarán a concentrarse en los otros para que el proceso extractivo siga funcionando. De hecho ya está sucediendo. “La fuerza bruta de la recesión durante este año hizo volver atrás a 2004 la riqueza personal de los estadounidenses y eliminó la inmensa suma de 1,3 billones [millones de millones] de dólares por la disminución de los valores de las casas y las pérdidas en las inversiones”. El 80% inferior de los estadounidenses sufrió sólo una pequeña parte de esas pérdidas de las inversiones. No existe, después de todo, buena voluntad dentro de la codicia, y el mercado puede ser, y es frecuentemente, manipulado.

El
“sistema” ha empobrecido a la gente, la circulación entre los dos tanques ha sido reducida a un chorrito, y nuestros economistas han convencido al gobierno de que la única manera de lograr que las cosas vuelvan a fluir es echar más agua al tanque superior, con la esperanza de que el derrame llegue al tanque inferior. ¡Más vale orar para que llueva!

Este empobrecimiento tienes numerosas implicaciones matemáticamente seguras; a continuación menciono dos.

Primero, el sistema no puede arreglarse retocando los detalles. En el mejor de los casos, el retoque de los detalles sólo puede retardar el agotamiento de la riqueza de los consumidores. Mientras el sistema se base en el lucro, tendrán que apoderarse de más de lo que comparten. El ritmo de consumición se puede cambiar, pero no la consumición. La conclusión es tan matemáticamente segura como la sustracción. Es un enigma por qué los genios de la comunidad económica estadounidense, todos los cuales promocionan la economía por su uso de modelos matemáticos, no pueden comprenderlo. Pueden retocar tanto como quieran. Algunos retoques producirán beneficios aparentes, otros no. Pero una cosa es segura –el sistema, a menos que sea fundamental y esencialmente cambiado– se romperá una y otra vez como ha sucedido a intervalos bastante regulares en el pasado. Mientras el mantenimiento del sistema sea más importante que el bienestar de la gente, ésta no tendrá escape. Termina por empobrecer, ¡funcione o no el sistema! Dos mil años de historia no han producido un solo ejemplo que contradiga esta conclusión. La prosperidad nunca resulta de la explotación.

Otra implicación que pocos parecen haber reconocido concierne la deuda nacional.

Se nos dice que nuestros descendientes, nuestros hijos, y sus hijos, cargarán con el peso de pagar la deuda. Pero a menos que el sistema comercial occidental sufra cambios fundamentales, los hijos y los nietos de la mayoría de los estadounidenses nunca tendrán que cargar con ese peso. ¿Por qué? Ni siquiera los gobiernos pueden robar bolsillos vacíos. De modo que la deuda tendrá que ser pagada aumentando los impuestos, y los hijos y nietos del 20% de los estadounidenses que posee un 93% de la riqueza financiera de la nación tendrán que pagarlos. La mayoría de esa gente, si no todos, son también inversionistas. En vista del acrimonioso debate sobre el fin de los recortes tributarios de Bush para los ricos, las probabilidades de que eso llegue a ocurrir son ínfimas.

¿Pagarán entonces la deuda mediante la devaluación del dólar, imprimiendo dinero? Muchos creen que el gobierno terminará por elegir esta alternativa. Supongamos que lo hace. Entonces todos los dólares en manos de cualquiera en cualquier sitio serán devaluados por igual, incluidos los dólares en manos de ese mismo 20% de estadounidenses. De nuevo, el 20% acaudalado de los estadounidenses, que posee más, perderá más. Los dólares devaluados que reciban de sus inversiones serán simplemente agregados a sus dólares devaluados, y mientras más se devalúe el dólar para pagar la deuda, más perderán los ricos.

Y finalmente, ¿cesará los pagos el gobierno? La mayoría parece creer que es poco probable. Tal vez, ¿pero no es la mejor alternativa? Simplemente no se pagará a los inversionistas, pero el resto de su dinero retendrá su valor a menos que otras consecuencias económicas lo reduzcan. Incluso Morgan Stanley reconoce que
“la crisis de la deuda soberana no terminará hasta que gobiernos de países ricos fuertemente endeudados obliguen a los propietarios de sus bonos a aceptar pérdidas considerables”.

Por lo tanto, mantened la calma, estadounidenses, vuestros hijos nunca soportarán la carga de pagar la deuda nacional. Sentaos y gozad viendo como se retuercen los ricos.

Algunos dicen que si la nación cesa los pagos, el gobierno no podrá pedir prestado. Pero otros gobiernos lo han hecho sin perder su capacidad de pedir prestado. Rusia, Argentina, y Zimbabue son sólo los ejemplos más recientes. Por cierto, hay graves consecuencias económicas cuando no se cumple con los pagos, pero cada una de las alternativas también las causa. ¿Hasta qué punto será más dura la vida para el 80% de los estadounidenses que posee sólo un 7% de la riqueza de la nación? No existen, después de todo, grados de bancarrota; no se habla de quebrar, quebrar más y quebrar mucho.

¿Se negarán a prestar los inversionistas? Lo dudo. Una persona rica puede hacer cuatro cosas con su dinero: regalarlo, gastarlo, meterlo bajo el colchón, o invertirlo. Son las únicas alternativas, y es poco probable que se pueda gastar gran parte del dinero, o que muchos tengan inclinación a regalarlo o ahorrarlo. De modo que en realidad los ricos no tienen muchas alternativas.

Finalmente, un principio oculto subyace este sistema extractivo: está bien que algunos se enriquezcan empobreciendo a otros. Aunque esto sea exactamente lo que hacen los ladrones, nadie, que yo sepa, ha señalado alguna vez que este principio es inmoral. Parece universalmente aceptable desde el punto de vista económico. Pero hay que considerar estos dos principios similares: (1) Está bien que algunos mejoren su salud destruyendo la salud de otros, y (2) Está bien que algunos eviten las consecuencias de sus actos criminales haciendo que otros carguen con ellas. Nadie consideraría que estas dos últimas son justas, pero las tres son lógica y materialmente idénticas.

Algunos podrán afirmar que sin beneficios ningún sistema comercial puede funcionar efectivamente. Si fuera verdad, las implicaciones para la humanidad son horribles. Implica que la humanidad fue hecha a la imagen de Satán, que los Mandamientos, especialmente el décimo, son fraudulentos, que toda la filosofía y la literatura que definen la civilización occidental son nulas, que no existe una distinción esencial entre naciones llamadas civilizadas y bárbaras, que todos los gobiernos son ilegítimos, que palabras como justicia y equidad carecen de significado, que la ley es ilegal, que la sociedad se desintegra en no-ciedad y que nada importa realmente. La economía es un manicomio, la Tierra es el asilo de dementes del Universo, y los más locos están a cargo. ¿Qué clase de mente humana llegaría a tratar de defender una abominación semejante?

El sistema comercial occidental existe sólo para enriquecer a los que venden mediante la explotación de los consumidores. Cuando los gobiernos institucionalizan este sistema colocan a sus naciones en camino al suicidio. Observadores astutos de la historia reconocieron hace tiempo lo que explicitó Thomas Jefferson:
“Los mercaderes no tienen patria”. ¡Oh, sí! Esos mercaderes objetarán vehementemente. No hay que hacerles caso. Basta con observar lo que hacen.

Esperan tratamiento y servicios favorables de los gobiernos, pero hacen todo lo posible para no tener que pagarles impuestos y no se preocupan en absoluto cada vez que sus países nativos enfrentan la bancarrota. Cuando sus países nativos enfrentan problemas, como en tiempos de guerra, llaman al pueblo a sacrificarse mientras se permite que los mercaderes se beneficien. Cuando John F. Kennedy dijo:
“No preguntes lo que tu país puede hacer por ti, pregunta lo que puedes hacer por tu país”, no hablaba a los EE. UU. corporativos. ¿Hay algún lector de este artículo que piense realmente que los fabricantes de Humvees, de drones y de F16 considerarían la posibilidad de entregarlos a las fuerzas armadas a precio de coste? Y, no obstante, cuán grande es el precio del sacrificio que se exige a padres cuando envían a sus hijos a combatir en guerras execrables.

Gente, un mercader que no está dispuesto a sacrificar por su país no tiene patria, no apoyará a ningún país, no defenderá a ningún país, y si se otorga a gente semejante el control de una nación, le chupará la sangre, y venderá partes de su cuerpo al mejor postor. Ni siquiera quedará un cadáver reconocible. La seguridad del Mundo Occidental no está amenazada por el terrorismo, la amenaza proviene del sistema comercial del Mundo Occidental.
Había oído argumentos muy convincentes a favor de un cambio sistémico fundamental, pero este es el primero que podría convencer a los ricos, ya que su 'cubo' también acabará por vaciarse. Los parches no evitarán que los cubos se vacíen: las reformas monetarias sólo retrasarán lo inevitable y harán que, cuando lo inevitable llegue, cause mucha más destrucción de la que habría sido necesaria. Afrontemos la realidad: el sistema comercial basado en el lucro ya no funciona. Ha muerto, que descanse en paz; usar su cadáver para hacer el paripé no servirá de nada más que de distracción mientras el mundo a nuestro alrededor se derrumba.

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